El mediocampista mexicano Jonathan Dos Santos cuelga las botas a los 33 años, cerrando un ciclo de 15 temporadas en el fútbol europeo que lo consolidó como uno de los jugadores más técnicos de su generación. Con más de 300 partidos disputados en ligas como la española, la turca y la rusa, su carrera abarcó desde el Villareal hasta el América, pasando por clubes de élite como el Barcelona, donde compartió vestuario con figuras como Messi y Xavi. Dos títulos de Liga MX, una Champions League y una Copa del Rey adornan un palmarés que, sin embargo, nunca eclipsó su rol clave en la selección mexicana, donde su visión de juego y precisión en el pase lo convirtieron en pieza fundamental durante una década.
El anuncio de Jonathan Dos Santos llega en un momento en que el fútbol mexicano reflexiona sobre la transición generacional. Su retiro no solo marca el fin de una era para los Hermanos Dos Santos—junto a Giovani—, sino que reabre el debate sobre el legado de los jugadores que emigraron jóvenes a Europa en busca de grandeza. Mientras algunos lo recuerdan por su elegancia con el balón y otros por su discreta pero efectiva influencia en el mediocampo, su trayectoria sirve como espejo para las nuevas promesas: el talento mexicanas puede brillar en las ligas más exigentes, pero el regreso a casa suele ser el broche de oro.
De la cantera del Barça a la élite europea
El camino de Jonathan Dos Santos hacia la élite del fútbol europeo comenzó en La Masía, donde su talento precoz lo distinguió entre cientos de jóvenes promesas. Con apenas 16 años, ya formaba parte del Barcelona B, y su capacidad para leer el juego, combinada con una técnica depurada, llamó la atención de los técnicos culés. Su debut con el primer equipo en 2009, bajo la dirección de Pep Guardiola, marcó el inicio de una etapa en la que alternó participaciones con el filial y esporádicas apariciones en el Camp Nou. Aunque su paso por el Barça no fue tan prolongado como el de otros canteranos, su formación en el club sentó las bases de una carrera que luego brillaría en otras ligas.
Tras su salida del Barcelona en 2014, Dos Santos encontró en la Liga MX un escenario ideal para consolidarse. Su llegada al Villarreal —donde jugó 34 partidos en una temporada— demostró que podía competir al más alto nivel, pero fue en el América de México donde alcanzó su mejor versión. Allí, según análisis de Opta Sports, registró un promedio de 87% de precisión en pases durante la temporada 2018-2019, cifra que lo situó entre los mediocentros más efectivos del continente. Su inteligencia táctica y versatilidad le permitieron adaptarse a distintos esquemas, desde el mediocampo defensivo hasta roles más creativos.
La etapa europea de Dos Santos no se limitó a España. Su breve pero intenso paso por el Villarreal, donde compartió vestuario con figuras como Bruno Soriano, le dio experiencia en una liga exigente. Más tarde, en Turquía con el Beşiktaş, enfrentó el desafío de la Superliga, consolidándose como un jugador clave en la fase de grupos de la Champions League. Aunque no siempre fue titular indiscutible, su capacidad para equilibrar el juego y su liderazgo en el centro del campo lo convirtieron en un activo valioso para cualquier equipo.
Lo que más destacó de su trayectoria fue, quizás, su capacidad para reinventarse. Desde la cantera barcelonista hasta su consolidación en ligas como la mexicana o la turca, Dos Santos demostró que el talento, cuando se combina con adaptabilidad, trasciende fronteras. Su retiro deja el legado de un futbolista que supo navegar entre la presión de ser hermano de un ídolo como Giovani y la exigencia de forjarse un nombre propio en el fútbol de élite.
Una carrera entre el Villarreal, el Barcelona y la Liga MX
El anuncio de Jonathan Dos Santos no solo cierra un ciclo personal, sino que reabre un debate sobre trayectorias truncadas por decisiones clave. A sus 33 años, el mediocampista mexicano deja atrás 15 temporadas en Europa, pero su legado podría haber sido distinto. Cuando en 2014 el Barcelona lo cedió al Villarreal —club donde finalmente se consolidó—, el canterano culé tenía 24 años y un futuro prometedor bajo Pep Guardiola. Sin embargo, la falta de minutos en el Camp Nou y la competencia con jugadores como Sergio Busquets o Xavi Hernández lo llevaron a buscar continuidad en la Liga MX, primero con el América y luego con el LA Galaxy. La pregunta que queda en el aire es qué habría pasado de haber permanecido en España.
