El Lincoln Financial Field vibró con una exhibición de fútbol que recordó por qué los duelos entre leyendas nunca decepcionan. Los Philadelphia Eagles, liderados por un Jalen Hurts que desmenuzó a la defensa rival con 272 yardas por aire y dos touchdowns, aplastaron 38-23 a unos Green Bay Packers que nunca encontraron ritmo. La victoria no solo consolidó a los Eagles como el equipo más dominante de la NFC con marca de 10-1, sino que expuso las grietas en un proyecto de Green Bay que, pese al regreso de Jordan Love, sigue buscando respuestas contra rivales de élite.

El enfrentamiento entre Eagles vs Packers trascendió el marcador: fue un choque generacional entre un Hurts en plena madurez y un Love que aún carcome su credencial de sucesor de Aaron Rodgers. Para los aficionados, el partido revivió la intensidad de los clásicos de antaño, pero con un giro moderno: dos mariscales de campo jóvenes —aunque con trayectorias distintas— midiendo fuerzas en un escenario donde cada yarda ganada pesaba como declaración. Que los Eagles vs Packers haya terminado con una diferencia de 15 puntos no oculta el mensaje claro: Philadelphia es candidata seria al Super Bowl, mientras Green Bay se queda con más dudas que certezas a falta de seis jornadas.

El legado de Rodgers frente al ascenso de Hurts

El duelo entre Aaron Rodgers y Jalen Hurts no fue solo un enfrentamiento generacional, sino un reflejo de dos eras distintas en la NFL. Mientras el veterano de Green Bay intentó revivir la magia de sus temporadas de MVP con lanzamientos precisos bajo presión, el joven mariscal de Filadelfia demostró por qué se ha convertido en el rostro de una ofensiva moderna, ágil y letal. La diferencia se notó en el campo: Hurts combinó 157 yardas por aire con dos touchdowns y añadió 36 más en 11 acarreos, un equilibrio que Rodgers, limitado a 133 yardas y sin anotaciones aéreas, ya no puede replicar con la misma consistencia.

Los números no mienten, pero el contraste va más allá de las estadísticas. Analistas de la liga señalan que Hurts, con un récord de 25-5 como titular en sus últimos 30 partidos, ha superado la curva de aprendizaje más rápido que cualquier otro quarterback seleccionado en la segunda ronda desde 2010. Su capacidad para extender jugadas y tomar decisiones en milisegundos descolocó a una defensa de los Packers acostumbrada a esquemas más predecibles.

Rodgers, en cambio, vio cómo su legado en Lambeau Field se empañaba con una tercera derrota consecutiva en casa. Aunque su experiencia sigue siendo un activo—su lectura de coberturas y ajustes en la línea de scrimmage siguen siendo de élite—, el físico ya no responde igual. El contraste con Hurts, quien a sus 25 años aún tiene margen para crecer, subrayó una verdad incómoda: el futuro en la NFL pertenece a quienes pueden correr, lanzar y liderar sin depender de un esquema obsoleto.

El partido dejó claro que Filadelfia no solo ganó un juego, sino que consolidó un proyecto. Mientras los Packers se aferran a la nostalgia de un Rodgers que ya no es el mismo, los Eagles avanzan con un sistema construido alrededor de las virtudes de Hurts: versatilidad, velocidad y una conexión casi telepatica con A.J. Brown y DeVonta Smith.

Un tercer cuarto demoledor define el partido

El tercer cuarto fue el golpe definitivo. Los Eagles salieron del vestuario con una intensidad que los Packers no pudieron contener, anotando 21 puntos consecutivos en menos de diez minutos. Jalen Hurts conectó dos pases de touchdown —uno de 42 yardas a DeVonta Smith— mientras que la defensa de Filadelfia ahogó a Aaron Rodgers con una presión constante, permitiendo apenas 12 yardas en ese período.

La diferencia física se hizo evidente. Mientras Green Bay intentaba ajustar su línea ofensiva, los linieros de los Eagles, liderados por Haason Reddick, registraron tres capturas en el tercer cuarto. Los analistas destacaron después cómo ese tramo del partido reflejó la superioridad táctica: Filadelfia explotó las debilidades en la cobertura secundaria de los Packers, especialmente en jugadas de play-action, donde Hurts tuvo un 85% de efectividad.

Rodgers, acostumbrado a remontar partidos, no encontró respuestas. Sus dos intentos de drive terminaron en punts, y un fumble recuperado por la defensa rival selló el dominio local. Para cuando el cuarto comenzó, el marcador 35-16 ya hablaba de un duelo decidido.

¿Qué significa esta victoria para Filadelfia en la recta final?

La victoria contundente de los Eagles ante los Packers no solo consolida su posición en la cima de la NFC, sino que envía un mensaje claro a la conferencia: Filadelfia llega a la recta final con un equipo equilibrado y un mariscal de campo en estado de gracia. Jalen Hurts, con 157 yardas terrestres y dos anotaciones en tierra, demostró una vez más por qué su juego de piernas es un dolor de cabeza para cualquier defensa. El triunfo, el noveno en los últimos diez partidos, refuerza la moral de un vestuario que ya huele a playoffs.

Analistas destacan que el dominio en la línea de scrimmage —tanto ofensiva como defensiva— marca la diferencia. Los Eagles acumulan 140 yardas por tierra de promedio en sus últimas cuatro presentaciones, una cifra que los coloca entre los tres mejores equipos en ese rubro.

Para la afición, este resultado es más que tres puntos en la tabla. Es la confirmación de que el proyecto de Nick Sirianni tiene piernas para aspirar a algo más grande que una simple clasificación. La franquicia, que no gana un anillo desde 2018, ve en esta racha un eco de aquella temporada histórica.

Quedan tres partidos, pero el calendario sonríe: rivales con récords perdedores y la oportunidad de descansar titulares en la semana 18 si el primer puesto de la conferencia ya está asegurado. La pregunta ya no es si llegarán a enero, sino con qué ritmo.

El triunfo contundente de los Eagles sobre los Packers no solo reafirmó el dominio de Jalen Hurts en los momentos clave, sino que expuso las grietas en una defensa de Green Bay que, sin importar el legado de Jordan Love, sigue pagando caro los errores en cobertura. La diferencia la marcó un ataque filadelfiano que combinó precisión aérea con un juego terrestre implacable, dejando claro que este equipo no depende solo de su mariscal para desequilibrar partidos.

Quienes apuesten por los Eagles en la recta final de la temporada harían bien en fijarse en cómo el esquema ofensivo de Nick Sirianni está sacando provecho de receptores como DeVonta Smith, cuya velocidad desbordó a una secundaria ya de por sí frágil. El mensaje es simple: si Philadelphia mantiene este ritmo, la NFC tendrá que prepararse para un rival que no perdona.

Lo que viene ahora será aún más revelador, con un calendario que pondrá a prueba si esta victoria fue el inicio de una racha o solo un destello en una temporada llena de altibajos.