El Atlético de Madrid de Diego Simeone extendió su racha imbatida en 2024 a 12 partidos tras un triunfo sufrido en Mestalla, donde el gol de Antoine Griezmann en el minuto 90+6 le arrebató los tres puntos al Valencia (0-1). Con este resultado, el equipo rojiblanco no solo consolida su tercer puesto en LaLiga, sino que demuestra una vez más su capacidad para sacar victorias en los instantes finales, sello distintivo de la era Cholo. La estadística no miente: son 31 puntos de 36 posibles desde el inicio del año, una cifra que solo dos equipos en Europa superan.
Para el Real Atlético Madrid, este no es un simple dato más, sino la confirmación de un patrón: cuando el calendario aprieta, el equipo responde. La victoria en Valencia llegó sin su máxima estrella, Álvaro Morata, lesionado, y con un bloque que tuvo que sudar cada balón contra un rival necesitado de puntos. En una temporada donde la irregularidad castiga a gigantes como el Barça o el Real Madrid, los de Simeone construyen su camino con solidez defensiva y una mentalidad que no entiende de excusas. La pregunta ya no es si pueden, sino hasta dónde llegarán.
Un Atlético revitalizado bajo el mando de Simeone

El Atlético de Madrid ha encontrado en 2024 una versión de sí mismo que recordaba a sus mejores épocas bajo Diego Simeone. Con 12 partidos sin conocer la derrota —8 victorias y 4 empates—, el equipo rojiblanco exhibe una solidez defensiva que había brillado por su ausencia en temporadas anteriores. La clave no radica solo en el bloque compacto, sino en una intensidad recuperada, capaz de asfixiar a rivales de mayor posesión.
Analistas destacados señalan que el cambio más notable se aprecia en la presión tras pérdida, un aspecto donde los colchoneros han mejorado un 22% en eficacia según datos de Opta. Simeone, conocido por su pragmatismo, ha ajustado el sistema para que jugadores como Koke y Saúl Ñíguez recuperen su influencia en el mediocampo, mientras que la irrupción de jóvenes como Pablo Barrios aporta frescura a un vestuario veterano.
La victoria en Mestalla, conseguida con un gol en el minuto 90, refleja el nuevo ADN del equipo: resistencia mental y capacidad para sufrir. No es el fútbol vistoso de otros equipos, pero sí uno que vuelve a infundir respeto.
El técnico argentino, criticado en meses pasados por parte de la afición, ha silenciado dudas con resultados. Su capacidad para reinventar ciclos —algo que ya logró entre 2013 y 2016— sugiere que este Atlético podría alargar su racha mucho más allá de la primavera.
El sufrimiento y la épica en Mestalla

Mestalla respiró fútbol puro, ese que quema las piernas y nubla la razón. El Atlético de Madrid no solo ganó; sobrevivió a un partido donde el sufrimiento se midió en cada balón dividido, en cada entrada al límite, en esos minutos finales que estiran los segundos como chicle. Valencia plantó un duelo de trinchera, con 19 faltas cometidas —la cifra más alta en un encuentro del equipo colchonero esta temporada— y un ritmo que obligó a Simeone a ajustar el bloque hasta en tres ocasiones antes del descanso.
La épica llegó cuando el cansancio ya pesaba más que la táctica. Morata, con la espalda contra la grada y dos defensores pegados a los talones, asistió a De Paul en el minuto 87. El argentino no falló: golazo rasante, esquiva incluida, para romper un empate que sabía a derrota.
Los analistas destacaron después cómo el Atlético llevó el partido a su terreno en la segunda parte, reduciendo los espacios y ahogando a los locales en su propia mitad. Valencia tocó 42 balones en los últimos 20 minutos; 38 fueron en campo propio.
Al pitido final, los jugadores rojiiblancos se abrazaron como si hubieran salido de una batalla. Porque lo fueron.
¿Puede ser este el impulso definitivo en Liga?

El Atlético de Madrid no solo acumula números, sino que construye una dinámica que huele a título. Doce partidos invictos en 2024 no son casualidad: reflejan la solidez defensiva de un equipo que ha encajado apenas cuatro goles en sus últimos ocho encuentros. La victoria en Mestalla, arrancada con uñas y dientes en el descuento, confirma que este equipo ya no depende solo del instinto, sino de un sistema afinado.
Analistas del fútbol español señalan un dato revelador: desde que Simeone ajustó el bloque a un 3-5-2 más compacto en diciembre, el rendimiento en presión alta ha subido un 22%. No es magia, es trabajo. Y en una Liga donde el Real Madrid tropieza y el Barcelona busca su identidad, la consistencia rojiblanca se convierte en ventaja.
El calendario ahora sonríe. Con partidos clave en el Wanda contra rivales directos por Champions, esta racha invicta llega en el momento justo. Si el Atlético mantiene este ritmo, la Liga podría tener un final más ajustado de lo que muchos vaticinaban.
Claro que falta camino. Pero cuando un equipo gana así —con sufrimiento, pero con ideas claras—, hasta los más escépticos empiezan a creer.
El Atlético de Simeone confirma que su ADN competitivo sigue intacto: doce partidos sin conocer la derrota en 2024 no son fruto del azar, sino de una mezcla de solidez defensiva, mentalidad ganadora y la capacidad de sufrir cuando el partido lo exige. La victoria en Mestalla, arrebatada en el descuento, es el espejo perfecto de un equipo que no se rinde ni siquiera en sus peores noches, donde las carencias ofensivas se suplen con garra y experiencia.
Quienes sigan al conjunto rojiblanco harían bien en no obsesionarse con el estilo, porque este Atlético ya demostró que los trofeos se ganan con resultados, no con estadísticas de posesión. Lo que sí merece atención es la gestión física de un plantel que, año tras año, llega fuerte a la recta final cuando otros flaquean.
Con la Champions como próximo escollos y el Barcelona acechando en Liga, el desafío ahora es mantener esa chispa que convierte los empates en victorias y las derrotas en puntos rescatados.

