El salario mínimo en España alcanza en 2024 su cifra más alta de la historia: 1.134 euros mensuales en 14 pagas. El acuerdo entre el Gobierno y los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, cierra así un ciclo de revalorizaciones anuales que ha elevado el sueldo base un 54% desde 2018, cuando apenas superaba los 735 euros. La subida, del 5% respecto a 2023, entra en vigor este enero y afecta directamente a más de 2,5 millones de trabajadores, según datos de la Seguridad Social.

La pregunta ¿cuánto es el salario mínimo? adquiere especial relevancia en un contexto de inflación persistente y precariedad laboral. Los 1.134 euros brutos mensuales —15.876 euros anuales— sitúan a España por encima de países como Portugal (820 euros) o Grecia (910 euros), aunque aún lejos de los 1.700 euros de Luxemburgo o los 1.500 de Alemania. Para los trabajadores con contratos a tiempo parcial o temporales, saber cuánto es el salario mínimo define no solo su nómina, sino también el acceso a ayudas sociales, préstamos bancarios o alquileres en un mercado cada vez más tensionado.

El largo camino hacia los 1.134 euros mensuales

Llegar a los 1.134 euros mensuales en catorce pagas no ha sido un salto improvisado, sino el resultado de una escalada pactada que comenzó en 2018. Ese año, el Gobierno y los sindicatos mayoritarios —CCOO y UGT— firmaron un acuerdo para elevar el salario mínimo interprofesional (SMI) de forma progresiva, partiendo de los 858 euros mensuales vigentes entonces. El objetivo: alcanzar el 60% del salario medio español en 2023, un umbral que la OCDE considera clave para reducir la desigualdad sin perjudicar el empleo. Aunque la pandemia retrasó parcialmente los planes, la hoja de ruta se mantuvo, con subidas anuales que oscilaron entre el 5% y el 8%.

El último tramo, sin embargo, ha requerido negociaciones más tensas. Mientras los sindicatos exigían los 1.134 euros para 2024 —cifra que ya se barajó en 2023 pero quedó en 1.108—, la patronal alertaba sobre el impacto en las pymes, especialmente en sectores como la hostelería o el comercio rural, donde los márgenes son ajustados. Datos de la EPA revelan que cerca de 1,8 millones de trabajadores, el 9% del total, cobraban el SMI en 2023. Para ellos, el aumento supone un incremento anual de casi 300 euros brutos.

El acuerdo final incluye una cláusula de revisión a mediados de año, algo inusual en las subidas anteriores. Esto permite ajustar la cuantía si la inflación se disparara o si el mercado laboral mostrase señales de debilidad. Economistas como los del Banco de España han advertido en informes recientes que, aunque el SMI ha contribuido a reducir la pobreza laboral, su efecto en la productividad sigue siendo limitado en sectores con baja cualificación. La clave, señalan, estará en cómo se compense esta subida con políticas de formación y apoyo a la digitalización de las empresas.

Para los trabajadores con contratos a tiempo parcial o temporales —que representan el 25% del total, según la última Encuesta de Población Activa—, el impacto será relativo. Un empleado a media jornada verá su sueldo aumentar en proporción, pero seguirá sin alcanzar el umbral de los 1.000 euros. La brecha se nota especialmente en comunidades como Andalucía o Extremadura, donde el peso del SMI es mayor.

Cómo queda el nuevo salario mínimo en 14 pagas

El salario mínimo interprofesional (SMI) de 1.134 euros mensuales en 14 pagas anunciado para 2024 sitúa la retribución anual bruta en 15.876 euros, un incremento del 5% respecto a los 1.080 euros vigentes en 2023. Esta cifra, pactada entre el Gobierno y los sindicatos mayoritarios, se traduce en un cobro mensual neto aproximado de 940 euros para trabajadores sin cargas familiares, según cálculos basados en las tablas de retención del IRPF actualizadas. La subida, aunque por debajo del IPC interanual (5,7% en noviembre de 2023), busca equilibrar el poder adquisitivo de los 2,5 millones de asalariados que perciben el SMI en España, un colectivo que representa el 12% del total de ocupados, según datos de la EPA.

La distribución en 14 pagas implica que los trabajadores recibirán dos pagas extraordinarias —generalmente en verano y Navidad— equivalentes cada una al salario base mensual. Así, en los meses sin extra (12 al año), el ingreso bruto será de 1.134 euros, mientras que en los meses con paga extra (junio y diciembre) ascenderá a 2.268 euros brutos. Esta modalidad, mayoritaria en España, contrasta con el sistema de 12 pagas prorrateadas, donde el salario mensual sería de 1.312 euros brutos (15.876 €/12), pero sin variaciones estacionales.

