El Estadio Nou Camp estalló cuando Ángel Mena, con un zurdazo desde fuera del área al minuto 89, le dio vuelta al marcador y selló una remontada épica de León vs. Santos. El 2-1 final no solo fue un golpe anímico para los Guerreros, sino un mazazo en la tabla general: Santos se hunde en el sóano de la Liga MX, a solo un punto del descenso directo, mientras que La Fiera consolida su paso firme hacia la fiesta grande. El gol, un destello de genialidad en un partido donde el dominio local se topó una y otra vez con la resistencia de un rival que ya juega con el miedo en las piernas.
El duelo León vs. Santos trasciende lo deportivo cuando se mira el contexto: un equipo, el de Isaac Mizrahi, que suma su tercera victoria consecutiva en casa y se perfila como candidato serio al título; otro, el de Eduardo Fentanes, que acumula seis juegos sin ganar y ve cómo se le escapa el torneo entre errores defensivos y falta de contundencia. Para los aficionados, el partido fue un espejo: la garra leonesa frente a la desesperación santista, donde cada punto perdido ahora pesa como una losa. La pregunta ya no es si Santos reaccionará, sino si le queda tiempo para hacerlo.
El Clásico Jalisco que definía una temporada
El Clásico Jalisco entre León y Santos Laguna trascendía lo deportivo: era el duelo que marcaba el rumbo de la temporada. Con ambos equipos en extremos opuestos de la tabla, el partido se convirtió en un termómetro de sus aspiraciones. Los Guerreros, hundidos en la zona de descenso, llegaban con la urgencia de un triunfo que les devolviera el aliento. Mientras, la Fiera buscaba consolidar su paso firme hacia la liguilla, pero con la presión de un rival histórico que nunca regala puntos.
Los números no mentían: en los últimos cinco enfrentamientos, León había dominado con tres victorias y un empate, pero Santos siempre respondía con garras en el Estadio Nou Camp. Esta vez, el escenario era distinto. La afición santista, desesperada, llenó las gradas con un mensaje claro: «O ganamos o nos hundimos». El ambiente, eléctrico desde el primer silbato, reflejaba lo que estaba en juego.
El partido arrancó con un ritmo frenético. Santos, con más posesión pero poca profundidad, chocaba una y otra vez contra una defensa leonesa bien plantada. León, por su parte, apostaba por la velocidad de sus extremos y los contragolpes letales. Los analistas coincidían en un detalle clave: quien anotara primero llevaría el peso psicológico del encuentro.
El gol de León al 89’ no solo fue un mazazo en el marcador, sino un golpe simbólico. Santos, que había resistido con uñas durante todo el segundo tiempo, vio cómo se le escapaba el partido en el último suspiro. La remontada esmeralda dejó al descubierto las carencias defensivas de un equipo que, según las estadísticas de la Liga MX, llevaba cuatro partidos consecutivos recibiendo goles en los minutos finales.
Al final, el Clásico Jalisco volvió a demostrar por qué es uno de los duelos más intensos del fútbol mexicano. No hubo medio tiempo para el alivio: cada jugada, cada falta, cada mirada entre los jugadores cargaba el peso de una temporada que, para Santos, ahora pende de un hilo.
Un disparo desde fuera del área que lo cambió todo
El reloj marcaba 88:47 cuando el balón rodó hacia Víctor Dávila. Sin ángulo, con dos defensas cerrándole el espacio y el arquero ya en posición, el delantero chileno no lo pensó dos veces. Un zurdazo seco, con efecto, que se coló como un misil junto al poste izquierdo de Carlos Acevedo. El estadio Nou Camp estalló. No era un gol cualquiera: era el 2-1 que volteaba el marcador en el descuento, el golpe definitivo a un Santos que ya olía a victoria.
Los números no mienten. Según datos de Opta, solo el 3% de los remates desde fuera del área en la Liga MX terminan en gol. Pero Dávila, con esa pierna izquierda letal, lleva tres en lo que va del torneo. Este, sin embargo, pesó más que los otros dos juntos.
Santos había controlado el partido con orden táctico, pelotas paradas peligrosas y un gol tempranero de Alan Cervantes. Hasta que el caos llegó en forma de un disparo imposible. No hubo tiempo para reaccionar: el balón ya vibraba en la red cuando los jugadores laguneros entendieron que el destino les había girado la espalda.
El técnico Eduardo Fentanes se llevó las manos a la cabeza en la banca. Sabía que ese error defensivo—dejarle tanto espacio a Dávila en la frontal—se pagaría caro. Y así fue.
Santos al filo: ¿qué sigue tras el golpe?
El Santos Laguna se hunde en una crisis que va más allá de la derrota. Con este tropiezo, el equipo suma cinco partidos sin conocer la victoria, una racha que lo deja en el lugar 15 de la tabla general. Los números no mienten: en el último mes, la ofensiva solo ha convertido dos goles en juego, una sequía que contrasta con las expectativas generadas en pretemporada.
La presión sobre el cuerpo técnico crece. Analistas deportivos señalan que el esquema táctico ha perdido solidez, especialmente en la contención de balones aéreos, falla que León explotó en el gol del triunfo. La afición, históricamente paciente, comienza a mostrar señales de descontento en redes sociales.
El calendario no perdona. Santos enfrentará al América en la próxima jornada, un rival que ha ganado cuatro de los últimos cinco encuentros entre ambos. Sin refuerzos inmediatos y con lesiones clave en defensa, el margen de error se reduce a cero.
Queda por ver si la directiva optará por cambios radicales o apostará por la continuidad en un momento donde cada punto vale oro. Lo cierto es que, a estas alturas, el discurso de «proceso» ya no convence.
El León demostró una vez más por qué su mentalidad de campeón lo define: un golazo en el minuto 89’ no solo le dio la victoria, sino que dejó a Santos tambaleando en la tabla, con la presión de sumar puntos urgentes o arriesgarse a caer en zonas de descenso. La capacidad de los Panzas Verdes para reponerse en los minutos finales—con figuras como Di Yorio y Barreiro decidiendo—confirma que, cuando el juego se pone duro, su experiencia y jerarquía marcan la diferencia.
Santos, en cambio, debe replantear su estrategia defensiva y aprovechar el parón para reforzar su mediocampo, porque ceder así en el cierre de partidos ya no es un error ocasional, sino un patrón que puede costarle caro. La Liga MX no perdona, y el próximo duelo contra Puebla será la prueba definitiva de si la Escuadra Dorada aún tiene margen para reaccionar.
