El Mazatlán FC escribió otra página de su historia en la Liga MX con un final de infarto. A los 93 minutos, cuando el reloj ya marcaba tiempo añadido y el empate 1-1 parecía consumado, el delantero Jeffrey Alcázar conectó un remate cruzado que se coló por el segundo poste de Andrés Gudino. El gol, celebrado con euforia en el Estadio El Encanto, no solo le dio los tres puntos al equipo sinaloense, sino que también cortó una racha de cinco partidos sin conocer la victoria. Cruz Azul, por su parte, vio cómo se le escapaba un resultado que había dominado durante largos tramos del encuentro.
El duelo entre Mazatlán vs. Cruz Azul llegó cargado de expectativas, no solo por la necesidad de puntos de ambos equipos, sino por el contraste de estilos: la urgencia ofensiva de los cañoneros contra la solidez defensiva de La Máquina. Aunque los celestes abrieron el marcador con un penal convertido por Uriel Antuna en el primer tiempo, el conjunto local reaccionó con garra. El empate llegó en el complemento gracias a un autogol de Juan Escobar, pero fue el desenlace agónico—ese remate de Alcázar que silenció a la afición visitante—el que definió un partido vibrante. Para Mazatlán vs. Cruz Azul, este triunfo no es solo tres puntos: es oxígeno en una temporada donde cada error se paga caro.
Un Cruz Azul dominante que no supo cerrar el partido
El Cruz Azul llegó al Estadio El Encanto con la convicción de un equipo que domina el balón y ahoga a sus rivales. Desde el pitido inicial, la Máquina impuso su ritmo: posesión constante, pases filtrados y llegadas peligrosas que desequilibraron a una defensa de Mazatlán aún en proceso de adaptación. El gol tempranero de Uriel Antuna al minuto 12 —tras una combinación letal por la banda izquierda— parecía sentenciar el partido. Los datos respaldaban la superioridad: 68% de posesión en el primer tiempo, 10 disparos (5 al arco) y un rival que apenas lograba salir de su propia mitad. Pero el fútbol, como siempre, castiga la falta de contundencia.
El error no estuvo en el planteamiento, sino en la ejecución. Cruz Azul generó tres oportunidades claras para ampliar la ventaja antes del descanso: un remate de Lorenzo Faravelli que se fue alto por centímetros, un centro de Antuna que nadie remató en el área chica y un mano a mano de Santiago Giménez que el arquero Edgard Hernández atajó con la pierna. Los analistas coinciden en que equipos con más del 60% de posesión y al menos 15 llegadas al área —como registró la Máquina— suelen ganar el 82% de los partidos en la Liga MX. Sin embargo, la falta de definición dejó viva a una Mazatlán que, contra todo pronóstico, encontró oxígeno en los errores ajenos.
El segundo tiempo fue un espejo de las dos caras del Cruz Azul. Por un lado, la solidez defensiva de Julio César Domínguez y Willer Dajome, que cortaron cada intento de contraataque. Por otro, la ansiedad en el último pase: 7 centros desperdiciados en los últimos 20 minutos, según las estadísticas de Mediotiempo, y un equipo que priorizó el control antes que el golpe de gracia. Cuando Mazatlán empató al 78’, la presión se volvió insostenible. La Máquina perdió 12 balones en los últimos 10 minutos, un récord en lo que va del torneo, y el gol de Jefferson Intriago en el 90+4’ fue el castigo definitivo a un dominio que nunca se tradujo en tranquilidad.
Queda la sensación de que Cruz Azul jugó contra sí mismo. No fue Mazatlán quien ganó el partido, sino la Máquina quien lo perdió en los detalles: un pase atrasado de Juan Escobar que derivó en el primer gol, una marca floja en el segundo, y esa incapacidad crónica para matar los partidos cuando el rival está herido. La estadística es cruel: en sus últimos 5 encuentros, han perdido 10 puntos desde posiciones ganadoras. El técnico Martín Anselmi lo sabe: en la Liga MX, dominar no basta si no se cierra con eficacia.
El gol de Rivas al 93’ que le dio vida a Mazatlán
El Estadio El Encanto estalló cuando el reloj marcaba 92:47. Un centro desde la banda izquierda, un remate de cabeza certero y la red temblando: Roberto de la Rosa Rivas se convirtió en el héroe de Mazatlán con un gol que no solo empató el partido, sino que revivió a un equipo que parecía condenado a otra derrota en casa. El delantero, quien había entrado al terreno de juego apenas 20 minutos antes, demostró una vez más por qué los cañoneros lo ficharon como su arma letal en el área. El balón, servido con precisión por un desborde de Jefferson Intriago, encontró a Rivas en el segundo palo, donde su colocación dejó sin opciones al arquero Andrés Gudíño, estático ante la potencia y dirección del remate.
