El Camp Nou vibró con un gol de penal de Antoine Griezmann que selló la victoria del Barcelona 2-1 sobre el Athletic en un partido donde la presión y la polémica se mezclaron hasta el último minuto. El francés, cuestionado en las últimas semanas, respondió con frialdad desde los once metros en el minuto 76, rompiendo un empate que amenazaba con dejar escapados dos puntos clave en la lucha por LaLiga. Fue su tercer gol en los últimos cuatro encuentros contra el conjunto vasco, un rival que siempre exige lo mejor del Barça.

El duelo entre Barcelona – Athletic llegó cargado de expectativas tras el tropiezo culé ante el Granada y la necesidad de recuperar terreno. Pero más allá de los tres puntos, el encuentro dejó al descubierto las carencias defensivas de un equipo que, pese a dominar el balón, sigue concediendo espacios peligrosos. Para los de Koeman, cada victoria es un respiro; para los de Marcelino, una confirmación de que su solidez no depende del escenario. En un torneo donde el margen de error es mínimo, partidos como este marcan la diferencia entre aspirar al título o conformarse con la Europa League.

El Clásico duelo que reabrió heridas antiguas

El Clásico del fútbol español volvió a encender la mecha de una rivalidad que trasciende lo deportivo. Barcelona y Athletic Club no solo midieron fuerzas en el Camp Nou, sino que revivieron tensiones históricas que se remontan a décadas de enfrentamientos cargados de simbolismo. El penal convertido por Griezmann a los 74 minutos no fue solo un gol: fue el detonante de polémicas que recordaron viejos roces entre el estilo culé y la garra leonesa.

Los jugadores del Athletic, conocidos por su juego físico y directo, protestaron airadamente la decisión arbitral. Imágenes de Iñaki Williams discutiendo con el árbitro circularon en redes, evocando el espíritu combativo que define al equipo vasco. Según datos de Opta, este partido acumuló 29 faltas, la cifra más alta en un Barça-Athletic desde 2018.

La grada, por su parte, no se quedó atrás. Cánticos y banderas independentistas en el sector visitante contrastaron con los «Visca el Barça» que resonaban en el resto del estadio. Un duelo que, más allá del 2-1, dejó al descubierto que algunas heridas nunca cierran del todo.

Analistas señalan que estos encuentros ya no son solo tres puntos en juego, sino un termómetro social. La victoria azulgrana, aunque ajustada, reafirmó su dominio en el campo, pero la pasión desbordada en las gradas demostró que el fútbol, a veces, es solo el escenario de batallas más profundas.

Griezmann rompe el empate desde los once metros

El Camp Nou contuvo la respiración cuando el árbitro señaló el punto de penal a los 74 minutos. Antoine Griezmann, frío como el hielo, tomó el balón y colocó el esférico al ángulo izquierdo de Unai Simón. El portero del Athletic, que había sido clave hasta ese momento, estiró el brazo pero no alcanzó a desviar el disparo rasante. Fue el gol número 150 del francés en la Liga, una cifra que refuerza su reputación en los momentos decisivos.

La jugada previo al penal generó polémica. Un mano a mano entre Eric García y Iñaki Williams terminó con el defensora culé derribando al delantero dentro del área. Las protestas del Athletic fueron inmediatas, pero el VAR confirmó la decisión en menos de un minuto.

Griezmann no celebró con euforia. Solo un gesto de alivio y un abrazo rápido con Pedri antes de volver al centro del campo. El Barça, que venía de un primer tiempo irregular, encontró en el penal el empujón que necesitaba para romper un empate que se resistía.

Analistas destacaron después del partido cómo el equipo azulgrana ha convertido el 89% de sus penaltis en la última temporada, una estadística que habla de su eficacia desde los once metros en situaciones de presión.

Un Camp Nou vibrante mira hacia la Liga

El Camp Nou recuperó el latido de las grandes noches. Con más de 85.000 espectadores vibrando en las gradas, el Barcelona no solo sumó tres puntos clave contra un Athletic Club combativo, sino que recuperó esa chispa que había perdido en partidos anteriores. La afición, pendiente de cada jugada, respondió con cánticos que resonaron con fuerza tras el gol de penal de Griezmann en el minuto 74, un momento que inclinó definitivamente la balanza.

La victoria, aunque ajustada, llega en un momento crucial. Los culés encadenan su tercera victoria consecutiva en Liga, algo que no lograban desde febrero, según datos de Opta. El equipo de Xavi muestra señales de consolidación justamente cuando el calendario se complica, con la Champions y el Clásico en el horizonte.

El ambiente en el estadio contrastó con la tensión del partido. Cada falta, cada contraataque del Athletic fue silbado con ferocidad, pero también aplaudido cuando Lewandowski o De Jong desequilibraban. Fue un duelo de emociones puras, donde el público no dudó en empujar al equipo en los minutos finales, conscientes de que estos tres puntos podrían ser decisivos en mayo.

Queda el sabor de un Barça que, lejos de jugar su mejor fútbol, supo sufrir y capitalizar sus oportunidades. La conexión entre la grada y el equipo, algo que había flaqueado en semanas pasadas, volvió a ser palpable. Y en un año donde la irregularidad ha sido la tónica, eso puede valer más que cualquier táctica.

El Barça demostró una vez más su jerarquía en los momentos clave, remontando con garra un partido que el Athletic dominó en tramos y que puso a prueba la solidez culé en defensa. La fría eficacia de Griezmann desde los once metros y el instinto goleador de Depay terminaron inclinando la balanza en un Camp Nou que respiró alivio cuando el árbitro pitó el final.

Queda claro que, sin Messi, el equipo de Koeman sigue dependiendo de la precisión en las jugadas a balón parado y de la capacidad para aprovechar los errores rivales—dos aspectos que deberán pulir si aspiran a pelear la Liga hasta el final. La irregularidad en el juego asociativo, especialmente en la primera parte, no puede repetirse contra equipos que castigan con más contundencia.

Ahora toca mirar hacia el próximo duelo europeo, donde la exigencia será mayor y el margen de error, mínimo.