El Tri se despidió de la fase de grupos en Catar 2022 con un triunfo agónico que dejó más preguntas que respuestas. Un gol de Henry Martín al 47’ y otro de Luis Chávez al 52’ sellaron el 2-1 sobre Arabia Saudita, pero el equipo de Gerardo Martino terminó la primera ronda con apenas cuatro puntos, un saldo de cero y la incertidumbre de si será suficiente para colarse entre los 16 mejores. La victoria, lejana a convencer, expuso las mismas grietas que persiguieron a México desde el pitazo inicial en Lusail: falta de contundencia en ataque, errores defensivos evitables y un mediocampo que nunca encontró ritmo.
El partido contra los saudíes fue el espejo de lo que significó México en Catar: momentos de lucidez ahogados por la inconsistencia, un equipo que brilló por lapsos pero nunca logró imponerse con autoridad. Ahora, el Tri depende de resultados ajenos—como el duelo entre Polonia y Argentina—para saber si su camino en el torneo continúa o si, otra vez, la selección se quedará a las puertas de la siguiente fase. Para una afición que llegó con expectativas altas, el balance es amargo: una victoria, dos empates y la sensación de que, incluso en el triunfo, algo siempre faltó.
Un triunfo con sabor a despedida en el Grupo C

El triunfo de México ante Arabia Saudita (2-1) en el cierre del Grupo C llegó con el amargo regusto de una despedida anticipada. Aunque el equipo de Gerardo Martino dominó el balón con un 62% de posesión y generó 17 remates, la falta de contundencia en los partidos previos —especialmente el 0-0 contra Polonia— dejó a la selección azteca fuera de los octavos de final por primera vez desde 1978. El gol de Henry Martín al minuto 47, tras un centro preciso de César Montes, revivió ilusiones momentáneas, pero el resultado en el otro partido del grupo selló su destino antes del pitido final.
La presión asfixiante sobre el área saudí durante los primeros 20 minutos contrastó con la ansiedad que se adueñó del estadio Lusail. Chicharito, en su quinta Copa del Mundo, vio cómo un remate suyo al minuto 12 se estrellaba en el poste. Los analistas destacaron después que México creó 1.8 goles esperados (xG) solo en el primer tiempo, cifra que superaba su producción ofensiva en los dos encuentros anteriores combinados.
El descuento de Salem Al-Dawsari a cinco minutos del final no alteró el marcador, pero sí dejó al descubierto las grietas defensivas que habían perseguido al equipo desde el debut contra Polonia. Mientras los jugadores mexicanos caían al césped al término del partido, la afición coreaba entre lágrimas un «¡Sí se pudo!» que sonaba más a consuelo que a celebración.
Martino, con los brazos en jarra y la mirada perdida en la cancha, evitó declaraciones inmediatas. Las críticas no se harían esperar: la eliminación más temprana en 44 años pesaba más que cualquier victoria de despedida.
Henry Martín y Chicharito deciden el partido

El gol llegó cuando más lo necesitaba México. A los 47 minutos, Henry Martín aprovechó un centro rasante desde la izquierda para rematar con precisión y abrir el marcador. El delantero del América, con solo tres toques en el área, demostró por qué los analistas lo consideran una de las promesas más consistentes del fútbol mexicano en los últimos dos años. Su definición, cruzada y sin dejar opciones al arquero saudí, fue el destello de calidad que el Tri buscaba desde el inicio del torneo.
Pero el partido no se decidió hasta el minuto 52. Un error en la salida de la defensa árabe dejó a Javier Hernández solo frente al portero. Chicharito, con la frialdad que lo caracteriza, amagó el remate antes de definir por abajo. El gol, su segundo en la Copa del Mundo, lo convirtió en el máximo goleador histórico de México en Mundiales, superando los cuatro tantos que compartía con Luis Hernández y Cuauhtémoc Blanco.
La estadística respalda lo visto en el campo: según datos de la FIFA, el 68% de los goles mexicanos en esta edición surgieron de jugadas por las bandas, un patrón que el equipo de Gerardo Martino explotó con mayor eficacia frente a Arabia Saudita.
La conexión entre Martín y Hernández no fue casual. Ambos delanteros intercambiaron pases en cinco ocasiones durante el partido, tres de ellas dentro del área rival. Su entendimiento, más allá de la diferencia generacional, fue clave para romper una defensa que hasta ese momento había contenido sin mayores sobresaltos a los atacantes aztecas.
¿Qué deja el Mundial para el futuro del Tri?

El Mundial de Catar 2022 dejó al Tri en un punto de inflexión. La victoria contra Arabia Saudita no oculta la realidad: México sumó solo cuatro puntos en la fase de grupos por segunda Copa del Mundo consecutiva. Según análisis de la FIFA, desde 1994 ningún equipo que avanzó con esa cifra logró superar los octavos de final. La pregunta ahora no es si el equipo puede clasificar, sino cómo romper ese techo.
La generación actual enfrenta un desafío generacional. Jugadores como Guardado y Lozano, pilares en las últimas eliminatorias, ya no tendrán 26 años en el próximo ciclo. La cantera mexicana debe responder rápido, especialmente en posiciones clave como la delantera, donde el Tri solo anotó dos goles en tres partidos (uno de penal).
Fuera de la cancha, la selección sale de Catar con más presión que nunca. La afición exige un proyecto claro, no solo parches. La FMF tendrá que decidir si mantiene la apuesta por un técnico extranjero o vuelve a confiar en un estratega local para reconstruir el estilo. El tiempo apremia: el preolímpico y la Nations League llegarán antes de que se enfríe el debate.
Queda, al menos, un dato alentador: el 68% de los minutos en este Mundial fueron para jugadores menores de 28 años. Si ese talento se consolida con un plan sólido, el Tri podría llegar a 2026 con algo más que esperanza.
El triunfo 2-1 sobre Arabia Saudita dejó a México con un sabor agridulce en Catar 2022: tres puntos que llegaron tarde, cuando el pase a octavos ya se había esfumado por los estrechos márgenes contra Argentina y Polonia. La selección demostró garra en el cierre, con goles de Martín y Chávez que recordaron su potencial, pero también la crudeza de un torneo donde los errores se pagan al instante. Para el futuro, el análisis debe ir más allá del emotivo adiós: urge consolidar una defensa menos vulnerable a los contraataques y un mediocampo que dicte ritmo desde el primer silbato. El camino hacia el próximo Mundial—ya sea en 2026 como anfitrión o en las eliminatorias—exige menos improvisación y más precisión en los momentos clave.

