Mientras el Día del Amor y la Amistad acapara reflectores cada 14 de febrero, México tiene una celebración menos conocida pero igual de arraigada: el Día del Novio, una fecha que mueve millones en regalos, cenas y detalles románticos. Según datos de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), esta efeméride genera un incremento del 30% en ventas de joyería, perfumes y experiencias para parejas, superando incluso a San Valentín en algunos estados del centro del país. No es casualidad que marcas como Paleta Payaso o Liverpool lancen campañas exclusivas semanas antes, aprovechando un mercado que valora la tradición tanto como el consumo.
El cuando es el Día del Novio no es una duda menor para quienes planean sorpresas: desde 1990, el 16 de octubre quedó marcado en el calendario como el momento para celebrar a las parejas no casadas, un espacio entre el romanticismo comercial y las raíces culturales mexicanas. Aunque su origen se remonta a iniciativas publicitarias de los años 70, hoy la fecha trasciende lo mercantil para convertirse en un recordatorio de las relaciones en etapa de noviazgo, donde el detalle —ya sea un ramo de flores o una cena— adquiere un simbolismo distinto al de un aniversario. Por eso, memorizar el cuando es el Día del Novio se ha vuelto casi obligatorio para quienes quieren evitar olvidos incómodos o, peor aún, comparaciones con el clásico 14 de febrero.
De una broma comercial a tradición nacional
Lo que comenzó como una estrategia publicitaria en los años 50 terminó por arraigarse en el calendario mexicano. La idea surgió en la Ciudad de México, cuando un grupo de comerciantes de la colonia Roma buscaba impulsar las ventas en un mes tradicionalmente lento. Octubre, lejos de las fiestas patrias o la temporada navideña, representaba un valle en el consumo. Fue así como en 1953 promovieron el «Día del Novio» como contraparte al Día de la Madre o al Día del Padre, fechas ya consolidadas. La apuesta rindió frutos: en su primera edición, las ventas en joyerías y tiendas de regalos aumentaron un 30%, según registros históricos de la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México.
El éxito no fue inmediato. Durante la primera década, la celebración se limitó a la capital y a círculos urbanos con mayor poder adquisitivo. Sin embargo, la repetición anual y el apoyo de los medios —especialmente la radio, el canal de comunicación masivo por excelencia en esa época— lograron extender la tradición. Para los años 70, el 16 de octubre ya aparecía marcado en almanaques y calendarios escolares fuera del Distrito Federal. Lo curioso es que, a diferencia de otras efemérides comerciales, esta no requirió de una campaña agresiva para mantenerse. La sociedad la adoptó de forma orgánica, quizá porque llenaba un vacío: hasta entonces, no existía una fecha dedicada a reconocer la figura del novio en una cultura donde las relaciones de pareja tienen un peso simbólico fuerte.
Con el tiempo, el Día del Novio trascendió su origen mercantil para ganar matices culturales. Antropólogos como los citados en el estudio Rituales y consumo en México (UNAM, 2008) señalan que la fecha refleja la evolución de las dinámicas de género en el país. Mientras que en sus inicios los regalos se centraban en objetos «tradicionales» —corbatas, relojes, licor—, hoy incluyen experiencias (viajes, cenas) o incluso productos de cuidado personal, algo impensable hace medio siglo. Este cambio habla de cómo la masculinity en México ya no se asocia únicamente con lo práctico o lo material, sino con el afecto y la expresión emocional.
Lo que pocos recuerdan es que la elección del 16 de octubre no fue al azar. Los comerciantes evitaron deliberadamente el 14 de febrero —dominado por el Día de San Valentín— y el 3 de marzo, Día del Novio en algunos países de Sudamérica. Optaron por una fecha sin competencia, pero lo suficientemente cercana a las celebraciones de fin de año para aprovechar el espíritu festivo. Hoy, nueve de cada diez mexicanos reconocen la efeméride, aunque no todos la celebren. Eso sí: las joyerías siguen reportando picos de ventas superiores al 20% durante esa semana, demostrando que, seis décadas después, la broma comercial sigue vigente.
Cómo el 16 de octubre se convirtió en fecha clave
El 16 de octubre no fue una fecha elegida al azar para celebrar el Día del Novio en México. Su origen se remonta a la década de 1950, cuando la industria comercial buscaba equilibrar las ventas tras el éxito del Día de la Madre y el Día del Padre. Según datos de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco), las ventas en estos días festivos representaban hasta un 30% más en comparación con fechas no conmemorativas, lo que impulsó la creación de nuevas celebraciones para mantener el dinamismo económico.
