El reloj avanzará una hora en la madrugada del domingo 31 de marzo de 2024, marcando el inicio oficial del horario de verano en España. A las 2:00 de la madrugada, los relojes saltarán directamente a las 3:00, un ajuste que, aunque rutinario, sigue generando debate sobre sus efectos en el sueño, la productividad y el consumo energético. La medida, aplicada desde 1974 en el país, forma parte de una directiva europea que busca aprovechar mejor la luz natural, aunque su eficacia real lleva años bajo escrutinio.
Para millones de españoles, el cambio de horario no solo significa dormir una hora menos ese fin de semana, sino también adaptar rutinas durante los días siguientes. Empresas, escuelas y servicios públicos ajustan sus horarios, mientras que sectores como el transporte o la hostelería deben sincronizar operaciones para evitar desajustes. Aunque el cambio de horario tiene detractores—desde científicos que alertan sobre sus impactos en la salud hasta ciudadanos que piden su eliminación—, el Gobierno mantiene la tradición, al menos por ahora.
Por qué España sigue ajustando el reloj dos veces al año

El cambio de horario en España responde a una directiva europea que lleva vigente desde 2001, aunque su origen se remonta a décadas atrás. La medida, adoptada para armonizar los horarios en la Unión Europea, busca aprovechar mejor la luz natural y reducir el consumo energético. Sin embargo, su eficacia real sigue siendo objeto de debate entre expertos.
Según datos de la Comisión Europea, el ahorro energético estimado ronda el 0,5% anual, una cifra modesta que muchos consideran insuficiente para justificar los efectos negativos en la salud y la productividad. Estudios recientes en cronobiología advierten de que alterar el reloj dos veces al año puede afectar al ritmo circadiano, especialmente en grupos vulnerables como niños y ancianos.
España, por su posición geográfica, ya vive con un horario adelantado respecto al meridiano de Greenwich. Esta particularidad, heredada de la posguerra, suma una hora más en verano, acercando los horarios a los de países como Polonia en lugar de alinearse con Portugal o Reino Unido. La discusión sobre su eliminación lleva años estancada en Bruselas.
Mientras otros países como Turquía o Rusia han optado por mantener un horario fijo, la UE sigue sin alcanzar un consenso. La última propuesta para eliminar el cambio en 2019 quedó en suspenso, dejando a los Estados miembros en un limbo regulatorio que perpetúa la tradición.
Cómo será el cambio de horario en marzo de 2024

La madrugada del domingo 31 de marzo de 2024, los relojes avanzarán una hora en toda España, pasando de las 2:00 a las 3:00. Este ajuste, que marca el inicio del horario de verano, busca aprovechar mejor la luz natural durante los meses de mayor insolación. La medida afectará a todos los territorios peninsulares, Baleares, Ceuta y Melilla, mientras que Canarias realizará el cambio una hora después, alineándose con su husos horario específico.
Estudios de la Comisión Europea estiman que el cambio de horario puede generar un ahorro energético de hasta un 5% en iluminación, aunque su impacto real varía según el país y los hábitos de consumo. La transición, no obstante, suele generar debates sobre sus efectos en el ritmo circadiano, especialmente durante los primeros días.
El proceso será automático en la mayoría de dispositivos electrónicos conectados a internet, pero relojes analógicos, electrodomésticos y sistemas no sincronizados requerirán ajuste manual. Empresas de transporte, como Renfe o Aena, ya tienen protocolos para adaptar horarios sin afectar operaciones.
Con este cambio, el atardecer se prolongará hasta casi las 21:00 en ciudades como Madrid o Barcelona a finales de marzo, modificando rutinas de ocio y laborales. La medida, vigente en la UE desde 1996, sigue un calendario fijo: último domingo de marzo para el horario de verano y último de octubre para el de invierno.
Qué países europeos podrían eliminar esta medida pronto

La eliminación del cambio horario en Europa avanza, pero a ritmos distintos. Países como Finlandia, Lituania y Estonia lideran las iniciativas para abandonarlo de forma definitiva. El Parlamento Europeo ya aprobó en 2018 una directiva que permitía a los Estados miembros decidir si mantenían la hora de verano o la de invierno, aunque su aplicación se ha retrasado por discrepancias técnicas y políticas.
En el norte de Europa, la presión es mayor. Finlandia, con sus inviernos extremos y solo 6 horas de luz solar en diciembre, recogió más de 70.000 firmas en una petición ciudadana para eliminar el cambio. El gobierno estudia adoptar permanentemente la hora de verano, alineándose con estudios que vinculan los husos horarios estables con reducciones del 3% en accidentes viales durante las transiciones.
Mientras, en el sur, la resistencia es notable. España o Grecia prefieren mantener el sistema actual, argumentando que la hora de verano beneficia al turismo y al comercio. La Comisión Europea insiste en que cualquier decisión debe ser coordinada para evitar un «parcheo» de husos horarios que complique el transporte y las comunicaciones.
El próximo movimiento podría llegar en 2025. Países como Portugal o Polonia han creado comisiones técnicas para evaluar el impacto económico y sanitario, con informes preliminares que apuntan a que la hora de invierno permanente reduciría el consumo energético en un 0,5% anual. La pelota está en el tejado de cada gobierno.
El adelanto de los relojes una hora en la madrugada del 31 de marzo marcará el inicio del horario de verano en España, un ajuste que, aunque rutina desde los 70, sigue generando debate por sus efectos en el sueño, el consumo energético y la productividad. Quienes sientan más el cambio pueden mitigarlo ajustando sus horarios de sueño unos días antes o evitando pantallas antes de dormir esa noche. Mientras la Unión Europea sigue evaluando la posible eliminación definitiva de esta práctica, el próximo cambio —el retorno al horario de invierno— llegará, como cada año, el último domingo de octubre.

