El Forge FC hizo historia en la Concachampions con una remontada que quedará grabada en la memoria del fútbol canadiense. Dos goles en los últimos 15 minutos—uno de Achinioti-Jönsson al 76’ y el definitivo de Pacius al 87’—voltearon un marcador adverso y sellaron el pase a semifinales con un 2-1 global sobre Chivas de Guadalajara. El equipo de Hamilton no solo derribó a uno de los gigantes de México, sino que demostró que la garra y la precisión pueden más que el presupuesto o el nombre.
El duelo entre Forge FC vs. Guadalajara no era solo un partido más: representaba el choque entre la ambición de un club modesto pero disciplinado y la tradición de un coloso mexicano acostumbrado a dominar en su liga. La eliminatoria, cargada de tensión desde el empate 0-0 en la ida, se decidió en el Tim Hortons Field ante una afición que vibró como nunca. Para los aficionados al fútbol en Norteamérica, este resultado no es solo una sorpresa, sino un recordatorio de que en la Concachampions los guiones pueden romperse cuando menos se espera. Forge FC vs. Guadalajara ya tiene su capítulo épico.
Un gigante mexicano contra el modesto equipo canadiense
El duelo entre el Club Deportivo Guadalajara y el Forge FC parecía escrito para un guion predecible: un gigante mexicano con 12 títulos de Liga MX, una afición que llena estadios y una plantilla valorada en más de 30 millones de dólares frente a un equipo canadiense de la segunda división, fundado en 2012 y con un presupuesto que no supera el millón anual. Las Chivas llegaban como favoritas absolutas, respaldadas por su historia en la Concachampions, donde habían alcanzado dos finales en la última década. El contraste no podía ser más brutal: mientras el Rebaño Sagrado viajó a Hamilton con un plantel de figuras como Víctor Guzmán y José Rojas, el Forge alineó a jugadores que, en muchos casos, combinan el fútbol con trabajos fuera de las canchas.
Pero el fútbol, cuando se juega con esa mezcla de hambre y disciplina táctica, tiene la costumbre de burlarse de los pronósticos. El equipo de Bobby Smyrniotis —un estratega que ha convertido al Forge en el dominador absoluto de la Premier League canadiense con cuatro títulos en cinco años— planteó un partido físico, directo y sin concesiones. No era el «juego bonito» que suelen exhibir los equipos mexicanos, pero sí uno efectivo: presionar alto, cortar líneas de pase y aprovechar cada error defensivo. Analistas de ESPN Deportes destacaron después del partido cómo el mediocampo canadiense, liderado por Alexander Achinioti-Jönsson, neutralizó por completo la creatividad de Guzmán, limitándolo a solo 23 pases completados en los primeros 75 minutos —su peor registro en la temporada.
El estadio Tim Hortons Field, con poco más de 10 mil espectadores, se convirtió en un fortín inesperado. Mientras la afición local coreaba sin parar, las Chivas parecían atrapadas en su propia reputación: dominaban la posesión (68% en el global del partido), pero carecían de ideas claras frente a una defensa canadiense ordenada en dos líneas de cuatro. El gol tempranero de Rikelme en el partido de ida (1-0) había dado falsa seguridad al equipo de Velasco, que subestimó la capacidad de reacción de un rival acostumbrado a jugar con la espalda contra la pared. Cuando David Choinière empató la serie en el minuto 76, el silencio en la banca mexicana fue elocuente: no era solo un gol, era el símbolo de un plan que se desmoronaba.
La eliminación dolió más por lo que representaba que por el resultado en sí. Para las Chivas, caer ante un equipo de una liga considerada «menor» es un golpe a su orgullo institucional, especialmente en un torneo donde los equipos mexicanos han acaparado los últimos siete títulos. Para el Forge, en cambio, fue la confirmación de que su modelo —basado en jugar como un bloque compacto y aprovechar las debilidades psicológicas de rivales más talentosos— funciona incluso contra los grandes. La Concachampions, tradicionalmente un feudo azteca, empieza a escribir nuevos capítulos.
Dos goles en el final que cambiaron la historia
El Estadio Tim Hortons de Hamilton se convirtió en escenario de un final que quedará grabado en la memoria del fútbol canadiense. Con el marcador 1-2 en contra y el reloj marcando el minuto 75, Forge FC parecía condenado a despedirse de la Concachampions. Pero el equipo de Bobby Smyrniotis, conocido por su resistencia en instancias decisivas, activó un cambio de ritmo que descolocó a la defensa de Chivas. La presión asfixiante sobre el área de José Rojás —arquero suplente que había reemplazado al lesionado Miguel Jiménez— comenzó a rendir frutos cuando David Choinière, con un remate cruzado desde el borde del área, empató el partido al 82′. El gol no solo reavivó las esperanzas locales, sino que expuso las grietas en la zaga tapatía, acusada de bajar la intensidad tras el 2-1 inicial.
