Las olas de hasta cuatro metros azotarán las costas de Oaxaca esta semana, mientras el Servicio Meteorológico Nacional activa la alerta amarilla para Puerto Escondido. El fenómeno, impulsado por un sistema de baja presión y vientos intensos, ya ha provocado cierres preventivos en playas como Zicatela, donde las corrientes se vuelven impredecibles incluso para surfistas experimentados. Las autoridades locales advierten sobre riesgos de inundaciones repentinas en zonas bajas, especialmente durante las mareas altas que coincidirán con lluvias torrenciales intermitentes.

El clima en Puerto Escondido se ha vuelto protagonista en los últimos días, no solo por su impacto en el turismo, sino por la amenaza real que representa para comunidades pesqueras y comercios costeros. Mientras los pronósticos indican que las condiciones extremas persistirán al menos hasta el viernes, residentes y visitantes revisan protocolos de emergencia. Quienes conocen el clima de Puerto Escondido saben que octubre suele traer sorpresas, pero esta combinación de oleaje anómalo y precipitaciones fuera de temporada toma por sorpresa hasta a los más preparados.

Olas gigantes: el fenómeno que atrae y alerta en las costas oaxaqueñas

Las olas gigantes que azotan las costas de Oaxaca no son un espectáculo nuevo, pero su frecuencia e intensidad en los últimos años han convertido a Puerto Escondido en un imán para surfistas y científicos por igual. El fenómeno, conocido localmente como «mar de fondo», se origina por tormentas distantes en el Pacífico Sur, cuyas ondas viajan miles de kilómetros hasta estrellarse contra la línea costera mexicana con una fuerza que puede superar los 6 metros en temporada alta. Mientras los deportistas extremos buscan estas paredes de agua para desafiar sus límites, las autoridades mantienen un monitoreo constante: solo en 2023, el Servicio Meteorológico Nacional registró un aumento del 30% en eventos de oleaje extremo en la región, comparado con la década anterior.

Lo que para algunos es adrenalina, para las comunidades pesqueras representa un riesgo latente. En Zicatela —la playa emblemática de Puerto Escondido—, las olas gigantes han erosionado hasta 15 metros de arena en ciertos tramos durante los últimos cinco años, amenazando estructuras hoteleras y viviendas cercanas a la orilla. Los pescadores locales ajustan sus rutas y horarios, pues el mar embravecido dificulta las faenas diarias y aumenta el peligro de vuelcos en embarcaciones pequeñas. La alerta amarilla decretada esta semana no es un simple protocolo: es un recordatorio de que, detrás del turismo y la leyenda del «Mexican Pipeline», hay un ecosistema frágil y una economía costera que depende de entender —y respetar— los caprichos del océano.

Los expertos en oceanografía señalan que el cambio en los patrones de viento y la temperatura superficial del mar están amplificando estos fenómenos. Un estudio publicado en Revista de Ingeniería Costera en 2022 advirtió que, para 2050, las olas extremas en el Pacífico mexicano podrían ser hasta un 20% más altas debido al calentamiento global, con temporadas más largas y menos predecibles. Esto no solo redefine el mapa del surf, sino que obliga a replantear la infraestructura turística en zonas como Bacocho o Carrizalillo, donde el atractivo natural choca con la necesidad de resiliencia climática.

Entre la fascinación y la precaución, Puerto Escondido vive una dualidad. Las olas gigantes atraen cámaras de todo el mundo, pero también exigen sistemas de alerta temprana más robustos y planes de contingencia actualizados. El gobierno estatal ha invertido en boyas de monitoreo y talleres de capacitación para guías turísticos, aunque los recursos aún son insuficientes frente a la magnitud del desafío. Mientras tanto, el mar sigue dictando las reglas: imponente, impredecible y, sobre todo, indiferente a los planes humanos.

4 metros de altura y vientos intensos: datos del pronóstico exacto

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que las olas en Puerto Escondido alcanzarán los 4 metros de altura entre el miércoles y el viernes, con picos que podrían superar esta marca en zonas costeras expuestas. Los modelos de pronóstico indican que el fenómeno se debe a un sistema de baja presión ubicado frente a las costas de Oaxaca, combinado con vientos sostenidos de 40 a 50 km/h y ráfagas que podrían rozar los 65 km/h en áreas abiertas. Esta combinación no solo incrementa el riesgo para bañistas, sino que también amenaza con erosión en playas como Zicatela, donde el oleaje ya ha arrasado con estructuras temporales en temporadas anteriores.

Los datos satelitales respaldan las advertencias: la boya oceanográfica más cercana registró un aumento del 30% en la energía de las olas durante las últimas 24 horas, según el reporte más reciente del Centro de Investigación Científica y Educación Superior de Ensenada (CICESE). Este tipo de patrones, típicos en la transición de la temporada seca a la lluviosa, suelen generar corrientes de resaca más agresivas, incluso en zonas consideradas seguras para nadar.

