El decomiso más grande del año sacudió el puerto de Manzanillo: 12 toneladas de sustancias ilícitas, empacadas en miles de packs de México con logos falsificados, fueron incautadas por la Fiscalía General de la República en una operación relámpago. Las autoridades confirmaron que el cargamento, oculto entre contenedores de exportación, supera en volumen cualquier otro aseguramiento registrado en lo que va de 2024. Según los primeros reportes, los paquetes —diseñados para simular productos legales como snacks o medicamentos— contenían metanfetamina, fentanilo y cocaína, con un valor estimado en el mercado negro que ronda los 300 millones de pesos.

El hallazgo no solo expone la sofisticación de las redes de narcotráfico, sino que reaviva el debate sobre los packs de México como método de distribución masiva. Estos empaques, cada vez más comunes en puertos y aeropuertos, han convertido a Colima en un punto crítico para el tráfico hacia Estados Unidos y Europa. La estrategia de camuflar drogas en envases cotidianos —desde bolsas de café hasta cajas de cereal— dificulta su detección, incluso con equipos de rayos X. Mientras las autoridades refuerzan controles, el caso deja al descubierto una realidad incómoda: el crimen organizado adapta sus tácticas más rápido que los protocolos de seguridad.

El puerto de Manzanillo en la mira del narcotráfico

El puerto de Manzanillo no es un objetivo casual para las redes de narcotráfico. Su ubicación estratégica en el Pacífico mexicano lo convierte en un nodo clave para el envío de drogas hacia Asia, Europa y Estados Unidos. Según datos de la Secretaría de Marina, al menos el 30% de los decomisos masivos de fentanilo y metanfetamina en puertos nacionales durante 2023 ocurrieron en esta zona, superando a Veracruz y Lázaro Cárdenas.

La infraestructura portuaria, diseñada para mover millones de contenedores al año, también facilita el camuflaje de cargamentos ilícitos. Los cárteles aprovechan la saturación de inspecciones y la corrupción en algunos eslabones logísticos para introducir paquetes entre mercancías legítimas, desde autopartes hasta productos agrícolas.

Expertos en seguridad marítima señalan que Manzanillo replica un patrón visto en puertos de Centroamérica: la colusión entre operadores portuarios y grupos criminales. La Fiscalía ha detectado que, en varios casos, los envíos decomisados contaban con documentación falsificada que permitía su tránsito sin alertar a las autoridades.

El aumento de operativos no ha detenido el flujo. Solo en el último trimestre, las fuerzas armadas interceptaron tres embarques con más de 5 toneladas de drogas cada uno, todos con destino a países con alta demanda de sintéticas.

Dónde y cómo ocultaban las 12 toneladas de drogas

El operativo en el puerto de Manzanillo reveló un esquema de ocultamiento diseñado para burlar los controles aduanales. Las 12 toneladas de droga, divididas en miles de paquetes rectangulares envueltos en cinta adhesiva negra, se distribuyeron estratégicamente dentro de contenedores marítimos cargados con productos lícitos. Según informes de la Fiscalía, los narcóticos se camuflaban entre sacos de carbón, cajas de electrodomésticos y hasta pallets de material de construcción, aprovechando la densidad y el volumen de mercancías legítimas para pasar desapercibidos.

Expertos en tráfico ilícito señalan que esta técnica, conocida como «blindaje», es recurrente en puertos mexicanos. Un estudio de la UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) indica que el 68% de los decomisos masivos en terminales marítimas durante 2023 involucraron contenedores con carga mixta, donde los estupefacientes se ocultan en capas intermedias o falsos compartimentos.

En este caso, los paquetes —de aproximadamente un kilo cada uno— estaban recubiertos con una resina sintética para neutralizar el olor, dificultando su detección con perros entrenados. Algunos fueron hallados dentro de tubos de PVC sellados, integrados a estructuras metálicas que simulaban ser parte del embarque original.

La meticulosidad del operativo delictivo quedó en evidencia al descubrir que varios contenedores tenían modificaciones internas: paredes falsas con bisagras y sistemas de sujeción magnética para esconder los paquetes tras paneles desmontables. Las autoridades confirmaron que el diseño respondía a un patrón usado por cárteles para distribuir fentanilo y metanfetamina hacia mercados internacionales.

Estrategias para frenar el flujo de estupefacientes en costas mexicanas

El combate al narcotráfico en las costas mexicanas exige un enfoque multidimensional. Según datos de la Secretaría de Marina, el 70% de los decomisos masivos en puertos durante 2023 ocurrieron en zonas con vigilancia terrestre deficiente, lo que subraya la necesidad de reforzar la coordinación entre autoridades federales y locales. La estrategia más efectiva hasta ahora combina patrullajes aleatorios con inteligencia satelital para detectar embaraciones sospechosas antes de que atracen.

Tecnología de escaneo no intrusivo en contenedores ha demostrado ser clave. Países como Colombia redujeron en un 40% el tráfico marítimo de drogas tras implementar sistemas de rayos gamma en sus principales puertos. México ya prueba prototipos similares en Veracruz y Manzanillo, aunque su despliegue masivo aún enfrenta retrasos por limitaciones presupuestales.

La cooperación internacional también juega un papel crítico. Operativos conjuntos con la DEA y guardacostas centroamericanos han permitido interceptar cargamentos antes de que lleguen a aguas territoriales mexicanas. Sin embargo, expertos en seguridad portuaria advierten que sin una reforma a los protocolos de inspección —actualmente basados en muestras aleatorias— el flujo seguirá siendo difícil de contener.

Otra línea de acción es atacar las redes de corrupción interna. El decomiso récord en Manzanillo coincidió con la detención de tres empleados portuarios vinculados a bandas criminales. Esto confirma lo que analistas han señalado por años: sin depurar las cadenas logísticas, incluso los sistemas tecnológicos más avanzados tendrán fisuras.

El decomiso récord de 12 toneladas de paquetes con drogas en el puerto de Manzanillo no solo expone la magnitud del narcotráfico en las rutas marítimas mexicanas, sino también la sofisticación de las redes criminales que aprovechan la infraestructura portuaria para distribuir estupefacientes a gran escala. La operación, coordinada entre la Fiscalía y autoridades aduaneras, demuestra que el contrabando de fentanilo, metanfetaminas y cocaína sigue adaptándose a los controles, camuflándose entre cargamentos legítimos como productos agrícolas o manufacturados. Ante este escenario, las empresas navieras y operadores logísticos deben reforzar sus protocolos de revisión interna, implementando tecnologías de escaneo avanzado y capacitando a su personal en la identificación de patrones sospechosos, bajo riesgo de convertirse en cómplices involuntarios. Mientras las autoridades redoblan esfuerzos en inteligencia artificial y cooperación internacional, el próximo golpe al crimen organizado dependerá tanto de la innovación tecnológica como de la voluntad política para desmantelar las redes que operan desde el interior del sistema portuario.