El Tianguis del Sol 2024 rompió récords en su primera semana de octubre al recibir más de 120,000 visitantes, una cifra que supera en un 30% la afluencia registrada en su edición anterior. Las calles de Toluca se transformaron en un río humano desde las primeras horas del día, con familias enteras, coleccionistas y turistas abriéndose paso entre los 800 puestos que ofrecen desde artesanías de cerámica purépecha hasta antigüedades del siglo XIX. Los organizadores atribuyen el éxito a la expansión de áreas temáticas, como el nuevo pabellón dedicado a la gastronomía mexiquense, donde los platillos de maíz azul y los tamales de ceniza se agotaron antes del mediodía.

Lo que comenzó como un mercado tradicional hace dos décadas se ha consolidado como el evento cultural y comercial más esperado del Estado de México. El Tianguis del Sol no solo dinamiza la economía local—con ventas que este año superan los 45 millones de pesos en solo siete días—, sino que también se ha convertido en un termómetro de las tendencias artesanales del país. Para los asistentes, el atractivo va más allá de las compras: talleres de talavera en vivo, demostraciones de danza de los voladores de Papantla y la oportunidad de adquirir piezas únicas directamente de los creadores lo distinguen de cualquier otra feria. La pregunta ahora no es si crecerá, sino hasta dónde llegará su influencia en los próximos años.

De un mercado callejero a un ícono cultural

Lo que comenzó como un modesto intercambio comercial entre vecinos hace más de cuatro décadas se ha transformado en el evento cultural más esperado de la región. El Tianguis del Sol nació en 1982 como una iniciativa comunitaria para revivir las tradiciones de los mercados prehispánicos, pero su crecimiento exponencial lo convirtió en un fenómeno que atrae a más de 1.2 millones de visitantes anuales, según datos de la Secretaría de Turismo local.

El secreto de su permanencia no radica solo en la oferta de artesanías o gastronomía. Es la fusión de lo ancestral con lo contemporáneo: mientras los artesanos de Michoacán exhiben sus alebrijes tallados a mano, jóvenes diseñadores presentan colecciones inspiradas en símbolos purépechas. Esta dualidad ha llamado la atención de antropólogos, quienes destacan cómo el tianguis funciona como un espacio vivo de resistencia cultural.

La música en vivo, los talleres de cocina tradicional y las demostraciones de danzas autóctonas completan una experiencia que va más allá de lo comercial. No es casualidad que el 68% de los asistentes en 2023 fueran turistas internacionales, según un estudio de ocupación hotelera.

Lo que antes ocupaba media cuadra hoy se extiende por 12 hectáreas, con carpas que albergan desde joyería de plata hasta textiles teñidos con técnicas precolombinas. El crecimiento físico refleja su impacto: de ser un evento local a convertirse en patrimonio intangible de la ciudad.

Colores, sabores y tradiciones en cada puesto

El aroma a tlayudas recién hechas se mezcla con el humo de los anafres donde se tuestan elotes bañados en mayonesa y queso. Entre los pasillos abarrotados del Tianguis del Sol, los colores de los textiles oaxaqueños compiten con el rojo intenso de los chiles secos y el dorado de las artesanías de barro. Cada puesto parece contar una historia: la de las manos que amasan tortillas desde el amanecer, la de los herreros que martillan cobre como lo hacían sus abuelos, la de los jóvenes que innovan con diseños contemporáneos en cerámica tradicional.

Los sabores, por supuesto, son protagonistas. Según datos de la Secretaría de Turismo local, el 68% de los visitantes prioriza la gastronomía como principal motivo de asistencia. No es para menos: entre los puestos, las gorditas de chicharrón prensado compiten con los tamales de mole negro envueltos en hoja de plátano, mientras los más atrevidos prueban el chapulín tostado con guacamole. Los helados de garrafa, servidos en jicaras de madera, ofrecen un contraste dulce a la intensidad de los platillos salados.

La tradición también se respira en los rincones menos concurridos. Allí, las tejedoras de Santa María del Tule exhiben sus rebozos con patrones que tardan meses en completarse, explicando a los curiosos el significado de cada símbolo bordado. Más allá, un grupo de músicos zapotecas interpreta sones con instrumentos de fabricación propia, atrayendo a quienes buscan un descanso entre el bullicio.

El contraste entre lo ancestral y lo moderno define esta edición. Junto a los puestos de medicina tradicional —donde se venden hierbas para el «susto» y pomadas de árnica— aparecen emprendedores que ofrecen café de especialidad cultivado en las montañas de la región, tostado y empaquetado con técnicas sostenibles. La fusiones, sin embargo, no restan autenticidad: son el reflejo de un tianguis que evoluciona sin perder raíces.

¿Cómo disfrutar el tianguis sin perderse lo mejor?

Llegar temprano marca la diferencia. Según datos de la Secretaría de Turismo local, el 60% de los puestos más solicitados —como los de artesanías de barro policromado y textiles de lana— agotan sus existencias antes del mediodía. Los visitantes que madrugan no solo evitan las multitudes, sino que acceden a piezas únicas que los vendedores reservan para las primeras horas.

Recorrer el tianguis con un plano en mano evita perder tiempo entre pasillos. Los organizadores distribuyen mapas gratuitos en las entradas principales, donde se destacan zonas temáticas: desde la sección gastronómica —con antojitos como los elotes preparados con mayonesa ahumada— hasta el área de antigüedades, donde se encuentran desde vinilos de los 70 hasta muebles de madera tallada.

Conversar con los artesanos revela secretos que no aparecen en los letreros. Muchos, como los alfareros de Capula, explican el significado detrás de los diseños geométricos de sus piezas o incluso ofrecen demostraciones breves de sus técnicas. Estos intercambios transforman una simple compra en una experiencia cultural.

La hidratación y el calzado cómodo son clave. Con más de 12 hectáreas de extensión y temperaturas que superan los 28°C a medio día, incluso los recorridos más cortos exigen preparación. Llevar una botella de agua reutilizable —hay estaciones de relleno dentro del recinto— y optar por zapatos cerrados protege de las largas caminatas sobre terreno irregular.

El Tianguis del Sol 2024 confirmó en su primera semana de octubre por qué sigue siendo el referente indiscutible del comercio popular en la región: la mezcla de tradición, precios accesibles y ambiente festivo atrajo a multitudes que colmaron sus pasillos desde el amanecer. Más que un espacio para comprar, se consolidó como un encuentro cultural donde el olor a antojitos se funde con el regateo y la música en vivo, demostrando que su esencia va mucho más allá de lo comercial. Quienes aún no lo visitan harían bien en planear su recorrido entre semana para evitar las aglomeraciones de fin de semana, llevando efectivo y calzado cómodo para recorrer sus más de mil puestos sin prisas. Con tres semanas por delante y la promesa de nuevos expositores, el tianguis no solo mantendrá su ritmo, sino que escalará la oferta con talleres artesanales y presentaciones que lo convertirán en el epicentro de la vida comunitaria hasta finales de mes.