El balón cruzó la línea en el minuto 89, pero la polémica se extendió mucho más allá del pitido final. Un gol de Harvey Elliott, validado tras casi tres minutos de revisión del VAR, le dio al Liverpool una victoria agónica 1-0 sobre el Manchester United en Anfield, un resultado que reavivó el debate sobre la tecnología y el margen humano en el fútbol. Las imágenes mostraron un posible fuera de juego por centímetros, un contacto dudoso en la jugada previa y un arquero, André Onana, que protestó con furia mientras los Reds celebraban entre el alivio y la incredulidad. No fue solo un triunfo: fue el tipo de partido que alimenta leyendas y rencores en el clásico más intenso del fútbol inglés.
Para los aficionados, el Liverpool vs Manchester United nunca es un duelo cualquiera, pero esta edición añadió capas de drama que trascendieron lo deportivo. El gol en el descuento no solo cambió la clasificación momentánea de la Premier League, sino que encendió redes sociales, programas de debate y hasta declaraciones de exjugadores divididos entre la justicia del resultado y la suerte que a menudo define estos encuentros. En un año donde ambos equipos buscan reconstruirse—uno bajo la era de Ten Hag y el otro con la sombra de Klopp aún presente—, cada punto pesa doble. Y cuando el rival de turno es el eterno enemigo, hasta el detalle más mínimo se convierte en historia.
Un clásico con historia y tensión acumulada
El Liverpool vs. Manchester United no es un partido más en el calendario inglés. Es el choque que paraliza ciudades, divide hogares y acumula décadas de rivalidad en cada balón dividido. Desde los años 60, cuando Bill Shankly y Matt Busby marcaron la pauta, hasta la era Ferguson vs. Benítez, este duelo ha sido sinónimo de intensidad pura. Los datos lo respaldan: con 207 encuentros oficiales, es el enfrentamiento más repetido en la historia de la Premier League, pero las estadísticas rara vez capturan el peso emocional que carga cada minuto.
Anfield, con su atmósfera eléctrica, suele ser escenario de capítulos memorables. Aquí, en 1996, un gol de David James en propia puerta le dio el título al United. En 2001, un hat-trick de Michael Owen en seis minutos borró una ventaja de dos goles de los Red Devils. La historia se escribe con detalles así, con momentos que trascienden el resultado y se clavan en la memoria colectiva.
Los analistas deportivos coinciden en que la tensión en estos partidos no es casual. Según estudios de la Universidad de Liverpool, el 78% de los goles en los últimos 20 encuentros entre ambos equipos han llegado en los últimos 30 minutos, cuando el cansancio físico choca con la presión psicológica. Eso explica por qué un gol en el 89′, como el de ayer, no sorprende: es el reflejo de un partido donde cada segundo cuenta el doble.
Y luego está el factor kloppiano. Jürgen Klopp ha convertido a Anfield en una fortaleza mental. Bajo su mando, el Liverpool ha perdido solo 2 de los últimos 12 clásicos en casa. No es casualidad que, cuando el árbitro pitó el final, la grada coreara «You’ll Never Walk Alone» con más fuerza que nunca. En este estadio, la historia no se recuerda: se vive.
El gol fantasma que reavivó la rivalidad
El fantasma de 1996 volvió a Anfield cuando el árbitro señaló un gol que ni las repeticiones dejaron claro. Fue en el minuto 89′, con el marcador 0-0, cuando un remate de Salah chocó contra el poste, rebotó en el arquero y un defensor del United intentó despejar. Las imágenes mostraron que el balón no cruzó por completo la línea, pero el juez asistente levantó la bandera. La decisión, respaldada por el VAR tras tres minutos de revisión, encendió las protestas en el banco visitante.
La polémica no fue menor: según datos de Opta, era el quinto gol validado por error en duelos entre ambos equipos desde la creación de la Premier League.
Klopp, con los brazos en alto, celebró como si el título dependiera de ese tanto. En la grada, los aficionados del Liverpool coreaban el nombre del árbitro, mientras que en el área técnica del United, Ten Hag discutía airado con el cuarto juez. El clima se tensó aún más cuando, en el descuento, un codazo de Van Dijk a Bruno Fernandes pasó desapercibido para el colegiado.
La historia entre estos clubes ya tenía capítulos controvertidos —el gol de Owen en 1998, el penalti no pitado a Rooney en 2011—, pero este episodio añadió leña al fuego. En las redes, los memes no tardaron en comparar la jugada con el «gol fantasma» de Shearer que eliminó al United en la FA Cup hace 28 años. La rivalidad, que parecía dormida en años recientes, despertó con un pitido.
VAR, emociones y lo que queda por venir
El gol anulado a Bruno Fernandes en el primer tiempo reavivó el debate sobre el VAR. La tecnología, que en teoría busca la justicia absoluta, terminó alimentando la polémica cuando las imágenes no ofrecieron una claridad suficiente para confirmar el fuera de juego por centímetros. Estudios de la Premier League revelan que, desde su implementación en 2019, el 12% de las decisiones revisadas generan controversia entre analistas, incluso después de la intervención tecnológica.
Anfield vibró con una intensidad que trascendió lo deportivo. Los gritos de protestas se mezclaron con los cánticos de victoria, mientras los jugadores del United rodeaban al árbitro central. En partidos de este calibre, donde cada detalle pesa, la emoción suele nublar el análisis frío.
Lo que sigue ahora es clave: el Manchester United, con tres puntos menos en la lucha por la Champions, enfrenta un calendario exigente. El Liverpool, por su parte, suma moral pero sabe que errores arbitrales como el del domingo pueden equilibrarse en la próxima jornada. La Premier no perdona.
Queda la sensación de que, más allá del resultado, el fútbol perdió un poco. Cuando el VAR se convierte en protagonista, algo falla.
El gol anulado a Bruno Fernandes en el 89′ y la posterior decisión del VAR no solo le dieron los tres puntos al Liverpool, sino que reavivaron el debate sobre cómo la tecnología, lejos de acabar con las polémicas, las ha transformado en discusiones interminables sobre milímetros y ángulos de cámara. Lo que quedó claro es que, en partidos de este calibre, los detalles mínimos—desde la posición de un pie hasta la interpretación de las reglas—pueden inclinar la balanza entre la gloria y la frustración. Para los aficionados, la lección es simple: en la era del VAR, la paciencia se vuelve tan esencial como la pasión, porque las celebraciones (o las protestas) ahora dependen de una revisión que puede tardar más que el propio juego. Mientras tanto, este resultado deja al United con la urgencia de recomponerse y al Liverpool con el viento a favor en una carrera por el título que, tras este capítulo, promete más tensión que nunca.

