El Camp Nou vibró como en sus mejores noches. Un 3-2 en el minuto 90+8, con el gol de Lewandowski que selló la remontada más dramática del Barça en lo que va de temporada, dejó sin aliento a los 80.000 espectadores. El equipo culé, que llegó a ir perdiendo 0-2 antes del descanso, rescató tres puntos que parecían perdidos contra un Celta de Vigo combativo, preciso en la salida y letal en la contra. Fue fútbol de infarto, con errores defensivos, jugadas de genio y un final que solo el guion más audaz habría firmado.
El duelo entre Barcelona y Celta de Vigo no fue un partido más. Llegaba cargado de presión para Xavi, con el equipo aún lejos de su mejor versión y las críticas arreciando tras el tropiezo en la Champions. Pero el fútbol, a veces, premia la fe ciega: cuando todo apuntaba a una nueva decepción, los azulgrana encontraron en la épica la respuesta. Gavi, De Jong y Lewandowski escribieron con goles lo que las palabras no podían explicar. El Celta, por su parte, se marchó con la sensación agridulce de haber estado a segundos de una hazaña histórica en el feudo blaugrana.
Un Celta que dominó hasta el minuto 80

El Celta de Vigo llegó al Camp Nou con un plan claro: presión alta, transiciones rápidas y un Struijk imponente en defensa. Y lo ejecutó a la perfección. Durante ochenta minutos, el equipo gallego ahogó al Barça con un fútbol intenso, aprovechando cada error culé para castigar con precisión. Los dos goles de Aspas —el segundo, un zurdazo desde fuera del área que se coló por la escuadra— reflejaron la superioridad táctica de un Celta que no dio respiro.
La estadística lo confirma: el conjunto de Rafael Benítez logró un 58% de posesión en el primer tiempo, algo inusual para un visitante en el Camp Nou. Más allá de los números, fue la actitud la que marcó la diferencia. Cada balón dividido, cada falta táctica, cada contra bien hilvanada desestabilizó a un Barça que parecía sin ideas.
El tercer gol, obra de Larsen en el minuto 67, fue el golpe definitivo. Un remate de cabeza tras un córner mal despejado que dejó al público en silencio. Hasta ese momento, el Celta había sido el equipo más peligroso, con cinco llegadas claras frente a las dos del Barça.
Pero el fútbol, a veces, premia a quien aguanta hasta el final.
El gol de Lewandowski en el 90+8 que lo cambió todo

El Camp Nou enmudeció cuando Iago Aspas puso el 2-1 en el minuto 77. El Celta, con un partido táctico impecable, parecía llevarse los tres puntos. Pero el fútbol tiene estos giros: en el 90+8, cuando el árbitro ya revisaba su reloj, Robert Lewandowski apareció como un fantasma en el área pequeña. Un pase filtrado de Pedri, un control orientado con la zurda y un zurdazo cruzado que se coló por el segundo palo. El polaco, con 18 goles en sus últimos 20 partidos decisivos, demostró nuevamente por qué es letal cuando el tiempo se agota.
La celebración fue pura catarsis. Los jugadores del Barça se abalanzaron sobre él, mientras la grada vibraba con un grito que parecía sacado de otra época. No era solo el empate; era la fe recuperada.
Analistas destacan cómo el gol refleja una estadística clave: el 60% de los tantos de Lewandowski esta temporada llegan en los últimos 15 minutos de partido. Su instinto asesino y la sangre fría bajo presión lo convierten en un arma definitiva para estos momentos.
El Celta, por su parte, vivió la crudeza del deporte en estado puro. De tener el triunfo en sus manos a salir con las manos vacías en cuestión de segundos. Así es el fútbol: implacable, emocionante y, a veces, cruel.
Qué significa este triunfo para la Liga del Barça

El triunfo del Barça ante el Celta no solo suma tres puntos clave en la clasificación, sino que inyecta moral a un equipo que llevaba semanas bajo el escrutinio. La remontada en el descuento, con un gol de Lewandowski que selló el 3-2, demuestra la capacidad del conjunto culé para reaccionar bajo presión, algo que había brillado por su ausencia en partidos recientes. Analistas destacan que este tipo de victorias forjan carácter en vestuarios jóvenes, donde la confianza fluctúa con los resultados.
Desde el punto de vista táctico, la Liga ve confirmada una tendencia: el Barça ya no domina con la posesión estéril de otras épocas, pero gana en verticalidad. Los datos lo respaldan: este es el cuarto partido consecutivo en el que superan los 15 disparos a puerta, algo que no ocurría desde la era Guardiola. La sociedad entre De Jong y Gündoğan, clave en el último gol, sugiere que Xavi podría haber encontrado un equilibrio entre control y efectividad.
Para la afición, el Camp Nou recupera esa chispa que parecía apagada. No es casualidad que el gol de la victoria llegara justo cuando el estadio coreaba con más fuerza. La Liga, ahora, tiene un Barça más peligroso: uno que no depende solo de su juego, sino de su mentalidad.
El desafío inmediato será mantener esta inercia. El calendario no perdona, y lo logrado ante el Celta servirá de poco si no se repite contra rivales directos. Pero, por una noche, el mensaje está claro: este equipo aún tiene recursos cuando más se duda de él.
El Barça demostró una vez más que el gen de la remontada late fuerte en su ADN, rescatando tres puntos que parecían perdidos con un gol en el minuto 90+8 que dejará grabado este partido en la memoria culé. Fue un triunfo de garra, de fe en el sistema y de jugadores como Lewandowski, que apareció cuando más se le necesitaba, pero también de un equipo que supo mantener la calma bajo presión. Los aficionados que abandonaron el Camp Nou antes del pitido final se perdieron el momento mágico que define al fútbol: la emoción hasta el último segundo. Para los que creen en el Barça, la lección es clara: este equipo no se rinde, y en los minutos de descuento puede nacer la leyenda. Ahora toca mirar adelante, porque con este espíritu, la Liga no se escapa, se conquista.

