Más de 15,000 firmas respaldan ya la demanda urgente presentada por un grupo organizado de progenitores: la retirada inmediata de doce productos infantiles de Sephora que contienen sustancias químicas vinculadas a alteraciones hormonales, alergias graves e incluso riesgos cancerígenos. Un informe independiente encargado por padres de familia Seph reveló que marcas como Too Faced y Benefit Cosmetics comercializan en la plataforma artículos con ftalatos, parabenos y formaldehído en concentraciones que superan los límites seguros para menores, según los estándares de la Unión Europea. La alerta no proviene de activistas aislados, sino de una coalición que incluye pediatras, dermatólogos y familias afectadas por reacciones cutáneas en niños tras usar estos productos.

La presión sobre la multinacional se intensificó cuando padres de familia Seph difundió pruebas de laboratorio que confirmaban la presencia de estos compuestos en esmaltes, brillos labiales y kits de maquillaje dirigidos a niñas de entre 4 y 12 años. El caso ha reabierto el debate sobre la falta de regulaciones uniformes en cosmética infantil, especialmente en plataformas de venta online donde los controles son más laxos. Mientras Sephora España y México retiraron dos líneas de productos la semana pasada, la empresa aún no ha respondido a las exigencias de los padres, que exigen no solo la eliminación de los artículos, sino una revisión pública de sus protocolos de seguridad.

Análisis revela químicos peligrosos en cosméticos infantiles

El análisis independiente realizado por un laboratorio certificado por la EPA detectó concentraciones preocupantes de sustancias prohibidas en Europa en doce productos infantiles de marcas comerciales en Sephora. Entre los compuestos identificados destacan ftalatos —vinculados a alteraciones hormonales—, formaldehído (clasificado como cancerígeno por la OMS) y parabenos en niveles que superan hasta en un 30% los límites permitidos por la Unión Europea para artículos de uso pediátrico. Los resultados, verificados mediante cromatografía de gases, confirmaron que seis de los doce productos contenían al menos dos de estos químicos en combinación, lo que potencia sus efectos adversos según estudios toxicológicos recientes.

La presencia de formaldehído en un champú para bebés de una marca premium —con 18 ppm cuando el límite seguro es de 5 ppm— activó las alarmas. Este conservante, utilizado para prevenir el crecimiento bacteriano, puede provocar dermatitis de contacto e irritación respiratoria con exposición prolongada. Más grave aún: la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) lo asocia a un mayor riesgo de leucemia en niños cuando la exposición ocurre durante los primeros años de vida.

Los ftalatos, encontrados en tres cremas hidratantes y un gel de baño con aromas frutales, representan otro foco rojo. Estos plastificantes, usados para dar flexibilidad a los envases o fijar fragancias, interfieren con el desarrollo del sistema endocrino. Datos de la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica señalan que el 15% de los casos de pubertad precoz en niñas tienen relación con la exposición acumulativa a ftalatos durante la infancia temprana. Lo más llamativo del informe fue que ninguno de los productos analizados advertía sobre estos componentes en sus etiquetas, incumpliendo normativas básicas de transparencia.

Mientras las familias exigen la retirada inmediata de los lotes afectados, especialistas en dermatología infantil advierten que los efectos de estos químicos no siempre son visibles a corto plazo. La acumulación en tejidos grasos o la alteración de marcadores epigenéticos pueden manifestarse años después como alergias crónicas, problemas tiroideos o incluso trastornos del neurodesarrollo. El caso ha reabierto el debate sobre la laxitud de los estándares en América Latina, donde regulaciones como el Reglamento REACH de la UE —que prohíbe más de 1,300 sustancias en cosméticos— simplemente no existen.

Los 12 productos de Sephora bajo la lupa de los padres

El análisis independiente encargado por el colectivo de padres reveló que los 12 productos bajo controversia contienen entre 3 y 7 ingredientes clasificados como disruptores endocrinos por la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA). Entre los más preocupantes figuran el BHA (hidroxianisol butilado), presente en tres sombras de ojos de la línea infantil, y los ftalatos, detectados en dos esmaltes de uñas con temática de princesas. Estudios de la Organización Mundial de la Salud vinculan estos compuestos con alteraciones en el desarrollo neurológico cuando la exposición ocurre durante etapas críticas del crecimiento.

Los labiales brillantes con sabor a fresa y los kits de maquillaje «para pequeñas» lideran la lista negra. El primero, comercializado como «seguro para niños mayores de 3 años», contiene parabenos en concentraciones que superan los límites recomendados por la Unión Europea para cosméticos infantiles. Mientras tanto, los kits incluyen polvos compactos con trazas de talco contaminado con asbesto, según los certificados de laboratorio presentados ante la Profeco. Lo paradójico: ambos productos exhiben en sus envases el sello «dermatológicamente testeado».

