El Pachuca logró lo que parecía imposible: remontar un marcador adverso con dos goles en apenas diez minutos, un golpe de autoridad que no solo le dio los tres puntos, sino que dejó al Atlas al filo del descenso. El equipo hidalguense, conocido por su capacidad de reacción en momentos críticos, demostró una vez más por qué su mentalidad es temida en el fútbol mexicano. La victoria 2-1 en el Estadio Hidalgo no fue solo un triunfo más, sino un golpe de efecto que reconfigura la tabla porcentual con apenas jornadas por disputar.
El duelo entre Pachuca y Atlas trascendió lo deportivo para convertirse en un parteaguas emocional. Los Zorros, históricos del balompié nacional, ven cómo se les escapa la categoría entre los errores defensivos y la falta de contundencia. Mientras, los Tuzos consolidan su papel de verdugos en momentos clave, recordando que en el fútbol no solo importan los puntos, sino el momento en que llegan. La presión ahora recae sobre el Atlas, que deberá ganar sí o sí para evitar el peor escenario: la Segunda División después de décadas en la élite.
El drama del descenso que agobia a Atlas
El Atlas carga sobre sus hombros una crisis que va más allá de una mala racha. Con la derrota ante Pachuca, los Rojinegros se hunden en la tabla de cocientes con un promedio de 1.091 puntos por partido, el peor registro entre los equipos de Primera División. No es solo el resultado del domingo lo que lastima, sino la acumulación de errores tácticos, la falta de solidez defensiva y una ofensiva que lleva cinco partidos sin marcar gol. Analistas deportivos señalan que, a diferencia de otros equipos en riesgo, Atlas no muestra señales claras de reacción: ni en el juego ni en la plantilla.
La afición ya no grita consignas de aliento, sino reclamos. El Estadio Jalisco, antes un bastión de fe inquebrantable, ahora recibe al equipo con silbidos y pancartas que exigen cambios. La directiva enfrenta presión por decisiones cuestionables, como la salida de jugadores clave en mercados pasados sin reforzar adecuadamente las líneas más débiles. Mientras otros clubes en zona de descenso —como Querétaro o Juárez— han logrado victorias inesperadas que les dan oxígeno, Atlas parece atrapado en un círculo vicioso: a más urgencia, más errores.
El fantasma del descenso no es nuevo para la institución, pero esta vez el escenario es más crudo. En el Clausura 2024, el equipo suma apenas 2 triunfos en 15 jornadas, una cifra que ni siquiera el regreso de figuras históricas como Aldo Rocha ha logrado revertir. Los números fríos no mienten: si el torneo terminara hoy, los Zorros perderían la categoría por primera vez desde 1982. Lo más preocupante no es el presente, sino la ausencia de un plan visible para evitar el desastre.
Mientras Pachuca celebraba su remontada con goles de Salas y Gutiérrez, en la banca de Atlas se respiraba desesperación. El técnico no encontró respuestas en los cambios, y los jugadores, lejos de mostrar garra, lucieron desconectados. La Liga MX no perdona: cuando un equipo pierde la confianza, el descenso se convierte en una profecía autocumplida. Quedan tres fechas, pero el reloj corre en contra.
Dos goles relámpago que voltearon el partido
El partido parecía sentenciado cuando el reloj marcaba el minuto 70. Atlas dominaba el marcador 1-0, controlaba el ritmo y soñaba con alejarse del fantasma del descenso. Pero el fútbol, caprichoso como siempre, tenía otro guión preparado. En solo diez minutos, Pachuca desató una tormenta que dejó al equipo rojinegro sin respuestas y a su afición en estado de shock.
El primer golpe llegó al 72’. Un centro desde la banda izquierda de Erick Sánchez encontró a Salomón Rondón en el corazón del área. El delantero venezolano, con la frialdad de un depredador, remató de primera y venció a Camilo Vargas con un disparo cruzado. El estadio Hidalgo estalló. Los números respaldaban la jugada: Rondón lleva cinco goles en sus últimos seis partidos, una racha que lo consolida como el hombre clave en los momentos decisivos.
