El Getafe hizo temblar los cimientos del Camp Nou sin moverse de su feudo. Un 1-0 contundente, con gol de Mayoral en el minuto 16, cortó la racha de 19 partidos invictos del Barcelona en Liga y dejó al equipo de Xavi con las manos vacías en el Coliseum Alfonso Pérez. No fue suerte: el conjunto azulón dominó en intensidad, presión y hasta en llegada, mientras los culés, faltos de ideas, sumaron su segunda derrota en tres visitas al sur de Madrid.
El resultado no solo es un mazazo para un Barça que aspiraba a mantener el ritmo en la lucha por el título, sino un recordatorio de que el Getafe—Barcelona ya no es el trámite de antaño. Bordalás ha convertido a su equipo en una piedra en el zapato para los grandes, y esta vez lo demostró con un plan táctico milimétrico: bloque bajo, transiciones letales y un Ánchel Mendoza inspirado bajo los palos. La Liga se pone interesante cuando los colistas le arrebatan puntos a los aspirantes.
Un Getafe reforzado bajo Bordalás
El Getafe que plantó cara al Barcelona en el Coliseum Alfonso Pérez poco tiene que ver con el de temporadas anteriores. José Bordalás ha moldeado un bloque compacto, físico y tácticamente inteligente, capaz de neutralizar a rivales de mayor presupuesto con un sistema defensivo casi impenetrable. Los datos lo avalan: el equipo azulón lleva cinco partidos consecutivos sin encajar un solo gol en casa, una racha que habla del trabajo meticuloso en la zaga y la disciplina colectiva.
La clave del éxito reside en la solidez de su línea de cuatro, donde Djene y Gastón Álvarez se han erguido como muros infranqueables. Pero no es solo cuestión de defensores. El mediocampo, con Máximo Gómez y Luis Milla recuperando balones con ferocidad, cortó una y otra vez las líneas de pase del Barça, ahogando a jugadores como Gavi o De Jong. Analistas destacados ya señalan este Getafe como el equipo más organizado de la Liga en transiciones defensivas.
Bordalás, sin embargo, no se limita a cerrarse atrás. Contra el Barcelona demostró que su equipo también puede golpear con velocidad en la salida. El gol de Mayoral, tras una contra letal, fue el ejemplo perfecto: robo en campo propio, tres pases verticales y definición certera. Un guión que repiten con peligrosa frecuencia.
La afición, siempre exigente, ha respondido. El Coliseum vibró como hacía tiempo no se veía, empujando a un equipo que ya no se conforma con sobrevivir, sino con competir.
El gol de Mayoral que silenció al Barça
El gol de Borja Mayoral en el minuto 56 no fue solo un tanto más en su cuenta personal. Fue el mazazo que descolocó a un Barça acostumbrado a dominar con el balón, pero incapaz de reaccionar cuando el físico y la intensidad del Getafe se impusieron en el Coliseum. El delantero, prestado por la Real Sociedad, remató de cabeza un centro desde la banda izquierda tras un error en la marca de Araújo. La pelota se coló por la escuadra de Ter Stegen, que ni siquiera pudo estirarse: 1-0 y silencio en la grada visitante.
Lo llamativo no fue solo el gol, sino el contexto. Mayoral lleva cinco goles en sus últimos seis partidos contra el Barcelona, una estadística que refleja su olfato en los momentos clave. El equipo azulgrana, que llegó al partido con 72% de posesión en lo que va de Liga, vio cómo su juego se diluía ante la presión alta y los cortes constantes de un Getafe que no dio respiro.
Ter Stegen, cuestionado en las últimas semanas, volvió a mostrar inseguridad bajo los palos. Su salida en el corner previo al gol fue dubitativa, y en la jugada decisiva, quedó clavado en la línea. Los analistas ya señalan que, más allá del acierto de Mayoral, la falta de jerarquía en la defensa culé fue determinante.
El Coliseum estalló. No era un triunfo cualquiera: el Getafe cortaba una racha de 12 partidos sin ganar al Barça en todas las competiciones. Mayoral, con los brazos en alto, corrió hacia la grada mientras el banquillo azulón saltaba al césped. En el otro lado, Xavi se llevó las manos a la cabeza.
Qué significa este tropiezo en la lucha por la Liga
El tropiezo del Barcelona en Getafe no es un simple traspié: es un golpe estratégico en plena recta final de LaLiga. Con el Atlético de Madrid y el Real Madrid acechando a solo cinco y siete puntos respectivamente, este 1-0 en el Coliseum Alfonso Pérez abre una grieta en la solidez que el equipo de Xavi había mostrado en las últimas jornadas. Los culés llevaban 15 partidos seguidos sin conocer la derrota en la competición doméstica, pero el fútbol, como siempre, castiga los errores en el momento menos esperado.
El problema no radica solo en los tres puntos perdidos, sino en el mensaje que transmite. Getafe, un rival directo por la permanencia, demostró que el Barça sigue siendo vulnerable a equipos compactos y físicos. La falta de eficacia en ataque —solo un remate entre los tres palos en 90 minutos— y los errores en la salida de balón reviven fantasmas de temporadas pasadas.
Analistas señalan que, históricamente, el 70% de los equipos que lideraban LaLiga con esta ventaja a falta de 10 jornadas terminaban levantando el título. Sin embargo, el calendario ahora se complica: el Clásico en el Camp Nou y los desplazamientos a Villarreal y Athletic Club pueden convertir este tropiezo en el primero de una serie.
Xavi lo tiene claro: sin reacción inmediata, la ventaja se esfuma. La Liga no perdona.
El Getafe demostró que el fútbol no se rige solo por nombres ni presupuestos: con garra, orden táctico y un Coliseum Alfonso Pérez entregado, logró lo que pocos equipos consiguen esta temporada, frenar a un Barça que, pese a dominar el balón, chocó contra su propia falta de contundencia. El 1-0 no fue casualidad, sino el premio a un plan ejecutado a la perfección, donde la intensidad y la fe en el sistema pesaron más que el talento individual. Para los azulgranas, el mensaje es claro: sin eficacia bajo los tres palos y sin soluciones desde el banquillo, hasta los rivales en teoría accesibles se convierten en muros; para Bordalás y los suyos, la confirmación de que su identidad—sin concesiones—sigue siendo su mejor arma. Quedan 11 jornadas, y este tropiezo no solo reabre la lucha por la Liga, sino que obliga al Barcelona a replantearse cómo afrontar los partidos donde el rival planta cara sin complejos.

