El MetLife Stadium vibró con una exhibición de fuerza ofensiva y dominio defensivo cuando los Dallas Cowboys arrasaron a los New York Giants con un contundente 34-10. Dak Prescott conectó 25 de 31 pases para 280 yardas y dos anotaciones, mientras que la defensa de los Cowboys sofocó a Daniel Jones, limitándolo a apenas 194 yardas por aire y forzando dos balones sueltos. El marcador final no solo reflejó la superioridad en el campo, sino también la brecha creciente entre dos franquicias históricas que, esta vez, mostraron realidades opuestas.
El duelo Cowboys vs Giants siempre carga con el peso de una rivalidad clásica, pero esta edición dejó claro que Dallas llega como aspirante serio en la NFC, mientras que Nueva York enfrenta preguntas urgentes. Para los aficionados, el partido fue un recordatorio de cómo un equipo puede imponerse con ejecución impecable en los tres fases del juego. Y aunque el calendario aún es largo, este Cowboys vs Giants quedó marcado como un parteaguas: los tejanos consolidando su estilo, los neoyorquinos buscando respuestas antes de que la temporada se les escape.
El duelo histórico entre Dallas y Nueva York
El enfrentamiento entre Dallas Cowboys y New York Giants trasciende el simple deporte. Se trata de una rivalidad que lleva más de seis décadas teñidas de pasión, momentos icónicos y una competencia que define a la NFC Este. Desde su primer duelo en 1960, cuando los Cowboys aún eran una franquicia emergente y los Giants ya acumulaban tres campeonatos de la NFL, el choque entre ambas escuadras se convirtió en un termómetro de grandeza. El MetLife Stadium, casa de los Giants desde 2010, ha sido testigo de batallas épicas, pero también de derrotas humillantes como la de este domingo, donde la diferencia de 24 puntos (34-10) dejó al descubierto la brecha actual entre ambos equipos.
Los números no mienten: con este triunfo, Dallas suma 74 victorias en la serie histórica frente a las 48 de Nueva York, incluyendo playoffs. Pero más allá de las estadísticas, son los momentos los que han cementado esta rivalidad. Quien recuerde el «Hail Mary» de Roger Staubach en 1975 o el placaje de Lawrence Taylor sobre Danny White en 1986 —que le costó a este último una lesión cervical— entiende que este duelo siempre ha sido sinónimo de drama. Incluso analistas de la NFL señalan que, cuando ambos equipos llegan con récords similares, el partido suele decidir no solo la temporada, sino el futuro de entrenadores y jugadores.
La década de los 90 marcó otro capítulo dorado. Con Troy Aikman y Emmitt Smith liderando a los Cowboys hacia tres Super Bowls, mientras los Giants, con Phil Simms y luego Kerry Collins, respondían con dos campeonatos en 1986 y 1990, la rivalidad alcanzó su cenit. El MetLife, aunque más joven que el viejo Texas Stadium, ya ha visto su cuota de historia: desde el triunfo de Nueva York en el debut del estadio (2010) hasta la paliza de este domingo, donde Dak Prescott conectó 25 de 31 pases para 260 yardas y 2 touchdowns, dejando en evidencia a una defensa de los Giants que no encontró respuestas.
Lo cierto es que, más allá de los ciclos de dominio —Dallas en los 70 y 90, Nueva York en los 80 y mediados de los 2000—, este clásico nunca pierde relevancia. Inclusive en temporadas mediocres, como la actual para los Giants (2-5), el partido contra los Cowboys despierta algo distinto. Quizás sea el peso de la historia, o tal vez la certeza de que, en esta división, no hay espacio para la piedad.
Un primer tiempo demoledor: 27-3 antes del descanso
El primer cuarto fue un aviso. Los Cowboys no llegaron al MetLife Stadium con intención de negociar: en solo 15 minutos de juego, Dallas ya había anotado dos touchdowns y un gol de campo, mientras que la ofensiva de los Giants parecía atrapada en arena movediza. Dak Prescott conectó con CeeDee Lamb en una jugada de 42 yardas que dejó al descubierto las carencias de una secundaria neoyorquina incapaz de reaccionar. Para cuando el reloj marcaba los dos minutos, el marcador (17-0) ya reflejaba lo que sería una noche de pesadilla para el equipo local.
