El balón se coló entre los postes al minuto 85, sellando otra noche de magia pura. Lionel Messi, con ese toque letal que parece desafiar la física, anotó el gol decisivo en la victoria 3-2 de Inter Miami sobre FC Dallas, un partido que dejó sin aliento a los 20,512 espectadores en el Toyota Stadium. No fue un triunfo cualquiera: fue el octavo gol del argentino en sus últimos siete partidos con el equipo floridiano, una racha que consolida su leyenda incluso en la MLS.
El duelo entre FC Dallas e Inter Miami trascendió lo deportivo para convertirse en un espectáculo de resistencia y talento. En un torneo donde cada punto cuenta doble, el equipo de Gerardo Martino demostró una vez más por qué su llegada ha redefinido las expectativas de la liga. El partido, cargado de alternativas y emociones hasta el último segundo, reflejó el nuevo nivel de competitividad que impone la presencia de figuras como Messi, Jordi Alba y Sergio Busquets. Cuando el silbato final sonó, quedó claro que el FC Dallas vs. Inter Miami no fue solo un encuentro más: fue un aviso de lo que está por venir.
El duelo que puso a prueba al equipo de Messi

El partido entre Inter Miami y FC Dallas no fue un simple encuentro de fase de grupos en la Leagues Cup. Se convirtió en un duelo de resistencia física y mental, donde el equipo de Lionel Messi demostró que su capacidad para reaccionar bajo presión sigue intacta. A pesar de dominar el 58% de la posesión según datos de Opta, los floridianos sufrieron contra un rival que no se amedrentó en el Toyota Stadium.
FC Dallas planteó un juego directo, con transiciones rápidas que desequilibraron a una defensa de Inter Miami aún en proceso de ajuste. El gol inicial de Bernard Kamungo al minuto 14 expuso las lagunas en la marca, mientras que el segundo tanto local, de Jesús Ferreira, llegó tras un error en la salida de balón. La presión alta de los texanos obligó a Messi y compañía a jugar más vertical de lo habitual, rompiendo su ritmo de toque característico.
Lo más revelador no fue el marcador adverso, sino la respuesta. Cuando otros equipos con estrellas de su calibre podrían haber perdido la compostura, Inter Miami mantuvo la calma. La entrada de Jordi Alba en el segundo tiempo —cambiando el perfil del lateral izquierdo— y el ajuste táctico para explotar los espacios entre líneas marcaron la diferencia. Los analistas destacaron después cómo el equipo logró 8 disparos entre los tres palos en los últimos 30 minutos, una cifra que refleja su insistencia.
El gol de Messi al 85, un remate cruzado tras filtrarse por la banda derecha, no solo empató el partido, sino que reafirmó algo: este Inter Miami ya no depende únicamente de su figura, pero sabe cuándo recurrir a ella.
Golazo en el minuto 85 y un final de infarto

El reloj marcaba 84:37 cuando Lionel Messi recibió un pase filtrado en la frontal del área. Un toque sutil para controlar, otro para esquivar al marcador y un zurdazo colocado al segundo palo que dejó sin reacción al arquero Maarten Paes. El estadio estalló. No era un gol cualquiera: era el 3-2 que ponía a Inter Miami por delante en un partido donde FC Dallas había dominado largos tramos, especialmente en el primer tiempo con un 62% de posesión según datos de Opta.
Lo que siguió fueron seis minutos de agonía pura. Dallas arrojó a todos sus jugadores al ataque, incluyendo al portero, en un último intento por empatar. Balones largos, centros desesperados y un remate de Jesús Ferreira que rozó el poste izquierdo. La defensa de Miami, con Sergio Busquets como director, se replegó pero mantuvo la línea.
El silbato final llegó entre gritos y suspiros. Para los aficionados del equipo tejanos, la derrota dolió doble: habían estado cerca de sumar su tercera victoria consecutiva en casa. Para los de Miami, fue la confirmación de que, incluso en noches irregulares, la magia individual sigue siendo su mejor arma.
¿Qué significa esta victoria para la MLS?

La llegada de Lionel Messi a la MLS ya demostró ser un punto de inflexión, pero su gol en el dramático triunfo 3-2 sobre FC Dallas no solo consolidó su impacto deportivo, sino que redefinió las expectativas de la liga. Con el estadio vibrando como en las grandes noches de la Liga MX o la Premier, el partido transmitió una energía que la MLS llevaba años buscando: la de un espectáculo capaz de competir con las potencias tradicionales. Analistas deportivos coinciden en que el aumento del 30% en audiencias televisivas durante partidos con Messi —según datos de la última semana— no es casualidad, sino el reflejo de un cambio estructural.
Para los directivos, esta victoria simboliza algo más que tres puntos. Representa la validación de una apuesta arriesgada por figuras globales, una estrategia que ahora parece imparable. Equipos como LA Galaxy o New York City FC ya exploran fichajes de renombre, entendiendo que el «efecto Messi» no se limita a Miami.
En el terreno técnico, el partido expuso tanto las virtudes como las carencias de la MLS. La intensidad física de FC Dallas y los errores defensivos de Inter Miami recordaron que, más allá del brillo individual, la liga aún debe pulir su consistencia colectiva. Pero eso, justamente, es lo que hace atractivo el proyecto: la mezcla de estrellas consagradas con un fútbol en evolución.
El gol de Messi en el minuto 85 no solo decidió el encuentro, sino que selló un mensaje claro: la MLS ya no es un destino de retiro, sino un escenario donde el fútbol de élite puede —y debe— escribir nuevas historias.
El partido entre Inter Miami y FC Dallas quedó grabado como otro capítulo del legado de Lionel Messi en el fútbol: no solo por el gol decisivo que selló la victoria 3-2 en los minutos finales, sino por su capacidad para transformar un encuentro irregular en un espectáculo de jerarquía. Fue una noche donde la magia individual superó los errores defensivos, recordando que, incluso en la MLS, el genio argentino sigue dictando resultados cuando más se necesita. Quienes busquen entender el impacto real de una estrella global en una liga en crecimiento deberían estudiar partidos como este, donde la diferencia no está solo en el marcador, sino en cómo un jugador puede elevar el nivel de un equipo —y de un campeonato— con su mera presencia. La temporada apenas comienza, pero ya es claro que Miami no es el mismo sin Messi en el terreno, y que la liga, con él, gana un atractivo que trasciende fronteras.