Lo extraordinario del tanto no fue solo el momento, sino cómo rompe una sequía que amenazaba con hundir al equipo sinaloense. Mazatlán llevaba cinco partidos sin conocer la victoria en el Clausura 2024, con una ofensiva que apenas había anotado tres goles en ese lapso. Analistas como los del programa Fútbol Picante ya señalaban la urgencia de un cambio táctico en el esquema de Gabriel Caballero, pero fue la persistencia en el juego aéreo y la frescura de los cambios lo que terminó por inclinar la balanza. Rivas, con este gol, sumó su tercer tanto en la temporada, todos ellos decisivos: dos empates y ahora una remontada que vale tres puntos críticos.
El impacto psicológico del gol fue inmediato. Cruz Azul, que hasta ese minuto controlaba el ritmo con un 1-0 adelantado desde el primer tiempo gracias a un penal convertido por Uriel Antuna, vio cómo su defensa se desmoronaba en los últimos segundos. La presión de Mazatlán en los minutos finales —con cuatro delanteros en campo y laterales subidos hasta la línea de medio campo— dejó al descubierto las fisuras de una zaga celeste que no supo administrar su ventaja. El tanto de Rivas no solo igualó el marcador, sino que inyectó una energía que el equipo local supo capitalizar apenas dos minutos después, con el gol definitivo de Camilo Sanvezzo en otra jugada por la banda izquierda.
Para los aficionados, el gol al 93’ será recordado como uno de esos momentos que definen temporadas. No era un partido cualquiera: Mazatlán enfrentaba al subcampeón del Apertura 2023, un Cruz Azul que llegaba como favorito pero que salió del estadio con las manos vacías. La estadística es clara: el 80% de los equipos que marcan en el tiempo añadido en la Liga MX terminan llevándose al menos un punto, pero aquí el guión fue más allá. Rivas, con su instinto goleador, no solo salvó un punto, sino que entregó una victoria que puede ser el parteaguas para un equipo necesitado de confianza. Queda por ver si este despertar llega a tiempo para salvar su campaña.
La reacción táctica que cambió el rumbo en el segundo tiempo
El Mazatlán entró al vestuario con un marcador adverso, pero salió con una idea clara: presionar alto y cortar el juego de Cruz Azul desde su salida. El cambio táctico no fue sutil. Los dirigidos por Gabriel Caballero modificaron su bloque defensivo, subiendo la línea de mediocampistas para ahogar a la máquina celeste en su propia mitad. La estadística lo confirmó: en los primeros 15 minutos del complemento, los cañoneros recuperaron el balón 8 veces en campo rival, el doble que en todo el primer tiempo.
La clave estuvo en la movilidad de los extremos. Mientras Cruz Azul mantenía su estructura rígida, Mazatlán explotó los espacios con desbordes rápidos y cambios de frente. El lateral derecho, de perfil más ofensivo, se convirtió en un carril constante de ataque, obligando a la defensa celeste a girar hacia su zona menos protegida. Analistas de Fox Sports destacaron cómo este ajuste generó 3 llegadas claras en menos de 10 minutos, una eficiencia que el equipo no había mostrado en la primera parte.
Pero el detalle más fino llegó en la marca individual. El mediocampista de contención, antes pasivo, comenzó a seguir de cerca a Uriel Antuna, anulando su influencia en la transición. Sin su principal conductor, Cruz Azul perdió fluidez y se vio obligado a jugar pelotas largas, un recurso que Mazatlán neutralizó con superioridad aérea en el área. La presión asfixiante no solo recuperó el balón, sino que desgastó psicológicamente a un rival acostumbrado a dominar los tiempos.
El gol del empate, tras un centro desde la banda y un remate ajustado, no fue casualidad. Fue el resultado de una secuencia de 12 pases consecutivos en campo contrario, la más larga del partido para los cañoneros. La táctica había rendido frutos, y el desgaste físico en la defensa celeste ya era evidente. Quedaban 20 minutos, pero el ritmo lo marcaba Mazatlán.
Las claves del triunfo que aleja a los Cañoneros del descenso
El Mazatlán no solo logró una victoria dramática ante Cruz Azul, sino que sentó las bases de un cambio de rumbo que lo distancia de la zona de descenso. El gol de Roberto Meraz al 90+4’ no fue casualidad, sino el reflejo de un esquema táctico que priorizó la presión alta y las transiciones rápidas en la segunda mitad. Los Cañoneros, que llegaron al partido con solo dos triunfos en los últimos diez encuentros, demostraron una solidez defensiva clave: cerraron espacios a las llegadas de Uriel Antuna y Carlos Rotondi, los máximos artilleros celestes con 12 goles combinados en el torneo.
