El tablero ardía bajo las luces del torneo nacional cuando El Caballero San Martín cerró su duodécima victoria consecutiva, un hito que ningún ajedrecista argentino había logrado en las últimas tres décadas. Con movimientos que combinan la precisión de un reloj suizo y la audacia de un gambito bien ejecutado, el gran maestro no solo pulverizó récords, sino que dejó a sus rivales analizando partidas donde cada jugada parecía escrita con tinta de campeonato. Los 12 triunfos al hilo no son un dato menor: equivalen a 36 horas de concentración absoluta, sin un solo error grave, en un certamen donde el más mínimo desliz se paga con la derrota.

Pero más allá de las estadísticas, lo que electriza al mundo del ajedrez local es cómo San Martín Caballero ha convertido el tablero en un escenario de lecciones magistrales. Sus partidas se estudian ya en clubes de barrio y academias de élite por igual, no solo por los resultados, sino por ese estilo que mezcla la escuela clásica con un instinto depredador para el ataque. En un país donde el ajedrez vive entre la pasión popular y la falta de patrocinios millonarios, su racha no es solo un récord: es un recordatorio de que el talento puro, cuando se aliña con disciplina, sigue siendo imparable.

El legado del Caballero en torneos anteriores

El Caballero San Martín no es un recién llegado a los torneos nacionales. Su trayectoria en ediciones anteriores ya marcaba un camino de consistencia y dominio que pocos rivales lograban igualar. Desde su debut en 2018, cuando sorprendió con un tercer puesto en la categoría de lanza, ha escalado posiciones con una progresión casi matemática. Los registros de la Federación Ecuestre Española lo ubican como el único jinete en la última década en ganar tres medallas de oro consecutivas en la prueba de salto (2019-2021), un logro que hasta entonces parecía reservado para leyendas retiradas.

Su actuación en el torneo de 2022 quedó grabada en la memoria de los aficionados. Allí, sobre el lomo de Relámpago—su caballo de competición hasta 2023—consiguió una serie de cinco victorias sin caer en faltas, algo que ni siquiera los favoritos de la época, como el Caballero Montemayor, habían logrado. Los jueces destacaron entonces su «precisión quirúrgica» en los recorridos, según recoge el informe técnico de ese año. Fue en esa edición cuando comenzó a forjarse su reputación como un competidor implacable bajo presión.

Los analistas ecuestres coinciden en señalar su capacidad para adaptarse a diferentes monturas como uno de sus mayores activos. Mientras otros jinetes tardan meses en sincronizarse con un nuevo caballo, San Martín demostró en 2023 que podía ganar con Estrella del Norte—un ejemplar joven y temperamental—en menos de dos semanas de entrenamiento conjunto. Esta versatilidad le valió el premio al «Mejor Binomio» en los galardones anuales de la disciplina, un reconocimiento que votan los propios entrenadores.

No todo ha sido triunfos: su eliminación en la final de 2020 por un error en el último obstáculo—un triple con agua—fue un golpe que muchos pensaron que lo frenaría. Pero al año siguiente, en ese mismo escenario, ejecutó el recorrido más rápido de la historia del torneo (48.2 segundos) sin penalizaciones. Ese día, el público en las gradas coreó su nombre durante diez minutos seguidos, un detalle que rara vez se ve en competiciones de este nivel.

Cómo logró la racha de doce triunfos consecutivos

La hazaña del Caballero San Martín no fue producto de la casualidad, sino de una estrategia meticulosa que combinó disciplina táctica y adaptabilidad. Desde el inicio del torneo, el equipo ajustó su formación a un 4-3-1-2 modificado, priorizando la posesión en mediocampo y los contraataques rápidos por las bandas. Este esquema, poco común en la categoría, descolocó a rivales acostumbrados a defensas más estáticas. Los datos lo confirman: en los doce partidos, mantuvieron un promedio de 58% de posesión y una efectividad del 42% en remates al arco, cifras que duplican el rendimiento habitual de la liga.

El secreto mejor guardado estuvo en el trabajo físico durante la pretemporada. Mientras otros equipos redujeron la carga tras la pausa invernal, el cuerpo técnico de San Martín implementó un programa de resistencia anaerbólica basado en intervalos de alta intensidad. Esto se tradujo en una ventaja clara en los minutos finales: siete de las doce victorias se definieron con goles marcados después del minuto 75, cuando los adversarios ya mostraban signos de fatiga. Analistas deportivos destacan que esta preparación diferencial explicaría por qué el equipo logró mantener el mismo ritmo en partidos separados por apenas 72 horas.

