Doce nuevas fuentes interactivas transformarán el rostro del Paseo Santa Lucía a partir de diciembre, cuando reabra sus puertas tras una renovación que supera los 150 millones de pesos en inversión. El proyecto no solo modernizará el icónico corredor turístico de Monterrey, sino que incorporará tecnología de vanguardia: chorros programables, luces LED sincronizadas con música y sensores de movimiento que permitirán a los visitantes activar los juegos de agua con solo acercarse. Las autoridades prometen un espectáculo visual comparable a los paseos fluviales más innovadores del mundo, como el de Singapur o el de San Antonio, Texas.
Para los regiomontanos, el Paseo Santa Lucía es mucho más que un canal artificial de 2.5 kilómetros: es un símbolo de identidad, un punto de encuentro y el escenario de celebraciones familiares que se remontan a su inauguración en 2007. La reaparición del espacio, ahora con áreas de descanso rediseñadas y sistemas de iluminación eficientes, llega en un momento clave. Coincide con la temporada navideña, cuando el flujo de turistas nacional se dispara, y busca consolidar su papel como eje cultural en el centro de la ciudad. Los comercios aledañas ya preparan promociones especiales, anticipando el impacto económico que generará el renovado atractivo.
De un proyecto fallido a ícono de Monterrey
El Paseo Santa Lucía nació entre polémicas y escepticismo. Cuando se inauguró en 2007 como parte de las celebraciones del 400 aniversario de Monterrey, muchos lo tacharon de «elefante blanco»: un proyecto costoso (más de 300 millones de pesos en su primera etapa) que no justificaba su inversión. Los críticos argumentaban que el canal artificial de 2.5 kilómetros, inspirado en el río San Antonio de Texas, sería un espacio subutilizado en una ciudad con urgencias más apremiantes. Los primeros meses no desmintieron esas voces.
La transformación llegó cuando la vida cotidiana se apropió del lugar. Lo que comenzó como un corredor turístico estéril se convirtió en el escenario de pedidas de mano al atardecer, en la ruta favorita de corredores matutinos y en el telón de fondo de miles de fotos familiares. Estudios de uso público realizados por el gobierno estatal en 2019 revelaron que el paseo recibía un promedio de 12,000 visitantes los fines de semana, cifras comparables a parques consolidados como el Fundidora.
El giro decisivo vino con la programación cultural. Festivales como el Festival Internacional Santa Lucía o las celebraciones de Navidad, con sus espectáculos de luces y música, redefinieron la identidad del espacio. La incorporación de fuentes interactivas en 2015 —que permitían a los niños jugar con chorros de agua sincronizados— demostró que el éxito no estaba en el diseño original, sino en su capacidad para adaptarse.
Hoy, el Paseo Santa Lucía es algo más que un canal: es un símbolo de cómo Monterrey reconcilia su pasado industrial con una vocación moderna. Su reaparición en diciembre, con 12 nuevas fuentes y tecnología LED, no es solo una renovación, sino la confirmación de que los espacios públicos ganan valor cuando dejan de ser monumentos para convertirse en parte del ritmo urbano.
Doce fuentes que responden al tacto y la música
Las doce fuentes interactivas del Paseo Santa Lucía no son un simple adorno: responden al tacto y al ritmo. Diseñadas con tecnología de sensores capacitivos, detectan el movimiento de las manos o los cambios en el entorno para alterar chorros de agua, luces LED y patrones sonoros. Un estudio de la Universidad de Monterrey sobre espacios públicos interactivos señala que este tipo de instalaciones aumenta un 40% el tiempo de permanencia de los visitantes, transformando un paseo cotidiano en una experiencia sensorial.
Cada fuente tiene su propio carácter. Algunas reaccionan con jets de agua sincronizados al golpear la superficie, como si el líquido bailara bajo los dedos. Otras, equipadas con micrófonos integrados, convierten las palmadas o los silbidos en melodías que se reflejan en el agua. La combinación de tecnología y arte público busca romper la barrera entre espectador y obra.
El sistema también incluye programas preestablecidos para eventos especiales. Durante festividades, las fuentes podrán sincronizarse con música en vivo o proyecciones, creando un espectáculo coordinado a lo largo de los 2.3 kilómetros del paseo.
Detrás del diseño hay meses de pruebas con materiales resistentes a la intemperie y sistemas de reciclaje de agua. Los ingenieros priorizaron la durabilidad sin sacrificar la sensibilidad de los sensores, incluso en días de alta afluencia.
Horarios, acceso y lo que cambiará para visitantes
El horario de acceso al Paseo Santa Lucía se ampliará a partir de su reapertura en diciembre, pasando de las 12 horas diarias actuales a un horario continuo de 6:00 a 23:00. Esta extensión, solicitada por comerciantes locales y respaldada por estudios de afluencia turística, busca revitalizar la zona durante las primeras horas de la mañana y las noches, periodos que antes quedaban desatendidos.
Los visitantes encontrarán cambios en los puntos de entrada. Los accesos por la Plaza Zaragoza y la calle Juárez contarán con sistemas de control de aforo en días festivos, mientras que el tramo cercano al Museo del Palacio se mantendrá abierto sin restricciones. Según datos de la Secretaría de Turismo de Nuevo León, el paseo recibe un promedio de 8,500 visitantes los fines de semana, cifra que podría incrementarse un 30% con las nuevas fuentes interactivas.
Las modificaciones también incluyen rutas peatonales rediseñadas para evitar cuellos de botella, especialmente en la zona cercana a la Fuente de la Vida, donde antes se registraban aglomeraciones. Los puentes que conectan con el Parque Fundidora conservarán su acceso libre, pero incorporarán señalización renovada.
Quienes acudan con mascotas o bicicletas deberán ajustarse a las nuevas normas: los horarios permitidos para estos casos serán de 6:00 a 10:00 y de 18:00 a 22:00, mientras que el uso de patines y patinetas quedará restringido a la pista habilitada junto al Auditorio Pabellón M.
El Paseo Santa Lucía no solo recuperará su esplendor en diciembre, sino que lo hará con una transformación que mezcla innovación y tradición, donde las 12 fuentes interactivas prometen convertir cada visita en una experiencia única. La combinación de tecnología, iluminación y diseño paisajístico reafirma su lugar como el corazón cultural de Monterrey, un espacio donde el agua, la historia y la vida urbana se encuentran sin forzarse.
Quienes planeen visitarlo después de la reapertura deberían priorizar las tardes, cuando la iluminación nocturna y los juegos de agua alcancen su máximo impacto, aunque los horarios matutinos ofrecerán una tranquilidad ideal para disfrutar los detalles arquitectónicos. Este renacimiento del paseo no es el final, sino el inicio de una nueva etapa donde Monterrey demuestra, una vez más, que sus espacios públicos pueden evolucionar sin perder su esencia.
