Con doce detenciones por trata de personas en lo que va de 2024, el Municipio de Tenancingo se mantiene como uno de los focos rojos en la lucha contra este delito en el Estado de México. Las cifras, aunque menores en comparación con años anteriores, reflejan una realidad persistente: redes criminales que operan con métodos cada vez más sofisticados para explotar a víctimas, principalmente mujeres y menores. Autoridades locales confirmaron que al menos ocho de los detenidos tienen vínculos directos con organizaciones dedicadas al tráfico con fines de explotación sexual, un patrón que se repite desde hace más de una década en la región.
El caso de Tenancingo de Degollado no es aislado, pero su notoriedad lo distingue. Ubicado en el sur del estado, este municipio de poco más de 100 mil habitantes ha sido señalado en informes nacionales e internacionales como un epicentro histórico de trata, donde la impunidad y la corrupción facilitaron durante años la operación de las redes. Aunque las estrategias de seguridad se han endurecido —con operativos coordinados entre la Fiscalía mexiquense y la Guardia Nacional—, el último balance revela que el problema está lejos de erradicarse. La proximidad con rutas migratorias y centros urbanos como Toluca agrava el riesgo, convirtiendo a la zona en un punto estratégico para el reclutamiento y traslado de víctimas.
Tenancingo: epicentro histórico del tráfico de personas en México
Tenancingo de Degollado no es un nombre cualquiera en el mapa mexicano. Este municipio del estado de México, con poco más de 12 mil habitantes, cargó durante años con el estigma de ser la cuna de redes criminales especializadas en la trata de personas. Investigaciones de la Fiscalía General de la República (FGR) revelaron que, entre 2010 y 2018, al menos el 40% de las víctimas rescatadas en operaciones contra el tráfico humano en el país tenían vínculos con células operando desde esta localidad. No era casualidad: su ubicación geográfica, a medio camino entre la Ciudad de México y estados con alta marginación como Guerrero y Puebla, lo convirtió en un nodo logístico ideal para el reclutamiento y traslado de mujeres hacia centros de explotación sexual en el norte del país y Estados Unidos.
El modus operandi de las redes tenancinguenses se documentó con precisión en informes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Los tratantes, muchas veces miembros de una misma familia o círculo social, utilizaban tácticas de engaño como ofertas de empleo en fábricas o restaurantes para atraer a jóvenes de comunidades rurales. Una vez bajo su control, las víctimas eran sometidas a violencia física, amenazas contra sus familias y deudas impagables. Testimonios recabados por organizaciones civiles señalan que, en su momento álgido, estas redes llegaron a mover hasta 500 personas al año solo desde Tenancingo.
La impunidad que rodeó durante décadas a estos grupos tuvo raíces profundas. Autoridades locales admitieron, en declaraciones a medios nacionales, que la corrupción dentro de corporaciones policiales y la falta de coordinación entre instancias federales y estatales permitieron que los tratantes operaran con casi total libertad. El caso más sonado —la detención en 2011 de un líder criminal apodado «El Rey de la Trata»— expuso cómo las redes extendían sus tentáculos hasta funcionarios municipales. Aunque ese golpe simbolizó un parteaguas, los expertos en seguridad advierten que la trata en la región no desapareció: simplemente se fragmentó en células más pequeñas y discretas.
El legado de Tenancingo como epicentro del tráfico humano persiste en la memoria colectiva, pero también en los datos. Según el último reporte de la Red Nacional de Refugios, una de cada tres víctimas rescatadas en el Estado de México entre 2020 y 2023 declaró haber sido reclutada o trasladada por redes con nexos en este municipio. La geografía del crimen cambió, pero las rutas y los métodos heredados de aquellos años siguen vigentes, adaptándose a nuevas dinámicas como el uso de redes sociales para el reclutamiento.
Doce detenciones en 2024 revelan patrones de operación criminal
Las doce detenciones registradas en lo que va de 2024 en Tenancingo de Degollado no son hechos aislados, sino piezas de un mismo rompecabezas. Las investigaciones de la Fiscalía General del Estado de México apuntan a un patrón recurrente: redes familiares que operan desde viviendas aparentemente normales, donde las víctimas—en su mayoría mujeres de entre 15 y 25 años—son reclutadas bajo promesas de empleo en ciudades como Puebla, Guadalajara o la Ciudad de México. Según datos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el 78% de los casos documentados en la región en los últimos cinco años involucran a parientes directos de las víctimas, lo que dificulta la denuncia por miedo a represalias o desconfianza en las autoridades.