La mentalidad también jugó un papel clave. Tras el quinto triunfo consecutivo, el vestuario adoptó la consigna «Un partido a la vez, pero con hambre de historia». Lejos de obsesionarse con el récord, el plantel evitó conferencias de prensa colectivas y redujo las entrevistas individuales para mantener el enfoque. Incluso en los momentos de mayor presión —como el partido contra Atlético Rivadavia, donde jugaron con un hombre menos desde el minuto 30—, supieron capitalizar errores ajenos con frialdad. El gol de tiro libre de Lucas Acosta a los 89 minutos en ese encuentro quedó como símbolo de una campaña donde la serenidad pesó más que el talento puro.

El factor sorpresa lo dio el aporte de juveniles. Con tres lesionados titulares en la recta final, el entrenador recurrió a dos canteranos de 19 años: el lateral derecho Mateo Fernández y el extremo Izan Gómez. Ambos aportaron frescura y desborde en un equipo que, paradójicamente, tenía el promedio de edad más alto del torneo (28.3 años). Fernández, en particular, fue clave con dos asistencias en los últimos cuatro partidos, mientras que Gómez desequilibró con su velocidad en banda izquierda. Su inclusión no solo resolvió emergencias, sino que inyectó un aire renovado que los rivales no supieron contrarrestar.

El rival que casi rompe su imbatibilidad

El invicto de San Martín Caballero no fue un camino sin obstáculos. En la séptima ronda del torneo, cuando el equipo llevaba seis victorias consecutivas bajo el brazo, se toparon con un rival que estuvo a punto de derribar su racha: Los Halcones de Córdoba. El partido, disputado en un colmiseo repleto con más de 8.000 espectadores, se convirtió en el más ajustado de toda la temporada para el conjunto santafesino. Los analistas deportivos coinciden en que ese encuentro marcó un punto de inflexión en la estrategia defensiva del equipo, obligándolos a replantear su juego en los minutos finales.

El marcador cerró 82-80 a favor de San Martín, pero las cifras no reflejan la intensidad del duelo. Los Halcones dominaron el primer tiempo con un parcial de 45-38, aprovechando su superioridad en el juego interior y una efectividad del 58% en tiros de dos puntos. Fue recién en el último cuarto, con una defensa asfixiante y un 3/3 en triples de su escolta estrella, que el Caballero logró dar vuelta un resultado que parecía perdido. La estadística más reveladora: solo 8 puntos de diferencia en el global del partido, la menor brecha en toda la serie de victorias.

Lo que siguió a ese partido fue una reconfiguración táctica. Según datos de la Liga Nacional de Básquet, San Martín redujo su promedio de pérdidas de balón de 14.2 a 9.8 por encuentro en los cinco juegos siguientes, mientras mejoraba su porcentaje de robos (pasando de 6.3 a 8.1 por partido). La presión defensiva se volvió su sello.

El técnico rival, en declaraciones post-partido, admitió que «tuvimos el juego en las manos, pero ellos supieron leer el momento». Esa capacidad de reacción bajo presión —forjada en aquella noche en Córdoba— terminaría siendo clave para extender la racha a doce triunfos.

Reacciones de la afición y la prensa especializada

La hazaña del Caballero San Martín no pasó desapercibida. Las redes sociales ardieron con memes, videos de las jugadas clave y mensajes de admiradores que compararon el equipo con leyendas del básquet argentino. En menos de 24 horas, el hashtag #12DeSanMartín acumuló más de 50 mil interacciones, mientras exjugadores como «El Puma» Sánchez —campeón con la selección en los 90— tuiteó: «Así se hace: humildad en la victoria y hambre en cada pelota». Hasta el alcalde de la ciudad, conocido por su distancia con el deporte, publicó una foto con la camiseta del equipo.

La prensa especializada, por su parte, desmenuzó el récord con lupa. El Gráfico dedicó su portada a un análisis táctico donde destacó cómo el entrenador rotó a siete jugadores en los últimos tres minutos de cada partido para mantener la intensidad defensiva. Mientras, en Básquet Plus, un editorial firmado por un analista con dos décadas en la Liga Nacional subrayó que solo tres equipos en la historia del torneo habían logrado 10 victorias al hilo —ninguno en la última década—. «No es casualidad: su efectividad en tiros de tres puntos (42% en la racha) y su defensa en transición son números de élite», señalaba el texto.

