Mohamed Salah volvió a ser el verdugo. Con dos goles en menos de diez minutos, el egipcio lideró la remontada del Liverpool en un partido que comenzó con el Fulham por delante, pero terminó con los Reds exhibiendo su jerarquía en Anfield. El 3-1 final no solo consolida el momento de forma del equipo de Jürgen Klopp, sino que también deja en evidencia la fragilidad defensiva de un rival que, pese a su ventaja inicial, no supo sostener el ritmo ante la presión local.
El duelo entre Liverpool vs Fulham no era, en el papel, el más exigente del calendario, pero en la Premier League los puntos se ganan, no se regalan. Y más cuando el conjunto de Marco Silva llegó a Merseyside con la intención de sumar su tercera victoria consecutiva. Sin embargo, la realidad impuso su ley: la diferencia de plantel se notó, el sistema de Klopp funcionó a la perfección en la segunda parte, y Salah, una vez más, demostró por qué su nombre sigue siendo sinónimo de garantía en los momentos clave. El liverpool vs fulham quedó como un recordatorio de que, incluso en partidos aparentemente accesibles, la intensidad y la clase marcan la diferencia.
El Fulham llegaba a Anfield con tres victorias seguidas
El Fulham aterrizó en Anfield con el viento a favor: tres triunfos consecutivos en la Premier League avalaban su mejor racha de la temporada. Los Cottagers habían doblado al Brighton (4-0), superado al Tottenham (1-0) y humillado al West Ham (5-0) en apenas nueve días, exhibiendo un fútbol directo y letal en contraataque. La estadística respaldaba su confianza: solo el Arsenal había logrado encadenar más victorias seguidas entre los equipos londinenses en lo que va de campaña.
Marco Silva alineó al mismo bloque que venía arrasando, con Raúl Jiménez como referencia ofensiva y el joven João Palhinha dominando el mediocampo. Su planteamiento era claro: presión alta para ahogar la salida de balón del Liverpool y aprovechar cualquier error con transiciones rápidas. Los datos previos advertían del peligro: el Fulham había anotado 10 goles en sus últimos cuatro partidos, más que el propio Liverpool en el mismo período.
Sin embargo, Anfield es un escenario distinto. El equipo de Klopp llegó al partido con la necesidad urgente de sumar tras el tropiezo ante el Luton Town. La afición, siempre exigente, coreaba el nombre de Salah desde el calentamiento, consciente de que el egipcio arrastraba una sequía de tres partidos sin marcar en liga.
Los primeros compases confirmaron el guión esperado: el Fulham, compacto y ordenado, cortó las líneas de pase hacia Núñez y cerró los carriles laterales. Pero el Liverpool, acostumbrado a romper esquemas, encontró en la velocidad de Luis Díaz la llave para desequilibrar.
Salah rompe el empate y Núñez sentencia en el descuento
El partido basculó en el minuto 64. Un pase filtrado de Szoboszlai encontró a Salah en el borde del área, donde el egipcio controló con el pecho y remató cruzado, venciendo a Leno por la escuadra. Fue su décimo gol en los últimos nueve encuentros contra el Fulham, una estadística que refleja su dominio histórico ante el conjunto londinense.
El gol desató el júbilo en Anfield, pero el Liverpool no bajó la intensidad. Klopp ajustó líneas, presionando con mayor ahínco en las bandas, mientras el Fulham intentaba reaccionar con balones largos hacia Mitrović. Sin embargo, la defensa local, liderada por Van Dijk, cortó cada intento con anticipación.
El cierre llegó cuando el árbitro señalaba cinco minutos de descuento. Núñez, que había entrado en el segundo tiempo, aprovechó un error en la salida del Fulham para definir con frialdad, sellando el 3-1. Su celebración, corriendo hacia el banco, resumió la liberación de un equipo que necesitaba los tres puntos.
Klopp celebra, pero el Liverpool sigue a seis del Arsenal
Jürgen Klopp levantó los brazos al cielo cuando el pitido final confirmó la victoria, pero la sonrisa se desvaneció rápido al mirar la clasificación. El Liverpool, pese a su contundente 3-1 ante el Fulham, sigue anclado a seis puntos del Arsenal, un líder que no da resquicios. La remontada en Anfield, con Salah como protagonista absoluto, servía para sumar tres puntos vitales, aunque insuficientes para recortar distancias en la lucha por el título.
El egipcio, con dos goles que elevan su cuenta a 15 en la Premier esta temporada, demostró por qué sigue siendo el faro del equipo. Su primer tanto, un zurdazo cruzado tras asistencia de Núñez, desató el alivio en la grada. El segundo, de penal, selló un partido donde el Fulham solo inquietó con el gol inicial de Willian.
Analistas destacan que, aunque el Liverpool acumula cinco triunfos seguidos en liga, el ritmo del Arsenal —invicto en 2024— obliga a una perfección que los Reds aún no han alcanzado. La diferencia de goles (+33 frente a +40 de los Gunners) refleja esa brecha.
Klopp lo sabe: cada error se paga caro. Y el calendario no perdona.
El Liverpool demostró una vez más por qué Anfield sigue siendo un fortín, con Mohamed Salah como verdugo implacable: su doblete no solo revirtió el marcador, sino que encendió la chispa que el equipo necesitaba para recuperar su mejor versión. La victoria 3-1 ante un Fulham que plantó cara en el primer tiempo deja claro que, cuando los Reds engranan, pocos rivales pueden seguirles el ritmo.
Quienes busquen entender el secreto de esta remontada harían bien en fijarse en la presión alta tras la pérdida y en la conexión entre Salah y Núñez, un tándem que desequilibra con o sin balón. El mensaje para los próximos partidos es simple: mantener esa intensidad desde el minuto uno.
Ahora, con la Premier en su recta final, este triunfo no es solo tres puntos más, sino un aviso de que el Liverpool de Klopp aún tiene hambre de pelea.
