El Genoa cortó de raíz una sequía que amenazaba con convertirse en pesadilla. Doce partidos sin conocer la victoria, 77 días de frustración acumulada, se esfumaron en 90 minutos de fútbol intenso en San Siro. El rossoblu no solo se llevó los tres puntos ante un Milan que llegó como favorito, sino que lo hizo con autoridad: 2-1 en un escenario donde pocos le daban opciones. La remontada en el segundo tiempo, coronada por goles de Junior Messias y Albert Guðmundsson, dejó al equipo de Alberto Gilardino respirando alivio y al diavolo sumido en dudas tras su tercera derrota consecutiva en casa.

El duelo entre Genoa y Milan trascendió el simple resultado para convertirse en un parteaguas psicológico. Para los genoveses, era la última oportunidad de evitar el fantasma del descenso; para los rossoneri, una prueba de fuego en su irregular temporada. Que el triunfo llegara precisamente en San Siro —donde el Milan había perdido solo una vez en sus últimos 10 encuentros— le da un sabor aún más especial a la hazaña. Gilardino, cuestionado por la racha negativa, encontró en el derby lombardo el argumento definitivo para callar críticas, mientras Stefano Pioli ve cómo su equipo se complica en la pelea por Europa. El Genoa vs Milan, más que un partido, fue un recordatorio de que el fútbol se escribe con mayúsculas cuando menos se espera.

Un Genoa en crisis llega a San Siro

El Genoa llegó a San Siro con el peor arranque de su historia en Serie A: 12 partidos sin conocer la victoria, una sequía que lo tenía anclado en el fondo de la tabla. Los rossoblu acumulaban apenas cinco puntos en 14 jornadas, un registro que ni siquiera en sus peores campañas en Primera División habían igualado. La presión sobre Alberto Gilardino, técnico en su primer año al frente del equipo, crecía con cada derrota, especialmente tras el último revés en casa ante el Empoli, donde la afición mostró su descontento con silbidos al final del encuentro.

Las estadísticas pintaban un panorama desolador. Según datos de Opta, el Genoa no ganaba un partido como visitante desde abril, y su defensa, con 28 goles encajados, era la tercera peor de la liga. Frente a un Milan que, pese a sus altibajos, seguía siendo favorito en su feudo, el desafío parecía insalvable. La baja por lesión de Albert Guðmundsson, máximo goleador del equipo con cuatro tantos, agravaba aún más la situación.

El vestuario, sin embargo, mostró señales de reacción en los días previos. Gilardino optó por un cambio táctico, pasando de un 3-5-2 a un 4-3-3 más compacto, con Mattia Destro como referencia ofensiva. La decisión sorprendió a los analistas, pero el entrenador justificó el movimiento: «Necesitamos ocupar mejor los espacios y aprovechar los contraataques». San Siro, con su historia de derrotas dolorosas para el Genoa, no era el escenario ideal para probar fortuna, pero el equipo no tenía nada que perder.

La llegada al estadio milanista no fue al azar. El Milan, inmerso en su propia crisis de resultados, había empatado tres de sus últimos cinco partidos en casa. La irregularidad de Olivier Giroud y la falta de solidez defensiva le daban al Genoa un resquicio de esperanza. Aunque nadie lo admitía en voz alta, en el entorno rossoblu se repetía una idea: si había un momento para romper la mala racha, era ese.

El gol de Gudmundsson que cambió el rumbo

El partido basculó en el minuto 61, cuando Albert Gudmundsson desató la euforia en el banquillo del Genoa. Un pase filtrado desde la banda izquierda encontró al islandés en el borde del área, donde controló con el pecho y disparó rasante al segundo palo. Thiauw, imbatible hasta ese momento, solo pudo ver cómo el balón se colaba por su costado derecho. Fue su cuarto gol de la temporada, pero el más valioso: el que rompió una sequía de 12 jornadas sin victorias para los rossoblu.

Lo llamativo no fue solo el resultado, sino el contexto. Gudmundsson, criticado semanas atrás por su irregularidad, respondió en el escenario más hostil. San Siro enmudeció. Los datos lo respaldan: según las métricas de Opta, el Genoa no ganaba en el feudo rossonero desde 2018, y nunca antes lo había hecho remontando un marcador adverso en la segunda parte.

El gol, sin embargo, fue más que un acierto técnico. Simbolizó la reacción de un equipo que llegó al descanso con el peso de los errores defensivos. Gilardino, desde el banquillo, había ajustado la presión alta en los primeros minutos del complemento. Gudmundsson, siempre atento a los espacios entre líneas, aprovechó el desorden en la zaga milanista para definir con la frialdad de quien sabe que el partido se juega en detalles así.

La celebración lo dijo todo: el islandés corrió hacia el córner, señalando a sus compañeros, como recordándoles que aquel tanto era colectivo. El Milan, por su parte, tardó en reaccionar. Cuando lo hizo, ya era tarde para evitar la segunda derrota consecutiva en casa.

¿Puede este triunfo salvar la temporada genovesa?

El triunfo en San Siro llega cuando el Genoa arrastraba su peor inicio de temporada en 30 años: 12 jornadas sin conocer la victoria, solo 8 puntos de 36 posibles y el fantasma del descenso acechando a tres puntos. Los números no engañan, pero el fútbol a veces rompe la lógica fría de las estadísticas. Un equipo que había encajado 24 goles en esos mismos 12 partidos —el segundo peor registro defensivo de la Serie A— logró plantarse en el feudo rossonero y sumar de a tres.

La reacción no es casual. Analistas como los de La Gazzetta dello Sport ya señalaban esta semana que el bloque de Alberto Gilardino mostraba señales de mejora en los últimos encuentros, pese a los resultados. Contra el Milan, esa evolución se materializó: presión alta en la salida de balón, transiciones rápidas y, sobre todo, una solidez inusual en defensa. No fue un partido perfecto —el gol de Olivier Giroud lo demostró—, pero sí el más completo desde que arrancó el curso.

Queda por ver si este triunfo es un espejismo o el punto de inflexión que el Genoa necesitaba. El calendario no perdona: después del parón por selecciones, llegarán enfrentamientos directos contra Salernitana y Empoli, rivales en la lucha por la permanencia. La Serie A no regala segundas oportunidades.

Lo cierto es que, en el vestuario, el alivio es palpable. Gilardino lo repitió en rueda de prensa: «Hemos trabajado para esto». Ahora toca confirmar que San Siro no fue una excepción, sino el inicio de algo más.

El Genoa demostró que el fútbol no se rige por estadísticas cuando cortó su sequía de doce partidos sin victorias con un 2-1 contundente en el San Siro, recordando que incluso los equipos en crisis pueden resurgir con garra y precisión táctica. El triunfo no solo alivia la presión sobre Alberto Gilardino, sino que expone las grietas defensivas de un Milan que, pese a su inversión, sigue tropezando contra rivales teóricamente accesibles.

Para los rossoblu, el reto ahora es capitalizar este impulso: mantener la intensidad física y no caer en la autocomplacencia, porque un partido no borra una temporada irregular. El Milan, en cambio, debe revisar su bloque defensivo con urgencia—Leão no puede ser la única solución cuando el equipo pierde el control del mediocampo.

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