El gol de Rafael Leão en el minuto 89’ rescató un punto para el Milan en un San Siro que ardió de emoción hasta el último segundo. Con el marcador 2-1 en contra y el Bologna defendiendo con uñas y dientes, el portugués apareció como un rayo para empatar el partido y evitar lo que habría sido una derrota dolorosa en casa. Fue uno de esos momentos que definen temporadas: un remate cruzado, un arquero vencido y un estadio que estalló en un grito liberador.

El duelo entre Milan y Bologna no fue un partido más. Llegaba cargado de tensión, con los rossoneri necesitando sumar para no perder el ritmo en la lucha por la Champions y un Bologna que, lejos de ser un rival complaciente, demostró por qué es el equipo revelación de la Serie A. Cada jugada, cada contraataque, incluso los errores arbitrales discutidos, convirtieron el encuentro en un espectáculo puro. Cuando el pitido final sonó, quedó claro que el milan vs bologna no solo había sido un choque táctico, sino un recordatorio de por qué el fútbol italiano sigue siendo impredecible y apasionante.

Un San Siro al límite antes del milagro

Un San Siro al límite antes del milagro

El tiempo se agolpaba contra el Milan como un rival más. A los 85 minutos, San Siro respiraba con la tensión de quien ve escapar un resultado que parecía sentado: el Bologna, con su bloque bajo y transiciones letales, había neutralizado a un equipo local que sumaba tres partidos sin ganar en Serie A. Las estadísticas lo confirmaban: solo el 18% de los remates del Milan en esa segunda parte habían sido entre los tres palos, según datos de Opta. La grada, leal pero impaciente, comenzó a silbar con esa frustración que solo conoce quien ha visto caer a su equipo en casa contra rivales teóricamente accesibles.

Pioli, inmóvil en el banquillo, había agotado los cambios. Leão, el más claro en la delantera, se movía entre dos centrales que lo marcaban al límite del reglamento. Cada pérdida de balón en mediocampo era un puñal: el Bologna, con Soriano y Ferguson, controlaba el ritmo como un boxeador que dosifica los golpes.

El cuarto árbitro alzó la tabla: cuatro minutos de descuento. Demasiado poco para un milagro, demasiado largo para la angustia.

Entonces llegó el corner. La pelota voló desde la bandera, rebotó entre defensas y delanteros, y allí estuvo Leão—siempre él—para empujarla con el pecho antes de que el portero reaccionara. San Siro estalló no por el gol, sino por el alivio de evitar lo que habría sido una crisis deportiva y emocional.

El gol de Leão que revivió al Milan en el 89’

El gol de Leão que revivió al Milan en el 89’

El reloj marcaba 88 minutos y 47 segundos cuando Rafael Leão recibió un pase filtrado desde la banda izquierda. Con el Bologna defendiendo con cinco hombres en la línea de cuatro cuartos, el portugués amagó el centro antes de clavar un zurdazo cruzado que se coló por el segundo palo. El San Siro estalló. No era un gol cualquiera: era el 1-0 en un partido donde el Milan había disparado 18 veces a puerta sin suerte, según datos de Opta. La sequía de 73 minutos sin generar ocasiones claras se esfumó en un instante.

La jugada nació de una recuperación alta de Bennacer, quien encontró a Pulisic en la mediapunta. El estadounidense, el más activo del equipo con tres regates completados en la segunda parte, asistió a Leão con un toque de primera que rompió la línea defensiva.

Lo que siguió fue puro instinto. Leão, criticado en semanas anteriores por su irregularidad, eligió el momento exacto para aparecer. Su gol, el cuarto en los últimos cinco partidos contra el Bologna, confirmó una vez más su olfato en duelos ajustados.

El banco rossonero se levantó como un resorte. Pioli, con los brazos en alto, corrió hacia la banda para abrazar a su cuerpo técnico. En las gradas, la Curva Sud coreó el nombre del luso durante tres minutos seguidos.

Lo que deja el empate para la lucha por Europa

Lo que deja el empate para la lucha por Europa

El empate en San Siro deja al Milan con un sabor agridulce en la pelea por las plazas europeas. Los rossoneri suman 57 puntos, manteniéndose en la quinta posición, pero la distancia con la Roma —cuarto con 59— se reduce a solo dos unidades. El gol de Rafael Leão en el descuento evitó una derrota que habría complicado aún más sus aspiraciones, aunque el rendimiento irregular en casa (solo 3 victorias en los últimos 7 partidos como local) sigue siendo una señal de alerta.

La Liga Europa parece el destino más realista ahora mismo. Con el Atalanta (61 puntos) casi asegurando el tercer puesto y la Juventus (64) consolidada en la segunda plaza, el Milan depende de tropiezos romanos para aspirar a la Champions. Los analistas señalan que, en las últimas cinco temporadas, los equipos que superaron los 60 puntos en esta fase de la Serie A lograron clasificarse a competiciones continentales. Quedan cinco jornadas, y cada error se paga caro.

El Bologna, por su parte, se queda a un punto del séptimo lugar, pero su juego en San Siro demostró que no es un rival fácil. La solidez defensiva y las transiciones rápidas incomodaron a un Milan que, pese a dominar la posesión (62%), generó pocas ocasiones claras antes del remate de Leão. La lucha por Europa se estrecha, y el margen para fallar es mínimo.

El gol de Rafael Leão en el minuto 89’ no fue solo un destello de genialidad individual, sino el reflejo de un Milan que, pese a sus altibajos, sigue vivo en la pelea por Europa cuando el calendario aprieta. San Siro vibró como en sus mejores noches, recordando que este equipo, con Pioli al mando, aún tiene recursos para resurgir en los momentos decisivos—aunque la irregularidad siga siendo su talón de Aquiles.

Quien espere ver a un Milan consistente debe fijarse menos en los nombres y más en la intensidad: la presión alta, los cambios tácticos oportunos y, sobre todo, la capacidad de sufrir sin romperse fueron clave ante un Bologna que mereció más. La Liga no perdona, y el próximo partido contra la Fiorentina será la prueba definitiva de si este despertar llega para quedarse o se diluye como otros brotes efímeros de la temporada.