Economistas del Banco de España advierten que, pese al avance, el SMI español sigue un 20% por debajo de la media de la UE-27 (1.442 €/mes en 14 pagas, según Eurostat 2023), aunque supera a países como Portugal (820 €) o Grecia (910 €). La brecha se acentúa al comparar con países del norte de Europa, donde el salario mínimo supera los 2.000 euros mensuales en 14 pagas, como en Luxemburgo o Alemania.

Para los trabajadores a tiempo parcial, el cálculo se ajusta proporcionalmente. Por ejemplo, un contrato al 50% supondría un salario bruto de 567 euros mensuales en 14 pagas (sin incluir complementos por antigüedad o pluses sectoriales). Las empresas con convenios colectivos que ya superen el SMI no están obligadas a aplicarlo, pero sí deben garantizar que ningún trabajador cobre por debajo de este umbral, incluso en sectores con salarios históricamente bajos, como la hostelería o la agricultura.

La subida, aunque celebrada por los sindicatos, ha generado críticas entre las pymes, especialmente en comunidades con salarios medios inferiores a la media nacional. En Extremadura o Andalucía, donde el coste de vida es menor, algunos empresarios argumentan que el incremento del 5% podría trasladarse a los precios finales, afectando a la competitividad de negocios locales.

Qué cambia para autónomos y trabajadores eventuales

La subida del salario mínimo interprofesional (SMI) a 1.134 euros mensuales en 14 pagas —un 5% más que en 2023— tiene consecuencias directas para los 3,3 millones de autónomos que operan en España, especialmente para aquellos que contratan trabajadores eventuales o se ven afectados por la competencia en sectores con márgenes ajustados. Según datos de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos (ATA), cerca del 40% de los autónomos con empleados reconocen que este incremento les obliga a replantear sus estructuras de costes, ya que el SMI actúa como referencia obligada para salarios base, cotizaciones y subvenciones vinculadas a la contratación.

Para los trabajadores eventuales, sobre todo en agricultura, hostelería y comercio, el cambio es inmediato. Sectores como el agrícola —donde el 60% de los contratos son temporales— verán cómo el salario diario mínimo pasa de 45,67 a 47,77 euros, según cálculos del Ministerio de Trabajo. Esto afecta directamente a las nóminas de los jornaleros, pero también a las ayudas públicas: programas como el de «contratos de formación en alternancia» exigen ahora remuneraciones alineadas con el nuevo SMI, lo que puede reducir su atractivo para pequeñas empresas con liquidez limitada.

Los autónomos sin asalariados no escapan al impacto. La cuota mensual de autónomos —aunque no está directamente ligada al SMI— suele ajustarse en función de los ingresos netos declarados. Con un salario mínimo más alto, Hacienda podría reinterpretar los umbrales de ingresos «bajos» que dan acceso a bonificaciones en la cuota, como la tarifa plana de 80 euros para nuevos autónomos. Economistas del sector advierten de que, en la práctica, esto podría traducirse en menos beneficiarios o requisitos más estrictos.

El efecto en cadena también llega a las prestaciones. Las bases de cotización mínima para autónomos y trabajadores eventuales se recalculan en función del SMI, lo que eleva ligeramente las aportaciones a la Seguridad Social. Para un autónomo en el régimen general, la base mínima pasa de 235,88 a 249,60 euros mensuales, según las tablas publicadas por el Gobierno. En el caso de los eventuales, esto se traduce en cotizaciones más altas por días trabajados, un coste que muchas pymes intentarán compensar reduciendo jornadas o externalizando servicios.

No todos los cambios son negativos. Colectivos como los riders o los repartidores, donde la precariedad es estructural, verán cómo el nuevo SMI refuerza su posición en negociaciones con plataformas digitales. Algunas sentencias recientes ya han obligado a empresas como Glovo o Uber Eats a equiparar sus pagos por hora al salario mínimo, y la subida de 2024 amplía ese colchón. Eso sí: la aplicación real dependerá de la inspección de Trabajo, que en 2023 solo resolvió el 12% de las denuncias por salarios inferiores al SMI en el sector de la economía gig.

