El Camp Nou respiró alivio cuando el árbitro pitó el final. Un Barcelona – Osasuna que comenzó con el susto de un 0-1 en el marcador al descanso terminó con los culés celebrando un 2-1 que mantiene viva la llama en LaLiga. Los de Xavi, acorralados por las críticas y la presión de un Real Madrid que no falla, encontraron en Lewandowski y Raphinha la fórmula para dar la vuelta a un partido que, durante 45 minutos, pareció escapárseles entre los dedos. Osasuna, sólido y letal en la primera parte, pagó caro el desgaste de un encuentro donde el físico y la jerarquía acabaron inclinando la balanza.
La victoria no solo vale tres puntos, sino que devuelve algo de oxígeno a un Barça que arrastra dudas desde hace semanas. En un duelo como el Barcelona – Osasuna, donde el rival llegó con la moral alta tras una racha de resultados positivos, el equipo azulgrana demostró que aún conserva recursos cuando la espalda está contra la pared. Pero el debate sigue abierto: ¿fue un destello de reacción o solo el reflejo de un gigante que se resiste a caer? La Liga no perdona, y cada error, cada punto perdido, se paga con creces en una clasificación que ya no admite tropiezos.
Un Camp Nou que no encontró su ritmo en la primera parte

El Camp Nou arrancó el partido con un silencio incómodo. El Barça, acostumbrado a dictar el ritmo desde el primer minuto, se encontró con un Osasuna compacto que cortó sus líneas de pase con una intensidad inesperada. Los jugadores culés movían el balón de lado a lado, pero sin profundidad: en los primeros 45 minutos, solo completaron un 78% de sus pases en campo rival, su peor registro en lo que va de temporada. Las gradas murmuraban mientras Lewandowski, aislado, apenas tocó el balón en zona de peligro.
La presión alta de Osasuna descolocó a un mediocampo que, sin Pedri, perdió su brújula. Gavi y De Jong intentaban asociarse, pero el juego se estancaba una y otra vez ante la falta de desborde por las bandas. Raphinha, el más activo, probó con dos centros al área que la defensa navarra despejó sin problemas. El único destello llegó en el minuto 32, con un remate lejano de Frenkie que Oier olfateó sin dificultad.
Xavi, inmóvil en el banquillo, cruzó los brazos más de una vez. Su equipo, que había llegado al partido con cinco victorias consecutivas en Liga, parecía atrapado en un guión ajeno. Osasuna, por el contrario, encontró en Arnaiz a su mejor arma: el extremo, rápido y preciso, desequilibró en cada contra hasta asistir el gol de Ávila.
El descuento llegó sin que el Barça hubiera generado una ocasión clara. Los datos eran demoledores: cero tiros entre los tres palos en la primera parte, algo que no ocurría desde el clásico de abril de 2022. Cuando el árbitro pitó el final del primer tiempo, el Camp Nou respondía con un aplauso tibio, más por costumbre que por convicción.
Lewandowski y Araújo voltean el marcador con goles de pura presión

El Barça salió del vestuario con otra cara. La presión asfixiante sobre la portería de Osasuna comenzó a dar frutos cuando Lewandowski, en el minuto 60, remató de primera un centro desde la banda izquierda. El polaco no falló: gol de depredador, su décimo en Liga esta temporada. El Camp Nou rugió, pero el equipo necesitaba más.
Araújo apareció donde más duele. Cinco minutos después, el uruguayo aprovechó un rechace dentro del área para empujar el balón con la rodilla. Un gol de instinto, de esos que rompen partidos. Los analistas destacaron después cómo ambos goles nacieron de recuperaciones en campo rival: el Barça ganó 12 balones en los últimos 30 metros, el doble que en todo el primer tiempo.
Osasuna intentó reaccionar, pero la intensidad culé no dio tregua. Las entradas duras de los navarros —tres amarillas en 10 minutos— no frenaron el ritmo. Lewandowski y Araújo, con sus estilos opuestos, habían logrado lo imposible: convertir la desesperación del descanso en un 2-1 que olía a victoria.
El Barça recupera oxígeno antes del clásico contra el Madrid

La victoria del Barcelona ante Osasuna llega como un balón de oxígeno en un momento crítico. Con el clásico contra el Real Madrid a la vuelta de la esquina, los culés necesitaban un triunfo que frenara la hemorragia de dudas tras la eliminación en Champions y los tropiezos recientes en Liga. El 2-1, aunque sufridor, devuelve algo de confianza a un equipo que había perdido fuelle en las últimas semanas.
El partido mostró dos caras bien distintas: un primer tiempo dubitativo, con errores en la salida de balón y falta de profundidad, y una reacción en la segunda parte que recuerda al Barça más reconocible. La entrada de Gavi y la solidez de Araújo en defensa marcaron la diferencia. Según datos de Opta, el equipo de Xavi multiplicó por tres los tiros entre palos tras el descanso, pasando de un 22% de eficacia en el primer tiempo a un 68% en el segundo.
La presión ahora recae sobre los jugadores clave. Lewandowski, aunque no marcó, generó peligro constante, mientras que De Jong recuperó su mejor versión como eje del mediocampo. La pregunta es si esta remontada será suficiente para llegar con garantías al Santiago Bernabéu.
El vestuario sale reforzado, pero el margen de error es mínimo. Un clásico siempre es un examen de fuego.
El Barça demostró una vez más que el Camp Nou sigue siendo un feudo difícil de domar, rematando con garra un partido que parecía escapárselele al descanso. La reacción en la segunda parte, con goles de Lewandowski y un inspirado Frenkie de Jong, no solo salvó los tres puntos, sino que dejó claro que este equipo sabe responder cuando la presión aprieta—aunque la irregularidad en los primeros 45 minutos sigue siendo un talón de Aquiles que Xavi no puede ignorar. Para los culés, el mensaje es directo: confiar en el bloque, pero exigir mayor intensidad desde el pitido inicial, porque contra rivales de más entidad, los errores se pagan caro. Ahora toca mirar al próximo choque contra el Cádiz, donde el Barça tendrá que ratificar esta versión combativa si quiere mantenerse firme en la pelea por el título.

