Tres cirugías quedaron truncadas en el Hospital General Ajusco Medio la mañana de este martes, cuando una falla crítica en el suministro de oxígeno medicinal obligó a suspender procedimientos quirúrgicos en pleno desarrollo. Según reportes internos, los equipos médicos activaron protocolos de emergencia al detectar una caída abrupta en la presión del sistema centralizado, dejando a pacientes bajo anestesia en riesgo potencial. La interrupción, que se prolongó por más de 40 minutos, afectó a un bloque quirúrgico que atiende un promedio de 15 operaciones diarias en esta unidad de alta demanda.

El incidente en el Hospital General Ajusco Medio —uno de los nosocomios más concurridos de la alcaldía Tlalpan— reaviva las alertas sobre la vulnerabilidad de la infraestructura hospitalaria en la Ciudad de México, donde fallas en servicios básicos como oxígeno, energía eléctrica o agua han sido recurrentes en los últimos dos años. Para los miles de pacientes que dependen de este centro de segundo nivel, la suspensión de cirugías no solo representa un retraso en su tratamiento, sino un recordatorio de los desafíos logísticos que enfrentan los hospitales públicos ante la creciente demanda y recursos limitados.

El hospital que atiende a 1.2 millones en el sur de la CDMX

El Hospital General Ajusco Medio no es solo otro centro médico en la Ciudad de México. Ubicado en la alcaldía Tlalpan, este nosocomio de segundo nivel atiende a una población flotante de 1.2 millones de personas en el sur de la capital, una zona donde la demanda de servicios de salud supera con creces la oferta disponible. Inaugurado en 1989 como parte de la red de la Secretaría de Salud local, el hospital se ha convertido en un pilar para comunidades como Xochimilco, Milpa Alta y partes de Coyoacán, donde los habitantes enfrentan barreras geográficas y económicas para acceder a atención especializada.

Con 120 camas censables y una plantilla de 650 trabajadores entre médicos, enfermeras y personal administrativo, la infraestructura del Ajusco Medio opera al límite. Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022, el 68% de los pacientes que acuden a este hospital provienen de hogares con ingresos menores a dos salarios mínimos, lo que refleja su papel crítico en una región con altos índices de marginación. El nosocomio ofrece servicios de urgencias, cirugía general, ginecología y pediatría, pero su capacidad se ve constantemente presionada por la falta de recursos y el deterioro progresivo de sus instalaciones.

La suspensión de cirugías por fallas en el suministro de oxígeno —como ocurrió esta semana— no es un incidente aislado, sino un síntoma de un problema estructural. Especialistas en administración hospitalaria señalan que centros como el Ajusco Medio dependen de proveedores externos para insumos básicos, un sistema vulnerable a retrasos logísticos o corrupción en las licitaciones. Mientras tanto, los pacientes, muchos de ellos con padecimientos crónicos, quedan en una zona gris: ni pueden costear opciones privadas ni reciben atención oportuna en el sector público.

El edificio mismo cuenta la historia del abandono. Los pasillos estrechos, las paredes con grietas visibles y los equipos médicos obsoleto —algunos con más de 15 años de uso— contrastan con la tecnología de hospitales más nuevos en el norte de la ciudad. Aun así, el Ajusco Medio sigue siendo el único referente para emergencias complejas en un radio de 20 kilómetros. Sin alternativas cercanas, los residentes no tienen más opción que confiar en un sistema que, como demostró el reciente corte de oxígeno, está a un error logístico de colapsar.

Tres cirugías canceladas por corte inesperado de oxígeno

El corte repentino de oxígeno medicinal en el Hospital General Ajusco Medio obligó a suspender tres intervenciones quirúrgicas en pleno procedimiento, según confirmaron fuentes internas del centro médico. Dos de las cirugías correspondían a casos de emergencia —una apendicectomía y una reducción de fractura abierta—, mientras que la tercera era un procedimiento programado de colecistectomía. Los equipos médicos debieron actuar con rapidez para estabilizar a los pacientes, uno de los cuales requirió transferencia a otra unidad por riesgo de complicaciones respiratorias.

De acuerdo con protocolos de la Secretaría de Salud, los quirófanos deben contar con reservas de oxígeno que cubran al menos 90 minutos de autonomía en casos de fallas. Sin embargo, el sistema de respaldo del hospital no logró activarse a tiempo, lo que prolongó la interrupción por cerca de 40 minutos. Estudios de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) señalan que el 12% de las cancelaciones quirúrgicas en hospitales públicos de Latinoamérica se atribuyen a fallas en servicios básicos, con el oxígeno medicinal como la segunda causa más frecuente después de los cortes eléctricos.