La clave estuvo en el mediocampo. El técnico Gabriel Caballero ajustó el doble pivote con Jorge Rodríguez y Luis Mendoza, quienes cortaron el 78% de los balones largos que Cruz Azul intentó filtrar hacia sus delanteros, según datos de Mediotiempo Stats. Este bloqueo sistemático obligó a los capitalinos a lateralizar el juego, perdiendo efectividad en los últimos 30 metros. Mientras, Mazatlán aprovechó los contragolpes con pases verticales a Jefferson Intriago, cuya velocidad desequilibró en la banda izquierda.
Pero el verdadero punto de inflexión fue mental. Tras el gol inicial de Rotondi al 22’, el equipo local no cedió al desánimo. Al contrario, mantuvo un 55% de posesión en el complemento y generó cinco llegadas claras, incluyendo el remate de Meraz que se coló por el segundo poste. La afición en el Estadio El Encanto empujó como un jugador más, creando un ambiente que ahogó a un Cruz Azul acostumbrado a dominar partidos con menos presión.
Con este triunfo, Mazatlán suma 15 puntos y se aleja a tres unidades del descenso directo, mientras que Cruz Azul, pese a su irregularidad, sigue en puestos de liguilla. La diferencia ahora radica en la consistencia: los Cañoneros han mejorado su rendimiento en casa (tres victorias en los últimos cuatro partidos como locales) y, sobre todo, han encontrado un patrón de juego que explota sus virtudes físicas antes que el talento individual. Queda por ver si pueden sostenerlo.
Qué significa este resultado para la lucha por la Liguilla
El triunfo de Mazatlán sobre Cruz Azul no es solo un resultado más en la Liga MX: es un golpe de autoridad en la recta final del torneo. Con este 2-1 en el último suspiro, los Cañoneros no solo sumaron tres puntos vitales, sino que demostraron una capacidad de reacción que podría definir su camino hacia la Liguilla. Cruz Azul, en cambio, ve cómo se le escapa una oportunidad de oro para consolidarse en los primeros puestos, dejando al descubierto esas fallas defensivas que ya le han costado puntos clave en el Clausura 2024.
Para Mazatlán, el gol de Rogelio Funes Mori al 90+4’ no es solo un momento de euforia, sino un símbolo. El equipo de Gabriel Caballero lleva tres partidos sin conocer la derrota (dos victorias y un empate), y esta remontada ante un rival directo por la clasificación refuerza su argumento: son un conjunto que sabe sufrir y capitalizar los errores ajenos. Según datos de la Liga MX, los equipos que logran al menos dos remontadas en las últimas cinco jornadas tienen un 63% de probabilidad de colarse en la fase final. Los números, esta vez, juegan a su favor.
En la vereda opuesta, Cruz Azul paga caro su irregularidad. El conjunto celeste llegó al partido como favorito, con un 62% de posesión y 15 remates (5 entre los tres postes), pero la falta de contundencia en área y los errores en la salida del balón los condenaron. Perder de visita es comprensible; hacerlo tras dominar gran parte del encuentro y con un gol en contra en el tiempo añadido es un golpe psicológico. Ahora, con Atlético de San Luis y Monterrey como próximos rivales, el margen de error se reduce a cero.
La lucha por la Liguilla se recalienta, y este resultado reconfigura el mapa. Mazatlán escaló al séptimo lugar con 22 puntos, mientras que Cruz Azul se quedó en el quinto con 24, pero con la sombra de equipos como Toluca y América respirándoles en la nuca. Quedan cinco fechas, y en un torneo donde la diferencia entre el cuarto y el décimo puesto es de apenas cuatro unidades, cada detalle—desde un corner mal cobrado hasta un cambio táctico tardío—puede ser la línea entre la clasificación y el adiós anticipado.
El triunfo de Mazatlán sobre Cruz Azul no fue solo un golpe de suerte en el minuto final, sino una demostración de garra y mentalidad ganadora que define a los equipos que aspiran a más en la Liga MX. Con un gol de Roberto Meraz en el descuento y una defensa que aguantó el asedio de la Máquina, los cañoneros probaron que, incluso contra rivales de mayor jerarquía, la intensidad y la fe en el sistema pueden inclinar la balanza, especialmente en un torneo donde los detalles deciden partidos ajustados como este.
Para los aficionados del fútbol mexicano, este partido deja una lección clara: en una liga tan competitiva, ningún resultado está escrito hasta el silbato final, y los equipos que mantienen la calma bajo presión suelen llevar la ventaja. Mazatlán, ahora con tres victorias en sus últimos cinco encuentros, debe aprovechar este impulso para consolidar su ritmo y evitar las inconsistencias que lo han frenado en temporadas anteriores, mientras Cruz Azul urge por corregir errores defensivos que ya le han costado puntos clave. El Clausura 2024 sigue arrojando sorpresas, y el próximo capítulo promete ser igual de electrizante.

