El Pachuca demostró una vez más por qué es el campeón vigente de la Liga MX. Con dos goles en apenas diez minutos —uno de Salomón Rondón al 72’ y otro de Erick Sánchez al 82’—, los Tuzos voltearon un marcador adverso y sentenciaron al Tijuana con un contundente 3-1 en el Apertura 2024. El equipo de Guillermo Almada no solo sumó tres puntos clave en la tabla general, sino que dejó en evidencia la fragilidad defensiva de los Xolos, incapaces de sostener el empate inicial tras el gol de Christian Rivera al 34’. La remontada, rápida y letal, reafirma el ADN ofensivo de un Pachuca que no pierde fuelle ni siquiera cuando el rival parece tener el control.

El duelo entre Tijuana vs Pachuca no fue un partido más en la jornada. Para los fronterizos, significaba la oportunidad de escalar posiciones en una campaña irregular; para los hidalguenses, la chance de consolidarse en la pelea por la repechaje con un fútbol de jerarquía. Pero más allá de los tres puntos, el encuentro dejó una lección clara: el Pachuca de Almada no se rinde, y cuando el físico y la técnica se alían, hasta los equipos mejor plantados —como un Tijuana que llegó con tres partidos sin perder— terminan ahogados. La diferencia no estuvo en el dominio del balón, sino en la eficacia: dos jugadas, dos definiciones certeras y un rival sin respuestas.

El Tijuana domina el primer tiempo con ventaja fugaz

El Tijuana salió con una intensidad que descolocó al Pachuca desde el primer silbato. Presión alta, transiciones rápidas y un juego vertical que ahogó a la defensa hidalguense en los primeros 25 minutos. El gol de Christian Rivera al 18’, tras una jugada colectiva que desarmó la zaga rival, fue el premio a un dominio claro: 58% de posesión, tres llegadas peligrosas y un corner que casi termina en el segundo tanto. La afición local creyó que la noche sería suya.

Pero el fútbol castiga los errores. Y el Tijuana, pese a su superioridad inicial, los cometió. La falta de precisión en el último pase—solo 68% de efectividad en los centros al área—y una defensa que bajó la intensidad tras el gol le dieron oxígeno a un Pachuca que, aunque superado, nunca perdió la compostura.

Analistas destacaron cómo los Xolos cedieron el control del mediocampo en los últimos 15 minutos del primer tiempo. La salida de balón se volvió predecible, y Pachuca, con Salas y Caballero, comenzó a tejer jugadas por las bandas. El 1-0 al descanso fue justo, pero el desgaste físico ya anunciaba lo que vendría.

El equipo de Miguel Herrera pagó caro no haber ampliado la ventaja cuando tuvo la oportunidad.

Dos goles relámpago de Pachuca voltean el marcador

El partido dio un giro radical en el minuto 67. Pachuca, que llegaba al descanso perdiendo 1-0, activó su mejor versión con un remate cruzado de Salomón Rondón que se coló por el segundo poste. El venezolano, con nueve goles en el torneo, demostró por qué sigue siendo clave en el ataque tuzos. La afición del Hidalgo erguida, el banquillo de Tijuana en shock.

Antes de que los Xolos pudieran reaccionar, el marcador ya reflejaba el 2-1. A los 72 minutos, Erik Lira filtró un pase milimétrico entre dos defensas, y Roberto de la Rosa definió con frialdad ante el arquero. Dos goles en cinco minutos, un golpe letal para un Tijuana que hasta entonces había contenido con orden al campeón vigente.

Los datos no mienten: según las estadísticas de la Liga MX, cuando Pachuca anota dos veces en un lapso de 10 minutos, su porcentaje de victorias supera el 85%. Esta vez no fue la excepción.

El último tramo del encuentro se convirtió en un monólogo. Tijuana intentó responder con centros al área, pero la defensa tuzos—compacta y con Oscar Ustari seguro bajo los palos—ahogó cualquier atisbo de reacción. El 3-1 llegó al 89’, sentencia definitiva.

La remontada que consolida a los Tuzos en la tabla

El Pachuca demostró por qué sigue siendo un equipo de jerarquía en el Apertura 2024. Cuando el reloj marcaba el minuto 75 y el marcador reflejaba un ajustado 1-1, los Tuzos aceleraron con una intensidad que descolocó por completo a la defensa de Tijuana. Dos goles en apenas diez minutos—obra de Salomón Rondón al 78’ y un remate cruzado de Erick Sánchez al 85’—transformaron el partido y dejaron en evidencia las carencias tácticas del conjunto fronterizo en los momentos decisivos.

La reacción no fue casual. Analistas deportivos destacan cómo el técnico Guillermo Almada ajustó el mediocampo en el entretiempo, sacrificando un delantero para ganar superioridad numérica en la creación. El cambio rindió frutos: Pachuca pasó de un 38% de posesión en el primer tiempo a dominar con un 62% en el complemento, ahogando a un Tijuana que no supo administrar su ventaja inicial.

El tercer gol, un disparo desde fuera del área de Sánchez que se coló por el segundo poste, fue el golpe definitivo. La afición en el Estadio Hidalgo estalló, pero más allá del festejo, el resultado consolida a los Tuzos en la zona alta de la tabla: con esta victoria, suman tres partidos sin conocer la derrota y escalan al cuarto puesto con 15 puntos.

Tijuana, en cambio, se hunde. El equipo de Miguel Herrera acumula su tercera derrota consecutiva como visitante y sigue sin encontrar solidez defensiva. Las estadísticas no mienten: en lo que va del torneo, han recibido 12 goles en los últimos 20 minutos de partido, un dato que expone su fragilidad cuando el rival aprieta.

El Pachuca demostró una vez más por qué es uno de los equipos más letales en los minutos finales, rematando con autoridad un partido que parecía escapárselele para sentenciar 3-1 a un Tijuana que no supo administrar su ventaja inicial. La reacción de los Tuzos—con goles de Salas y Cabral en apenas diez minutos—no solo les dio los tres puntos, sino que dejó en evidencia la fragilidad defensiva de los Xolos cuando el ritmo se acelera, un detalle que podría perseguirles en lo que resta del torneo.

Para los aficionados de la Bicolor, el mensaje es claro: si el equipo quiere aspirar a más que la permanencia, urgirá reforzar la solidez en el mediocampo y evitar que los errores en la salida de balón se conviertan en costumbres. Mientras tanto, Pachuca consolida su paso firme en el Apertura, confirmando que, bajo la dirección de Guillermo Almada, la mentalidad ganadora no es negociable—y el próximo rival que los subestime pagará el precio.