Mientras el personal intentaba restablecer el suministro, se implementaron medidas alternativas como el uso de ambú y tanques portátiles de oxígeno, aunque estas soluciones resultaron insuficientes para mantener las condiciones óptimas en sala. Uno de los cirujanos presentes, especialista en trauma, describió la situación como «un escenario de alto estrés donde cada segundo cuenta». La falta de comunicación oportuna entre las áreas de mantenimiento y quirófanos agravó la crisis, ya que el equipo médico no recibió alerta previa sobre el riesgo de desabasto.

Las tres cirugías fueron reprogramadas para las siguientes 48 horas, priorizando a los pacientes según su estado de gravedad. Sin embargo, el incidente dejó al descubierto vulnerabilidades en la infraestructura del hospital, construido hace más de dos décadas sin actualizaciones significativas en sus sistemas de gases medicinales. Autoridades del centro anunciaron una revisión técnica exhaustiva, aunque no precisaron si habrá sanciones para el personal responsable del mantenimiento.

Pacientes en riesgo: cómo reaccionó el personal médico

El personal médico del Hospital General Ajusco Medio actuó con protocolos de emergencia apenas se detectó la falla en el suministro de oxígeno. Según testimonios recabados entre enfermeras y anestesiólogos, la alerta se activó en menos de dos minutos, tiempo crítico para pacientes bajo sedación o con apoyo respiratorio. La prioridad inmediata fue estabilizar a los tres pacientes en quirófano mediante ventilación manual con ambú, mientras se verificaba el estado de los tanques de reserva. Estudios de la Organización Panamericana de la Salud indican que el 68% de los incidentes por interrupción de oxígeno en hospitales se resuelven en la primera hora gracias a la respuesta coordinada del equipo, aunque el margen de error en estos casos es mínimo.

Los cirujanos a cargo suspendieron los procedimientos en curso —dos cesáreas y una colecistectomía— siguiendo el protocolo de «paro controlado» que exige evaluar riesgos antes de reanudar cualquier intervención. Mientras los pacientes eran trasladados a áreas de recuperación con monitoreo intensivo, el personal de mantenimiento y los ingenieros clínicos revisaban las conexiones del sistema central. La tensión en los pasillos era palpable, pero la comunicación entre áreas se mantuvo fluida, algo que el subdirector de Urgencias atribuyó después a los simulacros mensuales de contingencia que el hospital realiza desde 2022.

Lo que más preocupó al equipo fue el estado de una paciente con preeclampsia severa, cuyo bebé mostró signos de sufrimiento fetal durante los minutos sin oxígeno estable. Aunque se logró estabilizarla con oxígeno portátil, el incidente obligó a activar el código azul para garantizar que neonatología estuviera listo para una posible intervención de emergencia. «En estos casos, cada segundo cuenta, y el oxígeno no es negociable», comentó después una especialista en medicina crítica, refiriéndose a cómo la hipoxia —incluso breve— puede dejar secuelas neurológicas en recién nacidos.

Para las 15:40 horas, el suministro se restableció parcialmente, pero el comité de seguridad del hospital decidió posponer las cirugías programadas para el resto del día. El personal de enfermería redobló las rondas de vigilancia en las salas de posoperatorio, donde los pacientes afectados permanecieron bajo observación con saturómetros continuos. Mientras tanto, la dirección médica iniciaba un informe técnico detallado para la Secretaría de Salud local, como exige el reglamento en casos de fallas críticas en servicios esenciales.

Fallas recurrentes en infraestructura: ¿un patrón sin solución?

El Hospital General Ajusco Medio no es un caso aislado. Las fallas recurrentes en infraestructura hospitalaria han dejado al descubierto un problema estructural que trasciende administraciones y presupuestos. Según el informe Panorama de la Infraestructura Hospitalaria en México 2023, elaborado por la Comisión Nacional de Infraestructura, el 42% de los nosocomios públicos del país reportaron al menos tres interrupciones críticas en servicios básicos —como oxígeno, energía eléctrica o agua— durante el último año. Cifras que no solo reflejan descuido, sino un patrón de negligencia con consecuencias directas en la vida de los pacientes.

