Con 37 operaciones de paz activas, un presupuesto que supera los 3.000 millones de dólares y presencia en 193 países, la ONU sigue siendo el mayor experimento de cooperación global de la historia. Pero detrás de esas cifras hay decisiones, crisis y logros que rara vez se explican con claridad. El Libro Azul 2022 desglosa, por 77.ª vez, el funcionamiento interno de la organización: desde los vetos en el Consejo de Seguridad hasta los programas humanitarios que salvan vidas en silencio. No es un informe más, sino el registro oficial que gobiernos, académicos y periodistas consultan para entender cómo se toman las decisiones que afectan a millones.
Publicado en medio de una guerra en Europa, una pandemia aún vigente y una crisis climática acelerada, el Libro Azul 2022 adquiere un peso distinto. Sus 500 páginas revelan, por ejemplo, cómo se redistribuyeron los fondos para refugiados ucranianos en tiempo récord o por qué la Asamblea General votó 75 resoluciones sobre derechos humanos el año pasado. Para los ciudadanos, es una herramienta para exigir transparencia; para los Estados, un recordatorio de sus compromisos. En un año donde la credibilidad de las instituciones globales está bajo escrutinio, estos datos no son solo números: son el termómetro de una ONU bajo presión.
Orígenes y propósito del Libro Azul de la ONU
El Libro Azul de las Naciones Unidas nació en 1946 como un registro oficial de la organización recién creada, cuando el mundo aún medía las secuelas de la Segunda Guerra Mundial. Su primera edición, publicada por la Oficina de Información Pública de la ONU, apenas superaba las 200 páginas y se centraba en documentar los acuerdos fundacionales, la estructura inicial de los órganos principales y las primeras resoluciones aprobadas. Con el tiempo, el manual se convirtió en una herramienta de referencia obligada para diplomáticos, académicos y periodistas, al compilar no solo datos institucionales, sino también los discursos más relevantes de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad.
Su propósito original —ser un reflejo transparente de las acciones y prioridades de la organización— sigue vigente, aunque ampliado. Mientras que en sus inicios el libro se limitaba a aspectos administrativos, las ediciones recientes incorporan análisis sobre operaciones de paz, informes de agencias especializadas como UNICEF o la OMS, y hasta métricas de sostenibilidad. La edición de 2022, por ejemplo, dedica un capítulo completo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con datos concretos: solo el 15% de las metas establecidas para 2030 están en vía de cumplirse, según evaluaciones internas citadas en el documento.
La evolución del formato también habla de su adaptación a los tiempos. Hasta los años 90, el Libro Azul se imprimía exclusivamente en inglés y francés, los idiomas oficiales de trabajo. Hoy, la versión digital —disponible en los seis idiomas oficiales de la ONU— incluye enlaces interactivos a resoluciones, videos de sesiones clave y hasta bases de datos actualizadas en tiempo real. Esta transformación responde a una demanda creciente: en 2021, el sitio web del libro registró más de 1.2 millones de visitas, un 30% más que el año anterior, según cifras de la División de Comunicación Global.
Lo que comenzó como un simple compendio burocrático ahora funciona como termómetro de los desafíos globales. La inclusión, en la edición 2022, de un apartado sobre la respuesta de la ONU a la pandemia de COVID-19 —con detalles sobre la distribución de 500 millones de vacunas a través de COVAX— demuestra cómo el libro ha pasado de ser un archivo estático a un testimonio dinámico de la acción multilateral. Expertos en relaciones internacionales, como los consultados por la revista Foreign Affairs en 2021, señalan que su valor radica precisamente en esa dualidad: ser a la vez un documento histórico y una herramienta para entender el presente.
Los datos más relevantes de la edición 2022
La edición 2022 del Libro Azul de las Naciones Unidas destaca un crecimiento sin precedentes en las operaciones de mantenimiento de la paz, con 12 misiones activas desplegadas en cuatro continentes. Los datos revelan que, durante ese año, más de 87.000 cascos azules —provenientes de 125 países— trabajaron en zonas de conflicto, una cifra que supera en un 14% la registrada en 2021. Este incremento refleja no solo la escalada de tensiones globales, sino también la expansión de mandatos más complejos, como la protección de civiles en contextos de violencia asimétrica.
El informe subraya el papel crítico de la ONU en la respuesta a crisis humanitarias agudas. En 2022, la organización coordinó asistencias que alcanzaron a 162 millones de personas en 63 países, con un presupuesto operativo que rozó los 51.500 millones de dólares. Expertos en cooperación internacional señalan que, aunque los fondos aumentaron un 8% respecto al año anterior, el déficit de financiación para emergencias como la hambruna en el Cuerno de África o los desplazamientos masivos en Ucrania demostró las limitaciones estructurales del sistema.