El segundo golpe llegó cuando menos lo esperaba Guadalajara. A los 88 minutos, un centro desde la banda izquierda de Tristan Borges encontró a Woobens Pacius, quien con un testarazo preciso venció a Rojás por segunda vez en ocho minutos. La estadística fue implacable: Forge FC convirtió dos de sus tres remates entre los tres palos en esa recta final, mientras que Chivas, pese a dominar el 62% de la posesión, no logró generar ni un solo disparo a puerta en los últimos 20 minutos. Analistas deportivos destacaron después cómo la fatiga acumulada por el equipo mexicano —que llegó al partido con solo 48 horas de descanso tras un clásico nacional— influyó en su incapacidad para contener los contraataques canadienses.
La remontada no fue solo cuestión de suerte. Smyrniotis había ingresado a Choinière y Pacius en el segundo tiempo con un objetivo claro: explotar los espacios que dejaba la línea defensiva de Chivas al adelantarse. La apuesta rindió frutos. Mientras el banquillo tapatío optó por cambios conservadores —como la entrada del lateral José Ríos por el delantero José Macías—, Forge arriesgó con jugadores de perfil ofensivo. Esa diferencia táctica se notó en el campo.
Cuando el árbitro pitó el final, el 1-3 global en la eliminatoria ya era un hecho. Pero más allá del resultado, quedó la imagen de un equipo canadiense que, una vez más, demostró que en la Concachampions los gigantes también pueden caer. Y que, a veces, 15 minutos bastan para reescribir una historia que parecía terminada.
La táctica que quebró a la defensa de Chivas
El gol que desequilibró la serie no llegó por casualidad, sino por una jugada ensayada hasta el cansancio en los entrenamientos del Forge FC. A los 76 minutos, cuando el cansancio ya pesaba sobre las piernas de los defensas de Chivas, el equipo canadiense ejecutó un movimiento que había perfeccionado en la Liga Canadiense: un desborde por la banda izquierda seguido de un pase al área en diagonal. La clave estuvo en la velocidad de David Choinière, quien superó a Antonio Briseño con un cambio de ritmo y centró al segundo palo, donde Chris Nanco remató de primera. El análisis táctico posterior reveló que Chivas había permitido 12 centros desde esa misma zona en el partido de ida, pero esta vez no hubo reacción.
Lo que rompió a la defensa tapatía fue la presión alta después de la pérdida. Forge FC no se conformó con mantener la posesión: cada vez que recuperaba el balón en campo rival, buscaba el pase vertical hacia los espacios que dejaban los laterales de Chivas, avanzados por la necesidad de empatar. Según datos de Opta, el equipo de Bobby Smyrniotis recuperó 18 balones en los últimos 30 minutos, el doble que en todo el primer tiempo. Esa intensidad asfixió a un Rónald Raldes que, acostumbrado a jugar con más tiempo, cometió dos errores fatales en salidas con el balón.
El segundo gol, obra de Tristan Borges a los 87 minutos, fue consecuencia directa de esa estrategia. Tras robar un pase en mediocampo, el Forge avanzó con cinco jugadores en desventaja numérica, pero la falta de coordinación entre la línea defensiva de Chivas —especialmente entre José Rojas y el ya mencionado Briseño— dejó un hueco de más de 15 metros que Borges aprovechó con un disparo cruzado. Las imágenes muestran cómo el lateral derecho no cerró a tiempo, mientras el central se quedó observando la jugada.
Lo más llamativo no fue solo la ejecución, sino la frialdad con la que un equipo de una liga considerada «menor» desarmó a uno de los gigantes de Concacaf. Mientras Chivas insistía en el juego aéreo con pelotazos a José Macías, el Forge mantuvo la calma, movió el balón con criterio y castigó cada error. La lección quedó clara: en el fútbol moderno, la táctica bien aplicada vence al nombre.
Forge FC: el club que redefine el fútbol canadiense
Forge FC no es un club cualquiera. Fundado en 2017 como franquicia de la Canadian Premier League, ha roto moldes en un país donde el fútbol tradicionalmente vivía a la sombra del hockey. Su victoria épica contra Chivas de Guadalajara en la Concachampions no es casualidad, sino el resultado de una filosofía clara: combinar el pragmatismo europeo con la garra americana. Con un presupuesto que no supera los 5 millones de dólares anuales —una fracción de lo que gastan rivales como Tigres o América—, el equipo de Hamilton ha demostrado que la inteligencia táctica y la cohesión grupal pueden competir contra gigantes.
