El Liverpool desató una exhibición de fútbol demoledor en Anfield, aplastando 4-1 a un Manchester City que llegó como favorito pero se marchó con las costuras rotas. Tres goles en 45 minutos—firmados por Salah, Gakpo y una joya de Szoboszlai—dejaron al equipo de Guardiola sin respuestas, mientras los Reds recuperaban el pulso de la Premier con autoridad. No fue solo una victoria: fue un aviso. El City, imbatible en 13 partidos previos, tropezó contra un rival que jugaba como si el tiempo no pasara para ellos.

El liverpool vs man city ya no es solo un duelo por puntos, sino un termómetro de ambición en la Premier. Esta goleada histórica revivió el debate sobre quién dicta realmente el ritmo en Inglaterra, especialmente cuando el equipo de Klopp—criticado por su irregularidad—demostró que, en su mejor versión, sigue siendo un rodillo. Para los aficionados, fue un recordatorio de por qué este enfrentamiento trasciende lo deportivo: es pura electricidad, un choque de estilos donde el pasado y el presente de la liga se miden a golpes de genio y garra. El liverpool vs man city de anoche no se borrará pronto.

Un City invencible que se desmorona en Merseyside

Un City invencible que se desmorona en Merseyside

El Manchester City llegó a Anfield como un coloso imbatible: 19 partidos sin perder en la Premier League, una máquina de fútbol que aplastaba rivales con precisión quirúrgica. Pero el mitificado invicto se esfumó en menos de 45 minutos. El Liverpool, con esa intensidad asfixiante que define a Klopp, desarmó al campeón con una velocidad y agresividad que dejaron al descubierto las grietas de un equipo acostumbrado a dominar. No fue solo un gol tempranero de Szoboszlai; fue el ritmo, la presión alta, el juego vertical que ahogó a un City incapaz de reaccionar.

Los números no mienten: el City había encajado apenas 10 goles en toda la temporada antes del partido. En Anfield, llevó tres en la primera parte.

Guardióla, parado en el banquillo con los brazos cruzados, vio cómo su equipo perdía duelos, cómo las líneas defensivas se desdibujaban ante los desbordes de Salah y las internadas de Núñez. El mediocampo, tan sólido en otras noches, se volvió un territorio de nadie. Incluso De Bruyne, el cerebro del equipo, apareció borroso, sin capacidad para imponer su criterio.

La derrota no fue casual. Fue el resultado de un Liverpool que ejecutó a la perfección el plan: presionar alto, cortar las líneas de pase a Haaland y explotar los espacios que dejó la defensa ciudadana al avanzar sus laterales. Cuando el cuarto gol llegó, ya no hubo sorpresa, solo la evidencia de que hasta los gigantes tropezan. Y en Merseyside, tropezaron de bruces.

Klopp desata a Salah y Núñez en una noche de fútbol brutal

Klopp desata a Salah y Núñez en una noche de fútbol brutal

Cuando el pitido inicial resonó en Anfield, pocos imaginaban que estarían ante una exhibición de fútbol tan descarnado. Jürgen Klopp, con esa intensidad que lo caracteriza, soltó a sus dos depredadores: Mohamed Salah y Darwin Núñez. El egipcio, letal como siempre frente a los citizens, desequilibró con su velocidad en el primer gol tras un contraataque fulminante. Núñez, por su parte, no tardó en sumarse al festín: su remate cruzado al segundo palo, tras una asistencia de Szoboszlai, dejó a Ederson clavado en la línea. Dos goles en 20 minutos que sentenciaron el partido antes del descanso.

La estadística lo confirma: Salah ya lleva 11 goles en sus últimos 12 encuentros contra el Manchester City, una cifra que lo convierte en su verdugo más recurrente. Pero esta vez no actuó solo. Núñez, cuestionado en semanas anteriores por su irregularidad, respondió con un despliegue físico que desbordó a la defensa visitante. Aké y Dias, habituales en la solidez, parecían torretas oxidadas ante la presión alta del Liverpool.

Klopp no inventó nada nuevo. Simplemente liberó a sus delanteros en un sistema que priorizó la transición rápida y los espacios detrás de la línea defensiva. El City, acostumbrado a dominar la posesión, se encontró con un rival que le arrebató el balón 38 veces en campo contrario.

La noche en Anfield quedó marcada por algo más que el resultado: fue un recordatorio de que, cuando el Liverpool enciende su máquina, hasta los campeones tiemblan.

¿Cambia esto la carrera por la Premier o es solo un tropiezo?

¿Cambia esto la carrera por la Premier o es solo un tropiezo?

La victoria del Liverpool no solo fue un correctivo para el City, sino un golpe estratégico en la lucha por el título. Con esta derrota, los de Guardiola ven cómo su ventaja se reduce a un punto sobre el Arsenal y quedan a dos del propio Liverpool, que ahora respira en la pelea por la Premier. El análisis táctico postpartido destacó un dato revelador: el City había perdido solo dos partidos en la liga antes de visitar Anfield, pero en ambos el rival usó un bloque bajo y contraataques rápidos—justo el guion que Klopp perfeccionó ayer.

El tropiezo, sin embargo, no es definitivo. El calendario aún favorece al City, con partidos en casa contra rivales directos como el Arsenal. Pero la psicología pesa: perder por tres goles de diferencia en un estadio como Anfield deja huella.

Para el Liverpool, la remontada en la tabla es real. Con un partido menos, tienen la oportunidad de presionar desde el tercer puesto. La pregunta ahora es si esta exhibición fue un punto de inflexión o solo un destello en una temporada irregular.

Los expertos coinciden en que el desgaste físico del City—con jugadores clave como Rodri acumulando minutos—podría ser determinante en las próximas semanas. La Premier no perdona.

El Liverpool no solo firmó una victoria, sino un parteaguas táctico: desmontó al City con presión asfixiante, transiciones letales y un Anfield que respiró fútbol de alta intensidad, recordando por qué este equipo sigue siendo el único capaz de dobladillar a Guardiola en su propio juego. La diferencia no estuvo en el marcador, sino en la actitud—un 4-1 que expuso las grietas de un City predecible y la solidez de un Klopp que, una vez más, convirtió lo imposible en rutina.

Quienes busquen entender el fútbol moderno deberían estudiar este partido frame por frame: cómo se desarma a un bloque posesivo con contraataques verticales, cómo se explota el espacio detrás de los laterales y, sobre todo, cómo se gana una batalla psicológica antes del pitido inicial. Basta con revisar los movimientos de Szoboszlai en la salida de balón o la inteligencia de posición de Núñez para encontrar lecciones que valen más que cualquier análisis teórico.

Ahora el desafío para el Liverpool no es celebrar, sino sostener esta versión demoledora cuando el calendario se complique, porque equipos como el Arsenal o el propio City no olvidarán fácilmente la humillación de Anfield.