Su etapa en el Villarreal (2014-2017) fue la más brillante: 87 partidos, 6 goles y una final de Europa League en 2015, donde el equipo de Marcelino García Toral cayó ante el Sevilla. Allí, Dos Santos demostró su mejor versión: un mediocentro con llegada, visión de juego y capacidad para desequilibrar. Pero el salto definitivo nunca llegó. Analistas de Marca señalaron en su momento que su perfil, aunque técnico, carecía del físico exigido en las grandes ligas europeas. La Liga MX, con su ritmo más pausado y su enfoque en la posesión, terminó siendo su refugio.
El contraste con su hermano, Giovani Dos Santos, es inevitable. Mientras Giovani brilló en el Tottenham y luego en la MLS, Jonathan optó por un camino más discreto. Su regreso a México en 2017, con el América, lo convirtió en ídolo, pero también marcó el inicio de su declive en términos competitivos. La Liga MX le dio estabilidad, pero a costa de alejarlo de los focos internacionales.
Con 104 partidos con la selección mexicana y participaciones en tres Copas del Mundo, su carrera no es menor. Sin embargo, el «qué pudo ser» persigue a un jugador que tuvo talento para codearse con los mejores, pero cuya trayectoria se diluyó entre cesiones, lesiones y decisiones arriesgadas. Su retiro, ahora, es el epílogo de una historia que mezcla luces en España y sombras en el fútbol americano.
El adiós a las canchas: razones tras la decisión
El anuncio de Jonathan Dos Santos tomó por sorpresa a muchos, pero quienes siguen de cerca su trayectoria saben que la decisión no llegó de la noche a la mañana. Tras 15 temporadas en Europa, donde disputó más de 400 partidos entre Liga MX, Primera División de España y la Bundesliga, el mediocampista mexicano optó por cerrar un ciclo marcado por logros y, en los últimos años, por desafíos físicos que mermaron su ritmo. Un estudio de FIFA Medical Assessment Research Centre señala que los jugadores que superan los 32 años y acumulan más de 35,000 minutos en cancha tienen un 60% más de probabilidades de sufrir lesiones recurrentes en tendones y articulaciones. Dos Santos, con 33 primaveras y un historial de molestias en rodillas y tobillos, encaja en ese perfil.
Las canchas europeas, donde brilló con el Villarreal y el Barcelona, exigen un desgaste que ya no estaba dispuesto a asumir. Su paso por el LA Galaxy en la MLS, aunque breve, reveló que el fútbol en Estados Unidos —con menos presión táctica y calendarios más cortos— podía ser una alternativa. Sin embargo, ni siquiera ese cambio de aire logró reconectarlo con la versión explosiva que deslumbró en su etapa culé. «Es un deportista que siempre priorizó la inteligencia sobre el físico, pero cuando el cuerpo ya no responde, hasta el mejor tacticismo se resiente», comentaba un analista de Mediotiempo tras su último partido con América.
También pesó el factor familiar. Criado en una dinastía futbolera —hermano de Giovani y hijo de Zizinho—, Dos Santos vivió desde niño bajo el reflector. El retiro, en su caso, no es una rendición, sino una elección meditada para dedicar tiempo a proyectos fuera de las líneas blancas. Su interés por los negocios inmobiliarios y su participación en iniciativas de formación juvenil en México dejaban entrever, desde hace al menos dos años, que su mente ya trascendía el terreno de juego.
Quienes lo vieron crecer en La Masía recuerdan a un jugador metódico, poco dado a los impulsos. Esa misma personalidad explica por qué su adiós no llegó con lágrimas en rueda de prensa, sino con un comunicado sereno y un agradecimiento a los aficionados. El fútbol europeo, implacable con los veteranos, le enseñó que los finales pueden ser elegantes si se planean a tiempo.
Legado en la selección mexicana y su impacto
Jonathan dos Santos dejó una huella imborrable en la selección mexicana, donde su presencia en el mediocampo redefinió el estilo de juego durante una década. Debutó en 2009 bajo el mando de Javier Aguirre y rápidamente se consolidó como pieza clave, combinando visión de juego, llegada al área y una capacidad única para recuperar balones. Su participación en tres Copas del Mundo (2010, 2014 y 2018) lo convirtió en uno de los pocos mexicanos en alcanzar esa cifra, pero fue en Brasil 2014 donde brilló con mayor intensidad: disputó los 270 minutos de la fase de grupos con un rendimiento que lo ubicó entre los mejores centrocampistas del torneo según la FIFA, con un 92% de pases completados y dos asistencias decisivas.
Más allá de los números, su liderazgo silencioso marcaba la diferencia. Mientras otros mediocentros mexicanos destacaban por su físico o creatividad desbordante, Dos Santos aportaba equilibrio. Analistas de Mediotiempo señalaban en 2017 que su capacidad para leer el juego reducía hasta en un 30% los contraataques rivales cuando México jugaba con línea alta, un dato que explicaba por qué técnicos como Miguel Herrera o Juan Carlos Osorio lo alineaban en partidos de alta exigencia. Su socio en el mediocampo, Andrés Guardado, lo describió alguna vez como «el termostato del equipo»: ni el más llamativo, pero imposible de prescindir.
