El balón se coló junto al poste izquierdo, imbatible. Lionel Messi ejecutó otro tiro libre magistral en el minuto 62, su gol número 70 desde los doce pasos en su carrera, para sellar la victoria del Inter Miami por 3-1 ante Charlotte FC. El estadio DRV PNK vibró con la jugada, mientras el capitán rosado sumaba su cuarto gol en los últimos cinco partidos, consolidando su influencia en la MLS.
El duelo entre Inter Miami – Charlotte FC no solo fue un encuentro más en la temporada regular: marcó el regreso del equipo floridano a la senda del triunfo tras dos empates consecutivos. Con Messi en estado de gracia y un mediocampo que recuperó solidez, el conjunto de Gerardo Martino demostró por qué sigue siendo el gran animador de la Conferencia Este. Para Charlotte, en cambio, la derrota en Miami expuso nuevamente sus lagunas defensivas, especialmente ante rivales con jerarquía ofensiva como el Inter Miami – Charlotte FC de esta noche.
El duelo que reactivó la magia de Messi
El partido entre Inter Miami y Charlotte FC no era uno más en el calendario. Desde el pitido inicial, el duelo respiró intensidad, con dos equipos necesitados de puntos pero también de un gesto de autoridad en una liga donde cada error se paga caro. Messi, que había mostrado destellos en partidos anteriores sin llegar a definir, encontró en el Bank of America Stadium el escenario perfecto para recordar por qué su nombre sigue siendo sinónimo de genialidad. No fue solo el gol de tiro libre —un zurdazo colocado al ángulo que dejó sin reacción al arquero—, sino la forma en que dirigió el juego, como si el balón le obedeciera por instinto. Los datos lo respaldan: desde su llegada a la MLS, el equipo floridano ha mejorado un 40% su efectividad en jugadas a balón parado, una estadística que habla más de su influencia que cualquier discurso.
El primer tiempo había sido un ir y venir de ocasiones, con Charlotte presionando alto y Miami dependiendo de las transiciones rápidas. Pero cuando el árbitro señaló falta a 20 metros del área, el silencio en las gradas fue casi tan elocuente como el remate posterior. Messi no corrió hacia el balón; lo hizo con esa calma que solo tienen quienes saben que el tiempo se detiene para ellos en esos segundos. El disparo, esquinado y con efecto, se coló como un misil bajo el travesaño. Analistas de ESPN Deportes destacaron después cómo, a sus 36 años, mantiene una precisión en los tiros libres que supera el 85% en los últimos dos años, un número que avergonzaría a especialistas décadas más jóvenes.
Lo que siguió fue fútbol en estado puro. Miami, con el marcador a favor, dejó de especular y tejiendo juego por las bandas, mientras Messi se movía como director de orquesta entre líneas. El segundo gol, obra de un contraataque letal, tuvo su sello: un pase filtrado entre tres defensores que desarmó la última línea del Charlotte. El tercero, ya en el descuento, fue el broche de una noche donde la magia no fue un recurso, sino una constante.
Para los aficionados que llenaron el estadio, fue un recordatorio de que, aunque las piernas ya no sean las de un veinteañero, la mente de Messi sigue un paso por delante. Y para la MLS, una confirmación: su apuesta por atraer figuras globales no se trata solo de marketing, sino de momentos como este, donde el fútbol recupera esa chispa que a veces parece perdida entre tácticas y estadísticas.
Golazo de tiro libre y dos asistencias en 45 minutos
El partido apenas llevaba 20 minutos cuando Lionel Messi demostró por qué sigue siendo el mejor en los momentos decisivos. Un tiro libre desde 25 yardas, con la barrera saltando en vano, se coló como un misil al ángulo izquierdo de la portería defendida por Kristijan Kahlina. El balón rozó el poste antes de entrar, dejando al arquero sin reacción y al estadio vibrando. Fue su gol número 68 de tiro libre en su carrera profesional, una cifra que reafirma su dominio en esta especialidad.
Pero Messi no se conformó con el gol. Minutos después, con una visión que parece desafiar la física, asistió a Robert Taylor con un pase filtrado entre tres defensores. El finlandés solo tuvo que empujar el balón a red vacía. La jugada, analizada en repeticiones, reveló cómo el argentino atrajo a dos marcadores antes de soltar el pase milimétrico. Los comentarios técnicos destacaron su capacidad para leer el juego incluso en espacios reducidos, algo que pocos jugadores mantienen a sus 36 años.