El modus operandi se repite con variaciones mínimas. En enero, tres hombres fueron arrestados en la colonia Emiliano Zapata tras descubrirse que usaban una tienda de abarrotes como fachada para trasladar a jóvenes a Tlaxcala. Dos meses después, en marzo, una red desmantelada en la cabecera municipal empleaba autobuses de pasajeros para mover a las víctimas hacia el centro del país, aprovechando rutas comerciales legítimas. Las detenciones más recientes, en mayo y junio, revelaron el uso de redes sociales—específicamente Facebook y TikTok—para contactar a posibles víctimas con ofertas de trabajo en fábricas o como empleadas domésticas.
Lo que distingue a Tenancingo de otras zonas con alta incidencia de trata no es solo la frecuencia de los casos, sino su sofisticación. Autoridades federales han documentado el uso de documentos falsos—como actas de nacimiento y credenciales del INE—para facilitar el traslado de las víctimas entre estados. En al menos cuatro de las detenciones de 2024, los implicados contaban con conexiones en corporaciones policíacas locales, lo que les permitía operar con menor riesgo de ser detectados. Este nivel de infiltración ha llevado a la Fiscalía a implementar protocolos de rotación constante en las áreas de inteligencia, aunque los resultados aún son limitados.
El perfil de los detenidos también arroja luz sobre la estructura criminal. Mientras en años anteriores predominaban figuras masculinas como líderes de las redes, en 2024 seis de las doce personas arrestadas son mujeres, varias de ellas madres o tías de las víctimas. Esto coincide con lo señalado por organizaciones como el Observatorio Nacional contra la Trata de Personas: las redes han evolucionado hacia modelos más horizontales, donde el papel de la mujer ya no se limita a la logística, sino que incluye el reclutamiento activo y la coerción. La edad de los detenidos oscila entre los 22 y los 58 años, con un promedio de 34, lo que sugiere que se trata de operaciones con cierta consolidación en el tiempo.
Redes familiares y métodos de reclutamiento en la trata local
Las redes familiares han sido el mecanismo más persistente para el reclutamiento de víctimas en Tenancingo de Degollado. Según datos de la Fiscalía General de la República, al menos el 68% de los casos documentados en 2023 involucraron a parientes directos o cónyuges como enlaces iniciales. El patrón no es nuevo: madres, tías o hermanas mayores suelen actuar como figuras de confianza que convencen a jóvenes —muchas veces adolescentes— con promesas de empleo en ciudades como Puebla, Toluca o la Ciudad de México. La proximidad afectiva dificulta que las víctimas identifiquen el riesgo hasta que el control ya es absoluto.
El método opera con una precisión casi industrial. Investigaciones de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos revelan que los reclutadores locales, conocidos como «enganchadores», aprovechan la pobreza estructural del municipio para ofrecer salarios irrisorios en fábricas o restaurantes. Una vez que las víctimas aceptan, son trasladadas a zonas urbanas donde se les retiene la documentación y se les obliga a trabajar en condiciones de explotación sexual o laboral. La falta de registros formales de empleo en Tenancingo —donde el 42% de la población vive en condiciones de marginación— facilita que estas redes operen sin dejar rastro en papeles oficiales.
La complicidad comunitaria también juega un papel clave. Vecinos y conocidos suelen omitir denuncias por miedo a represalias o por normalizar la trata como una «salida económica». Organizaciones civiles han documentado casos en los que familias enteras participan en la cadena: desde quien recluta hasta quien vigila a las víctimas en destinos finales. Esta red de silencios permite que el delito persista, incluso cuando autoridades estatales implementan operativos esporádicos.
Los métodos de coerción evolucionan, pero la base sigue siendo la misma: el abuso de la confianza. Mientras en otros estados el reclutamiento depende de anuncios falsos en redes sociales, en Tenancingo el face-to-face —el contacto directo, muchas veces en mercados o fiestas patronales— sigue siendo la táctica predominante. La Procuraduría de Tlaxcala advierte que, aunque las detenciones aumentaron en 2024, el subregistro de casos supera el 70%, en parte porque las víctimas, al ser liberadas, rara vez denuncian por temor a estigmatización o a que sus familias sean señaladas.
¿Cómo identifican las autoridades a víctimas en la región?
La identificación de víctimas de trata en Tenancingo de Degollado y la región sigue protocolos especializados que combinan trabajo de campo, inteligencia policial y colaboración con organizaciones civiles. Las autoridades locales, en coordinación con la Fiscalía General del Estado de México, aplican un modelo basado en indicadores de vulnerabilidad: desde patrones de movilidad sospechosa en centrales de autobuses hasta señales de coerción en alojamientos temporales. Según datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el 68% de los casos detectados en el corredor Tlaxcala-EdoMéx en 2023 surgieron de denuncias anónimas o intervenciones en puntos de control carretero, donde se observan inconsistencias en los documentos de las personas o acompañantes que ejercen presión visible.
