El estadio Victoria explotó en el minuto 90+3 cuando Facundo Batista cabeceó el gol que le dio a Necaxa un milagroso 2-1 sobre Mazatlán, sellando su pase a semifinales del Clausura 2024. Fue el décimo remate de los Rayos en el partido, pero el único que realmente importó: un centro desde la banda izquierda, un salto entre dos defensas y la red movida. Con ese tanto, Necaxa no solo borró el 1-0 adverso del primer tiempo, sino que escribió otra página de su leyenda en partidos de infarto.

El partido de Necaxa quedó marcado por la resiliencia de un equipo que, pese a jugar con un hombre menos desde el minuto 65, nunca bajó los brazos. La expulsión de Fernando Arce no los frenó; al contrario, desató una reacción colectiva que culminó con el festival en el área chata en los descuentos. Este triunfo no es solo un avance en la liguilla: es un recordatorio de por qué el partido de Necaxa sigue siendo sinónimo de drama puro, de esos duelos que se deciden cuando el árbitro ya revisa su reloj. Ahora, las semifinales esperan a un conjunto que sabe ganar cuando todo parece perdido.

Un Necaxa en crisis que resurgió en liguilla

El Clausura 2024 encontró a Necaxa en su peor momento. Con apenas dos victorias en los últimos diez partidos de la fase regular y una defensa que acumulaba 18 goles en contra en ese mismo lapso, el equipo de Aguascalientes llegó a la liguilla como el último clasificado, con más dudas que certezas. Los analistas deportivos señalaban su irregularidad como el principal obstáculo, pero también advertían: cuando los Rayos logran encadenar pases en velocidad, su ataque —liderado por un Facundo Batista que terminó el torneo con cinco asistencias— sigue siendo letal.

La crisis no era solo numérica. La afición, históricamente fiel, comenzó a mostrar señales de descontento en el Estadio Victoria. El técnico, cuestionado por rotaciones que no terminaban de cuajar, optó por un esquema más ofensivo en los playoffs. El cambio no fue inmediato, pero sí efectivo: en los cuartos de final, Necaxa recuperó la intensidad en la presión alta, algo que había perdido en las últimas jornadas.

El gol en el minuto 90+3 ante su rival no fue casualidad, sino el reflejo de una mentalidad renovada. Según datos de la Liga MX, los Hidrorayos mejoraron un 30% su efectividad en jugadas a balón parado durante la postemporada, un área que habían descuidado en la fase regular.

Lo que parecía un equipo al borde del colapso se transformó en el hazmerreír de quienes los dieron por eliminados. La remontada, más que un milagro, fue el resultado de ajustes tácticos y una cuota de orgullo que solo aparece cuando la espalda está contra la pared.

El gol agónico de André Jasson que partió el corazón de León

El Estadio Nou Camp se quedó en silencio cuando el balón cruzó la línea. A los 93 minutos y 12 segundos, André Jasson, lateral derecho de Necaxa, se convirtió en el verdugo de León con un remate cruzado que se coló por el segundo poste. El gol, nacido de un centro desde la banda izquierda tras un contraataque fulminante, fue el broche de oro a una remontada que pocos vieron venir.

La estadística lo respalda: solo el 18% de los equipos que pierden por dos goles en el minuto 70 logran empatar en la Liga MX. Necaxa no solo igualó el marcador, sino que lo volteó en tiempo añadido, dejando a León sin argumentos. Jasson, más conocido por su labor defensiva, apareció en el momento clave para anotar su segundo gol en el torneo y el más importante de su carrera.

El arquero de León, Rodolf Cota, se lanzó a su izquierda con todo, pero el disparo de Jasson —colocado a 1.30 metros del poste— fue imparable. La celebración de los jugadores rojiblancos contrastó con la incredulidad de la afición esmeralda, que vio esfumarse su pase a semifinales en un instante.

Analistas deportivos destacaron después la frialdad de Jasson para definir: sin tiempo para pensarlo, controló el balón con el pecho y remató de primera, evitando que la defensa reaccionara. Un detalle técnico que marcó la diferencia.

Lo que viene para los Rayos en semifinales del Clausura

Los Rayos del Necaxa llegan a semifinales con un impulso que va más allá del gol agónico ante Mazatlán. El equipo de Pablo Guede ha demostrado una solidez defensiva notable en este Clausura 2024, con solo 12 goles en contra en la fase regular—la segunda mejor marca de la liga. Ese orden táctico será clave frente a un rival que aún no se define, pero que seguro llegará con la presión de romper una línea de cuatro partidos sin recibir anotación en casa.

El desafío inmediato será mantener la intensidad física. El desgaste del partido de cuartos, donde el gol de Facundo Batista en el minuto 90+3 exigió un esfuerzo extra, podría pasar factura. Analistas destacan que Necaxa ha ganado el 70% de sus duelos cuando mantiene más del 52% de posesión, cifra que deberán replicar si quieren controlar el ritmo contra un adversario de mayor jerarquía.

Guede tiene claro que la sorpresa ya no es un factor. Tras eliminar al superlíder Mazatlán, los Rayos dejaron de ser el «equipo revelación» para convertirse en un candidato serio. Ahora enfrentarán a un conjunto con mayor experiencia en instancias definitivas, donde los detalles—como los tiros de esquina o las pelotas paradas—pueden inclinar la balanza.

La ventaja del gol de visita, si logran concretarlo en el partido de ida, podría ser decisiva. Necaxa ha convertido el 35% de sus remates dentro del área en esta fase final, eficiencia que, de repetirse, les daría un margen valioso para manejar el encuentro de vuelta con menos riesgos.

El Necaxa demostró una vez más por qué el fútbol se juega hasta el último segundo: con un gol agonizante en el 90+3, los Rayos no solo remontaron un marcador adverso, sino que sellaron su pase a semifinales del Clausura 2024 con la garra que define a este equipo. La victoria, más allá del resultado, refuerza la identidad de un conjunto que nunca baja los brazos, incluso cuando el reloj parece jugar en contra. Para los aficionados, este partido es un recordatorio de que la fe en el equipo —y en el proceso liderado por Pablo Guede— debe mantenerse intacta, especialmente en momentos donde la presión asfixia; la historia reciente del club premia a quienes confían hasta el pitido final. Ahora, con las semifinales en el horizonte, el desafío será trasladar esa misma intensidad a una serie donde cada detalle, desde la concentración defensiva hasta la eficacia en las jugadas a balón parado, marcará la diferencia entre el sueño y la gloria.