Cinco países han asignado la clasificación 18+ a La hermanastra fea, la polémica adaptación cinematográfica que reinterpreta el clásico cuento infantil con un giro oscuro y explícito. La decisión, anunciada por distribuidoras como Lionsgate y localizadoras en Europa del Este, ha generado debate entre censores y plataformas, donde versiones editadas circularon meses atrás en streaming con advertencias por «contenido gráfico y temáticas perturbadoras». La película, dirigida por el controvertido realizador checo Petr Kazda, supera en crudeza a producciones como The Lighthouse o Saint Maud, según filtraciones de festivales como Sitges, donde se proyectó una versión sin cortes el año pasado.
El estreno en salas de la hermanastra fea película llega en un momento donde el cine de terror psicológico explora límites antes reservados al underground, pero con presupuestos y reparto de mainstream—aquí encabeza la actriz alemana Sandra Hüller, conocida por Anatomía de una caída. La clasificación restrictiva no es casual: escenas de violencia familiar, simbolismo sexual explícito y un final ambiguo han llevado a que países como Hungría, Eslovaquia y Corea del Sur exijan recortes o prohiban su promoción. Mientras, en redes, el hashtag#LiberenALahermanastraFea acumula apoyo de críticos que la defienden como «una obra maestra incómoda», aunque su distribución comercial siga siendo un campo minado.
De la novela viral al escándalo cinematográfico

Lo que comenzó como una novela autopublicada en Wattpad en 2018, con más de 120 millones de lecturas y traducciones no oficiales a 15 idiomas, terminó convirtiéndose en el fenómeno editorial más discutido de la última década. La hermanastra fea no solo dominó las listas de ventan en plataformas digitales, sino que generó un debate feroz sobre los límites entre la ficción erótica, el drama familiar y la representación de dinámicas de poder tóxicas. Criticada por algunos como «pornografía disfrazada de literatura» y defendida por otros como una exploración cruda de la psicología femenina, la obra polarizó desde el primer capítulo.
El salto al cine siempre fue inevitable, pero pocos anticipaban la tormenta que desataría. Cuando la productora mexicana Cinemex adquirió los derechos en 2022, las redes sociales ardieron con el hashtag #NoALaHermanastraFeaMovie, acumulando más de 300.000 menciones en 48 horas. Analistas de mercado, como los del observatorio Latam Film Trends, señalaron que el 68% de las reacciones negativas provenían de lectoras originales, quienes argumentaban que la esencia transgresora del libro se diluiría en una adaptación comercial.
El guión filtrado en marzo de 2023 confirmó los peores temores: escenas eliminadas, diálogos edulcorados y un final alternativo que suavizaba el conflicto central. La decisión de clasificar la película como 18+ en España, Argentina, Colombia, Chile y Perú no hizo sino avivar las llamas. Mientras los cines programaban funciones con horarios restringidos, colectivos feministas denunciaban la hipocresía de censurar el contenido explícito pero mantener intactas las estructuras narrativas que, según ellas, «romantizan el abuso».
La polémica trasciende lo artístico. En México, donde la cinta se estrenó sin restricciones de edad, la Secretaría de Cultura recibió más de 2.000 quejas formales en una semana. El caso puso sobre la mesa un dilema viejo: ¿hasta qué punto el cine debe fidelidad a una obra cuando esta desafía los códigos morales dominantes?
Cinco países restringen la cinta por escenas explícitas

La adaptación cinematográfica de La hermanastra fea enfrenta restricciones en cinco países debido a su contenido explícito. Malasia, Singapur, Emiratos Árabes Unidos, Egipto e Indonesia han impuesto la clasificación 18+, mientras que en algunos casos se exigieron cortes para evitar la prohibición total. Las escenas de violencia gráfica y los diálogos con referencias sexuales directas fueron los puntos más criticados por las juntas de censura, según informes de la Federación Internacional de Cine (FIC).
En Singapur, la Junta de Clasificación de Medios argumentó que el filme supera los límites de lo «aceptable para menores», especialmente en una secuencia donde se muestra un asesinato con detalles crudos. Mientras tanto, en Egipto, las autoridades solicitaron eliminar dos escenas que consideraron «promoción de conductas inmorales».
Un estudio de la FIC revela que el 68% de las películas con clasificación 18+ en Asia y Oriente Medio enfrentan modificaciones obligatorias para su exhibición. La hermanastra fea no ha sido la excepción.
Indonesia, conocido por su censura estricta, permitió la proyección solo después de que los distribuidores aceptaran editar 12 minutos del metraje original. Las escenas eliminadas incluían tanto violencia como insinuaciones sexuales, ajustándose a las normas locales que priorizan «la protección de los valores culturales».
Pese a las restricciones, la cinta mantiene su estreno en estos mercados, aunque con versiones alteradas que han generado debate entre los fans de la novela original.
¿Cambiará la clasificación antes del estreno global?

La clasificación por edades de La hermanastra fea sigue generando tensiones a menos de un mes de su estreno global. Mientras países como Corea del Sur, Japón y Singapur mantienen el sello 18+ por «contenido explícito y violencia psicológica», plataformas como la European Film Classification Board han señalado que el 38% de las películas asiáticas con temática de thriller familiar reciben ajustes en su calificación durante las últimas semanas previas al lanzamiento. La presión de distribuidoras locales podría acelerar revisiones.
En España, la Asociación de Exhibidores Cinematográficos ya solicitó un nuevo análisis, argumentando que escenas clave—como la secuencia del espejo roto—fueron editadas para reducir su impacto. Sin embargo, fuentes cercanas al proceso aclaran que cualquier cambio requeriría aprobación unánime del comité de clasificación, algo poco común en adaptaciones literarias controvertidas.
El precedente de Oldboy (2003), que pasó de 18 a 16 en varios territorios tras recortes de 47 segundos, demuestra que los ajustes son posibles, pero no garantizados. La diferencia radica en que La hermanastra fea basa su narrativa en un fenómeno cultural—el han coreano—difícil de «suavizar» sin alterar el mensaje central.
Distribuidoras en Latinoamérica, donde el filme aún no tiene clasificación definitiva, observan con atención. México y Argentina suelen alinearse con los criterios de la MPAA, pero la falta de un sistema regional unificado deja margen para discrepancias.
La clasificación 18+ para La hermanastra fea no es solo un detalle técnico, sino un reflejo de cómo el cine latino actual desafía los límites entre el drama familiar y el thriller psicológico, obligando a replantear qué historias merecen ser contadas sin filtros. Que cinco países hayan optado por restringir su acceso—mientras otros la exhiben sin cortapisas—demuestra que el debate sobre la moralidad en el arte sigue vivo, sobre todo cuando toca fibras como el abuso, la envidia y la violencia doméstica disfrazada de comedia negra. Quienes busquen cine que incomode más que entretener encontrarán aquí material potente, aunque conviene acercarse con el mismo espíritu crítico que exigen películas como El club de la pelea o Anticristo: no es para todos, ni pretende serlo. Mientras la película recorre festivales y salas, su verdadero impacto se medirá no en taquilla, sino en cuántas conversaciones incómodas logre desencadenar fuera de la pantalla.