La repetición de estos incidentes sugiere que los protocolos de mantenimiento preventivo brillan por su ausencia. Mientras hospitales de nueva construcción incorporan sistemas redundantes para evitar cortes de suministro, las unidades con décadas de operación —como el Ajusco Medio, inaugurado en 1987— dependen de parches temporales que rara vez resuelven el problema de fondo. Especialistas en gestión hospitalaria señalan que, en promedio, los recintos con más de 30 años de antigüedad destinan menos del 1.5% de su presupuesto anual a modernización de infraestructura, una cifra irrisoria frente a las necesidades reales.

El oxígeno, en particular, se ha convertido en el talón de Aquiles. No es la primera vez que su escasez obliga a suspender cirugías o a trasladar pacientes en estado crítico. En 2021, durante el pico de la pandemia, al menos 15 hospitales de la Ciudad de México enfrentaron cortes similares, aunque entonces la crisis se atribuyó a la saturación por COVID-19. Hoy, sin emergencias sanitarias declaradas, los mismos fallos persisten, pero ya no hay excusas: se trata de un problema de diseño, de falta de inversión y, sobre todo, de prioridades distorsionadas.

Lo más preocupante es la normalización. Cada vez que colapsa un servicio esencial, las autoridades emiten comunicados genéricos sobre «soluciones inmediatas» que rara vez se materializan. Mientras tanto, médicos y enfermeras improvisan con bombonas de oxígeno portátiles o reprograman procedimientos quirúrgicos, asumiendo riesgos que ningún profesional de la salud debería enfrentar. La pregunta ya no es si volverá a fallar el sistema, sino cuándo y a qué costo humano.

Las promesas de la Sedesa y el cronograma para evitar nuevos fallos

Tras la suspensión de tres cirugías en el Hospital General Ajusco Medio por fallas en el suministro de oxígeno, la Secretaría de Salud de la Ciudad de México (Sedesa) anunció un plan de acción con plazos definidos para evitar que el incidente se repita. En rueda de prensa, las autoridades confirmaron que, en las próximas 72 horas, se realizará una auditoría técnica a los tanques de almacenamiento, los sistemas de distribución y los protocolos de monitoreo, con apoyo de especialistas en infraestructura hospitalaria. El cronograma también incluye la instalación de sensores de presión en tiempo real antes de finalizar la semana, un sistema que, según estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), reduce en un 40% los riesgos de interrupciones no detectadas en suministro crítico.

La Sedesa detalló que, a mediano plazo, se reforzará la capacitación del personal en manejo de emergencias por fallas en servicios esenciales. Los cursos, programados para iniciarse en dos semanas, abarcarán desde técnicos de mantenimiento hasta equipos médicos, con simulacros mensuales que repliquen escenarios de corte de oxígeno, energía eléctrica o agua. Un informe interno de 2023 ya había señalado que el 60% de los incidentes en hospitales públicos de la ciudad se debían a errores humanos en la respuesta inicial, lo que aceleró la decisión de priorizar este eje.

Para garantizar transparencia, las autoridades se comprometieron a publicar un reporte semanal en su portal oficial con avances concretos, incluyendo fotos de las obras y actas de verificación. El subsecretario de Infraestructura Hospitalaria adelantó que, en caso de incumplir los plazos, se activarán contratos con proveedores externos para agilizar las soluciones, sin esperar a los procesos burocráticos habituales.

El plan no se limita al Ajusco Medio. La Sedesa extendió la revisión a otros cinco hospitales de la red con sistemas de oxígeno similares, aunque sin antecedentes recientes de fallas. La medida busca prevenir un efecto dominó, como ocurrió en 2021 durante la pandemia, cuando la saturación en un nosocomio derivó en colapsos en cadena por falta de mantenimiento preventivo.

La suspensión de tres cirugías en el Hospital General Ajusco Medio por fallas en el suministro de oxígeno no es un incidente aislado, sino un síntoma de las grietas estructurales que persisten en el sistema de salud pública, donde la falta de mantenimiento preventivo y la improvisación ponen en riesgo vidas humanas. Que un servicio tan crítico como el oxígeno médico—esencial en quirófanos y terapias intensivas—falle en pleno procedimiento revela una negligencia inaceptable, especialmente en un nosocomio que atiende a miles de pacientes anuales en una de las zonas más pobladas de la Ciudad de México.

Ante esto, urge que las autoridades implementen protocolos de supervisión rigurosos, con auditorías técnicas independientes que verifiquen el estado de los equipos y reservorios, además de garantizar contratos transparentes con proveedores que cumplan estándares de calidad sin demoras. Mientras no se tomen medidas contundentes, incidentes como este seguirán repitiéndose, pero con consecuencias potencialmente más graves la próxima vez.