El triunfo ante el Rebaño Sagrado no solo es histórico por el marcador. Es la primera vez que un club canadiense elimina a un equipo mexicano en la fase de eliminatorias directas de la Concachampions desde que el torneo adoptó su formato actual. Analistas de ESPN Deportes destacan que Forge FC ha perfeccionado un estilo basado en transiciones rápidas y presión alta, algo poco común en equipos de su liga. Su entrenador, un estratega formado en las categorías inferiores del fútbol belga, ha sabido adaptar estas ideas a un plantel donde la mayoría de los jugadores provienen de ligas menores o universidades canadienses.
Lo más llamativo, sin embargo, es su mentalidad. Mientras otros equipos canadienses se conformaban con ser figurantes en competiciones continentales, Forge FC llegó a la Concachampions con ambición. No es un club que se conforme con participar; quiere ganar. Esa actitud quedó clara en el partido de vuelta contra Chivas, cuando, abajo en el marcador, no bajaron los brazos. Dos goles en los últimos 15 minutos —uno de ellos en el 90+3— sellaron una remontada que ya forma parte del folclor deportivo canadiense.
Su éxito también ha tenido un efecto dominó. La Canadian Premier League, antes vista como un proyecto secundario, ahora atrae más atención de patrocinadores y medios internacionales. Forge FC no solo pone a Canadá en el mapa futbolístico: obliga a replantear qué es posible para un club con recursos limitados pero una visión audaz.
¿Qué sigue para el campeón de la Concacaf League?
El triunfo del Forge FC sobre Chivas de Guadalajara no solo reafirma su dominio en la Concacaf League, sino que lo proyecta como un rival de cuidado en la próxima edición de la Copa de Campeones. El equipo canadiense, acostumbrado a desafiar pronósticos, demostró una vez más que su mentalidad ganadora trasciende fronteras. Según datos de la Concacaf, solo tres clubes no mexicanos han logrado coronarse en competiciones regionales desde 2010, y el Forge ya suma dos títulos en cinco años. Su capacidad para cerrar partidos en momentos críticos—como los dos goles en los últimos 15 minutos ante Chivas—lo convierte en un candidato serio para romper esa estadística.
El camino inmediato pasa por la Liga Canadiense, donde el Forge buscará mantener el ritmo antes de enfocarse en la Concachampions 2025. La base del equipo, con figuras como el delantero Paco Craig y el mediocampista Kyle Bekker, sigue intacta, pero el desafío será incorporar refuerzos que eleven su nivel frente a gigantes como América o León. La experiencia acumulada en partidos de alta presión, como el duelo en el Estadio Akron, será clave.
Fuera de la cancha, el club enfrenta otra batalla: consolidar su modelo. Mientras equipos mexicanos operan con presupuestos millonarios, el Forge apuesta por una estructura modesta pero eficiente, centrada en el desarrollo de talento local y la cohesión grupal. Analistas de la región, como los del portal Fútbol Concacaf, destacan que su éxito no es casualidad, sino el resultado de una filosofía clara: priorizar la intensidad sobre el nombre de las estrellas.
La pregunta ahora es si podrán repetir la hazaña en un torneo donde la física y el desgaste son implacables. La Concachampions exige no solo calidad, sino resistencia para superar eliminatorias en menos de una semana. El Forge ya demostró que sabe sufrir. El próximo paso es demostrar que también sabe ganar cuando el escenario es aún más grande.
El Forge FC demostró una vez más que en el fútbol no existen partidos perdidos hasta el pitazo final, con una remontada histórica que no solo los llevó a semifinales de Concachampions, sino que dejó en evidencia la resiliencia de un equipo que compite con recursos limitados pero con un corazón gigante. La lección es clara: contra rivales de mayor jerarquía como Chivas, la intensidad y la fe en el sistema pueden inclinar la balanza cuando el talento individual no alcanza, especialmente en los minutos decisivos donde la presión ahoga a los favoritos.
Clubes con menos presupuesto deberían estudiar este partido como manual de cómo explotar las debilidades tácticas de equipos acostumbrados a dominar: presionar alto en bloques compactos y apostar por jugadores rápidos en las bandas, como el letal Woobens Pacius. Ahora, con el Cruz Azul en el horizonte, el Forge tiene la oportunidad de reafirmar que su fútbol es tan efectivo como inspirador para el soccer canadiense.