Atlas no tuvo tiempo de reaccionar. Antes de que el equipo pudiera reordenarse, al 78’, Pachuca volvió a golpear. Esta vez fue un error defensivo el que abrió la puerta: una pérdida de balón en mediocampo permitió un contraataque fulminante. Oscar Ustari, portero de los Zorros, adelantó su salida, pero el pase filtrado de Romario Ibarra dejó a Roberto de la Rosa solo frente al arco. El delantero, sin titubear, definió con un toque sutil que se coló por el segundo poste.
La remontada no solo fue un golpe anímico para Atlas, sino un mazazo estadístico. Con este resultado, el equipo de Guadalajara suma su séptimo partido sin victoria y se hunde en la tabla porcentual. Analistas destacan que, en los últimos cinco torneos, los equipos que caen en esta espiral de derrotas en la recta final rara vez logran escapar del descenso. Pachuca, en cambio, consolida su lugar en la parte alta y demuestra, una vez más, que su mentalidad ganadora no entiende de marcadores adversos.
La estrategia de Pachuca para romper la defensa
El Pachuca no solo demostró carácter en la remontada ante Atlas, sino una claridad táctica que desarmó a una defensa rojinegra acostumbrada a sufrir. Los Tuzos ingresaron al segundo tiempo con un ajuste clave: la presión alta en tres cuartos de cancha obligó a los Zorros a jugar pelotas largas, donde la pareja de centrales —Erick Aguirre y Miguel Tapias— ganó el 78% de los duelos aéreos, según datos de Liga MX. Ese dominio en el juego aéreo no fue casualidad, sino parte de un plan para explotar la debilidad de Atlas en la salida limpia, donde acumulan 12 errores defensivos en los últimos cinco partidos.
Guillermo Almada optó por sacrificar un mediocampista de contención para sumar un extremo más, moviendo a Román Campos hacia la banda derecha. El cambio generó superioridad numérica en los costados, donde Atlas ya arrastraba problemas: su lateral izquierdo, Aldo Rocha, había sido superado en velocidad en tres jugadas previas al primer gol. La asistencia de Campos para el 1-1 de Salomón Rondón nació justo de un desborde por ese sector, donde Rocha llegó tarde al cruce.
Pero el detalle más letal fue el timing. Pachuca esperó a que Atlas bajara la intensidad tras el empate, y en el minuto 78, cuando el cansancio físico se notaba en los defensas visitantes, lanzaron el contraataque que terminó en el 2-1. Rondón, otra vez, apareció en el área para rematar un centro desde la izquierda. Los analistas destacaron cómo los Tuzos usaron los últimos 20 minutos para desgastar a los centrales rivales con cambios de ritmo, dejando a un Atlas sin respuestas en las transiciones.
La estrategia no se limitó a lo ofensivo. En defensa, Pachuca cerró los espacios entre líneas con una marca al hombre en mediocampo, cortando el pase a José Abella, el armador de Atlas. Sin balón, los delanteros presionaban a los centrales para forzar errores, y cuando recuperaban, buscaban inmediatamente a Rondón en el área. Fue fútbol práctico, sin florituras, pero efectivo: dos goles en 10 minutos que condensaron meses de trabajo táctico.
Atlas: entre la desesperación y la última esperanza
El Atlas de Guadalajara llegó al estadio Hidalgo con la espalda contra la pared. No era solo otro partido: era la diferencia entre aferrarse a la esperanza o hundirse en el descenso directo. Los Zorros arrastraban una racha de nueve juegos sin victoria en el Clausura 2024, una sequía que los había dejado en el antepenúltimo lugar de la tabla porcentual, a solo un punto de la zona de relegación. La presión era palpable desde el silbatazo inicial, pero el equipo de Benjamín Mora no logró traducir la urgencia en claridad. Las estadísticas no mienten: en los últimos cinco encuentros, Atlas había convertido apenas dos goles, ambos de penal. La ofensiva, antes letal con figuras como Julián Quiñones, ahora lucía predecible, sin ideas ni profundidad.
El gol tempranero de Pachuca a los 12 minutos no hizo más que confirmar los peores presagios. La defensa, desorganizada y lenta en las transiciones, permitió que Salomón Rondón aprovechara un error en la marca para abrir el marcador. Lo que siguió fue un partido fragmentado, donde Atlas intentó reaccionar con centros desesperados al área y pelotazos que terminaban en manos de Oscar Ustari. Los analistas deportivos ya señalaban un patrón: en los últimos tres torneos, el equipo había recibido 12 goles en los primeros 20 minutos de partido, una tendencia que revelaba fallas estructurales en la estrategia inicial.
