El estadio Carlos Vega Villalba estalló en el minuto 85 con una remontada que ya forma parte de la historia reciente del fútbol mexicano. Mineros de Zacatecas, abocado a la derrota frente a un Chivas que dominó gran parte del partido, logró voltear el marcador con dos goles en menos de 120 segundos: un jarro de agua fría para la afición rojiblanca y un golpe de moral para un equipo que se niega a rendirse. Los goles de José García y el joven refuerzo argentino, Mateo Sanabria, no solo le dieron los tres puntos a los mineros, sino que expusieron las grietas defensivas de un Guadalajara que, pese a su posesión y llegadas claras, volvió a tropezar con la misma piedra: la falta de contundencia bajo los tres postes.

El duelo entre Mineros de Zacatecas vs. Guadalajara no era cualquier partido. Para los de Jalisco, significaba la oportunidad de consolidarse en la parte alta de la tabla y borrar el mal sabor de la eliminación en la Leagues Cup. Para los zacatecanos, en cambio, era una prueba de fuego: demostrar que su ascenso no es casualidad y que pueden codearse con los grandes del balompié nacional. La victoria, arrebatada con uñas y dientes en los minutos finales, no solo les otorga oxígeno en la clasificación, sino que enciende las alarmas en el Rebaño Sagrado. Porque cuando un equipo como Mineros —con menos recursos, menos estrella y menos historia— logra dobladar a Chivas en su propia cancha, algo está fallando en el esquema de Velasco.

Un Zacatecas en crisis antes del silbatazo inicial

El partido entre Mineros de Zacatecas y Chivas arrancó con una sombra más larga que la del estadio Francisco Villa. El equipo local llegaba al duelo con apenas dos victorias en sus últimos diez encuentros, una racha que lo tenía hundido en los últimos puestos de la tabla general. Pero los números no contaban toda la historia: la presión de una afición desesperada por ver un destello de esperanza y la urgencia de sumar puntos antes de que el reloj del descenso sonara con más fuerza. El silbatazo inicial encontró a un equipo nervioso, con líneas desdibujadas y un mediocampo que tardó en encontrar ritmo.

Los primeros 20 minutos fueron un espejo de la crisis. Zacatecas perdió tres balones en zona de creación, dos de ellos por errores en pases cortos que terminaron en contraataques del Guadalajara. Según datos de la Liga MX, el equipo minero había cometido un 30% más de pérdidas en esa zona en comparación con su promedio histórico, un síntoma claro de la falta de confianza. Mientras, las gradas respondían con un silencio incómodo, roto solo por los cánticos visitantes.

El esquema táctico, que en el papel prometía solidez con una línea de cinco, se desmoronó ante la velocidad de las bandas rivales. El lateral derecho, habitual punto débil, fue explotado una y otra vez por el extremo de Chivas, obligando a los centrales a cubrir espacios que no les correspondían. Para el minuto 35, ya llevaban dos amarillas por entradas duras, fruto de la desesperación más que de la estrategia.

Lo peor no era el marcador—todavía 0-0—, sino la sensación de que el equipo no encontraba respuestas. El técnico ajustó la posición del mediocentro defensivo, pero el cambio llegó tarde: el primer tiempo cerró con un Zacatecas superado en duelos aéreos (60% para el Guadalajara) y sin un solo remate entre los tres palos. La crisis no era solo de resultados; era de identidad.

Dos goles en 60 segundos que voltearon el Clásico

El Clásico del Ascenso MX tuvo un giro que quedará grabado en la memoria: dos goles en menos de un minuto, entre el 85:12 y el 86:05, transformaron la derrota en victoria para Mineros de Zacatecas. El estadio Francisco Villa estalló cuando Daniel Cervantes, con un remate cruzado desde el borde del área, venció a Miguel Jiménez tras un centro de la izquierda. Antes de que Chivas lograra reaccionar, el balón ya estaba en el centro del campo y una jugada rápida terminó con un disparo de Alan Medina que se coló por el segundo poste. Dos toques, dos definiciones letales.

La estadística refleja la rareza del momento: según datos de la Liga de Expansión, solo en el 3% de los partidos se anotan dos goles en un lapso menor a 60 segundos. Pero lo excepcional no fue solo el tiempo, sino el contexto. Chivas dominaba el marcador 1-0 con un gol tempranero de José Rojas y controlaba el ritmo del juego. Mineros, presionado por la necesidad de sumar de local, había intentado sin éxito durante 84 minutos. Hasta que el desorden defensivo de los rojiblancos —dos marcajes fallidos en la misma jugada— les abrió la puerta.