El pronóstico detalla que los vientos más intensos se concentrarán entre las 15:00 y 19:00 horas, horarios en los que las autoridades locales han recomendado suspender actividades náuticas y restringir el acceso a muelles. La alerta amarilla, activada desde el lunes, no solo abarca el riesgo por oleaje, sino también la posible caída de ramas o estructuras débiles debido a las ráfagas. En 2022, un evento similar dejó sin servicio eléctrico a más de 2,000 hogares en la región durante 12 horas.

Mientras los hoteles de la zona ya refuerzan sus medidas de seguridad —como la colocación de barreras en áreas cercanas a la playa—, los pescadores locales han decidido posponer sus faenas hasta el sábado, cuando los modelos climáticos prevén una disminución gradual en la intensidad del viento. La Capitanía de Puerto emitirá actualizaciones cada seis horas, pero el mensaje es claro: el mar no estará en condiciones óptimas al menos hasta el final de la semana.

Zonas en riesgo y recomendaciones oficiales para locales y turistas

Las playas de Zicatela, Carrizalillo y Bacocho concentran el mayor peligro durante esta alerta amarilla. Zicatela, conocida por sus olas gigantes, registra ya corrientes de resaca con fuerza suficiente para arrastrar a un adulto nadador a mar abierto en menos de 30 segundos, según mediciones de la Estación de Monitoreo Costero de Oaxaca. Las autoridades municipales han delimitado con banderas rojas un área de 200 metros desde la orilla, aunque algunos turistas ignoran las señales atraídos por el espectáculo de las olas rompiendo a más de 4 metros de altura.

En el centro de Puerto Escondido, el riesgo se desplaza a las inundaciones repentinas. La calle Morelos y el mercado Benito Juárez sufrieron anegaciones de hasta 50 centímetros durante el último temporal similar en 2022. Esta vez, Protección Civil recomienda a los comerciantes elevar mercancías al menos 60 centímetros del suelo y asegurar toldos con cables de acero. Los hoteles de la zona, como los ubicados entre el Adoquin y la laguna de Manialtepec, recibieron instrucciones específicas: verificar el estado de los drenajes y tener listos kits de emergencia con silbatos, linternas estancas y copias de documentos en bolsas herméticas.

Para los turistas, la Secretaría de Turismo estatal emitió un protocolo claro: evitar actividades acuáticas hasta nuevo aviso, incluso en playas aparentemente tranquilas como La Punta, donde las corrientes submarinas pueden formar remolinos impredecibles. Quienes insistan en acercarse al mar deben usar chalecos salvavidas certificados—los inflables de juguete no sirven—y mantenerse en grupos de al menos tres personas. Las embarcaciones de pesca recreativa permanecen varadas en el muelle de Zicatela desde ayer, cumpliendo con el decreto que prohíbe navegar a menos de 5 millas de la costa.

Las comunidades rurales al norte, como Mazunte y Zipolite, activaron sus sistemas de alerta temprana con megáfonos comunitarios. Allí, el peligro no son solo las olas, sino los deslizamientos en la carretera costera 200, donde la Comisión Nacional del Agua reportó saturación de suelo en tres tramos críticos. Los autobuses intermunicipales redujeron su frecuencia y circulan con cadenas en las llantas, mientras que los taxis locales reciben actualizaciones cada hora sobre caminos bloqueados. Quienes planeen trasladarse entre estas zonas deben confirmar rutas con las casetas de la Guardia Nacional en Santa María Colotepec.

Cómo prepararse: desde proteger viviendas hasta ajustar planes de surf

Con la alerta amarilla activada por olas de hasta 4 metros, los residentes de Puerto Escondido ya ajustan sus rutinas. Las recomendaciones del Servicio Meteorológico Nacional insisten en asegurar techos y ventanas, especialmente en zonas costeras como Zicatela, donde el impacto del oleaje suele ser más intenso. Un estudio de la UNAM sobre fenómenos climáticos en el Pacífico mexicano señala que el 68% de los daños en viviendas durante temporales se deben a la falta de refuerzos en estructuras ligeras, como lámina o madera. La solución más efectiva —y económica— sigue siendo colocar cinta adhesiva en forma de cruz sobre los vidrios para evitar que se astillen con los vientos fuertes.

Quienes viven en primeras líneas de playa han comenzado a retirar muebles de exterior, macetas y cualquier objeto que pueda convertirse en proyectil. En colonias como Bacocho o La Punta, donde las calles se inundan con facilidad, algunos vecinos elevan electrodomésticos sobre tarimas o los cubren con plástico. Las tiendas locales reportan un aumento en las ventas de costales de arena, que sirven tanto para contener filtraciones como para crear barreras improvisadas en entradas.