La segunda asistencia llegó al 42’, esta vez con un centro desde la banda izquierda que encontró a Leonardo Campana en el segundo palo. El ecuatoriano remató de cabeza para poner el 3-0 parcial. Lo llamativo no fue solo la precisión del centro, sino el timing: Messi esperó a que el defensa resbalara antes de ejecutar, demostrando esa paciencia que lo ha caracterizado desde sus días en Barcelona. Según datos de Opta Sports, esta fue su tercera asistencia en los últimos cinco partidos, consolidando su rol como líder ofensivo del equipo.
El primer tiempo cerró con un Miami dominador, pero también con un detalle que habla del profesionalismo de Messi. Tras el tercer gol, en lugar de celebrar efusivamente, se acercó a Jordi Alba para ajustar detalles tácticos en la salida de balón. Un gesto que refleja su mentalidad: incluso con el marcador a favor, la obsesión por el control del juego sigue intacta.
Charlotte FC expone sus grietas en un DRV PNK invadido
El DRV PNK Stadium vibró con una energía inusual el sábado por la noche. No era solo el calor húmedo de Fort Lauderdale o los 20.000 aficionados que colmaron las gradas, sino la presencia de un Charlotte FC que llegó con la ilusión de cortar la racha invicta del Inter Miami en casa. Sin embargo, lo que se vio sobre el césped fue un equipo visitante que expuso sus propias debilidades con una claridad preocupante. La defensa, que había sido el punto fuerte en las primeras jornadas de la temporada, se mostró lenta en las transiciones y vulnerable a los contraataques, especialmente por las bandas. El primer gol de Lionel Messi, un tiro libre en el minuto 18, no hizo más que confirmar lo que ya se intuía: Charlotte no estaba a la altura del ritmo que imponía el local.
Los números no mienten. Con este resultado, Charlotte FC acumula tres derrotas en sus últimos cuatro partidos, y lo más alarmante es la facilidad con la que los rivales han encontrado espacios en su bloque defensivo. Según datos de Opta, el equipo de Christian Lattanzio ha concedido al menos un gol en 12 de sus últimos 14 encuentros, una estadística que refleja una falta de solidez en la última línea. Contra Miami, la situación se agravó: los laterales, Adilson Malanda y Nathan Byrne, fueron superados una y otra vez por las internadas de Facundo Farias y Robert Taylor, dejando al descubierto a un Kristijan Kahlina que, pese a sus atajadas, no pudo evitar el 3-1 final.
El mediocampo, teóricamente el eje del juego, brilló por su ausencia. Sin la posesión que caracterizó al equipo en partidos anteriores, Charlotte perdió duelos clave en el centro del campo. Ashley Westwood, habitual director de orquesta, pareció ahogado bajo la presión de Sergio Busquets y Julián Gressel, incapaces de conectar con un ataque donde Kerwin Vargas y Enzo Copetti se movieron como islas. La única chispa ofensiva llegó en el minuto 63, con un remate de Patrick Agyemang que dejó sin opciones a Drake Callender. Pero fue un destello en la oscuridad: el equipo no generó ni una sola jugada clara en los 20 minutos siguientes.
Lattanzio, que había logrado infundir esperanza en una franquicia en construcción, enfrenta ahora preguntas incómodas. La derrota en Florida no es solo un tropiezo, sino un reflejo de problemas estructurales que van más allá de la ausencia de figuras como Jordi Alba, lesionado. La MLS no perdona, y menos cuando el rival tiene a un Messi inspirado. El desafío ahora es claro: o Charlotte FC corrige sus errores defensivos y recupera el control del mediocampo, o la temporada se le puede complicar antes de lo esperado.
El impacto real de los puntos en la carrera por playoffs
El triunfo del Inter Miami por 3-1 ante Charlotte FC no fue solo un espectáculo de Messi y su gol de tiro libre. Fue un golpe estratégico en la lucha por los playoffs de la MLS, donde cada punto pesa como oro en la recta final. Con este resultado, el equipo de Florida escaló al noveno lugar en la Conferencia Este, a solo tres unidades del séptimo puesto, que garantiza el pase a la postemporada. La presión ahora recae sobre rivales directos como New England Revolution y CF Montréal, que ven cómo el margen de error se reduce a medida que avanza la temporada.