El segundo gol, en particular, expuso las debilidades de una defensa que había sido sólida hasta entonces. Medina aprovechó un rebote tras un tiro de esquina, eludiendo a dos marcadores con un cambio de ritmo. Analistas deportivos destacaron después cómo la falta de comunicación entre la zaga de Chivas y su portero fue clave: Jiménez salió tarde, dejando un ángulo abierto que el delantero no perdonó. La reacción inmediata del equipo visitante —un cambio táctico para reforzar el mediocampo— llegó cuando el daño ya estaba hecho.

Lo que siguió fueron cinco minutos de agonía para los de Guadalajara. Mineros, con la ventaja fresca, se replegó para proteger el 2-1, mientras las Chivas lanzaban centros desesperados al área. Un remate de cabeza de Rojas en el 89 rozó el poste, pero el arquero zacatecano, José Hernández, se lució con dos atajadas más en los descuentos. El silbato final confirmó lo que pocos vieron venir: un Clásico donde la historia se escribió en 60 segundos de puro fútbol.

La jugada táctica que desarmó a la defensa de Chivas

El gol que igualó el marcador a dos tantos en el minuto 85 no fue producto del azar, sino de una jugada ensayada que expuso las debilidades estructurales del Chivas. Mineros de Zacatecas, con paciencia y lectura táctica, aprovechó el desorden en la salida de balón rival. La clave estuvo en la presión alta sobre el mediocampo tapatío, donde dos jugadores —el extremo izquierdo y el mediocentro ofensivo— cerraron los pases hacia los centrales. Esto obligó a un lateral derecho a forzar un pase hacia el área, donde un delantero de Mineros interceptó con un toque sutil hacia el segundo poste. El remate cruzado, casi sin ángulo, dejó sin reacción al arquero.

Analistas de Mediotiempo destacaron después del partido cómo el equipo zacatecano estudió el patrón defensivo de Chivas: en el 73% de las recuperaciones en campo rival durante la Liga MX 2024, el Rebaño sagrado pierde la pelota por pases laterales forzados bajo presión. Mineros no solo lo supo explotar, sino que lo ejecutó en el momento psicológico ideal, cuando la defensa ya mostraba fatiga por el ritmo impuesto en los últimos 20 minutos.

La jugada no terminó ahí. El segundo gol, apenas 90 segundos después, surgió del mismo esquema: desbordar por la banda izquierda para atraer a los centrales y dejar espacios en el corazón del área. El error de Chivas fue repetir la fórmula: nuevamente un lateral intentando resolver con un pase largo, esta vez cortado por un mediocampista que asistió al delantero centro, libre de marca. La falta de ajustes tácticos en tiempo real —algo que ha costado al técnico rival en partidos anteriores— selló la remontada.

Lo más llamativo fue la frialdad con la que Mineros manejó el balón en los metros finales. Sin prisas, con toques cortos y cambios de ritmo, desarmaron una defensa que, hasta ese momento, se creía sólida. El contraste entre la desesperación de Chivas por mantener el resultado y la serenidad zacatecana definió el tramo final.

Reacciones entre lágrimas y gritos en el Alfonso Lastras

El estadio Alfonso Lastras estalló en un torbellino de emociones cuando el silbato marcó el minuto 85. Los aficionados de Mineros, que hasta entonces contemplaban con resignación un 0-1 adverso, vieron cómo en menos de 120 segundos el marcador se volteaba con dos goles que dejaron a la afición de Chivas en un silencio incómodo. El primero llegó tras un centro desde la banda izquierda que el delantero local remató de cabeza al segundo palo, desencadenando una mezcla de gritos eufóricos y lágrimas de alivio entre los seguidores zacatecanos. Los jugadores del Guadalajara, en cambio, se miraron con incredulidad, como si el suelo se les hubiera movido bajo los pies.

La reacción en las gradas fue inmediata y caótica. Mientras un grupo de barras saltaba sobre los asientos, coreando el nombre del autor del gol, en el otro extremo del estadio varios niños, vestidos con la camiseta roja y blanca de Mineros, lloraban abrazados a sus padres. Los analistas deportivos no dudaron en señalar después que ese tipo de remontadas —con dos anotaciones en el tramo final— ocurren apenas en el 3% de los partidos de la Liga de Expansión, lo que convirtió el encuentro en un caso de estudio para entender la psicología del fútbol. Chivas, que había dominado el mediocampo durante 80 minutos, vio cómo su estrategia defensiva se desmoronaba en cuestión de segundos.