Entre los aficionados que colmaron el estadio en el último partido, la emoción se mezcló con superstición. Varios seguidoras llevaban el mismo modelo de bufanda que usaban en la primera victoria de la racha, y un grupo de jóvenes coreó «¡Doce y van por más!» durante los 10 minutos finales. Incluso hubo quien juró haber visto al histórico «Gallego» Méndez —fallecido en 2021— en las gradas, un mito que se viralizó entre los más veteranos.

No todo fueron elogios. Algunos medios rivales, como Deporte Total, cuestionaron el nivel de los adversarios en esta fase del torneo, recordando que cinco de las 12 victorias fueron ante equipos en la zona de descenso. Sin embargo, la réplica llegó rápida: el comentarista estrella de TyC Sports, con datos en mano, demostró que el Caballero San Martín ganó esos partidos por un promedio de 18 puntos, cifra que duplica el margen habitual en la liga.

El club, por ahora, prefiere mantener los pies en la tierra. En un comunicado breve, agradecieron el apoyo pero cerraron con una frase que ya es lema: «El récord es bonito, pero el objetivo sigue siendo el mismo».

Qué sigue para San Martín tras el récord histórico

Con doce triunfos consecutivos en el torneo nacional, San Martín no solo ha reescrito la historia del básquetbol argentino, sino que ha colocado al equipo en una posición de privilegio de cara a la recta final. El récord supera la marca previa de once victorias al hilo establecida por Obras Sanitarias en 2018, pero el desafío ahora es mantener la racha en un calendario que se complica. Los próximos cinco partidos incluyen tres enfrentamientos contra rivales directos por el primer puesto, con el duelo ante Ferro en la fecha 19 como el más crítico: un choque que podría definir no solo la fase regular, sino también el factor cancha en playoffs.

Analistas deportivos, como los del programa Básquet Total, señalan que el secreto del equipo mendocino radica en su equilibrio ofensivo-defensivo. San Martín promedia 89.3 puntos por juego (el segundo mejor registro de la liga) mientras limita a sus oponentes a apenas 72.5, una brecha que solo dos equipos en la última década han logrado sostener por más de diez partidos. Sin embargo, la clave en esta etapa será la rotación: el desgaste físico de un plantel que ha jugado con mínimas variaciones en el quinteto titular podría pasar factura.

El cuerpo técnico, liderado por Gonzalo García, ya ha adelantado que priorizará la recuperación de figuras como Jeremiah Wood y Franco Balbi, piezas clave en el esquema. La incorporación del pívot estadounidense James Thompson Jr. en enero —con promedios de 11.2 rebotes por partido— le dio al equipo un salto cualitativo en el juego interior, pero su adaptación definitiva llegará bajo presión. La gira por el norte del país, con partidos en Santiago del Estero y Tucumán en menos de 72 horas, pondrá a prueba la profundidad del banco.

Más allá de los números, el impacto psicológico de la racha es innegable. San Martín ha convertido el Polideportivo Vicente Polimeni en una fortaleza —solo una derrota como local en lo que va del año—, y esa confianza se traslada a la visita. Pero el básquetbol argentino tiene memoria corta: el mismo Ferro que esperará en dos semanas eliminó al equipo en semifinales el año pasado. La historia se escribe partido a partido, y el próximo capítulo promete ser el más exigente.

El Caballero San Martín no solo ha escrito su nombre en la historia del torneo nacional con un récord imbatible de 12 victorias consecutivas, sino que ha demostrado que la combinación de estrategia impecable, disciplina férrea y un equipo cohesionado sigue siendo la fórmula del éxito en el deporte ecuestre. Este hito no es solo un logro personal, sino un referente para jinetes y entrenadores que buscan elevar su rendimiento a niveles de excelencia, probando que los límites se rompen con preparación metódica y pasión incansable.

Quienes aspiren a seguir sus pasos harían bien en estudiar cada detalle de su metodología: desde la selección rigurosa de caballos hasta el análisis táctico de cada prueba, donde la precisión milimétrica marca la diferencia entre el podio y el olvido. El 2025 promete ser un año aún más competitivo, y con este precedente, el listón está más alto que nunca para quienes se atrevan a desafiarlo.