La elección recayó en octubre por su posición estratégica en el calendario: lo suficientemente lejos del Día del Amor y la Amistad (14 de febrero) para no competir con él, pero cerca de temporadas de consumo como el Buen Fin y la Navidad. Además, el mes carecía de festividades comerciales relevantes, lo que lo convertía en un espacio ideal para introducir una nueva tradición.
Históricamente, la celebración tomó fuerza en los años 70, cuando las tiendas departamentales y joyerías comenzaron a promocionar descuentos en anillos, relojes y perfumes dirigidos al público masculino. Aunque inicialmente se concibió como un día para consentir a los hombres en una relación, con el tiempo evolucionó hacia una fecha más inclusiva, donde también se reconoce a las parejas del mismo sexo. Estudios de mercado señalan que, en la última década, el gasto promedio por persona en este día ronda los 800 pesos, con un enfoque en experiencias (como cenas o viajes) en lugar de solo regalos materiales.
Curiosamente, la fecha coincide con el Día Mundial de la Alimentación, lo que ha llevado a algunos negocios a fusionar ambas celebraciones con promociones como «cenas románticas con causa». Esta doble connotación ha ayudado a que el 16 de octubre trascienda su origen comercial y gane un significado más amplio en la cultura mexicana.
Diferencias (y similitudes) con el Día del Amor y la Amistad
A primera vista, el Día del Novio y el Día del Amor y la Amistad podrían confundirse: ambos celebran vínculos afectivos, promueven el detalle romántico y mueven millones en ventas de regalos. Sin embargo, su esencia y tradición los separan. Mientras el 14 de febrero —con raíces en la festividad católica de San Valentín— se ha globalizado como una fecha para enamorados (y también amigos, en países como México), el 16 de octubre nació como una respuesta local, casi un «contrataque comercial» con identidad propia. Según datos de la Cámara Nacional de Comercio de México (Canaco), el gasto promedio por persona en el Día del Novio ronda los $800 pesos, cifras que, aunque menores a las de febrero, reflejan su consolidación en el calendario emocional.
La diferencia más palpable está en el protagónico. El Día del Amor y la Amistad es simétrico: ellas reciben flores, ellos perfumes, los amigos intercambian chocolates. En cambio, el 16 de octubre coloca al hombre en el centro, con un enfoque en agasajarlo —desde cenas hasta experiencias—, algo que estudios de mercadotecnia vinculan a la creciente participación femenina en la economía mexicana. No es casualidad que la fecha coincida con el mes de la virilidad (octubre alberga también el Día del Hombre), pero sin caer en estereotipos: el tono es celebratorio, no excluyente.
Otro contraste radica en la espontaneidad. Febrero llega con una presión social casi obligatoria: quien no celebra, justifica. Octubre, en cambio, aún conserva un aire más relajado, como si fuera un «bonus track» del amor. Las redes sociales lo confirman: mientras el #DíaDelAmorYLaAmistad inunda timelines con corazones, el #DíaDelNovio aparece entre memes y recomendaciones de último momento. Eso sí, ambas fechas comparten un enemigo común: la crítica a su comercialización, aunque en el caso del 16 de octubre, el debate es menos intenso, quizá por su juventud (surgió en la década de 1990, impulsado por marcas de cerveza y restaurantes).
Hay un punto donde ambas celebraciones se tocan: la reinvención. Así como el 14 de febrero dejó atrás su origen religioso para abrazar el consumismo romántico, el Día del Novio evolucionó de ser una estrategia publicitaria a ganar significado cultural. Hoy, parejas lo usan para equilibrar los roles —»si en febrero yo te di un regalo, ahora te toca a ti», bromean algunos—, y hasta empresas lo aprovechan para promocionar gift cards o escapadas. La psicóloga social María González* (2022) lo resume: «Son fechas que reflejan cómo el amor, en el siglo XXI, se negocia entre tradición, mercado y nuevas dinámicas de género».
Regalos originales para celebrar sin caer en clichés
Olvidarse de los corbatas, los calcetines con motivos graciosos o los kits de afeitado genéricos es el primer paso para sorprender en el Día del Novio. Según una encuesta de la Asociación Mexicana de Profesionales en Mercadotecnia, el 68% de las personas en relaciones estables prefieren regalos que reflejen intereses personales antes que objetos convencionales. Un detalle bien elegido no solo demuestra atención, sino que evita el destino trágico de esos obsequios que terminan arrumbados en el cajón del olvido.