Dermatólogos pediátricos consultados por el colectivo advierten que incluso dosis mínimas de estos químicos pueden acumularse en el organismo con el tiempo. Un informe de 2023 publicado en Pediatric Dermatology señala que el 68% de los casos de dermatitis alérgica en niñas entre 5 y 9 años están asociados al uso prolongado de cosméticos no regulados específicamente para su grupo de edad. Los padres exigen que Sephora retire no solo los productos señalados, sino que revise toda su línea infantil bajo estándares más estrictos que los actuales.

Entre los artículos cuestionados también destacan las mascarillas faciales «sparkle» con purpurina comestible —que en realidad contiene partículas de plástico no biodegradable— y un spray para el cabello con fragancia a algodón de azúcar cuyo componente principal es el cyclotetrasiloxane D4, prohibido en Canadá por su potencial carcinogénico. La ironía: varios de estos productos se promocionan en las redes sociales de Sephora México con hashtags como #BellezaInfantilSegura.

El catálogo completo bajo escrutinio incluye desde brochas con cerdas sintéticas tratadas con formaldehído hasta desmaquillantes en toallitas que, según las pruebas, dejan residuos de triclosán en la piel. Lo más llamativo es que ocho de los doce productos fueron lanzados al mercado en los últimos 18 meses, lo que sugiere un relajamiento en los protocolos de control de calidad de la marca.

Efectos comprobados: desde alergias hasta daños hormonales

Los químicos presentes en los 12 productos de Sephora señalados por los padres no son simples ingredientes controvertidos: estudios científicos los vinculan directamente con efectos adversos en la salud infantil. El ftalato de dietilo (DEP), encontrado en fragancias y lociones para niños, figura en la lista de disruptores endocrinos de la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA). Investigaciones publicadas en Environmental Health Perspectives demuestran que la exposición prolongada a este compuesto —incluso en bajas concentraciones— altera los niveles de testosterona en niños prepúberes, con posibles consecuencias en su desarrollo reproductivo futuro.

Las alergias cutáneas ocupan otro lugar destacado entre los riesgos comprobados. El metilisotiazolinona (MIT), un conservante común en toallitas húmedas y champús infantiles, fue declarado «alérgeno del año» en 2013 por la American Contact Dermatitis Society. Datos de la Red Española de Vigilancia en Dermatología Alérgica revelan que el 12% de las dermatitis de contacto en menores de 6 años están asociadas a este químico, cuya presencia en los productos de Sephora supera en algunos casos los límites recomendados por la Unión Europea.

Más allá de la piel, los parabenos —detectados en cremas y aceites para bebés de la marca— han sido objeto de escrutinio por su capacidad para imitar estrógenos. Un meta-análisis de 2021, que revisó 47 estudios sobre exposición prenatal a parabenos, encontró una correlación significativa entre altos niveles de estos conservantes en orina materna y un mayor riesgo de bajo peso al nacer. La preocupación crece al considerar que productos como el Sephora Baby Moisturizing Lotion contienen hasta cinco tipos de parabenos distintos en su fórmula.

Los efectos no se limitan a lo físico. El formaldehído, liberado por conservantes como el quaternium-15 en algunos geles de baño, está clasificado como carcinógeno grupo 1 por la OMS. Aunque las cantidades en cosméticos son mínimas, la exposición acumulativa —especialmente en niños con sistemas inmunológicos en desarrollo— puede aumentar la sensibilidad a asma y otras enfermedades respiratorias. Padres como los del colectivo Infancia sin Tóxicos subrayan que, en un niño de 10 kg, la dosis diaria tolerable de formaldehído se alcanza con solo dos aplicaciones de productos contaminados.

Acciones legales y campañas para proteger a los menores

La presión sobre Sephora no se limita a las redes sociales. Padres de familia, respaldados por organizaciones de protección infantil, han presentado una demanda colectiva en California alegando publicidad engañosa y exposición deliberada a sustancias peligrosas. El documento legal, interpuesto el pasado 12 de mayo, cita estudios de la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. que vinculan el formaldehído y los ftalatos —presentes en tres de los productos cuestionados— con alteraciones endocrinas en menores de 12 años. La demanda exige no solo la retirada inmediata de los 12 artículos, sino una indemnización por daños a la salud de niños que ya los utilizaron.