Otro dato revelador es el avance en la paridad de género dentro de la institución. Por primera vez, el 45% de los puestos de alto nivel (subsecretarios generales y superiores) fueron ocupados por mujeres, cumpliendo así una meta establecida en la Estrategia de Paridad de Género de 2017. Sin embargo, el Libro Azul también expone brechas persistentes: en misiones de campo, solo el 32% del personal militar y el 28% de la policía desplegada eran mujeres.
La edición dedica un capítulo completo a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), donde se destaca que, pese a los retrocesos causados por la pandemia, el 68% de los indicadores globales mostró progresos medibles en áreas como energía renovable y reducción de la mortalidad infantil. No obstante, el informe advierte sobre el estancamiento en metas clave como la educación de calidad (ODS 4) y la acción climática (ODS 13), donde el ritmo actual de implementación resulta insuficiente para cumplir los plazos de 2030.
Entre los registros menos difundidos, sobresale el aumento del 22% en consultas legales procesadas por la Corte Internacional de Justicia, muchas vinculadas a disputas territoriales y violaciones de derechos humanos. Este dato, según analistas de derecho internacional, confirma la creciente tendencia de los Estados a recurrir a mecanismos multilaterales para resolver conflictos, incluso cuando las tensiones geopolíticas amenazan con debilitar la cohesión del sistema.
Cómo se recopila y verifica la información anual
El proceso de recopilación de datos para el Libro Azul 2022 comienza meses antes de su publicación, con un sistema riguroso que involucra a las 193 misiones permanentes ante la ONU, los organismos especializados y las agencias técnicas. Cada entidad aporta información actualizada sobre sus actividades, presupuestos y logros del año anterior, siguiendo un formato estandarizado que garantiza la comparabilidad. Los equipos editoriales de la Organización cruzan estas cifras con informes internos y bases de datos oficiales, como el UN Global Compact o los registros de la Asamblea General, para detectar inconsistencias. En 2021, por ejemplo, se verificaron más de 12.000 entradas antes de su inclusión definitiva, un récord que refleja el crecimiento de las operaciones multilateral.
La verificación no se limita a lo cuantitativo. Un comité de expertos en estadística y derecho internacional —integrado por funcionarios de la Secretaría General y asesores externos— revisa los datos cualitativos, especialmente aquellos relacionados con resoluciones controvertidas o programas con impacto humanitario. Aquí, el criterio no es solo la exactitud, sino también el contexto: una cifra sobre ayuda alimentaria en Yemen debe contrastarse con informes de terreno de la OCHA o el PMA. Cuando surgen discrepancias, se solicita documentación adicional o se omiten los datos hasta su aclaración.
El uso de tecnología juega un papel clave. Desde 2019, la ONU implementó un sistema de blockchain para rastrear modificaciones en los borradores, asegurando que cada ajuste quede registrado con marca de tiempo y autoría. Esto agiliza el proceso y reduce errores humanos, aunque los equipos aún dependen de revisiones manuales para temas sensibles, como las contribuciones financieras de los Estados miembros o los avances en los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Una vez consolidada la información, se somete a una ronda final de aprobación por parte de la Oficina de Asuntos Legales, que vela por el cumplimiento de los protocolos de transparencia. Solo entonces el contenido se envía a impresión, en un ciclo que, desde la recolección inicial hasta la distribución, puede extenderse hasta ocho meses. El resultado es una publicación que, año tras año, se convierte en referencia obligada para diplomáticos, académicos y periodistas.
Impacto real de las cifras en políticas globales
Los datos del Libro Azul 2022 no son meros números en un informe: moldean decisiones que afectan a millones. Cuando la edición de este año revela que el 68,5% de los fondos de la ONU para crisis humanitarias se destinaron a solo diez países —con Yemen, Siria y Ucrania a la cabeza—, los gobiernos se ven obligados a replantear prioridades. Estas cifras concretas sirven como base para negociaciones en el Consejo de Seguridad, donde cada porcentaje se traduce en asignaciones presupuestarias o en la redistribución de recursos logísticos. No es casualidad que, tras la publicación del informe, la Unión Europea anunciara un aumento del 12% en su contribución a programas de alimentación en el Cuerno de África, zona que el documento identifica como crítica.
El impacto va más allá de lo económico. El Libro Azul desglosa, por ejemplo, cómo el 43% de las misiones de paz activas en 2022 operaron en contextos donde el cambio climático agravó conflictos preexistentes. Este hallazgo ha acelerado discusiones en la Asamblea General sobre la creación de un protocolo específico para intervenciones en «zonas de riesgo climático», un término que el informe acuña y que ya aparece en borradores de resoluciones. Países como Bangladesh y Maldivas, mencionados explícitamente por su vulnerabilidad, han usado estos datos para presionar por fondos de adaptación en cumbres internacionales.