La clave está en observar. Si él pasa horas viendo documentales de historia, una réplica en miniatura de un código prehispánico o un libro sobre la batalla de Puebla firmado por un historiador reconocido pueden ser aciertos seguros. Para los amantes de la tecnología, una experiencia inmersiva —como un tour virtual por museos internacionales o un curso de edición de video con un profesional— resulta más memorable que el enésimo gadget que promete «revolucionar su vida». Incluso los detalles prácticos ganan puntos cuando son personalizados: una taza con el mapa de su colonia favorita de la CDMX o un cuaderno con portadas de sus películas de culto.
Quienes busquen ir más allá del objeto físico tienen opciones creativas. Reservar una cata de mezcales artesanales en Oaxaca, organizar una sesión de fotos en un estudio con temática retro o regalar entradas para un concierto de su banda emergente favorita (aunque toque en un bar pequeño) demuestran esfuerzo y originalidad. Los psicólogos especializados en relaciones de pareja señalan que las experiencias compartidas fortalecen más los vínculos que los bienes materiales, especialmente cuando están alineadas con pasiones individuales.
El humor, usado con inteligencia, también puede ser un gran aliado. Un «kit de supervivencia para novios» con snacks de su equipo de fútbol, una playlist de sus canciones vergonzosas de la adolescencia y un vale por un día sin quejas sobre el fútbol en la tele combina lo personal con lo lúdico. Eso sí: hay que conocer bien al destinatario para no caer en lo ofensivo. La línea entre lo gracioso y lo incómodo es delgada, pero cuando se acierta, el regalo se convierte en anécdota.
Al final, el mejor obsequio es aquel que demuestra haber escuchado. Ya sea un vinilo de esa banda underground que mencionó una vez en la cena, un viaje relámpago a ese pueblo mágico que siempre pospone visitar o una suscripción a esa revista de nicho que lee en secreto, lo valioso no es el precio, sino la intención. En un mundo saturado de opciones, lo auténtico destaca.
¿Sigue vigente la fiesta o está perdiendo fuerza?
El Día del Novio en México ya no despierta el mismo entusiasmo que hace dos décadas. Según datos de la Asociación Mexicana de Empresas de Investigación de Mercados (AMEIM), en 2005 cerca del 68% de las parejas mexicanas celebraban activamente esta fecha con regalos o salidas especiales; para 2023, la cifra bajó al 42%. La caída no es casualidad: el cambio refleja transformaciones más profundas en cómo las nuevas generaciones conciben las relaciones y el consumo de fechas comerciales.
Las redes sociales han acelerado este declive. Antes, la publicidad en radio y televisión impulsaba la venta de corbatas, perfumes o cenas románticas con semanas de anticipación. Ahora, plataformas como TikTok o Instagram priorizan otras efemérides —desde el Día del Amor Propio hasta el Hot Girl Summer— que resuenan más con jóvenes de 18 a 30 años. El 16 de octubre compite con un calendario saturado, donde incluso el Día de San Valentín pierde terreno frente a celebraciones menos tradicionales.
Sin embargo, el festajo no ha desaparecido: se reinventa. En ciudades como Guadalajara o Monterrey, algunos bares y restaurantes reportan un repunte en reservas para esa noche, aunque con un giro. Ya no son solo parejas heterosexuales las que llenan los locales, sino grupos de amigos que ironizan la fecha con brunch de «solteros por elección» o dinámicas como intercambiar regalos entre bromances. El humor se vuelve un antídoto contra el escepticismo.
Los expertos en consumo cultural señalan que el Día del Novio sobrevive donde logra adaptarse. En zonas rurales de Michoacán o Puebla, por ejemplo, aún persisten tradiciones como llevar seranata al novio o regalarle herramientas de trabajo —un guante de que la celebración no depende de lo comercial, sino de su arraigo comunitario. Allí, el 16 de octubre sigue siendo una excusa para reforzar lazos, aunque sea con menos pompa que antes.
Más que una simple fecha en el calendario, el 16 de octubre se ha convertido en México en un espacio para celebrar el compromiso, la complicidad y hasta el humor que define a las relaciones de pareja, equilibrando la balanza frente al tradicional Día del Amor y la Amistad. La tradición, aunque joven y menos comercial que otras efemérides, refleja cómo la cultura mexicana transforma costumbres globales —como el Sweetest Day estadounidense— en expresiones propias, llenas de detalles significativos y, a veces, de ese toque picante que caracteriza al romance local.
Para quienes buscan sumarse a la celebración, basta con un gesto sincero: desde un café matutino con un post-it cariñoso hasta un plan inesperado que rompa la rutina, porque al final, lo que importa no es el gasto, sino el reconocimiento mutuo. Con cada año que pasa, esta fecha gana más adeptos, y no sería extraño que pronto trascienda fronteras, llevando consigo ese sabor único con el que México saborea el amor.

