El Hospital General La Perla en Nezahualcóyotl registra un aumento alarmante en consultas por infecciones respiratorias: 120 pacientes diarios, en su mayoría niños y adultos mayores, colman sus áreas de urgencias y consultorios desde hace tres semanas. Los médicos reportan que el 65% de los casos corresponden a cuadros de bronquitis, neumonía y COVID-19 persistente, una cifra que supera en un 40% los promedios de años anteriores. Las salas de espera operan al límite, con turnos que se extienden hasta seis horas en los horarios pico.

La saturación en el Hospital General La Perla refleja un patrón que se repite en otros centros de salud del Estado de México, pero con un agravante: la falta de medicamentos como amoxicilina y salbutamol ha obligado a los especialistas a ajustar tratamientos sobre la marcha. Mientras las autoridades sanitarias atribuyen el repunte a los cambios bruscos de temperatura y la contaminación en la zona oriente de la Ciudad de México, los residentes de Nezahualcóyotl denuncian que el hospital general La Perla carece de infraestructura para atender emergencias respiratorias masivas. La situación expone, una vez más, las grietas de un sistema de salud que lucha por mantenerse a flote.

El hospital que atiende a la zona más poblada del Estado de México

El Hospital General La Perla, ubicado en Nezahualcóyotl, se ha convertido en un pilar fundamental para los 1.1 millones de habitantes de este municipio, el más poblado del Estado de México. Con una infraestructura que atiende desde urgencias hasta consultas especializadas, el nosocomio enfrenta una presión constante: sus 120 consultas diarias por infecciones respiratorias durante la temporada de frío reflejan solo una parte de la demanda que soporta. Según datos de la Secretaría de Salud estatal, este centro médico cubre no solo a los residentes locales, sino también a pacientes de municipios aledaños como Ecatepec y Chimalhuacán, donde la saturación de servicios es recurrente.

La ubicación estratégica del hospital —en la avenida Bordo de Xochiaca, una de las vialidades más transitadas de la zona— facilita el acceso, pero también lo convierte en el primer punto de contacto para emergencias. Sus 200 camas censables y áreas de terapia intensiva operan cerca de su capacidad máxima durante los picos epidémicos. Especialistas en neumología advierten que la combinación de contaminación atmosférica, cambios bruscos de temperatura y hacinamiento en viviendas precarias agrava los casos de enfermedades como neumonía y bronquitis, patologías que dominan las estadísticas de ingreso.

Más allá de las cifras, el desafío logístico es evidente. Mientras los médicos de guardia rotan turnos de 24 horas para mantener la atención ininterrumpida, el personal de enfermería debe gestionar recursos limitados: desde medicamentos hasta equipos de oxigenoterapia. La saturación no es exclusiva de La Perla —es un patrón en los hospitales públicos de la región—, pero aquí adquiere dimensiones críticas por el volumen de población dependiente. Autoridades sanitarias reconocen que, aunque se han ampliado los horarios de consulta, la relación médico-paciente sigue siendo un cuello de botella.

El hospital también funciona como centro de referencia para programas de prevención, como las campañas de vacunación contra influenza y COVID-19. Sin embargo, la falta de espacios físicos dedicados obliga a improvisar módulos en áreas comunes, lo que ralentiza los procesos. Mientras tanto, en los pasillos, las historias se repiten: madres con niños en brazos, adultos mayores con oxímetro en el dedo y jóvenes con cuadros de asma mal controlada esperan su turno bajo un sistema que, pese a todo, sigue en pie.

Colas desde las 5 a.m. por consultas de urgencia respiratoria

Desde las cinco de la mañana, las filas en el Hospital General La Perla de Nezahualcóyotl ya serpentean por los pasillos. Pacientes con tos persistente, fiebre alta y dificultad para respirar llegan en busca de atención urgente, algunos incluso con oxígeno portátil. El aumento de casos respiratorios ha saturado los servicios desde diciembre, pero enero marcó un pico: el nosocomio registra hasta 120 consultas diarias por infecciones agudas, el doble que en temporadas regulares.