Expertos en relaciones internacionales señalan que la credibilidad del informe radica en su metodología transparente. Al cruzar datos de 193 Estados miembros con informes de agencias como ACNUR o la OMS, el Libro Azul ofrece un panorama difícil de refutar. Cuando el documento destaca que solo el 22% de los objetivos de desarrollo sostenible están en vías de cumplirse, incluso potencias como China y Estados Unidos ajustan sus discursos públicos. Pekín, por caso, modificó su estrategia de cooperación Sur-Sur en 2022 para alinearse con las brechas identificadas en educación y salud, sectores donde el informe muestra retrocesos globales.
Hay un efecto dominó menos visible pero igual de potente: la presión sobre la sociedad civil. ONGs como Oxfam o Save the Children ya citan estadísticas del Libro Azul en sus campañas, exigiendo cuentas a los gobiernos. Que el 71% de los desplazados internos en 2022 fueran mujeres y niños —según el informe— no es un dato menor: ha impulsado enmiendas legales en países como Colombia y Ruanda para proteger a estos grupos en planes de reinserción. Las cifras, frías en apariencia, terminan calando en leyes, presupuestos y, en última instancia, en vidas.
Desafíos futuros para la organización a los 77 años
El 77.º aniversario de las Naciones Unidas llega en un momento donde las crisis globales exigen respuestas más ágiles que nunca. Según el Libro Azul 2022, el 63% de los Estados miembros considera que la burocracia interna sigue siendo el principal obstáculo para implementar soluciones rápidas en emergencias humanitarias. La estructura jerárquica, diseñada en 1945, choca con la velocidad que requieren conflictos como el de Ucrania o las crisis climáticas recurrentes. Analistas en gobernanza global señalan que, sin una reforma profunda en los procesos de toma de decisiones, la organización corre el riesgo de perder relevancia frente a alianzas regionales más dinámicas.
Otro desafío crítico es la financiación. Aunque el presupuesto ordinario para 2022-2023 supera los 3.100 millones de dólares, las contribuciones voluntarias —esenciales para programas como ACNUR o UNICEF— han caído un 8% respecto al año anterior. Países con economías en desarrollo, que históricamente dependen de estos fondos, enfrentan recortes en áreas clave. El Libro Azul advierte que, de mantenerse esta tendencia, para 2025 al menos 12 misiones de paz podrían reducir su operatividad en un 30%. La pregunta no es si la ONU puede permitirlo, sino cómo reasignará recursos sin debilitar su mandato.
La polarización geopolítica también amenaza su unidad. El informe destaca que, por primera vez en una década, el Consejo de Seguridad registró un aumento del 40% en vetos y bloqueos, principalmente en resoluciones vinculadas a derechos humanos y seguridad colectiva. Esta fragmentación refleja tensiones entre potencias permanentes, pero también la creciente influencia de actores no estatales —desde corporaciones hasta redes transnacionales— que operan al margen del sistema multilateral. La ONU, creada para ser el foro universal por excelencia, debe ahora competir con espacios alternativos de diálogo.
No todo es sombras: el Libro Azul 2022 subraya avances en digitalización y participación ciudadana, como la plataforma UN75, que recogió opiniones de 1,5 millones de personas en 193 países. Sin embargo, convertir esas voces en políticas concretas sigue siendo la asignatura pendiente. A sus 77 años, la organización enfrenta la paradoja de ser más necesaria que nunca y, al mismo tiempo, más cuestionada.
El Libro Azul 2022 no es solo un compendio de cifras, sino un reflejo de cómo la ONU ha tenido que adaptarse a crisis globales sin precedentes, desde pandemias hasta conflictos armados, mientras intenta mantener su promesa de cooperación internacional. Los datos expuestos—desde el aumento del 14% en misiones de paz hasta el récord de 136 millones de personas necesitadas de ayuda humanitaria—dejan claro que el multilateralismo enfrenta su prueba más dura en décadas, pero también que sigue siendo el único mecanismo con capacidad para responder a escala planetaria.
Para quienes buscan entender el papel real de la organización, el informe sirve como herramienta imprescindible: analizar sus logros (como la vacunación de 180 millones de personas en países vulnerables) junto a sus limitaciones (el déficit crónico de financiación) permite evaluar con precisión dónde debe redoblar esfuerzos la comunidad internacional. El desafío ahora no es solo interpretar estos números, sino usarlos para exigir acciones concretas antes de que la próxima edición del Libro Azul registre retrocesos en lugar de avances.

