Doce cuerpos sin vida, envueltos en plástico y enterrados a menos de dos metros de profundidad, sacudieron a los vecinos de Milpa Alta cuando fueron descubiertos en los terrenos de una lujosa villa abandonada. Las autoridades confirmaron que los restos presentaban signos de violencia, mientras peritos trabajan contra reloj para determinar su identidad y las causas exactas de la muerte. El hallazgo, realizado durante un operativo rutinario, reveló que la propiedad—valurada en más de 15 millones de pesos—había sido usada como fosa clandestina durante meses, posiblemente años.

La villa Milpa Alta, conocida por su arquitectura de alto nivel y su ubicación en una zona residencial exclusiva, se convirtió en el epicentro de una investigación que ya involucra a la Fiscalía capitalina y a la Guardia Nacional. El caso no solo expone la vulnerabilidad de inmuebles deshabitados en áreas aparentemente seguras, sino que reabre el debate sobre la infiltración del crimen organizado en zonas periurbanas. Mientras los dueños originales de la propiedad—una familia de empresarios que la abandonó en 2022—son localizados para declarar, los habitantes de la colonia exigen respuestas sobre cómo una mansión en villa Milpa Alta pudo convertirse en escenario de un crimen de esta magnitud sin que nadie lo notara.

De la opulencia al abandono: historia de la mansión

De la opulencia al abandono: historia de la mansión

La mansión de Milpa Alta, ahora escenario de un macabro descubrimiento, fue en su momento símbolo del poder económico que floreció en la zona durante las primeras décadas del siglo XX. Construida en 1923 por un magnate textil vinculado a la élite porfiriana, el inmueble destacó por su arquitectura neoclásica, jardines diseñados por paisajistas europeos y una capilla privada con vitrales importados de Bélgica. Con más de 3,000 metros cuadrados y 17 habitaciones, la propiedad valía en su apogeo el equivalente a medio millón de pesos oro—una fortuna que hoy superaría los 150 millones de pesos, según estimaciones de historiadores del patrimonio inmobiliario.

El declive comenzó en los años 50, cuando la familia propietaria emigró a Europa tras la nacionalización de sus fábricas. La casa pasó por manos de tres dueños más, cada uno con proyectos fallidos: un hotel boutique que nunca abrió, un centro de retiros espirituales clausurado por irregularidades y, finalmente, un intento de subasta que quedó truncado en 2008 por disputas legales.

Para 2015, el abandono era total. Vecinos recuerdan cómo los saqueadores se llevaron desde lámparas de cristal hasta los marcos de las puertas, dejando al descubierto estructuras de madera carcomida por la humedad. Las autoridades locales registraron al menos cinco denuncias por invasiones entre 2017 y 2022, pero ninguna derivó en acciones concretas.

El último informe de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial, publicado en 2021, clasificó el inmueble como «riesgo estructural grave» y advirtió sobre el colapso inminente de dos alas del edificio. La advertencia quedó archivada.

Doce cuerpos y pistas que desconciertan a las autoridades

Doce cuerpos y pistas que desconciertan a las autoridades

Los restos hallados en la villa abandonada de Milpa Alta plantean más preguntas que respuestas. Entre los 12 cuerpos, al menos cinco presentaban signos de violencia extrema: fracturas craneales compatibles con golpes contundentes y marcas de ligaduras en muñecas y tobillos. Un informe preliminar de la Fiscalía General de Justicia capitalina señala que tres de las víctimas eran menores de edad, lo que añade un giro macabro al caso.

Lo más desconcertante para los investigadores es la distribución de los cadáveres. Cuatro fueron enterrados en fosas poco profundas bajo el jardín trasero, mientras que los ocho restantes aparecieron dentro de la propiedad: dos en el sótano, tres en un cuarto sellado con tablones y los últimos en el fondo de la alberca seca. Esta dispersión sistemática sugiere un patrón deliberado, algo que, según criminólogos consultados por medios locales, es típico en casos de crimen organizado donde se busca confundir las líneas de investigación.

El estado de descomposición varía drásticamente. Algunos cuerpos, como el de una mujer encontrada con un vestido de novia, datan de menos de un año, mientras que otros superan la década, según los primeros análisis forenses. La Procuraduría capitalina confirmaba ayer que al menos dos víctimas tenían registros previos de desaparición en el Estado de México entre 2015 y 2017.

Un detalle que ha llamado la atención es la ausencia total de documentos de identidad entre los restos. Ni carteras, ni teléfonos, ni siquiera joyas que pudieran facilitar su reconocimiento. Esto, sumado a que la villa cambió de dueño tres veces en los últimos cinco años —según registros del Catastro—, complica aún más el rastro de los responsables.

Vecinos exigen respuestas: ¿qué pasará con el terreno?

Vecinos exigen respuestas: ¿qué pasará con el terreno?

El descubrimiento de los 12 cuerpos en la villa abandonada de Milpa Alta ha encendido las alarmas entre los vecinos. Desde el lunes, grupos de residentes se han congregado frente al predio, exigiendo aclaraciones sobre el destino del terreno y las medidas de seguridad que se implementarán. Algunos portan carteles con consignas como «No más impunidad» y «Queremos respuestas», mientras que otros relatan cómo la zona, antes tranquila, ahora les genera desconfianza.

Según datos de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, en lo que va del año se han registrado 47 hallazgos similares en propiedades abandonadas de la capital, aunque ninguno con el mismo número de víctimas. Esto ha llevado a que especialistas en seguridad urbana adviertan sobre la urgencia de regular los inmuebles en desuso, que suelen convertirse en focos de actividad delictiva.

La villa, ubicada en una zona de alto valor ecológico, lleva más de cinco años en abandono. Vecinos señalan que, pese a las denuncias por invasiones y actividades sospechosas, las autoridades nunca intervinieron. Ahora, temen que el lugar se convierta en un imán para más violencia si no hay un plan claro.

Mientras las investigaciones avanzan, la presión ciudadana crece. La Asamblea Vecinal de Milpa Alta ya solicitó una reunión con la alcaldía para discutir propuestas concretas: desde la demolición del inmueble hasta su conversión en un espacio comunitario vigilado. Lo único cierto es que, tras este hallazgo, el silencio ya no es una opción.

El descubrimiento de los doce cuerpos en la villa abandonada de Milpa Alta no solo expone una red de violencia oculta tras los muros de lo que alguna vez fue un símbolo de opulencia, sino que también obliga a replantear cómo se vigilan las propiedades deshabitadas en zonas de alto riesgo. La impunidad con la que operaron durante años en ese lugar subraya fallas sistémicas que van más allá de un caso aislado, tocando fibras de corrupción y negligencia institucional. Ante esto, las autoridades deben implementar protocolos de monitoreo estrictos para inmuebles en abandono, con inspecciones periódicas y coordinación entre fiscalías locales y federales, antes de que otra propiedad se convierta en tumba clandestina. Mientras la investigación avanza, el caso quedará como un recordatorio brutal de que la justicia tardía es, para las víctimas, una justicia a medias.