La mayoría son adultos mayores y niños menores de cinco años, los grupos más vulnerables a complicaciones. Según datos de la Secretaría de Salud del Estado de México, el 68% de las hospitalizaciones por neumonía en la región corresponden a estos dos sectores. Las salas de espera, diseñadas para 30 personas, ahora albergan hasta 80 en horas pico, con pacientes sentados en el suelo o apoyados en las paredes.

El personal médico trabaja en turnos extendidos de 12 horas para cubrir la demanda. «Atendemos desde bronquitis hasta cuadros graves de COVID-19 y sincitial respiratorio», comentó un neumólogo del hospital durante un breve descanso. Los insumos, aunque no escasean, se consumen a un ritmo acelerado: cada día se usan más de 500 mascarillas de oxígeno y 200 nebulizaciones.

La situación refleja un patrón nacional. Mientras en otras entidades los contagios comienzan a ceder, el Valle de México enfrenta un retraso en la curva epidémica. Las bajas temperaturas y la contaminación atmosférica agravan los síntomas, prolongando la temporada crítica.

Ante el colapso, las autoridades instalaron un módulo de triaje en el estacionamiento para clasificar casos por gravedad. Aun así, algunos pacientes esperan hasta seis horas por una consulta.

Llegamos a 150 casos en días fríos": reportan médicos de guardia

El frío no da tregua en Nezahualcóyotl. Los médicos de guardia del Hospital General La Perla registraron un pico de 150 consultas diarias por infecciones respiratorias durante la última semana de diciembre, una cifra que supera en 30% el promedio habitual para la temporada. Los galenos atribuyen el repunte a las bajas temperaturas —que en madrugadas han rozado los 5°C— y a la circulación simultánea de virus como influenza AH1N1, sincitial respiratorio y COVID-19 en sus variantes más recientes.

De acuerdo con reportes internos del área de Urgencias, el 65% de los pacientes atendidos en los últimos siete días presentaban cuadros de bronquitis aguda, faringitis o neumonía atípica, con mayor incidencia en adultos mayores de 60 años y menores de 5. La saturación de oxígeno por debajo del 90% y la fiebre persistente superaron los 40 casos diarios, obligando a habilitar dos áreas adicionales para observación.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ya había alertado en noviembre sobre un posible incremento de enfermedades respiratorias en la región centro de México, debido a la combinación de factores climáticos y la relajación en medidas preventivas. En La Perla, los especialistas insisten en que la vacunación incompleta —especialmente en grupos de riesgo— agrava el escenario.

Mientras las salas de espera colapsan antes de las 9 de la mañana, el personal médico ha reforzado los protocolos de triaje para priorizar a pacientes con dificultad respiratoria severa. Las jornadas, que antes terminaban cerca de las 8 de la noche, ahora se extienden hasta la medianoche. «No es solo el número de casos, sino su complejidad», comentaba una residente de tercer año mientras revisaba los expedientes acumulados en el mostrador.

Medidas de prevención que ignoran los pacientes en temporada de frío

El frío no solo trae consigo el aroma del café de olla y las tardes envueltas en cobijas. En el Hospital General La Perla de Nezahualcóyotl, los médicos atestiguan otra cara de la temporada: consultas que se disparan hasta un 40% por infecciones respiratorias, muchas de ellas agravadas por descuidos que parecen inocuos pero que marcan la diferencia entre un resfriado pasajero y una bronquitis. Lavarse las manos con jabón durante 20 segundos —el tiempo que tarda en cantarse dos veces «Cumpleaños feliz»— sigue siendo la medida más ignorada, pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en que reduce hasta en un 50% el riesgo de contagios virales.

Los pasillos del hospital revelan otra verdad incómoda: la automedicación con antibióticos «por si acaso». Pacientes llegan con cuadros de gripe avanzada después de haber consumido amoxicilina o azitromicina sin supervisión, medicamentos que no solo son inútiles contra virus como el de la influenza, sino que debilitan las defensas y allanan el camino para infecciones bacterianas secundarias. Los especialistas repiten, entre consulta y consulta, que el abuso de estos fármacos en México ya generó cepas resistentes, pero el mensaje choca con la cultura de «tomar algo fuerte» al primer estornudo.