El proceso comienza con entrevistas estructuradas realizadas por agentes capacitados en perspectiva de género y derechos humanos. Aquí, detalles como la incapacidad para explicar su ruta, marcas de violencia física reciente o respuestas evasivas sobre su destino activan alertas. En Tenancingo, donde la trata con fines de explotación sexual tiene raíces históricas, las autoridades han incorporado análisis de redes sociales para rastrear patrones de reclutamiento, como ofertas laborales falsas en plataformas digitales dirigidas a mujeres jóvenes de comunidades rurales.
Organizaciones como el Colectivo contra la Trata en Personas destacan que la identificación efectiva requiere romper el miedo de las víctimas. Para ello, se implementan protocolos de aproximación gradual: desde ofrecer asistencia médica o legal sin condición hasta garantizar protección inmediata a quienes aceptan declarar. La experiencia en la región muestra que el 40% de las víctimas identificadas en 2023 lo hicieron tras recibir información sobre sus derechos en espacios seguros, como albergues o consultorios móviles.
Cuando los casos involucran menores de edad, el mecanismo se acelera. La Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de México activa protocolos de urgencia que incluyen evaluaciones psicológicas y la búsqueda de familiares en un plazo no mayor a 72 horas. En Tenancingo, donde el 30% de las detenciones de 2024 están vinculadas a redes que operaban con adolescentes, este enfoque ha permitido rescatar a víctimas antes de que sean trasladadas a otros estados o países.
Estrategias fallidas y nuevos enfoques contra el delito organizado
El combate al delito organizado en Tenancingo de Degollado ha enfrentado obstáculos que revelan las limitaciones de las estrategias tradicionales. Durante años, las autoridades se centraron en operativos puntuales y detenciones masivas, pero los resultados han sido efímeros: según datos de la Fiscalía General del Estado de México, el 68% de los casos por trata de personas en la región entre 2018 y 2023 quedaron sin sentencia firme. La rotación de mandos policiales y la falta de coordinación entre niveles de gobierno permitieron que las redes se reorganizaran con rapidez, aprovechando vacíos legales y la corrupción en corporaciones locales.
Un giro notable llegó en 2023, cuando se implementó un modelo de inteligencia territorial que prioriza el desmantelamiento de estructuras económicas detrás del crimen. En lugar de perseguir solo a los operadores de bajo nivel, las investigaciones ahora rastrean bienes inmuebles, negocios fachada y flujos financieros vinculados a las redes. Este enfoque, respaldado por análisis de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) sobre crimen organizado, ha permitido identificar a 12 presuntos líderes de células dedicadas a la trata en lo que va de 2024, cifra récord para el municipio.
La participación comunitaria emerge como otro eje clave. Programas como «Barrios Seguros» —impulsados en colaboración con organizaciones civiles— han logrado que vecinos denuncien actividades sospechosas sin temor a represalias, gracias a mecanismos de protección anónima. Aunque el avance es lento, en zonas como la colonia Lázaro Cárdenas se redujeron los casos de desaparición de jóvenes en un 30% tras la instalación de cámaras vecinales y patrullajes mixtos.
No obstante, persisten desafíos estructurales. La pobreza y la falta de oportunidades laborales siguen siendo caldo de cultivo para el reclutamiento forzado. Mientras el gobierno estatal destina recursos a la prevención, expertos en seguridad pública advierten que sin una política integral —que combine justicia, desarrollo social y transparencia— los avances serán temporales.
Los doce casos documentados en Tenancingo de Degollado este año confirman que la trata de personas sigue enraizada en la región, aunque las cifras reflejen solo una fracción de una red criminal más amplia que opera con impunidad desde hace décadas. El patrón—víctimas engañadas con promesas de trabajo, explotadas sexualmente o sometidas a servidumbre—demuestra que el problema no es nuevo, pero la respuesta institucional sigue siendo lenta y fragmentada, incluso cuando el municipio concentra atención nacional por su historial.
Ante esto, las autoridades locales deben dejar de lado los operativos mediáticos y priorizar dos acciones concretas: fortalecer la inteligencia policial para desmantelar células completas—not solo detenciones aisladas—y garantizar protección real a las víctimas, que hoy temen denunciar por represalias o desconfianza en el sistema. Mientras el crimen organizado adapta sus métodos, la lucha contra la trata en Tenancingo exigirá algo más que estadísticas anuales: voluntad política para romper ciclos de corrupción que han permitido su persistencia.

