El fuego arrasó con 15 puestos del mercado municipal de Santa Ana Chiautempan en menos de dos horas, dejando a su paso tres personas heridas—dos comerciantes y un bombero—y pérdidas materiales que superan el millón de pesos. Las llamas, que comenzaron cerca de la sección de abarrotes, se propagaron con rapidez por la estructura de madera y lámina, colapsando parte del techo antes de que los cuerpos de emergencia lograran controlarlas. Testigos relataron el pánico entre los locatarios, que intentaban salvar mercancía mientras el humo negro cubría las calles aledañas.
Santa Ana Chiautempan, conocido por su actividad comercial y su mercado como eje económico para cientos de familias, enfrenta ahora el reto de reconstruir lo perdido. El incendio no solo afectó a los dueños de los locales—muchos de ellos con décadas de trayectoria—, sino que también generó preocupaciones sobre las condiciones de seguridad en instalaciones públicas. Autoridades locales ya anunciaron una investigación para determinar las causas exactas, pero el siniestro reavivó el debate sobre la urgencia de modernizar infraestructuras en municipios donde el comercio informal y tradicional conviven con riesgos latentes.
El mercado que alimenta a Chiautempan desde 1987

El Mercado Municipal de Santa Ana Chiautempan no es solo un centro de abasto. Desde su inauguración en 1987, se convirtió en el corazón económico de este municipio tlaxcalteca, donde más del 60% de los comerciantes son mujeres, según datos de la Secretaría de Economía local. Sus pasillos estrechos y el aroma a comida tradicional atraen cada día a cientos de familias que dependen de sus 200 puestos para surtirse de alimentos, ropa y artesanías.
Ubicado a unas calles del centro histórico, el mercado destaca por su oferta de productos regionales como el pulque, el mole prieto y los textiles bordados. Los domingos, la afluencia se triplica cuando arrive gente de pueblos cercanos a comprar en los puestos de granos, carnes y especias que han pertenecido a las mismas familias por generaciones.
Su relevancia va más allá de lo comercial. Aquí se preservan tradiciones como el trueque en las «tianguis de la canasta», donde agricultores intercambian sus cosechas. El incendio del pasado martes no solo dañó estructuras, sino que amenazó un ecosistema social que ha resistido crisis económicas y cambios políticos.
Vendedores como doña María —quien lleva 30 años en su local de chiles secos— aseguran que el mercado es «la despensa de Chiautempan». Su recuperación no será solo reconstruir paredes, sino salvar un legado que alimenta al municipio desde hace 36 años.
Daños materiales y heridos tras el voraz incendio

El fuego arrasó con 15 puestos del mercado municipal, dejando pérdidas materiales que superan los 2.5 millones de pesos, según estimaciones preliminares de Protección Civil estatal. Los daños más graves se concentraron en la zona de abarrotes y carnes, donde las llamas consumieron mercancía, equipos de refrigeración y estructuras de madera.
Tres personas resultaron con lesiones: dos comerciantes que intentaron sofocar el incendio con extintores portátiles y un bombero que sufrió intoxicación por humo. Los afectados fueron trasladados al hospital regional para recibir atención médica.
Testigos relataron que el humo negro se podía ver a kilómetros de distancia. «En menos de 20 minutos, el fuego ya había saltado a tres locales contiguos», comentó un vendedor de la zona.
Especialistas en seguridad contra incendios señalan que mercados con estructuras antiguas y cables eléctricos expuestos —como este, construido en los años 70— tienen un riesgo 40% mayor de propagación rápida de llamas. Las investigaciones para determinar el origen exacto continúan.
Reconstrucción y apoyos: ¿qué sigue para los locatarios?

Las autoridades municipales ya trabajan en un plan de reconstrucción para los 15 locales dañados por el incendio en el mercado de Santa Ana Chiautempan. Según el último reporte de Protección Civil, al menos 8 puestos sufrieron pérdidas totales, mientras que los 7 restantes presentaron afectaciones parciales en estructura y mercancía. El ayuntamiento anunció que priorizará la evaluación de riesgos antes de autorizar cualquier reparación, con apoyo de peritos en seguridad de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.
Para los locatarios, el camino no será sencillo. Estudios de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco) indican que el 60% de los pequeños negocios en mercados públicos no logran recuperarse tras un siniestro de esta magnitud sin ayuda externa. Por ello, el gobierno estatal prometió gestiones ante el Fondo para la Atención de Emergencias (FAE) para acceder a recursos federales.
Mientras tanto, comerciantes como doña Rosa —dueña de un puesto de abarrotes desde hace 20 años— ya organizan brigadas para limpiar escombros. «No podemos esperar a que todo llegue de arriba», comentó entre los restos carbonizados de su local. La solidaridad entre vecinos ha sido clave: algunos ofrecen espacios temporales para vender, otros donan herramientas.
El cronograma oficial estima que las primeras autorizaciones para reconstruir podrían emitirse en 10 días hábiles, siempre que los dictámenes técnicos no revelen fallas en la infraestructura del mercado. Hasta entonces, los afectados dependerán de los apoyos inmediatos, como los kits de limpieza y alimentos que ya distribuye la Cruz Roja local.
El incendio en el mercado de Santa Ana Chiautempan deja al descubierto las vulnerabilidades en infraestructura y protocolos de seguridad que requieren atención inmediata, pues 15 negocios destruidos y tres personas heridas son consecuencias que pudieron evitarse con medidas preventivas básicas. La falta de extintores funcionales, salidas de emergencia obstruidas y conexiones eléctricas defectuosas—detalles recurrentes en percances similares—subrayan la urgencia de actuar antes de que otro siniestro repita la historia. Las autoridades municipales deben exigir inspecciones rigurosas en todos los mercados de la región, con énfasis en capacitación para comerciantes sobre manejo de crisis, mientras los afectados reciben apoyo ágil para reconstruir sus fuentes de ingreso. La reconstrucción del mercado no solo será un test de resiliencia comunitaria, sino también una oportunidad para establecer estándares que protejan el sustento de cientos de familias en el futuro.