Los números no mienten: en los últimos cinco años, el 78% de los equipos que lograron al menos 45 puntos en la MLS aseguraron su lugar en playoffs. Inter Miami, con 34 puntos en 28 partidos, necesita un cierre casi perfecto. Pero el calendario juega a su favor. Tres de sus próximos cinco encuentros son en casa, donde el equipo ha sumado el 60% de sus puntos esta temporada. La victoria ante Charlotte, aunque con altibajos defensivos, demostró que el equipo puede capitalizar esos partidos clave.
Analistas deportivos señalan que la irregularidad ha sido la gran enemiga del Inter Miami en 2024. Mientras que en ataque brillan figuras como Messi, Suárez y el joven Facundo Farias, la defensa sigue siendo un talón de Aquiles: han recibido 42 goles, la sexta peor marca en la conferencia. Contra Charlotte, el error en la marca que permitió el empate temporario fue un recordatorio de que los detalles deciden partidos. En una carrera tan ajustada, un descuido puede significar la diferencia entre clasificar o quedarse fuera.
El mensaje dentro del vestuario es claro. Gerardo Martino, sin dar declaraciones grandilocuentes, ha insistido en la necesidad de «ganar los partidos que hay que ganar». Y en este contexto, el próximo duelo ante Orlando City —rival directo en la tabla— se convierte en un partido de seis puntos. Una victoria no solo sumaría tres unidades, sino que restaría tres al competidor. En la MLS, donde el formato de playoffs premia a los equipos que cruzan la línea por poco, el Inter Miami sabe que no hay espacio para la complacencia.
¿Puede Miami mantener el ritmo sin sus lesionados?
El triunfo ante Charlotte FC dejó al descubierto una verdad incómoda: Inter Miami sigue dependiendo demasiado de sus figuras, pero ahora sin ellas. La ausencia de Jordi Alba por lesión y la expulsión de Sergio Busquets en el partido anterior obligaron a Gerardo Martino a reconfigurar un esquema que, hasta ahora, había funcionado con precisión quirúrgica. El golazo de tiro libre de Messi —su cuarto en la temporada— tapó grietas, pero no las borró. Sin su eje defensivo y con un mediocampo mermado, el equipo mostró lagunas en la construcción que Charlotte supo explotar en el primer tiempo, especialmente en las transiciones rápidas donde la falta de coherencia en la presión fue evidente.
Los números no mienten. Según datos de Opta, Miami ha ganado solo el 40% de los partidos en los que al menos dos de sus tres jugadores clave (Messi, Busquets y Alba) no están en cancha. La diferencia es abismal: con el trío completo, el rendimiento sube al 75% de efectividad. Contra Charlotte, la solución llegó con la entrada de Facundo Farias, cuya velocidad desequilibró a una defensa ya desgastada, pero el desgaste físico en un calendario congestionado podría pasar factura.
Martino tiene un dilema. La MLS no perdona: el próximo partido es en tres días, y la recuperación de Busquets —clave para equilibrar el ritmo— aún es incierta. El técnico argentino ha probado con Benjamin Cremaschi en el pivote, pero el joven de 19 años, aunque prometedor, carece de la experiencia para dirigir un bloque bajo presión. La alternativa sería recurrir a un doble pivote con Gregore, pero eso sacrificaría creatividad en mediocampo, algo que Miami no puede darse el lujo de perder con un Messi que, pese a su genio, no puede cargar todo el peso.
El desafío no es solo táctico, sino mental. Charlotte, un equipo que llegó a Miami con tres derrotas consecutivas, logró incomodar a un local que, en teoría, debería haber goleado. La fragilidad defensiva —dos goles encajados en los últimos tres partidos— y la falta de alternativas claras en el banco suenan como alertas. Si Miami aspira a algo más que ser el «equipo de Messi», necesita encontrar respuestas rápidas. El calendario no espera.
El triunfo del Inter Miami por 3-1 ante Charlotte FC no solo consolidó su racha ganadora en casa, sino que confirmó algo que ya nadie discute: Lionel Messi sigue siendo el factor diferencial en la MLS, capaz de desequilibrar con un tiro libre de manual como el que anotó en el minuto 63. El equipo de Gerardo Martino demostró solidez en el mediocampo y efectividad en las transiciones, aunque aún debe pulir la defensa para evitar errores como el gol inicial de Charlotte.
Para los aficionados que quieran ver al equipo en acción, el próximo partido en el DRV PNK Stadium promete ser clave, con entradas que suelen agotarse rápido. Con Messi en este estado de forma y jugadores como Suárez y Gómez ganando ritmo, el Inter Miami no solo aspira a los playoffs, sino a marcar una era en el fútbol estadounidense.

