El aumento de 50 centavos al pasaje urbano encendió la mecha: desde las primeras horas de este martes, manifestantes tomaron tres cuadras completas de calle Miguel Hidalgo, bloqueando el tránsito con barricadas de llantas, carteles y consignas contra la medida. La protesta, que comenzó con un centenar de personas frente a la terminal de autobuses, se extendió hasta la altura del mercado municipal, donde comerciantes bajaron sus cortinas metálicas ante el riesgo de saqueos. La Policía Municipal desplegó un operativo con 20 elementos, pero hasta el mediodía, los manifestantes mantenían el control del asfalto, coreando «¡No al abuso, queremos justicia!».

La calle Miguel Hidalgo, arteria clave para el comercio y el transporte en el centro, se convirtió en el epicentro de un malestar que lleva semanas cocinándose. El alza al pasaje—que ahora cuesta 12 pesos—golpea especialmente a los miles de trabajadores que diariamente transitan por la zona, muchos de ellos empleados en los talleres textiles y restaurantes de la avenida. Mientras los líderes del movimiento exigen una audiencia con el alcalde, los negocios locales ya calculan pérdidas: taxistas reportan horas sin clientes, y los puestos de comida ambulante lucen vacíos. Lo que empezó como un reclamo por el transporte ahora amenaza con paralizar una de las vías más transitadas de la ciudad.

El aumento que encendió la protesta en el centro

El aumento que encendió la protesta en el centro

El detonante fue un aumento del 15% en el pasaje urbano, que elevó el costo de los viajes en transporte público de 8 a 9.20 pesos. La medida, anunciada sin consulta previa, afecta directamente a más de 200 mil usuarios diarios que dependen de las rutas que circulan por Miguel Hidalgo, según datos de la Secretaría de Movilidad local.

Comerciantes del centro señalaron que el alza llega en el peor momento: con la inflación aún golpeando los bolsillos y el poder adquisitivo en su nivel más bajo desde 2018. «No es solo el pasaje, es la gasolina, es la canasta básica», comentó un tendero mientras bajaba las cortinas de su negocio para unirse a la protesta.

El coraje se concentró en la esquina con Juárez, donde decenas de manifestantes bloquearon el paso con letreros que exigían la revocación del aumento. La respuesta no se hizo esperar: a las 11:30 a.m., elementos de Tránsito intentaron desalojar la zona, pero retrocedieron ante la presión de los inconformes.

Analistas en transporte urbano advierten que ajustes como este, sin alternativas de subsidio o mejora en el servicio, suelen generar reacciones inmediatas en zonas con alta densidad de trabajadores informales.

Comercios bajan cortinas y transeúntes buscan rutas alternas

Comercios bajan cortinas y transeúntes buscan rutas alternas

La calle Miguel Hidalgo amaneció con un aspecto inusual este martes. Desde las 7:00 a.m., los comercios comenzaron a bajar sus cortinas metálicas mientras los dueños observaban con cautela el movimiento en las aceras. Según datos de la Cámara de Comercio local, al menos 45 negocios entre farmacias, panaderías y tiendas de abarrotes suspendieron actividades antes del mediodía, una cifra que no se registraba desde las protestas de 2021.

Los transeúntes, acostumbrados al bullicio de una de las vialidades más transitadas del centro, se vieron obligados a desviar sus rutas. Quienes intentaban llegar a las paradas de transporte público encontraron los accesos bloqueados por manifestantes, mientras que otros optaron por callejones laterales para evitar confrontaciones. El flujo peatonal, que en días normales supera los 12 mil pasos por hora en este tramo, se redujo a menos de la mitad.

El cierre afectó especialmente a adultos mayores y personas con movilidad reducida. Varios de ellos, entrevistados cerca de la plaza principal, señalaron que el aumento al pasaje —que pasó de $8.50 a $12 en menos de un mes— ya les había obligado a recortar gastos en medicinas y alimentos. Ahora, con las calles cortadas, el problema se extendía a la simple tarea de llegar a sus destinos.

Mientras tanto, los conductores de vehículos particulares enfrentaban embotellamientos en las avenidas aledañas. Algunos, impacientes, tocaban el claxon sin obtener respuesta. Otros, más precavidos, apagaban el motor y esperaban sentados a que la situación se calmara.

¿Qué sigue para el transporte urbano tras el paro?

¿Qué sigue para el transporte urbano tras el paro?

El paro de transporte en Miguel Hidalgo dejó al descubierto las grietas de un sistema que ya venía resquebrajándose. Según datos de la Secretaría de Movilidad local, el 68% de los usuarios en esta zona dependen exclusivamente del servicio público para desplazarse, cifras que explican la rapidez con que las protestas escalaron. La pregunta ahora no es si habrá ajustes, sino cómo se implementarán sin repetir los errores del pasado.

Autoridades municipales adelantaron que evaluarán mesas de diálogo con los concesionarios, aunque sin precisar plazos. El desafío será equilibrar las demandas de los operadores —que exigen revisar los costos de combustibles y mantenimiento— con la capacidad adquisitiva de una población donde el 42% gana menos de dos salarios mínimos.

Mientras, los comercios aledañas a las tres cuadras cerradas reportaron pérdidas de hasta un 30% en ventas durante el paro. La Cámara de Comercio local ya solicitó un plan de contingencia que incluya rutas alternativas y horarios extendidos en el metrobus.

Queda por ver si esta crisis acelerará proyectos pendientes, como la integración tarifaria con otros municipios o la electrificación de unidades. Lo cierto es que, tras el aumento, la confianza en el sistema está en su punto más bajo.

El cierre de tres cuadras en Miguel Hidalgo deja claro que el descontento por el alza al pasaje urbano no es solo un malestar pasajero, sino una señal de que la presión sobre el bolsillo de los usuarios llegó a un punto crítico. Mientras las manifestaciones paralizan el tráfico y generan pérdidas para comercios locales, queda en evidencia la urgencia de revisar políticas de transporte que equilibren costos, calidad del servicio y la capacidad adquisitiva de la población. Quienes dependen de esta ruta para trabajar o abastecerse deben planear rutas alternas por la avenida Juárez o la calle 5 de Mayo en lo que duren los bloqueos, aunque la solución real exigirá más que parches temporales. La próxima semana definirá si las autoridades optan por mesas de diálogo concretas o si la tensión en las calles seguirá escalando sin respuestas claras.