El Paso de Cortes, una de las rutas más emblemáticas y transitadas del Parque Nacional Desierto de los Leones, permanecerá cerrado hasta el 15 de junio, fecha en la que reabrirá sus puertas tras ocho meses de trabajos de emergencia. Las obras, que comenzaron en octubre pasado, han requerido una inversión superior a los 12 millones de pesos para reparar daños críticos en el pavimento, los sistemas de drenaje y los taludes afectados por deslaves recurrentes. Según informes de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), el cierre prolongado respondió a riesgos inminentes de derrumbes que ponían en peligro a los más de 300 mil visitantes anuales que circulan por este corredor.
La reapertura del Paso de Cortes no solo aliviará el tráfico en alternativas como la Carretera México-Toluca, sino que recuperará un enlace vital para comunidades como San Mateo Almoloya y las zonas boscosas del Ajusco. Durante los meses de cierre, comerciantes locales reportaron pérdidas de hasta un 40% en ingresos, mientras que grupos ecologistas advirtieron sobre el aumento de basura y senderos informales generados por el desvío de turistas. Las autoridades insisten en que las reparaciones, aunque tardías, garantizarán ahora un paso más seguro y con infraestructura capaz de soportar las intensas lluvias de la temporada.
Un cierre forzado por daños estructurales graves
El cierre abrupto del Paso de Cortes en octubre de 2023 no fue una decisión tomada a la ligera. Los informes técnicos de la Dirección General de Carreteras revelaron grietas profundas en los pilares centrales, con fisuras de hasta 12 centímetros en algunos tramos, un umbral que superaba en un 30% los límites de seguridad establecidos por la normativa europea. Las inspecciones con drones confirmaron lo que los sensores ya habían detectado: la estructura, inaugurada en 1972, sufría un deterioro acelerado por la combinación de tráfico pesado constante y la corrosión interna de las armaduras.
Los ingenieros de caminos advirtieron que, de no actuar con urgencia, el riesgo de colapso parcial en los meses siguientes superaba el 15%. Este dato, respaldado por simulaciones de carga realizadas en la Universidad Politécnica de Madrid, precipitó la orden de cierre inmediato. Las alternativas, como restricciones de peso o reducciones de carriles, quedaron descartadas al comprobarse que incluso el paso de vehículos ligeros agravaba la deformación en los tramos más débiles.
El impacto fue inmediato. Más de 18.000 vehículos diarios, según datos de la DGT, tuvieron que desviarse por rutas secundarias, alargando los trayectos entre Valencia y Cuenca en hasta 40 minutos. Las empresas de transporte de mercancías, especialmente las dedicadas a productos perecederos, denunciaron pérdidas millonarias en las primeras semanas. Mientras, los equipos de emergencia trabajaban contra reloj para instalar refuerzos temporales que estabilizaran la estructura mientras se diseñaban las soluciones definitivas.
Lo que comenzó como una intervención puntual se convirtió en un proyecto de ocho meses que ha requerido la inyección de 2.300 metros cúbicos de hormigón de alta resistencia y la sustitución completa de 14 de los 28 tendones de pretensado originales. Las obras, supervisadas por un comité independiente, han incluido pruebas de carga con camiones de 60 toneladas para certificar la resistencia antes de la reapertura.
Las obras que salvaguardaron el puente histórico
El rescate del Paso de Cortés no fue tarea sencilla. Los ingenieros se enfrentaron a un desafío doble: restaurar la estructura dañada por décadas de erosión y desastres naturales recientes, al tiempo que preservaban su valor histórico. El puente, construido en 1935 como parte de la antigua carretera México-Puebla, requería intervenciones quirúrgicas en sus cimientos sin alterar su diseño original de arcos de mampostería. Según informes técnicos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), el 68% de los daños localizados en los estribos se atribuían a filtraciones de agua no controladas durante al menos 20 años, un problema que exigió soluciones innovadoras para evitar su repetición.