Para los surfistas, el pronóstico no es motivo de celebración. Aunque olas de 3 a 4 metros atraen a expertos, las corrientes de resaca y los vientos cruzados elevan el riesgo. Escuelas de surf como las de Playa Carrizalillo han suspendido clases para principiantes y recomiendan incluso a los avanzados evitar el agua entre las 12:00 y 16:00 horas, cuando el oleaje alcanza su punto máximo. Quienes insistan en entrar deben hacerlo en grupos y con chalecos de flotación, pues los rescates en temporales suelen demorar hasta 40 minutos por la dificultad para manejar lanchas en mar picado.

El ayuntamiento activó tres albergues temporales en la zona centro, equipados con colchones, botiquines y radios de comunicación. Sin embargo, la experiencia de años anteriores demuestra que menos del 20% de la población en riesgo acude a ellos. La mayoría prefiere quedarse en casa, pero con un plan claro: tener a mano linternas, documentos en bolsas herméticas y suficiente agua embotellada para 72 horas. Las gasolineras ya registran filas desde temprano, no por desabasto, sino por precaución.

Fuera del ámbito doméstico, los hoteles y restaurantes de la zona turística han reforzado sus protocolos. Algunos, como los ubicados en el boulevard Benito Juárez, colocan sacos de arena en las entradas y reducen horarios de servicio en terrazas. Otros, más pequeños, optan por cerrar un día antes de que llegue el peor del temporal. El gremio de guías turísticos, por su parte, canceló las salidas en lancha a lagunas como Manialtepec, donde el viento fuerte dificulta la navegación y aumenta el riesgo de vuelcos.

¿Se repetirá el patrón? Lo que dicen los modelos climáticos para los próximos días

Los modelos climáticos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) anticipan que la intensidad de las olas en Puerto Escondido mantendrá niveles por encima del promedio al menos hasta finales de esta semana. Según los últimos reportes, se espera que el mar registre alturas de 3 a 4 metros en zonas costeras, con ráfagas de viento que podrían superar los 60 km/h en áreas expuestas. La persistencia de este fenómeno no es casual: datos históricos indican que, durante el mes de septiembre, el 70% de los sistemas de baja presión que se forman en el Pacífico sur generan efectos prolongados en las costas de Oaxaca, especialmente en tramos como Zicatela, donde la morfología de la playa amplifica el impacto de las marejadas.

El patrón actual coincide con lo observado en años anteriores, cuando las corrientes ecuatoriales cálidas interactúan con frentes fríos tardíos. Meteorólogos consultados por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) señalan que, aunque no se descarta una ligera disminución en la altura de las olas hacia el domingo, la alerta amarilla podría extenderse si se confirma la llegada de un nuevo pulso de energía desde el sur del continente. Esto no implicaría necesariamente un aumento en la precipitación —que hasta ahora ha sido moderada—, pero sí un riesgo elevado de resaca y corrientes de resaca en horarios de marea alta.

Las proyecciones a mediano plazo, basadas en el modelo GFDL de la NOAA, sugieren que octubre podría iniciar con condiciones similares, aunque con menor frecuencia de eventos extremos. Sin embargo, la incertidumbre aumenta al analizar variables como la temperatura superficial del mar, que en las últimas 48 horas ha registrado un incremento de 1.2°C frente a las costas oaxaqueñas. Este calentamiento, aunque leve, podría alimentar sistemas de tormenta más organizados en los próximos 10 días.

Ante este escenario, las autoridades locales ya coordinan protocolos con la Capitanía de Puerto para restringir el acceso a zonas de riesgo, mientras que los prestadores de servicios turísticos ajustan sus operaciones. La recomendación para pescadores y bañistas sigue siendo clara: evitar adentrarse en el mar hasta que los boletines oficiales confirmen una normalización en los patrones de oleaje.

El temporal que azota Puerto Escondido esta semana no es un fenómeno aislado, sino un recordatorio contundente de cómo el clima extremo redibuja la vida en la costa oaxaqueña: olas de cuatro metros, alertas amarillas y vientos intensos exigen atención inmediata, pero también una adaptación a largo plazo para comunidades y visitantes. Mientras las autoridades monitorean el comportamiento del mar y refuerzan protocolos de seguridad, la prioridad ahora mismo recae en evitar riesgos innecesarios—alejarse de playas con bandera roja, posponer actividades náuticas y seguir las actualizaciones de la Conagua y Protección Civil, donde cada boletín puede marcar la diferencia entre un susto y una emergencia.

Lo que hoy parece una anomalía climática bien podría volverse patrón en los próximos años, obligando a repensar desde la infraestructura turística hasta los calendarios de pesca en la región.