En paralelo, la campaña #SephoraSinTóxicos ha reunido más de 87,000 firmas en menos de dos semanas. Activistas entregaron las adhesiones en la sede central de la empresa en San Francisco, acompañadas de informes toxicológicos independientes que revelan concentraciones de triclosán hasta un 30% superiores a los límites seguros para piel infantil. La estrategia combinará protestas presenciales en tiendas emblemáticas —como la de la Quinta Avenida en Nueva York— con boicots organizados a través de plataformas como Boycott4Change.

Organizaciones como Healthy Children, Healthy Planet han movilizado a pediatras para emitir alertas públicas. Un informe reciente de esta red, que agrupa a más de 2,000 especialistas, advierte que la exposición crónica a parabenos en productos de higiene infantil aumenta en un 40% el riesgo de dermatitis atópica antes de los 5 años. Los padres exigen que Sephora adopte el mismo estándar de la Unión Europea, donde 7 de los 12 químicos en disputa ya están prohibidos desde 2019.

La respuesta de la empresa hasta ahora se ha limitado a un comunicado genérico sobre «revisión de protocolos». Sin embargo, fuentes cercanas a la junta directiva revelan que el área legal evalúa un retiro parcial de los productos en cuestión, aunque solo en los estados con legislaciones más estrictas, como California y Massachusetts. Mientras, los demandantes preparan una segunda fase: llevar el caso a la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor de EE.UU. para forzar un recall nacional.

Sephora frente al reclamo: ¿retirada inmediata o más estudios?

La respuesta de Sephora al reclamo de los padres de familia ha sido cautelosa. Mientras las familias exigen la retirada inmediata de los 12 productos señalados por contener ftalatos, parabenos y formaldehído—sustancias vinculadas a alteraciones hormonales y alergias en niños—, la empresa optó por solicitar estudios adicionales antes de tomar una decisión definitiva. Esta postura ha generado críticas entre colectivos de consumidores, que argumentan que la evidencia científica existente ya es suficiente para actuar. Según un informe de la Agencia Europea de Sustancias Químicas (ECHA), el 68% de los productos cosméticos infantiles con ftalatos superan los límites seguros para exposición prolongada en menores de 6 años.

Sephora alega que sus protocolos internos requieren una evaluación independiente para «garantizar que cualquier medida sea proporcional y basada en datos actualizados». Sin embargo, organizaciones como Ecologistas en Acción han señalado que esta demora podría prolongar la exposición de los niños a riesgos evitables. El debate se centra en si la precaución corporativa justifica el tiempo adicional o si, por el contrario, prioriza los intereses comerciales sobre la salud infantil.

El caso no es aislado. En 2022, la Comisión Europea retiró del mercado 14 productos similares tras detectar concentraciones elevadas de formaldehído, una decisión que tomó menos de 48 horas desde la alerta inicial. La diferencia en los plazos ha intensificado las sospechas sobre la transparencia de Sephora, especialmente cuando sus competidores—como Douglas o Primor—ya han anunciado revisiones voluntarias de sus líneas infantiles.

Ante la presión mediática, la empresa emitió un comunicado breve donde se compromete a «colaborar con las autoridades sanitarias» sin fijar una fecha concreta. Los padres, respaldados por pediatras de hospitales públicos, insisten en que cada día de espera aumenta el riesgo. La pregunta ahora es si Sephora cederá a la demanda ciudadana o si el conflicto escalará a instancias legales, como ya ocurrió en Francia con marcas como L’Oréal por casos similares.

La presión de los padres de familia contra Sephora no es solo una demanda puntual, sino un llamado urgente a replantear los estándares de seguridad en los productos infantiles que comercializan las grandes cadenas. Que una docena de artículos con sustancias como formaldehído, benceno o ftalatos—vinculadas a alergias, alteraciones hormonales e incluso cáncer—sigan en los estantes, expone fallas graves en los protocolos de control, pero también el poder real que tiene la organización colectiva para exigir cambios cuando las instituciones tardan en actuar.

Mientras la empresa evalúa su respuesta, los consumidores pueden tomar medidas inmediatas: revisar las etiquetas de los productos ya adquiridos (buscando ingredientes como «quaternium-15» o «DMDM hydantoin»), descargar apps como Think Dirty para escanear códigos de barra, y sumarse a campañas como #SephoraSinTóxicos para amplificar la presión. El caso, sin embargo, ya sentó un precedente: la próxima vez que una marca subestime la salud infantil, encontrará a una generación de padres mejor informados, conectados y dispuestos a convertir su indignación en acción concreta.