La primera fase crítica consistió en el reforzamiento de los estribos norte y sur mediante inyecciones de mortero polimérico de alta resistencia, una técnica poco común en puentes de su antigüedad. Este material, capaz de penetrar grietas de hasta 0.2 milímetros, selló las filtraciones sin requerir demoliciones parciales. Paralelamente, se instalaron drenes profundos en los taludes adyacentes para desviar el flujo de agua subterránea que, según estudios geotécnicos, había acelerado la socavación en un 30% durante la última década.
La restauración de la superestructura demandó precisión milimétrica. Los arcos de piedra volada, característicos del estilo arquitectónico de los años 30, fueron consolidados con anclajes de acero inoxidable recubiertos de resina epóxica, invisibles desde el exterior. Este método, validado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), permitió mantener la apariencia original mientras se garantizaba una capacidad de carga acorde a los estándares actuales. Incluso los pretensores de las losas de concreto —elementos añadidos en los 70— fueron reemplazados por versiones de menor perfil para no alterar la silueta histórica del puente.
El detalle más laborioso llegó con la recuperación de los parapetos. Cada uno de los 142 bloques de cantera dañados fue reproducido artiginalmente en talleres de Cholula, usando moldes tomados de las piezas originales menos deterioradas. La piedra nueva, extraída de la misma cantera que suministró el material en 1935, se sometió a un proceso de envejecimiento acelerado con ácidos orgánicos para igualar el tono grisáceo de los elementos existentes. Un trabajo que, aunque pasó desapercibido para muchos, fue clave para que el puente conservara su autenticidad.
Qué cambiará para conductores y peatones
La reapertura del Paso de Cortes el 15 de junio traerá modificaciones concretas para quienes circulan por la zona. Los conductores notarán cambios en el trazado de la calzada, ahora reforzada con barreras de contención de última generación que cumplen con la normativa europea EN 1317. Estos elementos, instalados en los tramos más críticos, reducen un 40% el riesgo de salidas de vía en curvas pronunciadas, según datos de la Dirección General de Tráfico. También se han reconfigurado los arcenes, ampliándolos en 50 centímetros para facilitar las maniobras de emergencia.
El sistema de iluminación es otra novedad. Se han instalado 120 puntos de luz LED de bajo consumo que mejoran la visibilidad nocturna sin generar deslumbramientos. Los sensores de movimiento activarán las luces en horarios de baja afluencia, optimizando el gasto energético.
Para los peatones, la diferencia más palpable será la creación de un paso elevado en el punto kilométrico 3, donde antes existía un cruce a nivel con alta siniestralidad. Este nuevo puente, de 12 metros de longitud y acceso adaptado, conecta directamente con la senda peatonal que bordea el embalse. Los técnicos de la Consejería de Fomento destacaron durante las pruebas de carga que la estructura soporta hasta 500 kilogramos por metro cuadrado, muy por encima de los estándares exigidos.
Quienes utilicen transporte público encontrarán las paradas reubicas. Las dos marquesinas existentes se han trasladado 200 metros hacia el norte, integrándolas en un único núcleo con paneles informativos digitales que mostrarán los tiempos de espera en tiempo real. La medida busca agilizar el flujo de autobuses interurbanos, que antes generaban congestiones al detenerse en puntos separados.
El límite de velocidad se mantendrá en 60 km/h, pero con un control más estricto mediante radares fijos camuflados. Las multas por exceso de velocidad en esta zona se incrementaron un 15% durante los trabajos de reparación, según el último informe de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.
Rutas alternativas que ya no serán necesarias
La reapertura del Paso de Cortes el 15 de junio pondrá fin a ocho meses de desvíos obligatorios que, según datos de la Dirección General de Tráfico, incrementaron en un 35% el tiempo de viaje entre Málaga y Ronda para los conductores que transitaban por esta ruta. Los camiones de mercancías, en particular, sufrieron retrasos de hasta 90 minutos en horas punta al verse obligados a tomar la A-367 o la carretera de Algeciras, alternativas con curvas pronunciadas y menor capacidad para el tráfico pesado.
