El Estadio Victoria vibró hasta sus cimientos cuando, en el minuto 89, un disparo cruzado de Facundo Batista se coló por el segundo poste y le dio vida a Necaxa en la Liga MX. No fue un gol cualquiera: fue el 2-1 definitivo que volteó un marcador adverso, selló una remontada épica y dejó a Santos Laguna al borde de la eliminación directa. Con este resultado, los Rayos no solo sumaron tres puntos de oro en la lucha por la permanencia, sino que hundieron a los Guerreros en una crisis que ya huele a urgencia.
El duelo entre Necaxa vs. Santos no fue un partido más en el Clausura 2024. Fue un reflejo crudo de dos realidades opuestas: un equipo que resucita cuando todos lo dan por muerto y otro que, pese a su historia y presupuesto, se ahoga en inconsistencias. Para la afición de Aguascalientes, este triunfo es oxígeno puro en una temporada marcada por la irregularidad. Para la de Torreón, es una nueva herida en una campaña que acumula más sombras que luces. La pregunta ya no es si Santos reaccionará, sino si le quedará tiempo para hacerlo.
Un Santos en caída libre antes del duelo

Santos Laguna llegó al duelo contra Necaxa con la presión asfixiante de una racha que no da tregua. Tres derrotas consecutivas en el Clausura 2024, incluyendo un contundente 3-0 ante Puebla en la jornada anterior, dejaban al equipo de Eduardo Fentanes con el peor registro defensivo de la liga: 17 goles en contra en apenas 10 partidos. La afición en Torreón ya no solo exigía puntos, sino señales claras de que el proyecto no se desmoronaba.
El once inicial reflejó la desesperación. Fentanes alineó a cuatro canteranos en el arranque, una apuesta arriesgada que hablaba más de la falta de opciones que de una estrategia definida. La ausencia de figuras como Alan Cervantes, lesionado, y el bajo rendimiento de refuerzos como el delantero brasileño Leo Bonatini —sin gol en sus últimos siete partidos— agravaban el panorama.
Analistas deportivos señalaban antes del pitido inicial que Santos acumulaba su peor inicio de torneo desde el Apertura 2016. Pero los números fríos no capturaban el clima en el estadio: silbidos al equipo local durante el calentamiento, banderas negras en la grada y un mural en la entrada con la leyenda «Basta de excusas». La paciencia, si es que quedaba alguna, se agotaba.
El problema no era solo deportivo. La directiva enfrentaba críticas por la falta de inversiones contundentes en el mercado de pases, mientras equipos como Necaxa —con un presupuesto menor— demostraban mayor solidez táctica bajo el mando de Pablo Guede. Santos, en cambio, lucía como un barco a la deriva: sin rumbo, sin liderazgo en la cancha y con una hinchada que ya miraba hacia el descenso más que a la liguilla.
El gol de Barreiro que revivió a los Rayos

El estadio Victoria estalló cuando el balón se coló por el segundo poste. A los 89 minutos, con el Necaxa abajo en el marcador y la afición ya resignada, Alejandro Barreiro apareció como un fantasma en el área. Un remate cruzado, preciso, que el arquero santista solo pudo ver pasar. No fue un gol cualquiera: fue el que revivió a un equipo que llevaba tres partidos sin conocer la victoria y que, según las estadísticas de Opta, solo había convertido el 12% de sus remates desde fuera del área en el torneo.
Barreiro no es el típico mediocampista de llegada, pero esa noche asumió el rol. El uruguayo, más asociado al desborde y la asistencia, demostró que en el fútbol los guiones se rompen. Su celebración—corriendo hacia la banda con los brazos abiertos—reflejó el peso de un tanto que no solo empató el partido, sino que le devolvió la fe a un vestuario necesitado de oxígeno.
Los analistas destacaron después la jugada: un centro rechazado por la defensa, un balón suelto que nadie controló y, en el momento justo, la aparición de Barreiro para definir con la zurda. No hubo genialidad individual, sino oportunismo puro. El tipo de gol que se recuerda cuando la temporada termina y los puntos se cuentan.
Santos, por su parte, vivió esos segundos como un baldazo de agua fría. Dominaban el partido, administraban el resultado y, en un descuido, vieron cómo el Necaxa les arrebataba dos puntos que hoy valen oro en la lucha por no descender.
La tabla no perdona: qué necesita cada equipo ahora

El triunfo de Necaxa no solo fue un golpe anímico para Santos, sino un reflejo crudo de sus carencias. Los Guerreros llevan tres partidos sin ganar y su defensa, con seis goles en contra en los últimos cuatro encuentros, se ha convertido en un coladero. La urgencia ahora es clara: reforzar la zaga o arriesgarse a que la porosidad defensiva los condene en la tabla.
Para los Rayos, el gol de Jordan Sierra al 89’ no fue solo un punto más, sino la confirmación de que su apuesta por un mediocampo joven y veloz está rindiendo frutos. Con un 58% de posesión en el torneo y un promedio de 14 remates por partido —la tercera cifra más alta de la liga—, Necaxa demuestra que su juego de toque ya tiene dientes. El reto será mantener esa intensidad en una racha de partidos seguidos contra rivales directos por la clasificación.
Santos, en cambio, necesita soluciones inmediatas. La salida de Eduardo Fentanes dejó al descubierto la falta de alternativas en el ataque, donde solo Brian Lozano ha anotado en las últimas cinco jornadas. Sin refuerzos en el mercado de invierno, la opción pasa por ajustar el esquema: o bien recuperar a Alan Cervantes de su lesión, o arriesgar con un doble pivote que libere a Lozano de tareas defensivas.
La tabla no entiende de excusas. Mientras Necaxa escaló al quinto puesto, Santos se hunde en el lugar 14, a solo dos puntos del descenso indirecto. El margen de error se agota.
El Necaxa demostró una vez más que el fútbol se juega hasta el último minuto, con un gol agónico que no solo le dio los tres puntos, sino que hundió a Santos en una crisis de resultados que ya no admite excusas. La falta de reacción del equipo lagunero en los momentos clave y los errores defensivos recurrentes pintan un panorama oscuro para lo que resta del torneo, donde cada punto perdido pesa como una losa. Para la directiva santista, el momento exige decisiones contundentes: ya sea un cambio en el esquema táctico, ajustes en la plantilla o incluso evaluar la continuidad del cuerpo técnico, porque la paciencia de la afición tiene límite. Mientras tanto, los Rayos celebran un triunfo que los consolida en la pelea por la liguilla, pero saben que mantener esta intensidad será clave cuando lleguen los partidos definitivos.

