El calendario escolar 2024-2025 sufre un ajuste histórico: el gobierno federal confirmó este martes que las escuelas públicas operarán con solo 5 días de clases presenciales a partir de agosto, reduciendo así dos jornadas semanales respecto al modelo anterior. La medida, anunciada durante la conferencia matutina de Palacio Nacional, forma parte de una reforma pedagógica que prioriza la «calidad sobre cantidad», según documentos oficiales. Autoridades educativas destacaron que la decisión —que afectará a más de 25 millones de estudiantes— busca optimizar recursos y alinear los horarios con estándares internacionales, aunque sindicatos magisteriales ya advierten sobre posibles desajustes logísticos.

Para las familias mexicanas, el cambio a 5 días de clases implica reconfigurar rutinas desde transporte hasta actividades extracurriculares, mientras que los planteles deberán reorganizar programas de alimentación y limpieza. El subsecretario de Educación Básica precisó que los viernes se destinarán a capacitación docente y mantenimiento de infraestructura, aunque no aclaró cómo se compensarán las 160 horas menos de instrucción anual. La polémica no es nueva: estados como Yucatán y Querétaro ya probaban esquemas similares, pero su escalón nacional —sin piloto previo— genera incertidumbre en un sistema que aún arrastra secuelas de la pandemia.

De la pandemia a la nueva normalidad escolar

El regreso a las aulas tras la pandemia no fue un simple acto de reabrir las puertas. Representó un cambio radical en dinámicas educativas, protocolos sanitarios y hasta en la psicología de estudiantes y docentes. Durante 2021, un estudio de la UNESCO reveló que el 60% de los sistemas educativos en América Latina modificaron sus calendarios escolares al menos tres veces, adaptándose a olas de contagios y restricciones cambiantes. México no fue la excepción: pasó de clases remotas totales a modelos híbridos, y ahora, a una nueva fase con cinco días presenciales.

La transición obligó a replantear desde lo básico. Escuelas públicas ajustaron horarios, reforzaron medidas de higiene y reconfiguraron espacios para evitar hacinamiento. Pero el desafío más silencioso —y persistente— fue el emocional. Alumnos que pasaron años frente a pantallas debieron readaptarse a la socialización presencial, mientras que maestros enfrentaban aulas con brechas de aprendizaje más marcadas que nunca.

Con la reducción a cinco días de clases, el gobierno busca equilibrar la recuperación académica con la fatiga acumulada. La medida, anunciada como definitiva para agosto, responde también a evaluaciones pedagógicas que señalan que jornadas extensas no garantizan mejor rendimiento, especialmente en contextos de desigualdad.

Lo que comenzó como una crisis sanitaria derivó en una reorganización profunda. Ahora, con menos días pero más horas efectivas de clase, el sistema apuesta por consolidar una «nueva normalidad» donde lo presencial recupere su centralidad —sin ignorar las lecciones que dejó la pandemia.

Horarios ajustados: cómo quedarán las jornadas de lunes a viernes

La modificación más visible llegará con los horarios escalonados. Las escuelas de turno matutino iniciarán a las 7:30 y finalizarán a las 13:00, mientras que las vespertinas operarán de 13:30 a 19:00. Esta distribución, validada por estudios del Instituto Nacional de Evaluación Educativa, busca optimizar el uso de infraestructura sin extender la jornada diaria más allá de las 5.5 horas efectivas de clase.

Los viernes, en cambio, tendrán un esquema distinto. Las clases presenciales concluirán al mediodía en ambos turnos, reservando las tardes para actividades de refuerzo académico voluntario o reuniones con familias. La medida responde a datos que indican un 22% de ausentismo los días viernes en el ciclo anterior, atribuido en parte a la fatiga acumulada.

Para los docentes, la reorganización implica ajustar las horas de planificación. Las jornadas laborales se mantendrán en 40 horas semanales, pero con una redistribución que prioriza las mañanas para atención directa a estudiantes y las tardes de lunes a jueves para trabajo administrativo o capacitación.

Las escuelas con doble turno deberán adaptar sus recreos y servicios de comedor. En lugar de los tradicionales 30 minutos, los descansos se acortarán a 20 para evitar solapamientos entre grupos, aunque se garantizará un espacio mínimo de 45 minutos para alimentación en los planteles que ofrecen este servicio.

Padres y maestros frente al cambio: desafíos logísticos por resolver

La transición a cinco días de clases presenciales en escuelas públicas exige ajustes inmediatos en horarios, transporte y alimentación. Según datos de la Secretaría de Educación, el 68% de los planteles rurales carecen de infraestructura para extender jornadas sin afectar la calidad educativa.

Padres de familia en zonas urbanas ya anticipan conflictos con los horarios laborales. Muchos dependen de guarderías o familiares para cubrir las horas extras, una solución que no todos pueden costear.

Los docentes, por su parte, enfrentan la carga de reorganizar planes de estudio en menos días. Especialistas en pedagogía advierten que reducir horas lectivas sin estrategias compensatorias podría profundizar brechas de aprendizaje, especialmente en matemáticas y lectura.

El transporte escolar emerge como otro punto crítico. En ciudades como Puebla o Guadalajara, rutas diseñadas para seis días ahora deberán optimizarse, sin garantías de que los presupuestos municipales cubran los costos adicionales.

La decisión del gobierno de reducir a cinco días la semana presencial en escuelas públicas a partir de agosto marca un cambio concreto en el modelo educativo, priorizando flexibilidad y bienestar docente sin sacrificar horas lectivas. Aunque el ajuste busca optimizar recursos y responder a demandas históricas del magisterio, su éxito dependerá de cómo se implementen las jornadas virtuales complementarias y la adaptación de las familias. Para los padres, revisar con anticipación los horarios actualizados y coordinar con los planteles será clave para evitar contratiempos en la rutina de los estudiantes. Este modelo híbrido, si demuestra eficiencia, podría sentar un precedente para reformas más amplias en la educación básica del país.