El Manchester United sufrió una de sus peores derrotas en años: un contundente 4-0 ante el West Ham que dejó al descubierto las grietas de un equipo en crisis. Con goles de Jarrod Bowen, Mohammed Kudus y un doblete de James Ward-Prowse, los Hammers no solo humillaron a los Diablos Rojos en el London Stadium, sino que los hundieron en la séptima posición de la Premier League, a seis puntos del cuarto puesto. La falta de reacción, los errores defensivos y la ausencia de ideas en ataque convirtieron el west ham vs manchester united en un espejo de la temporada irregular de Erik ten Hag.
El resultado no fue una sorpresa para quienes siguen el declive del United, pero sí un golpe de realidad. Tras inversiones millonarias y promesas de reconstrucción, el equipo muestra una fragilidad que rivales como el West Ham—tradicionalmente considerado de segundo nivel—aprovechan sin piedad. El west ham vs manchester united quedó como testimonio de una era en la que los gigantes ya no asustan, donde la historia pesa menos que la inconsistencia. Para los aficionados, la pregunta ya no es si habrá recuperación, sino cuándo dejará de doler.
Un Manchester United en caída libre
El Manchester United llegó al London Stadium como un equipo perdido, sin rumbo y con una defensa que parece hecha de papel. La derrota 4-0 ante el West Ham no fue un golpe de mala suerte, sino el reflejo de una crisis que se arrastra desde hace meses. Los Red Devils encadenan su tercera derrota consecutiva en la Premier League, algo que no ocurría desde 2019, y la sensación es que el equipo ha tocado fondo sin visos de reacción.
La falta de intensidad, los errores groseros en defensa y una línea ofensiva inexistente dibujaron un partido para el olvido. El West Ham, sin necesidad de esforzarse, desarmó con facilidad a un United que acumula solo 2 puntos en los últimos 5 partidos. Los aficionados, hartos, coreaban consignas contra la directiva, mientras los jugadores miraban al suelo, incapaces de ofrecer respuestas.
Lo más preocupante no es el resultado, sino la ausencia total de identidad. Sin un estilo claro, con un mediocampo que no genera juego y una delantera que no remata, el equipo de Ten Hag parece condenado a navegar sin brújula. Las críticas arrecian, y no son solo por los malos resultados: es la imagen de un club histórico reducido a un conjunto desdibujado, sin garra ni orgullo.
Analistas señalan que, a este ritmo, la lucha por entrar en Europa podría convertirse en una batalla por no caer a puestos de descenso. La Premier no perdona, y el United, lejos de ser el gigante de antaño, se ha convertido en un equipo predecible, lento y, sobre todo, vulnerable.
La exhibición táctica del West Ham
El West Ham desmontó al Manchester United con una exhibición táctica que combinó presión alta, transiciones rápidas y un bloque defensivo casi perfecto. Desde el primer minuto, los Hammers asfixiaron a un rival sin ideas, recuperando el balón en campo contrario en el 68% de las ocasiones durante la primera mitad, según datos de Opta. La intensidad de Jarrod Bowen y Mohamed Kudus por las bandas desequilibró constantemente a una defensa de los Diablos Rojos que nunca encontró respuestas.
David Moyes apostó por un 4-2-3-1 con Lucas Paquetá como cerebro, pero fue la solidez colectiva lo que marcó la diferencia. El mediocampo, liderado por Declan Rice —cuyo legado en el club sigue intacto—, cortó cada intento de construcción del United, mientras que los laterales subían con precisión para saturar las bandas. No hubo espacios para Bruno Fernandes ni para Alejandro Garnacho, ahogados bajo una marca al hombre que recordó a los mejores sistemas de contraataque europeos.
El gol de Bowen al minuto 23, tras un error de Casemiro, fue el reflejo de una estrategia clara: forzar pérdidas en zonas peligrosas y castigar con verticalidad. El segundo tanto, obra de Kudus, llegó de una jugada ensayada en saques de esquina, donde el West Ham explotó la falta de atención de Lisandro Martínez. Para entonces, el Old Trafford ya era un escenario mudo.
Lo más llamativo no fue el marcador, sino la ejecución. El equipo londinense no bajó la intensidad ni siquiera con ventaja, algo que pocos conjuntos logran contra un Manchester United acostumbrado a remontar partidos. La lección táctica quedó servida.
¿Qué sigue para los Red Devils?
La derrota 4-0 ante el West Ham no solo expone las grietas del Manchester United, sino que enciende alarmas sobre su futuro inmediato. Con solo dos victorias en los últimos ocho partidos de Premier League, el equipo de Erik ten Hag se hunde en una crisis que va más allá de lo táctico. La falta de reacción ante un rival directo en la pelea por Europa deja al descubierto un problema de mentalidad que ni los refuerzos de verano han logrado solucionar.
El calendario no perdona. En las próximas tres jornadas, los Red Devils enfrentarán al Arsenal, al Liverpool y al Chelsea, equipos que ocupan puestos de Champions. Un solo punto en esos duelos los podría dejar a siete unidades del cuarto lugar, según proyecciones de analistas deportivos. La presión sobre Ten Hag crece, especialmente cuando figuras como Bruno Fernandes aparecen desconectadas en partidos clave.
Fuera de la cancha, las críticas arrecian. Aficionados y exjugadores cuestionan la gestión del vestuario y la incapacidad para armar un bloque sólido. Mientras tanto, en Old Trafford ya se especula con posibles relevos en el banquillo si la situación no mejora.
El próximo partido contra el Arsenal no es solo otro compromiso: es un examen de supervivencia.
El West Ham no solo ganó: desmontó al Manchester United con un 4-0 que expuso todas las grietas de un equipo que sigue sin encontrar su identidad bajo Erik ten Hag. La intensidad, la presión alta y la eficacia de los Hammers dejaron en evidencia a una defensa desorganizada y a un mediocampo sin ideas, en lo que ya es la tercera goleada encajada por los Red Devils esta temporada.
Quien espere un milagro en Old Trafford debería empezar a exigir respuestas concretas: refuerzos en invierno que cubran las carencias defensivas y un sistema de juego que no dependa de momentos de inspiración individual. La Premier League no perdona la improvisación.
El próximo partido contra el Chelsea no será un examen, sino un juicio definitivo para medir si este equipo aún tiene algo que ofrecer en la lucha por Europa.