Cuando el segundo gol de los Tuzos cayó al 67’, el estadio se tiñó de silencio. No era el silencio de la resignación, sino el de quienes ven cómo se les escapa el suelo bajo los pies. En las gradas, algunos aficionados se tapaban el rostro con las camisetas; otros, en cambio, coreaban con más fuerza, como si el volumen pudiera cambiar el destino. El banquillo del Atlas, normalmente sereno, mostraba gestos de frustración: Mora discutía con sus auxiliares, mientras los sustitutos calentaban con mirada perdida.
El final del encuentro fue un reflejo de lo que ha sido su temporada: esfuerzo sin rumbo. Aunque en los minutos finales lograron acorralar a Pachuca con un par de llegadas peligrosas, la falta de precisión en el último pase o el remate los condenó. Quedan tres jornadas, pero el calendario no perdona: enfrentarán a Monterrey y América, dos de los equipos más sólidos del torneo. La matemática es cruel, pero clara: necesitan al menos cuatro puntos para no depender de otros resultados. La pregunta ya no es si pueden remontar, sino si el tiempo —y los nervios— les alcanzarán.
Qué necesita el Zorro para salvarse en la Liga MX
El Atlas no tiene margen para el error. Tras la remontada del Pachuca que lo dejó con apenas 11 puntos en 15 jornadas, los Zorros enfrentan una realidad cruda: necesitan sumar al menos 7 unidades en los últimos dos partidos para evitar el descenso directo. El equipo de Guillermo Almada arrastra una sequía de 10 juegos sin victoria, cifras que en el fútbol mexicano suelen ser sentencia. La matemática es implacable: incluso si logran esos puntos, dependerán de resultados ajenos, como los de Puebla o Mazatlán, que también libran su propia batalla por la permanencia.
El problema no es solo numérico. Atlas muestra fallas estructurales que van más allá de la mala racha. En defensa, han recibido 28 goles—el tercer peor registro de la Liga MX—, mientras que en ataque solo han anotado 12, la ofensiva menos efectiva del torneo. Analistas deportivos señalan que la falta de solidez en el mediocampo, donde pierden el 58% de los balones disputados según datos de Mediotiempo, agrava su situación. Sin un cambio radical en el próximo duelo ante Juárez, el equipo rojinegro podría sellar su destino antes de la última fecha.
La presión recae ahora en la directiva. Almada, con contrato hasta 2025, ve cómo su proyecto se desmorona en tiempo récord. Las críticas apuntan a la falta de refuerzos de jerarquía en el último mercado de pases y a una plantilla que, salvo excepciones como Julián Quiñones, no responde. El técnico uruguayo insistió en rueda de prensa en que «el grupo está unido», pero las acciones en la cancha pintan otra historia.
Queda un hilo de esperanza: el precedente del Clausura 2022, cuando Atlas escapó del descenso en la última jornada con una victoria épica sobre León. Sin embargo, repetir esa hazaña exigiría un milagro deportivo—andar que hoy parece lejano para un equipo sin rumbo.
El Pachuca demostró una vez más por qué es el campeón vigente: con dos goles en apenas diez minutos, transformó un partido que parecía perdido en una exhibición de garra y eficacia, dejando al Atlas no solo sin puntos, sino al borde del descenso directo. La remontada en el Hidalgo no fue solo un golpe anímico para los Zorros, sino un recordatorio brutal de cómo la falta de reacción a tiempo y los errores defensivos pueden definir el destino de un equipo en el fútbol mexicano.
Para el Atlas, el mensaje es claro: urgente reforzar la zaga y recuperar la solidez que lo caracterizó en temporadas pasadas, porque en la Liga MX no hay margen para titubeos cuando el reloj corre en contra. Mientras, el Pachuca consolida su papel de depredador en los momentos clave, una advertencia para cualquier rival que subestime su capacidad de resurgir.
Lo que viene ahora no es solo una lucha por la permanencia para unos, sino la confirmación de un proyecto para otros cuando el torneo entre en su recta final.