La defensa de los Cowboys, liderada por Micah Parsons, se convirtió en un muro infranqueable. El linebacker acumuló dos capturas y tres tackles en el primer tiempo, presionando a Daniel Jones hasta obligarlo a cometer dos pérdidas de balón en sus primeras tres series. Los analistas de NFL Network destacaron después del partido cómo la estrategia de Mike McCarthy —apostar por blitz constantes desde los bordes— descolocó por completo a una línea ofensiva de los Giants que ya arrastraba problemas de consistencia.
El segundo cuarto no trajo alivio. Un drive de 78 yardas, culminado con un pase de 19 yardas de Prescott a Jake Ferguson en la zona de anotación, elevó la ventaja a 24-0. Los Giants, desesperados, solo lograron responder con un gol de campo de Graham Gano tras una serie de 12 jugadas que consumió seis minutos pero no logró traspasar la línea de 20 yardas rivales. El contraste era brutal: Dallas acumulaba 247 yardas totales al descanso; Nueva York, apenas 89.
Para cuando el árbitro decretó el final del primer tiempo, el MetLife Stadium guardaba un silencio incómodo, roto solo por los cánticos de los aficionados de los Cowboys que habían viajado desde Texas. El 27-3 en el luminoso no era solo un marcador: era un veredicto.
Dak Prescott y CeeDee Lamb desatan el caos ofensivo
El MetLife Stadium vibró con cada jugada de un ataque de los Cowboys que parecía imparable. Dak Prescott y CeeDee Lamb lideraron la ofensiva con una sincronía letal, desarmando a la secundaria de los Giants con pases precisos y lecturas inteligentes. Prescott completó 23 de 30 intentos para 269 yardas y dos touchdowns, pero fueron sus conexiones con Lamb —incluida una recepción de 42 yardas que dejó a dos defensores en el suelo— las que definieron el ritmo del partido. La química entre ambos no es casualidad: según analistas de la NFL, esta dupla ha mejorado su eficiencia en un 18% en rutas intermedias respecto a la temporada pasada.
Lamb, con 11 recepciones para 143 yardas, no solo fue el blanco favorito de Prescott, sino el dolor de cabeza constante para la defensa rival. Su capacidad para ganar duelos individuales y convertir terceros downs mantuvo viva la cadena ofensiva cuando los Giants intentaban reaccionar. El momento más eléctrico llegó en el segundo cuarto, con un flea flicker ejecutado a la perfección: Prescott fingió el handoff, Lamb corrió una ruta post-corner impecable, y el pase de 28 yardas terminó en la end zone. Jugadas como esa, combinadas con la movilidad de Prescott para escapar de la presión, dejaron claro por qué Dallas domina la NFC Este.
La línea ofensiva, a menudo criticada, brillo al dar tiempo a Prescott y abrir huecos para Tony Pollard. Sin embargo, fue la creatividad en el play-calling lo que descolocó a los Giants. Formaciones con motion previo al snap y cambios de ritmo en las rutas explotaron las debilidades de una defensa que nunca encontró respuestas. Cuando el cornerback Adoree’ Jackson intentó cubrir a Lamb en man-to-man, el receptor lo superó con un double move que terminó en una ganancia de 21 yardas. Para entonces, el marcador ya reflejaba una ventaja que los Giants no podrían remontar.
El tercer cuarto selló la exhibición: un drive de 75 yardas en solo cinco jugadas, culminado con otro touchdown de Prescott a Lamb. La estadística más reveladora no fue el total de yardas, sino el third-down conversion rate: Dallas convirtió el 60% de sus oportunidades, un número que ahogó cualquier esperanza de reacción neoyorquina. Mientras los aficionados de los Giants abandonaban el estadio antes del final, los Cowboys celebraban un ataque que, por una noche, pareció sin límites.
La defensa de los Cowboys ahoga a Daniel Jones
La presión fue implacable desde el primer cuarto. Los Cowboys no solo dominaron el marcador, sino que su defensa asfixió a Daniel Jones con una estrategia que combinó cobertura ajustada y un ataque constante al quarterback. El mariscal de campo de los Giants, acostumbrado a improvisar bajo presión, encontró esta vez un muro infranqueable: Dallas registró cinco capturas, tres de ellas en los primeros 20 minutos de juego, y limitó a la ofensiva rival a apenas 197 yardas totales. Cada intento de Jones por conectar con sus receptores se topaba con una secundaria que leía sus intenciones antes de que el balón saliera de sus manos.
