El Camp Nou respiraba con la tensión de un partido que se escapaba. A cinco minutos del pitido final, el Barcelona caía 1-0 en Mestalla, con un Valencia CF plantado en su área y una defensa que parecía imbatible. Pero el fútbol, cuando menos lo espera, regala giros épicos: Robert Lewandowski, con un zurdazo cruzado al segundo palo, volcó el marcador en el 85 y selló una remontada que huele a victoria de campeón. No fue un gol cualquiera. Fue el décimo del polaco en sus últimos nueve partidos contra el conjunto ché, una estadística que pesa como una losa psicológica cada vez que ambos equipos se enfrentan.

La victoria en el Barcelona vs. Valencia CF llega en un momento clave. Los azulgrana, con Xavi Hernández al borde del precipicio tras semanas de críticas, necesitaban un resultado que oxigenara la temporada. El Valencia CF, por su parte, demostró solidez durante 80 minutos, pero la jerarquía de un equipo acostumbrado a decidir partidos en los instantes finales terminó imponiéndose. Este duelo, más que tres puntos, deja dos mensajes claros: el Barça sigue vivo en la pelea por la Liga, y Mestalla sigue siendo un feudo donde los fantasmas del pasado—como ese 2-0 en 2022 que costó el título—pueden resucitar en cualquier momento.

Un Valencia que dominó el primer tiempo

Un Valencia que dominó el primer tiempo

El Valencia salió a Mestalla con una intensidad que el Barça no supo contrarrestar en los primeros 45 minutos. Los ché presionaron alto, cortaron líneas de pase y ahogaron a un equipo culé que apenas logró hilvanar tres jugadas de peligro en todo el primer tiempo. La presión de Hugo Duro y el desborde de José Gayà por la banda izquierda desequilibraron una y otra vez a una defensa blaugrana que parecía un paso por detrás.

El dominio valencista se tradujo en cifras: 60% de posesión, 8 disparos (3 entre los tres palos) y un corner que terminó en el poste tras un remate de Gabriel Paulista. Los analistas destacaron después cómo el mediocampo local, con Pepelu como cerebro, neutralizó por completo la salida de balón de Busquets y Gavi, obligando a Ter Stegen a jugar largo en más de una ocasión.

Frenkie de Jong, el único que intentó imponer ritmo en el centro del campo, se encontró rodeado cada vez que tocaba el balón. Mientras, el Valencia aprovechaba las transiciones rápidas para llegar con superioridad numérica: en una de ellas, Cavani tuvo el 1-0 en los pies, pero su remate cruzado se fue rozando el palo.

El Mestalla rugía. La grada, consciente de que su equipo estaba haciendo lo que pocos han logrado esta temporada—desarmar al Barça con juego—empujó hasta el pitido final del primer tiempo. Pero el fútbol, como siempre, guarda sorpresas.

El gol de Lewandowski que cambió el partido

El gol de Lewandowski que cambió el partido

El gol llegó cuando el Valencia ya olfateaba los tres puntos. En el minuto 85, con el Barça ahogado por la presión local y un marcador adverso de 1-0, Lewandowski apareció donde más duele. Un pase filtrado de De Jong rompió la línea defensiva, y el polaco, con la frialdad que lo caracteriza, definió cruzado ante Mamardashvili. El Mestalla enmudeció. No era un tanto cualquiera: era el décimo remate del Barcelona en la noche y el único que encontró red.

Lo llamativo no fue solo el momento, sino la ejecución. Analistas destacaron después cómo Lewandowski ajustó el cuerpo en el último segundo para evitar el fuera de juego, un detalle que marca la diferencia en partidos de alto voltaje. El Valencia, que había contenido al Barça con bloque bajo y contraataques letales, vio cómo un error en la salida de balón le costaba caro.

El impacto fue inmediato. El gol no solo igualó el marcador, sino que rompió la inercia psicológica del partido. El Barcelona, que hasta entonces había carecido de ideas claras en los metros finales, encontró en ese instante el empuje para buscar el triunfo. Lewandowski, con 15 goles en sus últimos 20 partidos oficiales, demostró una vez más por qué su presencia en el área es sinónimo de peligro constante.

Mamardashvili, figura hasta ese momento, no pudo hacer nada. La pelota, colocada con precisión en el segundo palo, fue imparable.

Qué significa este triunfo para la Liga

Qué significa este triunfo para la Liga

La victoria del Barcelona en Mestalla no solo rescata tres puntos clave, sino que reafirma su solidez mental en momentos críticos. Un gol en el minuto 85, cuando el empate parecía el destino más probable, demuestra que este equipo mantiene intacta su capacidad para resolver partidos ajustados. La Liga, que en las últimas jornadas había visto al Madrid y al Girona acercarse peligrosamente, recibe ahora un mensaje claro: el Barça no piensa ceder el liderato sin lucha.

Analistas destacados señalan que este tipo de remontadas—la tercera en lo que va de temporada—refleja un patrón: el 68% de los puntos del Barcelona han llegado en la segunda mitad de los encuentros. No es casualidad, sino el fruto de un bloque que sabe administrar el desgaste físico y emocional mejor que la mayoría.

Para la clasificación, el impacto es inmediato. Con este triunfo, el conjunto culé amplía a cinco puntos su ventaja sobre el Real Madrid, aunque con un partido más disputado. Más allá de los números, sin embargo, lo relevante es la sensación de invencibilidad que transmite un equipo capaz de ganar en un estadio históricamente hostil como Mestalla, donde no lo hacía desde 2021.

El Valencia, por su parte, se queda con la miel en los labios, pero la Liga gana en espectacularidad. Partidos como este, con tensión hasta el último suspiro, son los que elevan el interés de una competición que, temporada tras temporada, se decide en detalles mínimos.

El Barça demostró una vez más que su ADN no entiende de derrotas cuando el reloj aprieta, con Lewandowski apareciendo como el verdugo en el 85 para girar un partido que se le escapaba. La victoria en Mestalla no solo consolida su moral de equipo de remontada, sino que deja al Valencia con más dudas que respuestas en su irregular temporada. Quienes sigan a los culés harían bien en no perder de vista a un delantero polaco que, a sus 35 años, sigue decidiendo partidos cuando más duele. Ahora toca mirar al próximo rival: este equipo, con la sangre caliente y la efectividad de su 9, no piensa bajar el ritmo en la lucha por la Liga.