El año 2023 cerró con un dato contundente: por decimocuarto año consecutivo, el nivel de paz global se deterioró, según el Global Peace Index (GPI). Este índice, que evalúa 163 países y territorios, reveló que solo el 35% de las naciones experimentó mejoras en sus puntuaciones, mientras el conflicto en Ucrania, la inestabilidad en el Sahel y el aumento de la polarización social arrastraron al mundo hacia una espiral de violencia más aguda. Los costos económicos de esta tendencia no son menores: la violencia le costó a la economía global 17,5 billones de dólares el año pasado, equivalente al 13% del PIB mundial.
Pero ¿cómo se mide exactamente la paz en un planeta fracturado por guerras, crisis climáticas y tensiones geopolíticas? Aquí entra el que es GPI: un indicador desarrollado por el Institute for Economics & Peace que analiza 23 cualitativos y cuantitativos, desde el gasto militar y el terrorismo hasta las relaciones con países vecinos y el grado de militarización. Para gobiernos, inversores y organizaciones, entender que es GPI no es un ejercicio académico, sino una herramienta crítica. Sus datos anticipan riesgos, guían políticas públicas e incluso influyen en decisiones de inversión, especialmente en regiones donde la estabilidad es tan volátil como valiosa.
Cómo nació el Índice de Paz Global y por qué importa*

El Índice de Paz Global (GPI) surgió en 2007 como iniciativa del Institute for Economics & Peace (IEP), un think tank independiente que buscaba cuantificar algo aparentemente intangible: la paz. Hasta entonces, los análisis sobre conflictos y estabilidad se centraban en métricas fragmentadas, como muertes en guerras o gasto militar. El GPI propuso un enfoque integral, midiendo 23 indicadores agrupados en tres ejes: nivel de seguridad social, conflicto interno e internacional, y grado de militarización.
Su creación respondió a una necesidad concreta. Tras los atentados del 11 de septiembre y las guerras en Irak y Afganistán, gobiernos y organizaciones requerían herramientas para evaluar el impacto de las políticas en la estabilidad global. El índice no solo clasificaba países, sino que revelaba patrones: en su primera edición, Islandia encabezó la lista, mientras que Irak cerró el ranking, con una brecha de paz seis veces mayor entre ambos extremos.
La metodología, respaldada por datos de fuentes como el Banco Mundial y la ONU, asigna puntuaciones del 1 (más pacífico) al 5 (menos pacífico). Según el IEP, cada mejora de un punto en el GPI se correlaciona con un aumento del 1.3% en el crecimiento económico de un país, vinculando directamente paz y prosperidad.
Que el índice se publique anualmente —con cobertura del 99.7% de la población mundial— lo convierte en un termómetro esencial. No es un simple ranking: sus hallazgos han influido en políticas de desarme, reconstrucción posconflicto e incluso en estrategias corporativas de riesgo país.
Los tres pilares que definen la paz en el GPI 2024*

El Índice de Paz Global (GPI) 2024 evalúa 163 países a través de tres pilares fundamentales que definen su nivel de estabilidad. El primero, seguridad y protección social, analiza desde tasas de homicidios hasta la percepción de criminalidad en la población. Según los últimos datos, los países con menor puntuación en este apartado registraron un aumento del 7% en delitos violentos durante el último año, una tendencia que preocupa a analistas de conflictos.
El segundo pilar, conflicto interno e internacional en curso, mide la intensidad de enfrentamientos armados, tanto dentro de las fronteras como con otras naciones. Aquí no solo se contabilizan guerras declaradas, sino también tensiones latentes, como disputas territoriales o crisis diplomáticas prolongadas. La región de Oriente Medio y África del Norte sigue siendo la más afectada, con cinco de los diez países menos pacíficos del ranking.
Por último, el grado de militarización cierra el triángulo. Este indicador va más allá del gasto en defensa: examina el número de armas per cápita, la influencia de las fuerzas armadas en la política y la participación en conflictos externos. Sorprende que, pese a la reducción de ejércitos en Europa Occidental, el comercio global de armas creció un 4% en 2023, según fuentes de la ONU.
La combinación de estos tres ejes permite al GPI ofrecer una radiografía precisa de la paz, donde ningún factor actúa de forma aislada. Un país puede tener baja militarización pero alta inseguridad ciudadana, o viceversa, lo que demuestra la complejidad de construir sociedades estables.
De los datos a la acción: países que mejoraron y cómo lo lograron*

Islandia encabeza por decimosexta vez consecutiva el Índice de Paz Global (GPI), pero su verdadero logro radica en cómo transformó datos en políticas concretas. Tras identificar en informes previos que la violencia doméstica afectaba al 40% de las mujeres en algún momento de su vida, el gobierno implementó en 2010 un plan nacional con fondos dedicados a centros de apoyo y educación en igualdad desde la infancia. Los resultados no se hicieron esperar: en una década, las denuncias por agresiones intrafamiliares cayeron un 23%, según registros de la Oficina Nacional de Estadística.
Singapur demostró que la paz no es solo ausencia de conflicto, sino también eficiencia institucional. Al analizar los datos del GPI que señalaban tensiones por desigualdad económica, el país asiático reformó su sistema de vivienda pública en 2018. El programa Housing & Development Board priorizó la mezcla étnica en los barrios y subsidios para familias de bajos ingresos, reduciendo en un 15% los indicadores de segregación urbana.
Rwanda ofrece una lección distinta. Tras aparecer entre los peores puestos del GPI en 2007, el gobierno usó los informes para diseñar las Gacaca, tribunales comunitarios que procesaron 1.2 millones de casos relacionados con el genocidio de 1994. La justicia transicional, combinada con políticas de reconciliación en escuelas, logró que el país subiera 30 posiciones en el índice en menos de una década.
Portugal aplicó un enfoque basado en datos para combatir la corrupción, uno de los indicadores que más lastraban su puntuación. La creación en 2019 de una plataforma digital para denuncias anónimas, junto a auditorías aleatorias en contratos públicos, redujo en un 40% los casos de sobornos reportados, según Transparencia Internacional.
Estos casos comparten un patrón: usaron el GPI no como un ranking estático, sino como un mapa para actuar sobre debilidades específicas.
El GPI 2024 confirma una realidad incómoda: la paz global sigue en declive por séptimo año consecutivo, con conflictos prolongados, crisis climáticas y polarización social como principales detractores. Que Islandia lidere el ranking mientras Sudán del Sur o Yemen cierran la lista no es casualidad, sino el reflejo de cómo la estabilidad institucional, la equidad económica y la cohesión social marcan la diferencia entre sociedades resilientes y frágiles. Para quienes buscan entender —o actuar— sobre estos datos, el informe ofrece herramientas concretas: desde presionar por políticas de desarme hasta apoyar iniciativas locales que reduzcan la desigualdad, paso previo para frenar la violencia estructural. El próximo año no solo medirá si la curva se endereza, sino si el mundo logra convertir los diagnósticos en acciones coordinadas antes de que el retroceso se vuelva irreversible.