El plan defensivo de Mike McCarthy, ejecutado con precisión por el coordinador Dan Quinn, expuso las debilidades de una línea ofensiva de los Giants que ya arrastraba problemas. Según análisis de Pro Football Focus, Jones fue presionado en el 42% de sus lanzamientos, una cifra que supera ampliamente su promedio de la temporada. Cuando lograba escapar del pocket, se encontraba con linebackers como Micah Parsons, cuya velocidad para cerrar espacios lo convirtió en una pesadilla recurrente. El resultado: 12 de 27 en pases completos, 101 yardas y un quarterback rating de 47.2, su peor marca en lo que va del año.
Pero el verdadero golpe llegó en el tercer cuarto, cuando un blitz no detectado terminó con Jones en el suelo y el balón en manos de DaRon Bland, quien lo llevó 21 yardas hasta la zona de anotación. Ese pick-six no solo selló el partido, sino que simbolizó la noche: una defensa de los Cowboys que no solo contenía, sino que castigaba cada error.
Los Giants intentaron ajustes—corridas con Saquon Barkley, pantallas rápidas—, pero nada funcionó. La unidad de Dallas, liderada por la experiencia de DeMarcus Lawrence y la juventud de Parsons, demostró por qué es una de las más temidas de la liga. Para cuando el reloj marcó cero, la estadística más elocuente no eran los 34 puntos en el marcador, sino los cero puntos permitidos en la segunda mitad: un silencio ofensivo que habló más fuerte que cualquier celebración.
¿Puede este equipo llegar al Super Bowl LVIII?
El triunfo contundente de los Cowboys sobre los Giants por 34-10 no solo reafirmó su dominio en la NFC Este, sino que también encendió las alarmas sobre su potencial para llegar al Super Bowl LVIII. Con una ofensiva que acumuló 423 yardas totales y una defensa que limitó a Nueva York a apenas 220, Dallas mostró el equilibrio que define a los equipos con aspiraciones reales. El mariscal de campo Dak Prescott, con 23 pases completos de 32 intentos y tres anotaciones, demostró la consistencia que le ha faltado en postemporadas anteriores. Pero esta vez, el contexto es distinto: un esquema defensivo más agresivo y un cuerpo de receptores que, con CeeDee Lamb a la cabeza, parece imbatible en días buenos.
Los analistas de la NFL ya sitúan a los Cowboys entre los tres favoritos de la Conferencia Nacional, junto a los 49ers y los Eagles. Según datos de Pro Football Focus, su línea ofensiva —criticada en temporadas pasadas— ha permitido solo 12 capturas en los últimos cinco juegos, una mejora clave para proteger a Prescott en momentos decisivos. El desafío ahora será mantener esa solidez contra rivales de mayor calibre, como el próximo duelo contra los Lions, donde se medirá su capacidad para imponerse en partidos de alto voltaje.
Sin embargo, el camino al Super Bowl nunca es sencillo. Dallas tropieza año tras año con el fantasma de las rondas divisionales, donde errores en momentos críticos —como el fumble de Prescott contra los 49ers en 2022— han truncado sus sueños. La diferencia en 2023 podría estar en la madurez de un equipo que, por primera vez en años, no depende exclusivamente de su estrella. La defensa, liderada por Micah Parsons, ha sumado 18 sacks en las últimas seis semanas, un ritmo que solo cuatro equipos en la liga pueden igualar.
Queda por ver si esta versión de los Cowboys, más equilibrada y menos predecible, podrá romper la maldición de casi tres décadas sin un título. El margen de error en los playoffs es mínimo, pero con un Prescott en su mejor forma física y un esquema táctico que finalmente parece encajar, las probabilidades están de su lado. El mensaje del MetLife Stadium fue claro: este no es un equipo que se conforme con victorias regulares.
El triunfo contundente de los Cowboys por 34-10 sobre los Giants en el MetLife Stadium no solo reafirmó su dominio en la NFC Este, sino que expuso las carencias defensivas de un rival que, pese al apoyo local, no logró contener el ataque liderado por Dak Prescott y un CeeDee Lamb en estado de gracia. Con cinco touchdowns en dos partidos consecutivos, Dallas envía un mensaje claro: su ofensiva, combinada con una defensa que asfixió a Daniel Jones, está lista para aspirar a más que solo un título divisional.
Para los Giants, el partido deja lecciones urgentes: reforzar la línea ofensiva y ajustar un esquema defensivo que permitió 200 yardas terrestres será clave si quieren evitar repetir una temporada de altibajos. Mientras tanto, los Cowboys avanzan con momentum, enfrentando ahora un calendario que los pondrá a prueba contra equipos de mayor calibre antes del cierre de año.

