El Necaxa cortó de raíz una sequía que comenzaba a ahogar sus aspiraciones en el Clausura 2024. Con un 2-1 contundente sobre Pumas en el Estadio Victoria, los Rayos no solo sumaron tres puntos vitales, sino que demostraron que la raíz de sus problemas no estaba en el talento, sino en la ejecución. El golazo de Facundo Batista al 78’—un remate de media distancia que se coló como cuchillo en mantequilla—fue el broche de oro a una noche donde la urgencia se transformó en resultados.
El duelo entre Necaxa y Pumas no era cualquier partido: era el choque entre un equipo desesperado por salir del pozo y otro que, pese a su irregularidad, sigue siendo un rival incómodo. La victoria no solo alivia la presión sobre el técnico Pablo Guede, sino que reaviva el debate sobre la consistencia de los universitarios, incapaces de sostener su nivel contra equipos que juegan con la espalda contra la pared. En Aguascalientes, el mensaje fue claro: cuando el Necaxa aprieta, hasta los felinos más astutos tropiezan.
La sequía que ahogaba a los Rayos
La sequía de siete partidos sin victoria había convertido al Necaxa en un equipo asfixiado por la presión. Desde el 2 de marzo, cuando vencieron 2-0 a Toluca, los Rayos no conocían el sabor del triunfo, acumulando cinco derrotas y dos empates que los hundieron en la tabla general. La afición, acostumbrada a ver a su equipo como protagonista, comenzó a mostrar señales de impaciencia en las gradas del Victoria.
El bajo rendimiento se reflejaba en números: apenas tres goles anotados en esos siete encuentros, una cifra que colocaba a la ofensiva hidrocalida entre las menos efectivas del torneo. Analistas deportivos señalaban la falta de contundencia en el área rival y la dificultad para mantener la posesión en mediocampo como las principales debilidades. La llegada de Pumas, un rival directo en la pelea por evitar el descenso, representaba una prueba de fuego.
El ambiente en el vestuario no era el ideal. Jugadores clave como Fernando Arce y Facundo Batista, con experiencia en ligas más competitivas, asumieron un rol más activo en los últimos entrenamientos, buscando recomponer la mentalidad del grupo. La directiva, por su parte, evitó declaraciones que pudieran aumentar la tensión, pero las miradas estaban puestas en el técnico, cuya continuidad comenzaba a cuestionarse.
La victoria ante los universitarios no solo rompe la mala racha, sino que devuelve un respiro a un equipo que necesitaba recuperar confianza con urgencia.
Un golazo de Jordan Sierra inclina la balanza
El partido giraba hacia un empate estéril cuando Jordan Sierra decidió romper el guión. A los 72 minutos, el mediocampista colombiano recibió un pase filtrado en el borde del área, esquivó a un defensor con un toque sutil y disparó con la zurda. El balón se coló junto al poste izquierdo de Julio González, quien apenas si pudo rozarlo con los dedos. Fue su tercer gol en el torneo, pero el más valioso: el que le dio oxígeno a un Necaxa asfixiado por siete jornadas sin victorias.
Analistas destacaron la frialdad de Sierra en la definición, un rasgo que ha marcado su adaptación a la Liga MX. Según datos de Mediotiempo, el 60% de sus remates dentro del área en esta temporada han terminado en gol o en jugadas de peligro claro.
El gol no solo inclinó el marcador, sino la psicología del encuentro. Pumas, que hasta entonces había controlado el ritmo con posesiones largas pero sin profundidad, vio cómo su defensa se descompuso. La presión de los Rayos aumentó, y el estadio Victoria rugió como no lo hacía desde hacía semanas.
Sierra, por su parte, corrió hacia la banda con el índice en los labios, pidiendo silencio a una afición que minutos antes lo criticaba. El gesto resume la noche: un jugador que asume el peso del equipo cuando más se necesita.
¿Puede ser este el inicio de su recuperación?
La victoria por 2-1 ante Pumas no solo cortó una sequía de siete partidos sin triunfos para Necaxa, sino que también encendió una chispa de esperanza en un equipo que llevaba semanas ahogado en la incertidumbre. El gol de Jordan Sierra al minuto 78, tras una jugada colectiva que desbordó por la banda izquierda, mostró destellos de ese fútbol ofensivo que los aficionados extrañaban. No era un rival cualquiera: los universitarios llegaban como el tercer mejor visitante del torneo, con solo dos derrotas fuera de CU en lo que va del campeonato.
Analistas deportivos señalan que el cambio táctico en el segundo tiempo —presionando más alto y cerrando los pasillos centrales— fue clave. Según datos de Mediotiempo, Necaxa recuperó el 68% de los balones en campo rival durante los últimos 30 minutos, algo que no lograba desde la jornada 4. La solidez de Fernando Arce en la contención y la aparición de Facundo Batista como líder en la zaga dieron otra cara al equipo.
El técnico, sin embargo, prefirió la cautela: «Es un paso, no una meta». La realidad es que los Rayos siguen en zona de descenso, pero ahora con oxígeno. El próximo partido ante Atlas, otro directo en la lucha por no perder la categoría, será la prueba de fuego.
En las gradas del Victoria, el alivio se mezcló con escepticismo. La hinchada sabe que una golondrina no hace verano, pero también que este tipo de victorias —contra un Pumas que llevaba tres juegos invicto— pueden ser el punto de inflexión que necesitan.
El Necaxa cortó de raíz su crisis con un triunfo que no solo le devolvió los tres puntos, sino también la confianza en un esquema que, pese a las críticas, demostró eficacia cuando más se necesitaba. La victoria ante Pumas—equipo que llegó como favorito—reafirma que en el fútbol los números a veces pesan menos que el carácter, especialmente en casa, donde la afición puede ser el jugador número doce que inclina la balanza.
Para los Rayos, el reto ahora es capitalizar este impulso: mantener la intensidad defensiva que ahogó a los universitarios y pulir la definición, porque las seis oportunidades claras del partido pudieron ser gol en al menos tres más. El mensaje es claro: si logran repetir esta versión—ordenada, agresiva y sin miedo—, la pelea por la permanencia dejará de ser un drama para convertirse en una batalla con argumentos reales.
El Clausura 2024 aún tiene páginas por escribir, y Necaxa acaba de demostrar que no piensa salir de ellas sin pelear cada línea.
