El 60% de los filtros de agua domésticos más utilizados en el mercado fallan a la hora de retener microplásticos, según los resultados de un estudio independiente realizado por la Universidad de Ingeniería Ambiental de Barcelona. Los análisis, que evaluaron 23 modelos de marcas líderes, detectaron que solo el 40% lograba reducir estas partículas en más de un 90%, dejando al descubierto una brecha preocupante entre las promesas publicitarias y la eficacia real. Los microplásticos, presentes incluso en el agua potable de grifo, han sido vinculados a riesgos para la salud a largo plazo, desde alteraciones hormonales hasta daños celulares.

La revelación adquiere especial relevancia en un contexto donde el consumo de filtros de agua se ha disparado un 35% en los últimos cinco años, impulsado por la desconfianza hacia la calidad del suministro público y el auge de las jaras filtrantes como alternativa «saludable». Sin embargo, el informe subraya que no todos los sistemas cumplen con lo que prometen: mientras algunos emplean tecnologías de ósmosis inversa o carbón activado de alta densidad, otros recurren a materiales porosos que permiten el paso de partículas de hasta 5 micras. La diferencia, advierten los expertos, puede marcar un antes y un después en la exposición diaria a contaminantes invisibles.

Filtros de agua en el ojo del huracán tras nuevos hallazgos

Filtros de agua en el ojo del huracán tras nuevos hallazgos

El último informe sobre filtros domésticos ha sacudido a fabricantes y consumidores por igual. Según datos de la Organización de Consumidores Europea, solo el 42% de los modelos analizados logra retener más del 70% de las partículas microplásticas presentes en el agua del grifo. Las marcas más populares, que durante años promocionaron sus sistemas como «soluciones definitivas», enfrentan ahora demandas por publicidad engañosa en al menos tres países.

El problema no radica en la tecnología en sí, sino en su aplicación masiva sin controles rigurosos. Mientras los filtros de carbón activado —los más vendidos— resultan efectivos contra cloro y metales pesados, su capacidad para atrapar microplásticos de menos de 5 micras es casi nula. Los sistemas de ósmosis inversa, en cambio, muestran un rendimiento superior, pero su alto costo y mantenimiento los mantiene fuera del alcance de la mayoría.

La polémica escaló cuando un laboratorio independiente reveló que algunos filtros, lejos de purificar, podrían estar liberando fragmentos plásticos al degradarse con el uso prolongado.

Ante el escándalo, varias cadenas de supermercados en España y México retiraron voluntariamente lotes específicos de tres marcas líderes. La Comisión de Salud Pública ya estudia imponer un etiquetado obligatorio que especifique el porcentaje exacto de microplásticos que cada modelo es capaz de eliminar, una medida que podría redefinir el mercado en los próximos meses.

Cómo los microplásticos se cuelan en el grifo de tu cocina

Cómo los microplásticos se cuelan en el grifo de tu cocina

El agua que sale del grifo pasa por tuberías, estaciones de tratamiento y, en muchos hogares, por un filtro antes de llegar al vaso. Pero incluso los sistemas domésticos más avanzados pueden fallar en una batalla invisible: la de los microplásticos. Partículas más finas que un cabello humano, capaces de colarse por los poros de materiales que, en teoría, deberían retenerlas.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud ya advirtió en 2022 que más del 80% de las muestras de agua potable analizadas en estudios globales contenían trazas de plástico. La ruta es sencilla: fibras de ropa sintética, degradación de envases o incluso polvo urbano se cuelan en ríos y acuíferos. Los filtros de carbón activado —los más comunes en cocinas— atrapan cloro o metales, pero su eficacia baja drásticamente con partículas inferiores a 5 micras.

El problema no es solo la fuente, sino el diseño. Muchos cartuchos filtrantes priorizan eliminar sabores o bacterias, no microcontaminantes. Y aunque algunos modelos publicitan «tecnología de membrana», su rendimiento depende de un mantenimiento estricto: un filtro mal enjuagado o saturado se convierte en un colador para plásticos.

Peor aún, ciertos materiales de los propios filtros —como polipropileno o nylon— pueden degradarse con el tiempo, liberando fragmentos al agua que supuestamente «purifican».

Alternativas reales para purificar el agua en casa

Alternativas reales para purificar el agua en casa

Ante la ineficacia comprobada de muchos filtros comerciales, los métodos tradicionales recuperan protagonismo. La ebullición sigue siendo una de las opciones más accesibles: hervir agua durante al menos un minuto elimina bacterias y parásitos, aunque no retiene microplásticos ni metales pesados. Estudios de la Organización Mundial de la Salud confirman que este método reduce hasta un 99.9% de patógenos comunes en zonas sin tratamiento municipal.

Para quienes buscan soluciones con mayor capacidad de filtrado, los sistemas de ósmosis inversa destacan por su eficiencia. Estos equipos, instalados bajo el lavabo, fuerzan el agua a través de membranas semipermeables que bloquean hasta el 95% de contaminantes, incluyendo microplásticos de hasta 0.001 micras. Su principal desventaja radica en el desperdicio de agua (por cada litro purificado, se descartan entre 2 y 4 litros) y el costo inicial, que ronda los 300 a 800 euros.

Otra alternativa en auge son los filtros de cerámica con plata coloidal. Fabricados con materiales porosos como arcilla y aserrín, estos dispositivos —populares en comunidades rurales— retienen partículas mayores a 0.5 micras y neutralizan bacterias gracias a las propiedades antibacterianas de la plata. Aunque su efectividad contra microplásticos es limitada, organizaciones como UNICEF los promueven en regiones con infraestructura precaria por su bajo mantenimiento y durabilidad.

Quienes prefieren evitar inversiones costosas pueden optar por jarros filtrantes con carbón activado de coco. Mientras no eliminan microplásticos, reducen cloro, pesticidas y mejoran el sabor. La clave está en reemplazar los cartuchos cada 400 litros o según indique el fabricante.

El estudio deja claro que confiar ciegamente en un filtro de agua doméstico no garantiza protección contra los microplásticos, un problema que afecta ya al 60% de los dispositivos analizados. La eficiencia varía drásticamente según la tecnología: mientras los sistemas de ósmosis inversa o carbón activado de alta densidad muestran resultados prometedores, muchos filtros básicos de jarra o grifo apenas retienen estas partículas invisibles pero persistentes. Antes de comprar, conviene revisar certificaciones independientes como NSF/ANSI 401 —específica para microplásticos— y priorizar marcas que publiquen datos verificables de sus pruebas, no solo promesas genéricas de «agua pura». La presión sobre los fabricantes crecerá a medida que más investigaciones expongan estas lagunas, pero la solución definitiva exigirá no solo mejores filtros, sino políticas que ataquen el problema en su origen: la producción masiva de plásticos.