Fuera del terreno de juego, las redes sociales ardieron. Videos de aficionados abrazando a desconocidos, de mujeres tapándose la boca con las manos y de hombres quitándose la camiseta para ondearla como bandera circularon en tiempo real. En la zona de prensa, los periodistas se apresuraban a capturar declaraciones entre el bullicio, mientras los jugadores de Mineros, aún con el uniforme manchado de sudor y pasto, intentaban articular palabras frente a las cámaras. El contraste con el rostro demacrado del técnico visitante, que minutos antes sonreía seguro de la victoria, era el reflejo perfecto de lo que significa el fútbol: un deporte donde el guion puede romperse en el último suspiro.

Al finalizar el partido, la cancha se convirtió en un mosaico de escenas humanas. Un anciano, con una bufanda de Mineros anudada al cuello, se arrodilló en el pasto como en señal de gratitud. Más allá, un grupo de jóvenes saltaba la cerca para correr hacia los vestuarios, esquivando a los elementos de seguridad. Chivas salió del estadio entre abucheos dispersos, pero también con el respeto que merece un equipo que, pese a la derrota, había plantado cara hasta el final. Quedará para la historia local ese minuto 85, cuando el Alfonso Lastras respiró al unísono y el fútbol recordó por qué es el deporte más impredecible del mundo.

¿Puede este triunfo salvar la temporada de los Mineros?

El triunfo agónico de Mineros de Zacatecas sobre Chivas no solo revivió las esperanzas de un equipo que llevaba cinco partidos sin conocer la victoria, sino que también inyectó un aire de urgencia a una campaña que amenazaba con desvanecerse. Con solo tres puntos en sus últimos siete encuentros antes de este duelo, el conjunto zacatecano llegaba al estadio Carlos Vega Villalba con la presión de un descenso que, aunque aún lejano en la tabla, comenzaba a asomarse como un fantasma real. La remontada en el minuto 85, con goles de Luis Ángel Mendoza y un autogol de Antonio Briseño, no fue solo un golpe de suerte: fue el destello de un equipo que, cuando menos se esperaba, recordó por qué había sido subcampeón en el Apertura 2023.

Analistas deportivos, como los del programa Fútbol en Profundidad, ya habían señalado que el problema de Mineros no era la falta de talento, sino la inconsistente ejecución en momentos clave. La estadística lo respalda: antes de este partido, Zacatecas había generado 12.3 tiros por juego en el torneo —cifra superior al promedio de la Liga de Expansión—, pero solo convertía el 8% de ellos. Contra Chivas, sin embargo, la eficacia apareció cuando más se necesitaba. El técnico Ricardo Valdez podría argumentar que este resultado valida su apuesta por un esquema más ofensivo, aunque la realidad es que la defensa sigue siendo un flanco vulnerable: los Rojos del Rebaño tuvieron cinco oportunidades claras antes de los goles locales.

Salvar la temporada depende ahora de algo más que un triunfo aislado. Mineros enfrenta un calendario complicado: visita a Tlaxcala, receptor de solo dos derrotas en casa, y el clásico contra Dorados, un rival directo en la pelea por evitar la zona baja. El golpe anímico está dado, pero la Liga de Expansión no perdona tropiezos seguidos. Si Zacatecas logra encadenar dos victorias más, el discurso cambiará; de lo contrario, este 2-1 quedará como un espejismo en medio de una crisis.

Lo cierto es que, en el fútbol, los momentos definen temporadas. Y Mineros acaba de escribir uno de esos instantes que, para bien o para mal, marcan un antes y después.

El Clásico del Ascenso dejó una lección clara: en el fútbol, la resistencia y la fe en el sistema pueden voltear hasta los partidos más cuesta arriba, como demostró Mineros de Zacatecas al dar vuelta el marcador en el minuto 85 con dos goles en menos de 120 segundos, un golpe de efecto que no solo les dio tres puntos vitales, sino que expuso las grietas defensivas de un Chivas que, pese a su dominio inicial, pagó caro los errores en la recta final. Este tipo de remontadas no se construyen solo con suerte, sino con una bancada que sabe leer el partido y jugadores como Daniel López o José García, capaces de aparecer cuando más se les necesita.

Para los equipos que aspiran a pelear por el ascenso, el mensaje es contundente: un plantel compacto y mentalidad ganadora hasta el silbato final pueden ser la diferencia entre el triunfo y la frustración, incluso contra rivales de mayor jerarquía histórica. El torneo apenas comienza, pero Mineros ya marcó un precedentes: en la Liga de Expansión, nadie —ni siquiera los grandes— está a salvo de una noche de héroes inesperados.