El impacto real en la cesta de la compra y el alquiler

El aumento del salario mínimo interprofesional (SMI) a 1.134 euros en 14 pagas no llega igual a todos los bolsillos. Para un trabajador que cobre exactamente esa cantidad, el impacto en la cesta de la compra es limitado: según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el gasto medio mensual en alimentación para un hogar unipersonal ronda los 180 euros. Eso deja 954 euros para el resto de gastos fijos, donde el alquiler se come la mayor parte. En ciudades como Madrid o Barcelona, un piso de una habitación en zonas no céntricas supera fácilmente los 800 euros, reduciendo el margen a poco más de 150 euros para luz, agua, transporte y otros conceptos básicos.

Los economistas señalan que, aunque el incremento del 5% respecto a 2023 ayuda a mitigar la inflación acumulada, sigue sin cubrir el coste real de vida en las grandes urbes. Un informe reciente de la Fundación FOESSA calcula que el umbral de pobreza para una persona sola se sitúa en 1.230 euros mensuales, casi 100 euros por encima del nuevo SMI.

Fuera de las capitales, la situación mejora ligeramente. En municipios pequeños, donde los alquileres rara vez superan los 500 euros, el salario mínimo permite un colchón algo mayor. Pero incluso allí, la subida de precios en productos básicos como el aceite (un 70% más caro que en 2020) o los huevos (con incrementos del 30%) erosionan cualquier avance. La diferencia entre percibir 1.080 euros en 2023 y 1.134 en 2024 se diluye en el supermercado.

El verdadero problema surge cuando se comparan estos ingresos con los precios del alquiler. Según datos de Idealista, el 40% de los pisos en alquiler en España exigen un desembolso superior al 35% del salario mínimo, el límite que los expertos consideran «asequible». En práctica, esto obliga a muchos trabajadores a compartir vivienda o destinar más de la mitad de su sueldo al techo, sacrificando otros gastos esenciales.

Próximos pasos: ¿hacia un SMI del 60% del salario medio?

El acuerdo para elevar el salario mínimo interprofesional (SMI) a 1.134 euros mensuales en 2024 no cierra el debate. Sindicatos y economistas ya miran hacia el siguiente objetivo: alcanzar el 60% del salario medio español, un umbral que la Carta Social Europea recomienda para garantizar condiciones de vida dignas. Actualmente, el SMI representa alrededor del 47% de la media salarial, según datos de la Encuesta de Estructura Salarial del INE. La brecha con países como Francia o Alemania —donde el mínimo supera el 50%— sigue siendo notable.

El camino no será sencillo. Mientras el Gobierno y los agentes sociales negocian los próximos incrementos, los empresarios advierten de riesgos para las pymes, especialmente en sectores con márgenes ajustados. No obstante, los sindicatos insisten en que una subida progresiva hasta el 60% podría reactivar el consumo interno, como sugieren estudios de la OCDE sobre el impacto de los salarios mínimos en economías con alta desigualdad.

La hoja de ruta más probable apunta a aumentos anuales moderados, evitando saltos bruscos que desestabilicen el mercado laboral. Algunas voces proponen vincular el SMI automáticamente a indicadores como la inflación o la productividad, aunque esta opción choca con la resistencia de las patronales. Lo cierto es que, con la economía española creciendo un 2,4% en 2023, el margen para negociar existe.

Queda por ver si la política y la economía encontrarán un equilibrio. El precedente de 2024 —un alza del 5% pactada sin fracturas— genera optimismo, pero el verdadero test llegará cuando el SMI se acerque al 50% del salario medio. Hasta entonces, cada subida será un pulso entre protección social y competitividad.

El salario mínimo en España alcanza en 2024 los 1.134 euros mensuales en 14 pagas, un avance que consolida el compromiso del Gobierno y los sindicatos por revalorizar el poder adquisitivo de los trabajadores con menores ingresos, especialmente en un contexto marcado por la inflación persistente. El incremento del 5% respecto a 2023 —y del 47% desde 2018— sitúa a España entre los países europeos con mayor dinamismo en esta materia, aunque aún por debajo de la media comunitaria en términos de ratio respecto al salario medio.

Para quienes perciban este importe, es clave revisar cómo afecta a prestaciones como el subsidio por desempleo, las becas o las ayudas a la vivienda, donde el SMI actúa como referencia legal; en algunos casos, superar ciertos umbrales puede modificar el acceso a estos beneficios. El próximo reto será evaluar si esta subida se traduce en una mejora real del consumo y la reducción de la precariedad, especialmente en sectores como la hostelería o el comercio, donde el salario mínimo marca el suelo de miles de contratos.