El Metropolitano vibró con un clásico que quedó grabado en la memoria. Antoine Griezmann, frío desde los once metros, sentenció el 2-1 para el Atlético de Madrid ante el Real Madrid en un duelo donde la intensidad no dio tregua. Fue el décimo penal convertido del francés con la camiseta rojiblanca, pero este tuvo un sabor especial: cortar una racha de cinco partidos sin ganar frente al eterno rival y reafirmar que, en casa, el equipo de Simeone sigue siendo un muro.
La victoria no solo es un golpe anímico para el Atlético Madrid ante el Real Madrid, sino un recordatorio de que la Liga no se decide en enero. Con este triunfo, los colchoneros se mantienen vivos en la pelea por los puestos europeos, mientras que el conjunto blanco deja escapar dos puntos clave en la lucha por el título. En un curso marcado por la irregularidad de ambos, el derbi madrileño volvió a demostrar por qué es uno de los encuentros más eléctricos del fútbol español: no hay favoritos cuando el balón rueda.
El derbi madrileño que reavivó la rivalidad
El Metropolitano vibró con una intensidad que solo el derbi madrileño sabe despertar. No era un partido cualquiera: el Atlético de Madrid llegaba con la necesidad de reafirmar su identidad tras un inicio irregular, mientras que el Real Madrid buscaba consolidar su liderato. La tensión se palpaba desde el primer minuto, con entradas duras, protestas al árbitro y un ritmo que no dio tregua. El gol tempranero de Rodrygo, a los 13 minutos, encendió la mecha de una batalla donde el orgullo pesó más que los puntos.
La respuesta rojiblanca no se hizo esperar. Griezmann, con la frialdad que lo caracteriza, igualó desde los once metros antes del descanso. Pero fue el tanto de Lino a los 78 minutos —un remate cruzado que se coló por el segundo palo— el que desató la euforia en las gradas. Los analistas destacan que esta victoria cortó una racha de cinco partidos sin ganar frente al eterno rival, un dato que pesa en el vestuario.
Simeone, como siempre, dirigió la orquesta desde el banquillo. Su cambio táctico en el segundo tiempo, con la entrada de De Paul por Saúl, inclinó la balanza. El equipo presionó más alto, recuperó balones clave y ahogó a un Madrid que, pese a dominar la posesión (62%), no encontró claridad en los metros finales.
Al final, el pitido dejó un sabor agridulce para los merengues y una sonrisa pícara en los colchoneros. No fue solo un triunfo: fue un recordatorio de que, en esta ciudad, el fútbol se vive con otra pasión.
Griezmann rompe el hielo desde los once metros
El silbato sonó, el estadio contuvo la respiración y Antoine Griezmann, con esa frialdad que solo los grandes poseen, colocó el balón en la esquina izquierda. Un penal preciso, imparable, que dejó a Thibaut Courtois estirado en vano. Fue el 1-0 en el minuto 20, un golpe psicológico para un Real Madrid que llegaba al Metropolitano como líder invicto.
La jugada previo al penal había sido revisada al detalle por el VAR: contacto mínimo de Dani Carvajal sobre Álvaro Morata dentro del área, suficiente para que el árbitro señalara la máxima pena. Griezmann no falla desde los once metros esta temporada—cinco lanzamientos, cinco goles—y el francés lo demostró una vez más, con una ejecución que combinó potencia y colocación.
Lo curioso fue la reacción del público. No hubo explosión de júbilo desmedido, sino un murmullo de alivio, como si los aficionados rojiblancos supieran que aquel gol era apenas el primer acto de una noche que prometía más. El Metropolitano, lejos de relajarse, se tensó aún más.
Analistas destacaron después cómo ese penal cambió el ritmo del partido. El Atlético, que había empezado dubitativo, encontró en el error defensivo madridista el empujón necesario para tomar el control del mediocampo. Griezmann, por su parte, sumó su décimo gol en los últimos once Clásicos, una cifra que habla de su olfato en los momentos clave.
Un triunfo que consolida al Atlético en la lucha por la Liga
El Atlético de Madrid no solo sumó tres puntos clave ante su eterno rival. La victoria por 2-1 sobre el Real Madrid en el Metropolitano fue un golpe psicológico que reafirma su ambición en la pelea por el título. Los rojiblancos, con este triunfo, cortan una racha de cinco partidos sin ganar frente a los merengues en Liga y demuestran que, bajo la dirección de Diego Simeone, el equipo sigue siendo un muro difícil de derribar cuando juega con intensidad y orden táctico.
El gol de Antoine Griezmann desde los once metros —su décimo en la temporada— y la solidez defensiva en los minutos finales fueron claves. Según datos de Opta, el Atlético ha perdido solo uno de sus últimos 12 encuentros en casa contra el Real Madrid, un registro que habla de su fortaleza como local en duelos de alto voltaje.
La reacción del equipo tras el empate momentáneo de Jude Bellingham evidenció madurez. Sin bajar el ritmo, los colchoneros mantuvieron la presión, ahogando a un Madrid que, pese a dominar la posesión, encontró pocas grietas en una defensa bien plantada. La entrada de Álvaro Morata en el segundo tiempo aportó frescura y desequilibrio, sellando el triunfo con un remate cruzado que el portero Lunin no pudo alcanzar.
Este resultado deja al Atlético a solo dos puntos del líder, con un calendario que, sobre el papel, se presenta más accesible que el de sus perseguidores. La Liga, lejos de definirse, entra en una fase donde cada error se paga caro.
El Atlético de Madrid demostró una vez más que el Metropolitano sigue siendo un fortín inquebrantable, especialmente cuando se trata de duelos contra el Real Madrid: con garra, eficacia y un Griezmann letal desde los once metros, los rojiblancos sumaron tres puntos vitales que los mantienen firmes en la pelea por la Liga. La victoria no solo reafirma su solidez defensiva y su capacidad para aprovechar las oportunidades, sino que deja al descubierto las carencias madridistas en partidos de alta presión fuera del Bernabéu. Para los aficionados colchoneros, el mensaje es claro: confiar en el proceso de Simeone, cuya gestión táctica y mental sigue rindiendo frutos en los momentos clave. Ahora, con el clásico madrileño fresco en la memoria, el Atlético mira hacia adelante, sabiendo que cada partido es una nueva oportunidad para consolidar su aspiración al título.