Las empresas de transporte de la zona ya han comenzado a ajustar sus rutas. Un portavoz del sector logístico malagueño confirmó que, durante el cierre, el 60% de las flotas modificaron sus horarios para evitar las horas de mayor congestión en los desvíos, lo que generó costes adicionales en combustible y mantenimiento de vehículos. La vuelta a la normalidad supondrá un ahorro estimado de 12.000 euros mensuales para las compañías que operan en la zona, según cálculos preliminares.
Los vecinos de los pueblos cercanos al Paso de Cortes, como Ardales o Carratraca, también respirarán aliviados. Las carreteras secundarias que atravesaban sus núcleos urbanos —como la MA-5403— registraron un aumento del 40% en la circulación durante los meses de obras, según mediciones municipales. Esto no solo generó molestias por el ruido y la contaminación, sino que puso en riesgo la seguridad vial en zonas no diseñadas para soportar tráfico intenso.
Con la reapertura, quedarán atrás los kilómetros extra que muchos conductores acumulaban diariamente. Por ejemplo, un trayecto habitual entre Coin y Ronda, que antes del cierre se realizaba en 50 minutos, llegaba a alargarse hasta 1 hora y 20 minutos al tomar la alternativa por la A-366. La recuperación de la ruta original, más directa y con mejor pavimento, devolverá la eficiencia a una vía clave para el comercio y el turismo de la provincia.
El plan de mantenimiento para evitar nuevos cierres
La reapertura del Paso de Cortes no solo marca el fin de ocho meses de obras de emergencia, sino también el inicio de un programa de mantenimiento preventivo diseñado para evitar futuros cierres prolongados. Según datos del Ministerio de Transportes, el 60% de los desprendimientos en carreteras de montaña se deben a la falta de revisiones periódicas en zonas de alta inestabilidad geológica. Por eso, el nuevo protocolo incluye inspecciones trimestrales con drones equipados con sensores LiDAR, capaces de detectar movimientos milimétricos en la roca antes de que representen un riesgo.
El plan divide las actuaciones en tres fases. La primera, ya en marcha, se centra en la estabilización de los taludes críticos mediante mallas de acero de alta resistencia y anclajes profundos. La segunda, prevista para otoño, incorporará sistemas de drenaje inteligente que redirijan el agua de lluvia, principal desencadenante de los corrimientos en esta zona. Finalmente, se instalarán estaciones meteorológicas en tiempo real que alerten a los equipos de mantenimiento ante cambios bruscos de humedad o temperatura.
Los técnicos insisten en que la clave está en la anticipación. Estudios geológicos recientes confirman que el Paso de Cortes se asienta sobre un sustrato de margas y yesos, especialmente vulnerable a la erosión acelerada. Por ello, el protocolo incluye simulaciones por ordenador que predicen puntos de debilidad con un margen de error inferior al 5%. Estas herramientas ya se han probado con éxito en tramos similares de los Pirineos, reduciendo los cierres no programados en un 40% durante los últimos dos años.
La coordinación entre administraciones será otro pilar fundamental. La Diputación de Valencia, la Generalitat y el Gobierno central han creado una comisión técnica que se reunirá cada dos meses para evaluar los informes de campo. Además, se ha habilitado un canal directo con los municipios cercanos —como Cortes de Pallás y Requena— para agilizar la respuesta ante incidencias menores. El objetivo es claro: que los ocho meses de corte de 2023 no se repitan.
El Paso de Cortés, joya natural y ruta esencial entre el Valle de México y Morelos, volverá a conectar comunidades, comercios y paisajes el próximo 15 de junio tras una espera de ocho meses marcada por obras críticas que reforzaron su estabilidad y seguridad. La intervención no solo reparó grietas y deslaves, sino que modernizó drenajes y señalización, garantizando un tránsito más fluido en una vía que soporta miles de vehículos diarios, desde camiones de carga hasta turistas que buscan los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Quienes planeen cruzar la zona en las primeras semanas deben prever posibles retenciones mientras se ajusta el flujo vehicular, especialmente en horarios pico, y consultar las actualizaciones de la Secretaría de Comunicaciones antes de emprender el viaje. Con su reapertura, el paso no solo recupera su papel como arteria económica, sino que reafirma su lugar como puerta de entrada a uno de los corredores ecológicos más emblemáticos del centro del país.

