El Parque Ecológico de Xochimilco ha logrado un hito ambiental sin precedentes en 2024: la recuperación de 120 hectáreas de humedales, un avance que revierte décadas de degradación en uno de los ecosistemas más frágiles de la Ciudad de México. Los datos oficiales confirman que esta restauración —equivalente a 168 campos de fútbol— ha permitido el regreso de especies nativas como el ajolote y el pato mexicano, además de mejorar la capacidad de filtración natural del agua en una zona azotada por la urbanización descontrolada. El proyecto, ejecutado con técnicas de bioingeniería y participación comunitaria, se ha convertido en un modelo de conservación urbana en América Latina.
La relevancia de este logro trasciende las fronteras de Xochimilco. El parque ecológico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, no solo es un pulmón verde para los 22 millones de habitantes del Valle de México, sino también un escudo contra las inundaciones y la escasez hídrica. Su recuperación llega en un momento crítico: cuando el 80% de los humedales originales de la cuenca han desaparecido desde el siglo XX. Lo que ocurre aquí —entre chinampas rescatadas y canales desazolvados— define el futuro de una megaciudad que depende cada vez más de soluciones basadas en la naturaleza para sobrevivir.
De chinampas a refugio: el origen olvidado de Xochimilco
Xochimilco no nació como un destino turístico de trajinera y mariachis. Su esencia se hunde en el lodo fértil de las chinampas, un sistema agrícola prehispánico que transformó lagos en jardines flotantes. Los mexicas lo llamaban Xōchimīlco: «lugar donde se siembra la flor». Estas islas artificiales, tejidas con ramas y barro, alimentaron al imperio con cosechas de maíz, frijol y calabaza. Hoy quedan menos del 5% de las 12,000 hectáreas originales, según datos de la UNAM.
El Parque Ecológico recupera ahora lo que el tiempo y el crecimiento urbano borraron. Bajo sus 120 hectáreas rescatadas yacen vestigios de canales que alguna vez conectaron chinampas con Tenochtitlán. Arqueólogos han encontrado restos de cerámica y herramientas de obsidiana en los bordes de los humedales, pruebas de que este suelo fue granero antes que atracción.
El olvido comenzó con la desecación. A principios del siglo XX, los canales se rellenaron para construir avenidas. Las chinampas, sin agua, se convirtieron en terrenos baldíos o colonias populares. Lo que hoy parece un paisaje natural es, en realidad, una cicatriz: la última batalla entre el concreto y el legado agrícola que sostuvo civilizaciones.
La restauración actual no solo devuelve humedales, sino memoria. Cada planta de tule replantada evoca los cultivos que alimentaron a generaciones. El parque no es un invento moderno, sino un regreso.
Cómo 120 hectáreas revivieron con especies nativas y filtros naturales
El cambio en el Parque Ecológico de Xochimilco no es casualidad, sino el resultado de una estrategia basada en la recuperación de especies autóctonas. Entre 2022 y 2024, se reintrodujeron más de 80,000 plantas nativas, como tule, carrizo y ahuejote, seleccionadas por su capacidad para filtrar contaminantes y estabilizar el suelo. Estas especies, adaptadas al ecosistema lacustre, han permitido que el agua recupere niveles de oxígeno cercanos a los registrados en los humedales saludables de la década de 1980, según datos de la Comisión Nacional del Agua.
Los filtros naturales jugaron un papel clave. En lugar de depender de sistemas artificiales, se diseñaron humedales construidos que imitan los procesos de depuración de la naturaleza. El agua fluye a través de canales con grava y raíces de plantas acuáticas, donde bacterias beneficiosas descomponen metales pesados y nutrientes en exceso. Este método redujo la presencia de coliformes fecales en un 70% durante los primeros 18 meses.
La fauna respondió más rápido de lo esperado. Aves migratorias como el pato mexicano y el garzón blanco, que habían desaparecido de la zona, ahora anidan en los juncos recuperados. Incluso se han avistado ajolotes en áreas donde el agua alcanza menos de 30 centímetros de profundidad, un indicador de que la calidad del hábitat mejora.
El proyecto también integró a comunidades locales en la siembra y monitoreo, garantizando que el conocimiento tradicional sobre el manejo de chinampas no se pierda. Los resultados demuestran que la restauración ecológica, cuando se basa en soluciones naturales, puede ser más eficiente y sostenible que las intervenciones tecnológicas costosas.
El plan para conectar humedales, comunidades y turismo responsable
La restauración de 120 hectáreas en el Parque Ecológico de Xochimilco no se limita a recuperar ecosistemas. El proyecto integra un modelo de conectividad entre humedales, comunidades locales y turismo de bajo impacto, diseñado para garantizar sostenibilidad a largo plazo. Según datos de la Secretaría del Medio Ambiente local, el 68% de los visitantes que participan en recorridos guiados por chinamperos registran un mayor compromiso con prácticas de conservación tras la experiencia.
El eje del plan son las rutas interpretativas que enlazan zonas restauradas con pueblos originarios. Estas vías, trazadas en colaboración con agrónomos y biólogos, permiten observar aves migratorias como el pato mexicanito o el garzón blanco, mientras se explican técnicas ancestrales de cultivo en chinampas. Los guías, capacitados en educación ambiental, provienen de las mismas comunidades que dependen de estos humedales.
Para evitar la saturación, se implementó un sistema de reservas con cupo limitado y horarios escalonados. Las embarcaciones tradicionales —ajustadas con motores eléctricos— reducen la huella de carbono sin alterar la esencia del paisaje. Los ingresos por turismo se destinan parcialmente a un fondo comunitario que financia talleres de agricultura sostenible y monitoreo de calidad del agua.
La clave está en el equilibrio: que la afluencia de visitantes no supere la capacidad de carga del ecosistema. Por ello, cada temporada se evalúan indicadores como la turbiedad del agua y la densidad de especies vegetales en las zonas de acceso público. El objetivo no es solo mostrar un humedal recuperado, sino demostrar que su conservación depende de vincularlo con el bienestar de quienes lo habitan.
La restauración de 120 hectáreas de humedales en el Parque Ecológico de Xochimilco no solo marca un avance concreto en la lucha por preservar el último vestigio de los canales prehispánicos, sino que demuestra cómo la colaboración entre autoridades, científicos y comunidades locales puede revertir décadas de degradación ambiental. Este logro, alcanzado en menos de un año, refuerza la urgencia de proteger los ecosistemas acuáticos que aún sostienen la biodiversidad única de la Ciudad de México. Para quienes busquen apoyar iniciativas similares, visitar el parque con guías especializados o participar en los programas de reforestación y limpieza organizados por la Secretaría del Medio Ambiente local es una forma tangible de contribuir. El desafío ahora es escalar este modelo a otras zonas críticas, transformando la recuperación de Xochimilco en el primer paso de una estrategia ambiental más ambiciosa para toda la cuenca del Valle de México.