El error más subestimado —y quizá el más costoso— es posponer la visita al médico hasta que el malestar «ya no se aguanta». En La Perla, el 60% de los casos graves que requieren hospitalización comenzaron con síntomas leves: un dolor de garganta persistente, fiebre baja por tres días o esa tos seca que «no es nada». La neumonía, advierten los neumólogos, rara vez aparece de golpe; se construye sobre días de señales ignoradas, especialmente en adultos mayores y niños, los grupos que más llenan las salas de urgencias en diciembre y enero.

Hasta el aire seco de las casas se vuelve cómplice. La calefacción extrema reseca las vías respiratorias y facilita la entrada de virus, pero pocos ajustan la temperatura a un rango saludable (entre 18°C y 22°C) o usan humidificadores. En Nezahualcóyotl, donde las mañanas heladas contrastan con mediodías templados, la fluctuación brusca entre ambientes caldeados y el exterior debilita aún más las defensas. Los tapabocas, relegados a un cajón después de la pandemia, podrían ser la barrera más sencilla contra estos cambios, yet muchos los ven como un recuerdo incómodo en lugar de una herramienta vigente.

¿Podrá La Perla soportar otra temporada de contagios sin refuerzos?

El Hospital General La Perla enfrenta un escenario crítico. Con 120 pacientes diarios por infecciones respiratorias, la pregunta no es si llegará otra ola de contagios, sino cómo resistirla. Las últimas temporadas han dejado al descubierto las carencias estructurales: falta de personal, equipos desactualizados y áreas de urgencias saturadas hasta en un 140% durante los picos de 2023, según registros de la Secretaría de Salud del Estado de México. La presión sobre los médicos es constante, con turnos que se extienden hasta 16 horas en los peores momentos.

Los refuerzos, cuando llegan, suelen ser insuficientes. En 2023, la asignación de recursos adicionales para la temporada invernal cubrió apenas el 60% de lo solicitado por el nosocomio. Especialistas en salud pública advierten que, sin una inversión focalizada en infraestructura y contratación de personal especializado, la capacidad de respuesta del hospital podría colapsar ante un repunte similar al de años anteriores. La improvisación ya no es una opción viable.

El desgaste es visible. Mientras otros hospitales de la zona metropolitana han recibido actualizaciones en sus unidades de cuidados intensivos, La Perla opera con respiradores que superan los 10 años de uso. «Trabajamos con lo que hay», comentan los médicos entre pasillos abarrotados, donde el tiempo de espera para una consulta puede superar las cinco horas. La resistencia del personal choca contra una realidad: sin equipos modernos ni más camas, cada temporada de contagios se convierte en una prueba de supervivencia.

La solución no es solo económica. Aunque el presupuesto 2024 incluye un aumento del 8% para hospitales de segundo nivel como este, la burocracia ralentiza la adquisición de insumos básicos. Mientras tanto, en Nezahualcóyotl, una de las zonas más densamente pobladas del país, la demanda no da tregua. El hospital atiende a pacientes no solo del municipio, sino también de localidades aledañas como Chimalhuacán y Ecatepec, donde los servicios de salud están igual de saturados. La pregunta sigue en el aire, pero el margen de error se agota.

El Hospital General La Perla en Nezahualcóyotl enfrenta una carga crítica con 120 consultas diarias por infecciones respiratorias, un reflejo claro de cómo la saturación de servicios y los factores ambientales agravan la salud pública en la zona. Aunque el personal médico trabaja bajo presión para contener la demanda, la situación expone la urgencia de reforzar tanto la infraestructura hospitalaria como las campañas de prevención, especialmente en temporadas de frío o alta contaminación.

Ante este escenario, la población puede reducir riesgos con medidas básicas pero efectivas: usar cubrebocas en espacios concurridos, ventilar áreas cerradas y completar esquemas de vacunación contra influenza y neumonía, sin esperar a que los síntomas aparezcan. La coordinación entre autoridades, médicos y ciudadanos será clave para evitar que cifras como estas se conviertan en la nueva normalidad el próximo año.