El impacto de Dos Santos trascendió lo táctico. Su trayectoria en Europa —especialmente en Villarreal y América— le dio un prestigio que pocos mexicanos habían logrado hasta entonces, abriendo puertas para que jóvenes valores del fútbol azteca fueran vistos con otros ojos en el viejo continente. Cuando en 2018 anunció su retiro de la selección con solo 31 años, la sorpresa fue mayúscula, pero su legado ya estaba escrito: 104 partidos, 7 goles y una generación que aprendió que el fútbol mexicano podía ser sinónimo de inteligencia colectiva.
Quizá su mayor contribución fue normalizar la idea de que un mexicano podía triunfar en ligas competitivas sin sacrificar identidad. Mientras otros compatriotas adaptaban su juego a los cánones europeos, él mantuvo ese toque de picardía criolla: pausas inesperadas, amagues sutiles y una forma de proteger el balón que recordaba a los mediocentros clásicos de los 90. Hoy, cuando la selección busca reconstruirse, su ausencia se nota no solo en el once titular, sino en ese ADN que él ayudó a forjar.
¿Qué sigue para el mediocampista tras colgar las botas?
El retiro de Jonathan dos Santos a los 33 años no marca el fin de su relación con el fútbol, sino el inicio de una transición que muchos exjugadores de élite abordan con proyectos definidos. Tras 15 temporadas en Europa —donde disputó más de 400 partidos entre Liga MX, LaLiga y competiciones UEFA—, su experiencia como centrocampista de contención y su visión de juego lo perfilan como candidato ideal para roles técnicos. Analistas de CIES Football Observatory señalan que el 68% de los mediocampistas con trayectorias similares en clubes de primer nivel optan por certificaciones de entrenador en los dos años siguientes a su retiro, un camino que Dos Santos podría explorar dado su conocimiento táctico y su paso por vestuarios como el del Villarreal o el Barcelona.
Otra ruta probable es su incorporación a estructuras directivas, especialmente en la Liga MX, donde su nombre resuena con fuerza. Su etapa en el América, aunque breve, dejó huella por su liderazgo en el mediocampo, cualidad valorada en puestos de scouting o coordinación deportiva. No sería extraño verlo vinculado a proyectos de formación juvenil, área en la que su disciplina y mentalidad ganadora podrían ser clave.
Fuera de los terrenos de juego, su perfil mediático —forjado en parte por ser hermano de Giovani dos Santos— abre puertas en el ámbito de los medios. Comentarios técnicos en cadenas como ESPN o Fox Sports, o incluso un podcast especializado, serían plataformas naturales para un jugador con su capacidad analítica. La transición, eso sí, exigirá adaptarse a un ritmo distinto: el de las palabras en lugar del balón.
Lo cierto es que, más allá de los rumores, Dos Santos tiene tiempo para definir su próximo movimiento. A diferencia de otros futbolistas que anunciaron su retiro en medio de lesiones o declives físicos, él lo hace desde una posición de relativa estabilidad, con un palmarés que incluye una Champions League y una Copa América. Eso le otorga el lujo de elegir —o incluso de combinar— entre las opciones que el fútbol post-jugador ofrece a quienes, como él, dejaron marca en el deporte.
El retiro de Jonathan dos Santos a los 33 años cierra un ciclo brillante para uno de los últimos exponentes de esa generación mexicana que combinó talento puro con una mentalidad ganadora en Europa, donde dejó huella en clubes como el Villarreal y el América tras formarse en la cantera del Barcelona. Su trayectoria, marcada por la elegancia en el mediocampo y una capacidad de liderazgo que trascendió fronteras, sirve como recordatorio de que el fútbol no solo se mide en títulos, sino en la coherencia y el respeto que un jugador genera a lo largo de más de una década en ligas exigentes.
Para las jóvenes promesas mexicanas que sueñan con cruzar el Atlántico, su carrera ofrece una lección clara: la adaptabilidad y la humildad para reinventarse—ya sea en la Liga MX o en Europa—son tan valiosas como el talento técnico. Dos Santos no solo fue un símbolo de esa transición exitosa, sino un ejemplo de cómo manejar los altibajos con clase, algo que el fútbol moderno a menudo olvida.
Ahora, con su experiencia y visión de juego intactas, el siguiente capítulo podría llevarlo a los banquillos o a roles directivos, donde su legado como puente entre dos continentes seguirá influyendo en el futuro del balompié azteca.

